The evil within: Resplandor de serie Z

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Estábamos en un corrillo hablando sobre el buen nivel del FANT tras la proyección de My father die. Ahora entiendo que ese inocente acto era en realidad una invocación a algo que peor que Satán: The evil within. La película, que comparte nombre con un exitoso videojuego survival horror, es lo peor de lo que llevamos de festival.

¿De qué va? Todo cambia en la vida de Dennis, joven discapacitado mental, cuando su hermano decide llevar a su habitación un espejo. Ese elemento será la entrada a un mundo de pesadillas con consecuencias fatales en la vida real.

The evil within falla en casi todo. Actores de telefilme, un guión descuidado y unos efectos especiales que chirriarían en los 70. Este pretendido homenaje al terror ochentero y a los episodios de Twighlight zone no funciona ni como producto de videoclub. Si hablamos de calidades su lugar de venta sería más bien una gasolinera. Da pena ver a un icono del horror como Michael Berryman (Las colinas tienen ojos, Los renegados del diablo) prestándose a hacer de fantoche para la función. Tampoco funcionan sus guiños, que los hay. El homenaje a la araña de La cosa es como la versión de Nirvana que hizo Ramoncín.

Andrew Getty, director y guionista, no acierta con el tono. La película no asusta, pero tampoco se decanta por la comedia. La mayoría de asesinatos no se nos muestran, por lo que tampoco saciará a amantes del gore. Y como revival acaba siendo víctima de lo que parodia. Uno se pregunta… ¿A qué público va dirigida esta película?

Si la película es mala, peor aún es su mensaje. El joven discapactitado que protagoniza el relato es apedreado en la plaza pública, metafóricamente. 90 minutos de sorna a una enfermedad mental, de insultos innecesarios. Mongolo, retrasado y otros que os sonarán. Estaba convencido que el personaje iba a tener la oportunidad de desquitarse de todos los insultos, que estábamos en realidad ante una crítica a todo esto, pero de eso nada. La visión que se da de este problema mental es sencillamente mezquina.

Si podemos salvar algo de la película salvamos a Dina Meyer, que se conserva tal y como la vimos en Starship Troopers. Y la salvamos porque da pie a decir “Mira, la pelirroja de Starship Troopers está viva”, no porque lo haga bien. Este debut del director y guionista Andrew Getty en el cine no tiene pinta de ser recordado, al menos para bien. En la habitación 237 de El resplandor se proyectaba esta película.

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