Al filo del mañana: Maneras de morir

Voy a empezar fuerte antes de apuñalar. Nunca antes una película ha estado tan cerca de un videojuego como en Al filo del mañana. Doug Liman ha conseguido un producto que casi parece jugable, Eso sí, Tom Cruise se dejó la Memory Card en casa, y cada vez que le quitan una vida tiene que empezar desde el principio, como cuando tu madre te desenchufaba la Master System para que fueras de una puta vez a comer.

La trama es un Atrapado en el tiempo en el contexto de Salvar al Soldado Ryan, con la diferencia de que esta vez el eje del mal es alienígena. Tom Cruise es un oficial de propaganda castigado a luchar en primera línea por negligencia. Irá al campo de batalla y morirá, pero la muerte será sólo el principio del día, como en la mítica película de Harold Ramis. Cruise intentará usar ese poder para inclinar la balanza bélica a su favor.

Todo este inicio es un oceano de referencias. Junto a las ya mencionadas encontramos Aliens, Starship Troopers o incluso Sucker Punch. El juego temporal funciona, y la película no tarda en conectar con el público. Lo consigue mediante golpes de humor acertados, que aligeran lo que podía haber sido un espeso rompecabezas.

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La trama pronto irá dejando ruido y furia en busca de un desenlace, que le llevará por carreteras más intimistas. Y la verdad es que todo funciona mecanicamente hasta llegar al episodio final. Aquí es cuando se derrumba buena parte de su arquitectura. El director Doug Liman toma la vía Hollywoodiense para colarnos kilos de acción banal bajo los canones imperantes en la industria. El Warhammer se transforma en Disney. Una auténtica pena que rebaja la erección y hace que la sensación a la salida del cine no sea la que imperaba media hora antes.

En el cast encontramos a Tom Cruise haciendo de Tom Cruise, por enésima vez. Imposible de separar persona y personajes. El día que lo consiga el mundo, tal y como lo conocemos, habrá terminado. Cruise es la protagonista y Emily Blunt se apropia del rol masculino. Incomprensible en este sentido la relación entre ambos. Digamos que no pegan demasiado. Entre los secundarios destaco a Bill Paxton, que encarna a un sargento cabrón con bigote.

El love me again de John Newman pone final a una cinta que estuvo cerca de ser una gran película, pero que se lleva el mérito de ser una buena pieza de entretenimiento. En conclusión, entretiene que no es poco.

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