Passengers: El despertar por la fuerza

Ni Jennifer Lawrence ha evitado esta vez la tragedia. Y eso que la primera mitad de Passengers se sigue con interés. 45 minutos en los que somos cómplices del naufragio VIP de Chris Pratt. No lo pasamos tan bien como con Matt Damon en Marte, pero merece la pena ser cómplices de los descubrimientos tecnológicos de Pratt. Y es precisamente en el momento en el que la película tiene que poner el turbo cuando comienza a encallarse definitivamente. De ahí al final, de mal en peor, víctima del virus de la comedia romántica, y uno aún más letal: Arrodillarse ante el gran público.

Lo mejor de Passengers en su interesante premisa: ¿Qué pasaría si despertaras de una hibernación espacial 90 años antes de lo previsto? ¿Qué pasaría si además fueras el único pasajero al que le sucede? Hay cierto ánimo de poner en jaque al espectador ante esta situación extrema. También de crear un debate sobre la hoja de ruta a seguir. Pero por desgracia la película se despierta del sueño autoral para recordarse a si misma que su naturaleza es la de un blockbuster navideño.

Nos apena lo de Mortem Tyldum, director que mostró una gran personalidad en Headhunters, su divertidísima ópera prima. Personalidad que ya perdió en The imitación game, su segunda película. Passengers confirma que el sistema Hollywood ha dilapidado otra prometedora carrera. Tampoco es que el libreto de John Spaihts, co-guionista de Prometheus, sea nada del otro jueves.

Ni el buenismo de Pratt y Lawrence consiguen mantener en pie la propuesta. ¿En que momento aceptaron una película tan simplona? Nada nuevo para el actor, que parece haberse abonado a todo proyecto con vista a conquistar la taquilla más que a leer a fondo los guiones. A día de hoy es el nuevo chico florero de Hollywood. Para eso JLo suele tener mejor visión, alternando esta clase de productos con otros que dan lustre a su filmografía.

En definitiva, una película que podría haber sido mejor, pero que está destinada a ser uno de esos títulos de ‘domingo por la tarde’.

Análisis en Spoiler

La película fracasa al optar por la superficialidad desperdiciando el jugo de su debate. Chris Pratt decide despertar a JLo 90 años de lo previsto, condenándola  de por vida a una prisión no elegida. A pesar de lo poco ético de semejante decisión, la película nos manda durante todo su metraje el mensaje de que Chris Pratt es el bueno, pintando en ocasiones a Lawrence como una puta desquiciada. Extraño, puesto que en el fondo el protagonista masculino representa a un auténtico psicópata. No utiliza la fuerza física para despertar a Lawrence, pero aún así se puede afirmar que la despierta por la fuerza. Además utiliza la mentira para que la bella durmiente caiga en la trampa. Lo dibujan como un príncipe, pero esta más cerca del monstruo de Amstetten

 

 

 

 

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