Que Dios nos perdone: Madrid bajo el terror del Follaviejas

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La segunda película de Rodrigo Sorogoyen (Stockholm) alcanza de forma instantánea el Olimpo del Thriller español. Estamos ante uno de los mejores filmes de la caza del spanish serial killer. El tiempo la pondrá en su lugar, si no lo ha hecho ya.

La película nos traslada al Madrid 2011, un Madrid difunto de las Olimpiadas en el que el 15M y la visita de Benedicto Equis Uve Palito manchan de tinta los periódicos. En ese contexto, dos peculiares policías investigan la muerte violenta de varias ancianas.

Hay dos influencias claras en Que Dios nos perdone. Por un lado encontramos ecos del thriller Fincheriano, por otro encontramos un tono cercano al del thriller coreano. El éxito de Sorogoyen radica en beneficiarse de elementos conocidos para reinventar el thriller castizo. El resultado esta lejos del thriller de pura influencia americana de Daniel Monzón. La película es española, muy española, y madrileña más concretamente. La ciudad se presenta como un personaje más de la trama. Una gran recreación del sofocante julio madrileño, con tanto acierto como el desgarrador madrid estival del Barrio de León de Aranoa.

Y todo esto dando total protagonismo a los personajes, defendidos extraordinariamente por todo el reparto. Antonio De la Torre consigue en la película algo muy complicado: Que a pesar de ser Antonio De la Torre veamos a su personaje, el tartamudo Velarde. Un investigador de nivel, parco en palabras, y con un auténtico infierno interior. Brilla a la misma altura un desatado Roberto Álamo, convertido en un colérico policía que se sitúa en la frontera entre John Mclane y Jose Luis Torrente.

Que Dios nos perdone PELICULA

Quizá lo peor del filme sean sus últimos minutos. Si bien responden a una lógica, no están a la altura del potentísimo resto del metraje. Por suerte, predomina lo notable, como esa realización trepidante cámara en mano que incorpora realidad al resultado final.

Que Dios nos perdone confirma el gran momento del thriller español, gracias a las recientes El hombre de las mil caras o Tarde para la ira, que se suman a títulos aventajados como Tesis o La Isla mínima. Empezaba a ser hora de que el cine español dejara atrás el drama o la comedia.

 

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