La desolación de Smaug: A medias en la tierra media

Aún con el fuego de Smaug en el cogote, me dispongo a escribir unas lineas sobre la segunda aventura bilbaina, quinta en la tierra media. Vayamos al grano, La desolación de Smaug cumple expectativas medias, pero no alcanza la excelencia. Cierto es que en este nuevo “Camino de Santiago” hay pasajes de altura, pero no están los suficientemente bien ensamblados para ver algo más que momentos. La desolación de Smaug comienza como acabó su antecesora, con acción. No quiero caer en el tópico, pero sí, esta entrega es más oscura que la anterior, al menos si nos atenemos a la fotografía. Bilbo y compañía continúan por la senda del peligro, por un tenebroso bosque, y los que hemos visto Un hombre americano en Londres sabemos que alejarse del páramo no es una buena opción. Entre las tinieblas aparece lo mejor de la película: Evangeline Lilly, la eterna Kate de Perdidos reconvertida en elfo para la ocasión. Los elfos esta vez no son tan perfectos como creíamos. Se puede decir que son demasiado humanos, a excepción de nuestra querida Tauriel, que es tan adorable… Sí, me dejo llevar por la subjetividad, por el amor que me produce ver a Kate con orejas puntiagudas, que le vamos a hacer. THE HOBBIT: THE DESOLATION OF SMAUG

Junto a ella, pasará a la historia el descenso portaventuresco del Río Sella que realizan los protagonistas. Excelsa coreografía con toques de Cartoon a ritmo vertiginoso. Todo para que Kate haga buena la expresión “De perdidos al río”. A partir de ahí la película no se levantará hasta el desenlace. No desvelo nada si os cuento que al fin vemos a Smaug, y Smaug es imponente, y digo esto mientras veo en la tele el spot de La leyenda del Samurai y su dragón hecho con el juego de pintar de la Nintendo DS. Como era de esperar su diseño es magnífico. Lo único que hecho en falta es la voz de Constantino Romero para hacerlo perfecto. Lo único que lamento del ineludible pasaje draconiano es que llega con mucha carga de minutos encima. Su previsibilidad y longitud hacen que no funcione como debería. A un espectador exhausto hay que darle algo más ligero, sin rodeos. En esta entrega el peor parado es Gandalf, que pierde parte de su magia. Sus viajes no parecen estar del todo justificados. Y su historia paralela no es tan grande como se podría esperar. Esta vez su “voy a por tabaco” no mola tanto. Bilbo se baña en oro en el hobbit

Otro apartado a la baja es el musical. He estado esperando unas canciones que nunca han llegado… ¿No había canciones? ¿Han decidido prescindir de ellas tras la primera entrega? Lo cierto es que la banda sonora rinde a un nivel inferior. No hay estruendo donde se esperaba. Para la tercera entrega espero algo más que un Beowulf tolkiano. Se esperan sorpresas, y una batalla entre el bien y el mal que no nos haga añorar la trilogía original. Quien sabe si la mejor película de la tierra media está aún por llegar.

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