Crónica del 13 de octubre en Sitges: Happy death day, Errementari y Blade of the immortal

Viernes 13 en la 50ª edición del Festival de Sitges. Contra todo pronóstico, una película mainstream made in USA de terror adolescente y bucles temporales, se ha convertido en mi preferida de lo que va de Sitges. Happy death day (Feliz día de tu muerte), de Christopher Landon, es un Atrapado en el tiempo protagonizada por la chica popular de la universidad. La joven despierta una y otra vez en el día de su cumpleaños, una jornada en la que siempre acaba asesinada.

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Ojito, porque puede que estemos ante el Scream de los milennials. La ridícula máscara de Ghostface es traje de etiqueta al lado del Babyface de esta función. Hora y media de referencias sin complejos y música juvenil. Entretenimiento puro. Le deseamos la mejor de las suertes en la taquilla USA. El terror necesita esta clase de fenómenos.

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La segunda del día ha sido un golpe de mano ejecutado por Paul Urkijo Alijo, director al que veníamos siguiendo del corto y que ya demostró en El bosque negro su buen hacer en el género de Espada y Brujería. En Errementari, se sirve de la mitología vasca para contarnos un cuento en euskera de herreros y demonios. Una película que lo apuesta todo a la dirección artística para acabar ganado la partida. La película soluciona los problemas de presupuesto con imaginación, aunque a veces se nota que hay más ambición que euros. El herrero Kandido Urania y Uma Brancaglia, la niña protagonista, son dos aciertos totales de casting. En conjunto, una buena opera prima que esperamos que sea el Batman Begins de Urkijo. La primera de muchas.

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Para acabar, una carrerita hasta el Retiro para disfrutar de Blade of the immortal, live action del manga homónimo del género de espadazos nipón. La película 100 del prolífico Takashi Miike, que incluso se permite hacer algún guiño autorreferencial en la película a esta cuestión. 140 minutos de amputaciones con tiempos muertos para filosofar al estilo oriental. La película está a años luz de Ichi the killer, Gozu y Audition, pero es una de sus obras más destacadas en los últimos tiempos. Quizá lo más negativo, es que la gran secuencia de la película es la primera de todas. Un largo ‘yo contra el mundo’ con violencia extrema en elegante blanco y negro. A partir de ahí, demasiada repetición por momentos.

 

Que la sala haya recibido a Takashi al grito unánime de “Miike, Miike, Miike” demuestra la importancia de su figura en el microcosmos de Sitges. Estamos ante una leyenda viva.

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