13 horas: Los soldados secretos de Bengasi. La historia según Michael Bay

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No quiero convertir este artículo en una carta abierta a Michael Bay, pero solo diré… “Ay Michael Bay, que grande eres”. Le tacharán de megalómano, de superficial, de sacacuartos, pero estamos ante un director único, un autor en lo suyo. Su cine casi siempre es igual. Acción desmesurada, frases grandilocuentes e imágenes ultrasaturadas. Un estilo reconocible, pero muy efectivo.

En 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi se pasa al territorio Kathryn Bigelow, con una recreación de un episodio de supervivencia USA en zona de conflicto. La ex de Cameron es hoy en día el máximo exponente del neobélico en oriente medio. La incursión de Bay sacrifica introspección para centrarse en la acción y en la puesta de escena, y en ese territorio Bay casi siempre destaca. Estamos de alguna manera ante una nueva Black hawk derribado, que sustituye la efectividad de Ridley Scott por el sentido del espectáculo de la marca Bay.

Las acusaciones a la película serán las de siempre: Americanada, patriotismo… Pero lo cierto es que no he visto en 13 horas ese madeinusismo que cierto sector de la crítica quiere vender. Cierto es que Bay no se centra en el horror de la guerra, pero en ningún caso pinta de héroes a los protagonistas, unos soldados que, seguramente como les ocurre a muchos de ellos en la vida real, se han olvidado de sentir y padecer. Ni siquiera aparece el arrepentimiento. Más que del horror bélico vemos la deshumanización interior. Los protagonistas disparan como si estuvieran jugando al Call of Duty.

Interesante también que la acción se desarrolla en 2012, bajo las reglas del nuevo marco internacional y en la época post-invasionista de Estados Unidos, con un Obama menos beligerante que sus predecesores en el cargo. Parece que los soldados USA han dejado en Texas el sombrero de Cowboy y ya no disparan primero, cosa que nunca ocurría en el cine de los 90 y 00, donde una débil amenaza era una llamada a la acción.

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Otro acierto del filme es la apuesta por un reparto sin grandes nombres, liderado por unos efectivos James Badge Dale y John Krasinski. En definitiva, otro buen trabajo para un Bay que mejora cada vez que se aleja de Transformers, aunque no alcanza el nivel que mostró en la divertida Dolor y dinero. Aún nos queda mucho que ver del director angelino.

Bengasi, la verdadera historia

A la película solo le podemos achacar la falta de rigor, puesto que olvida contar que el ataque al consulado estadounidense comenzó como una protesta ante la película antimusulmana La inocencia de los musulmanes. Se trataba de un filme americano que podía verse a través de internet y que causo gran polémica en el norte de África y el suroeste asiático por la imagen caricaturizada que ofrecía de Mahoma. Días más tarde Al Qaeda reivindicó el ataque, un asalto que pudo usar la manifestación como tapadera para ocultar un atentado que coincidía con el aniversario del 11S. Tras los sucesos que muestra la película, decenas de libios se manifestaron para desmarcarse de los grupos radicales del país.

 

 

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