Mommy: La madre que lo parió

Nos hemos acercado al cine a ver Mommy, el nuevo trabajo de Xavier Dolan (Que no Nolan) con el que se acerca de nuevo a su tema favorito, el de las relaciones materno-filiales. La película obtuvo el Gran Premio del Jurado de Cannes y se ha quedado sorprendentemente fuera de la lucha por la estatuilla en la categoría de Mejor Película de habla no inglesa, junto con otras gigantes del año como Winter Sleep o Dos días, una noche.

La película cuenta la complicada relación entre una madre extremadamente choni y su hijo, con serios problemas de personalidad (Por no decir que está como una puta cabra). La vecina de esta singular “pareja” también tiene un papel importante en la trama.

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Estamos ante una gran película de personajes. La madre, interpretada por Anne Dorval, está condenada a cargar con una cruz en forma de hijo. Decida lo que decida está abonada al sufrimiento. Me parece curioso que su gran interpretación no esté optando a los grandes premios de la temporada. Llama poderosamente la atención su vestimenta. En ese aspecto esta madre se estamcó en los 16.

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Antoine Oliver-Pilón interpreta a un joven que padece ADHD. Dolan acierta mostrándonos su mundo interior en hermonas escenas musicadas. El personaje nos lleva de la simpatía a la lástima, y de ahí al terror. Por suerte el director mantiene un tono que salva al espectador de la depresión. No estamos ante un dramón.

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El personaje de la vecina, interpretada por Suzanne Clement es un lujazo. El guión nos ayudará a conocer su cámara de los secretos a través de detalles. Su misterio debe resolverlo el espectador. Añadir que fisicamente me ha recordado a Naomi Watts en versión homemade.

La primera singularidad que encontramos es que Dolan ha decidido prescindir del habitual formato de 16:9 para grabar Mommy en 1:1. El director demuestra ser un maestro sacando todo el rendimiento posible a este formato, que en ocasiones ensancha como recurso estilístico.

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Mommy habla de amor, y tambien de los límites de la responsabilidad familiar. Del amor materno filial al complejo de Edipo que parece sufrir el protagonista masculino. No llega al  punto de Tenemos que hablar de Kevin, pero en ocasiones nos muestra un terror cotidiano que asusta. Por suerte Dolan sale victorioso del drama y no nos deja hundirnos en el fango. El sensacional montaje sale al rescate.

Es más fácil disfrutar Mommy si sufres melomanía, como es mi caso. Me sorprende lo mainstream de la música de la película viniendo de un director (supuestamente) etiquetado como indie en esto del cine. La primera canción de hecho es Whiteflag de Dido, todo un hit en su época (que a mi personalmente me encanta). Otro ejemplo es la inclusión del Wonderwall de Oasis. Los momentos musicales, de los que Dolan hace uso y abuso, elevan el nivel de la película y ayudan a sobrellevar el drama. Mención especial al momento trio cantando On ne change pas, de Celine Dion, de lo mejor de los últimos tiempos en lo que respecta al affaire música-cine.

Mommy es sin duda una gran película, plagada de buenos momentos, pero no alcanza la excelencia. Quizá porque si bien he disfrutado, no he tenido una conexión plena con ella. Le falta algo que no me atrevo a explicar, ese algo que separa lo bueno de la excepcional. Aún así se agradece que Dolan saque a la palestra toda su personalidad como director. A sus 25 años aún tenemos Xavier Dolan para rato.

Lo mejor: Los “videoclips”

Lo peor: Cierta irregularidad. Funciona mejor por piezas.

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