The Salvation: Falsas promesas del oeste

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El Pre-Fant abrió su sección Sitges Tour A contracorriente con la proyección de The Salvation, un western made in Dinamarca rodado en Sudáfrica. A pesar de esta singularidad, el director Kristian Levring ha hecho un western revival correctísimo con elementos comunes de directores grandes del género, como Eastwood y Leone.

La película cuenta la historia de un inmigrante europeo que tras abrirse paso en Estados Unidos decide traerse al país a la mujer y al hijo que dejó en la otra orilla. Lo que parecía la consecución del sueño americano pronto se tornará en tragedia.

The Salvation arranca con crudeza, de manera despiadada. El impactante pasaje de la diligencia que abre la trama es a mi juicio el mejor de la película. La primera mitad de la cinta supera ampliamente al desenlace. El último tramo, aunque correcto, se agarra demasiado al homenaje. Un poco más de riesgo en esos minutos podría haber hecho crecer a un filme que pisa demasiado sobre seguro.

En el casting destaca el siempre acertado Mads Mikkelsen, que carga sin problema con el peso de la película. El actor danés demuestra una vez más que está hecho de otra pasta. El antagonista, interpretado por Jeffrey Dean Morgan también realiza un trabajo de nivel. El problema de algunos intérpretes, como el del Eric Cantona o Eva Green, es el de defender a personajes sin fundamento, de esos que han llegado a la película con pegamento de barra. Presencia y poco más. El ex futbolista apenas aporta dos frases al relato. Imposible no recordar el spot de western que hizo para Pepsi cuando aún estaba en activo.  En el caso de Eva Green encontramos un personaje icónico a base de cicatrices que a pesar de su protagonismo progresivo queda totalmente desaprovechado. Al menos la actriz aporta su ración de morbo habitual.

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La película habla de corrupción, de caciquismo y del uso del miedo como manera de gobierno, problemas globales que parecen estar aún lejos de la extinción. Levring no deja pasar la oportunidad de darle el enésimo tartazo en la cara al sueño americano. Es todo ese mensaje lo más europeo de un filme que mantiene la esencia de uno de los grandes géneros del cine estadounidense.

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Círculo: Cube solo hay una

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Explorando en el catálogo de Netflix he encontrado Círculo, película con una sinopsis que hace que pique la curiosidad. “Varias personas que no se conocen son detenidas para ser ejecutadas. Les espera una complicada tarea: elegir quién del grupo merece librarse de la muerte”. Si además del planteamiento macabro añadimos una figura geométrica, la comparación con Cube, la obra maestra de Vincenzo Natali, es inevitable.

Círculo elige también un escenario limitado. En esta ocasión es una especie de plató de televisión en formato circular sustituyendo al Sobera de turno por un extraño núcleo circular. A su alrededor 50 personas que no saben que hacen ahí, pero que deberán intentar descubrir de que va el rollo antes de que vayan cayendo uno por uno. Y esto es todo lo que tienes que saber sobre el argumento.

Ahora vamos con lo bueno. Círculo es una película jodidamente entretenida que se puede ver dejando el cerebro en modo ahorro. Aunque inquieta no estamos ante una comedura de tarro extrema ni ante una compleja trama. La película arranca ágilmente sin necesidad de la habitual chapa introductoria, y avanza veloz hacia el desenlace. El escenario, en rojo y negro, tiene mucho encanto. Un macabro tablero de Twister.

¿Lo malo? Que Cube ya está inventada, y que por su calidad podría jugar en la liga de sus secuelas. Aunque se atreve con temas puntillosos de debate (religión, racismo, familia…) se queda siempre en la superficie. Aún así cualquier fallo del filme es perdonable a excepción de su final, y no me refiero a la parte argumental, si no a su ejecución. Entiendo que estamos ante una película Low Cost, ¿pero no había alguna manera de que no cantara tanto? En Google Play hay apps que añaden mejores FX a tus videos de los que se ven en la película. Definiría ese tiempo de descuento como “dejadez”, y esa falta de ambición final es la que lleva a la película al suspenso. Aún así estamos ante un digno título del género lúdico-mortal que hará el domingo más entretenido.

 

 

 

 

Beasts of no nation: El Kurtz africano

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Netflix nos ha dado la oportunidad de rescatar Beasts of no nation, una película que la plataforma ha incluido directamente en su catálogo online español obviando su paso por cines. Ya en Estados Unidos la película vivió un estreno simultáneo en cines y online, lo que a mi juicio es una práctica que perjudica sobre todo a los cines, y me hace pensar que el filme merecía un estreno de mayor entidad. Antes de eso la película había cosechado buenas críticas en la sección oficial del Festival de Venecia.

Beast of no nation es uno de los grandes títulos de 2015, una película que une a dos nombres emergentes del cine actual: Cary Joji Fukunaga, director de la primera temporada de True detective, e Idris Elba, el actor que saltó a la fama interpretando a Stringer Bell en la imprescindible The Wire.

La mejor forma de definir la película sería decir que estamos ante una mezcla entre Ciudad de Dios y Apocalipse Now que cambia Sudamérica y Asia por un lugar indeterminado del África subsahariana. Hay niños obligados a ser salvajes y un general que ha creado en la selva su propio imperio. Aunque queda un escalón por debajo de los dos clásicos, Beasts of no nation obtiene un resultado muy meritorio.

El visionado del filme no es fácil para el espectador, puesto que por momentos el título te hace sentir un machetazo en la cara. Al igual que Ciudad de Dios contiene escenas duras, que con niños de por medio pueden ser dolorosas. Quizá es porque sabemos que el problema de los niños soldado es una atroz realidad en zonas de conflicto. Pasado ese primer contacto con el horror la película es más fácil de digerir.

La interpretación de Idris Elba interpretando a la versión africana del Coronel Kurtz es de esas que no hay que perderse. Se hace incomprensible la no nominación al Oscar de Elba como mejor actor de reparto. Su personaje merece un hueco en la historia del cine. Uno de los monstruos mejor conseguidos de los últimos años.  Abraham Attah, el niño protagonista, también consigue una interpretación de mucho nivel. Sin Oscars de consolación no habría sido raro ver a dos niños nominados en la última ceremonia, Jacob Tremblay (La habitación) y el propio Attah.

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Fukunaga, director de largos como Jane Eyre o Sin nombre consigue su mejor película, demostrando que es un consumado creador de ambientes hostiles, como ya dejó claro en la ya mencionada True detective. Intuyo que a pesar de que la película es a día de hoy casi una completa desconocida, el tiempo jugará a su favor. American History X o Ciudad de Dios también pasaron desapercibidas en su estreno, pero hoy son clásicos básicos. ¿Ocurrirá algo similar con Beasts of no nation? Desde luego hay potencial para que así sea.