Los Vengadores. La Era de Ultrón: Otro sparring con masillas para el Dream Team

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Es dificil explicar lo que me pasa por la cabeza tras el visionado de la Ultrairregular secuela de Los Vengadores, una película capaz de mutar del espectáculo a la vergüenza ajena en cuestión de segundos.

En la Era de Ultrón, la pandilla superheroica se enfrenta a un robot licencidado en filosofía consecuencia de las chapuzas de Tony Stark. No está solo, los Gemeliers también se unirán a la causa antivengadora. Toca salvar el mundo, otra vez.

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Josh Whedon empieza fuerte en su última aparición al frente de la franquicia. Los vengadores comienza como una crítica en todo regla al invasionismo americano. Ese que se cuela en un país X con la excusa Y para imponer su particular ley del talión. Y lo hace además con acción dinámica y varios vengadores en plano. Vamos, que empezaba bien. Lástima que tras un afortunado prólogo la película se convierta por momentos en algo demasiado parecido a Trascendence, la película que se alzó el pasado año con la caca de la vaca 2015. En otras palabras, se mete en una ciénaga de inteligencia artificial de la que es dificil salir.

Ultrón, el malo de turno, es fiel reflejo de lo que le sucede a la cinta. Estamos ante un robot de inteligencia avanzada que alterna interesantes monólogos con pataletas de niño chico. Son esas incongruencias las que impiden que esta entrega sea lo buena que pudo haber sido. Al igual que en la primera entrega, el oponente es un mierdas secundado por millones de masillas de los power rangers. Aquí falta un Joker, un Bane, un hijoputa del universo DC.

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A algunos vengadores se les nota ya el desgaste de tanta entrega, lo que se traduce en una gran pérdida de carisma. El que más lo sufre es Iron Man, convertido en una parodia de si mismo. Lo mismo le ocurre a Thor o El Capitán América, aunque en menor medida. La única que parece aguantar el tipo entrega tras entrega es la viuda negra, más ligera de equipaje al carecer de película propia. Johansson protagoniza además un guiño en camilla de Whedon a la escalera de Jacob.

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Por suerte encontramos también algún pasaje de acción digno de mención, como ese Iron Man en versión Megazord que tendrá que enfrentarse a un Hulk completamente desatado. El gigante verde sigue funcionando mejor como criatura que como “persona humana”. De hecho Mark Ruffalo nunca estuvo peor que en esta entrega. ¿De verdad alguien pretende que nos creamos que Romanov se quiera chuscar a este pan sin sal?

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A pesar de algún tramo de acción inspirado, también hay acción de relleno. Incluso los FX flaquean cuando los vengadores comienzan a volar. El final también peca de excesos. En el desenlace Whedon se postula a ser el próximo director en trasladar el universo de Bola de dragón a la gran pantalla. En otras palabras, nos cuela un miniepisodio de la serie de Akira Toriyama cambiando a Goku por Ironman.

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A pesar de los pesares hay que reconocer que estamos ante una película adictiva. Como dice Visión en la recta final de la película: “Hay belleza en sus defectos”. Así que los que ya esteis en el barro Marvel podeis degustarla sin problema. Eso sí… Si no os gustaron las anteriores ¡CORRED INSENSATOS!

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