Archivo de la categoría: Críticas

Proyecto Lázaro: Un dramón sobre la resurrección

Tenía ciertas esperanzas depositadas en el regreso de Mateo Gil a la dirección tras las satisfactorias Nadie conoce a nadie (1999) y Blackthorn: Sin destino (2011). Aunque si por algo ha trascendido Gil es por haber escrito algunos de los guiones más importantes del cine español de los últimos años, para Amenabar en su mayor parte. Suyos son los de Tesis, Abre los ojos, Mar Adentro, El método o Ágora. Proyecto Lázaro en su regreso a la ciencia ficción, un terreno que no pisa desde que Eduardo Noriega despertará como el hombre elefante tras un accidente de coche. Aunque no hay un nexo argumental, la película se presenta como una secuela tardía de Abre los ojos, y pretende explicar la vida después de la criogenización.

A pesar de lo interesante de la cuestión, Proyecto Lázaro nunca termina de arrancar. La película centra demasiado el foco en el amor y el drama. El protagonista vive atormentado por la vida que dejó atrás con su pareja, y ese eje tractor del filme no contiene el interés suficiente para crear intriga. Se apuesta todo al conflicto interior dejando de lado lo más significativo: Las consecuencias para la humanidad de esa primera resurrección.

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No ayudan tampoco las interpretaciones. Los personajes de Gil parecen robots con apariencia humana. Les cuesta demasiado expresar, y al espectador mucho más empatizar. El uso y abuso de la voz en off termina consiguiente que veamos al protagonista (Marc Jarvis) como un tipo cansino. Naomi (Oona Chaplin), su novia del pasado, no consigue más de lo que hubiese conseguido un maniquí. Nada resulta real.

La estética acaba por rematarla. Más cercana a un publirreportaje de una clínica dental que al cine en si mismo. Si se llega a llamar el Método Dentix nos quedamos igual. Mateo Gil ha intentado hacer su Gattaca bebiendo de Abre los ojos, pero se le ha Gattascado seriamente. Una pena. Esperamos su pronta recuperación y un regreso a la senda de anteriores trabajos.

Alien Covenant: Apocalipsis antes del Génesis

Pocas películas han despertado en los últimos años tantas filias y fobias como Prometheus. A mi personalmente me encantó el regreso de Ridley Scott al universo del xenomorfo. Prometheus no solo mostraba ese miedo a lo desconocido tan de la saga Alien. Se atrevía con una vuelta de tuerca que ponía en contacto al ser humano con sus creadores.

Revisionando Prometheus esta semana me di cuenta de la verdadera cuestión que abarcaba la película: El inevitable choque entre el creador y su creación. Pusimos el foco en los seres humanos y los misteriosos arquitectos, pero descuidamos que David, el sintético que interpreta Michael Fassbender, era también una creación, en este caso humana. Precisamente en ese punto empieza Alien: Covenant, con una conversación en flashback entre Peter Weyland (Creador) y David (Creación).

Los que esperaban un falso remake del Alien original, al estilo de Jurassic World o El despertar de la fuerza, pueden estar tranquilos. Hay más elementos de Alien: El octavo pasajero que en su predecesora, pero podemos decir que Covenant tiene un 50% de Alien y otro 50% de la metafísica de Prometheus. Los primeros acordes de la banda sonora de Jed Kurzel evocan a la partitura que Jerry Goldsmith compuso en 1979. El espíritu inicial está de vuelta, pero a diferencia del clásico, hay algo más que ‘La mujer y el monstruo’.

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Estamos ante una película ciertamente irregular. Empieza bien, pero Scott se toma su tiempo en el nudo para subrayar algunas lineas. Sin desvelar nada, diré que sobra alguna clase de flauta que otra en la parte central. Quizá el mayor problema de Covenant es que Scott ha cedido ante los que pedían más criaturas que en Prometheus. Si por algo se ha caracterizado la saga es por esa sensación de no saber por donde te va a aparecer el xenomorfo. Si viene de arriba, de abajo, de dentro, de fuera… En ese sentido Scott peca de querer contentar a los fans, o al estudio, y mostrar demasiado al bicho. Aunque hay que reconocer que los highlights de la saga no fallan.

Por suerte, Scott lo compensa con un gran prólogo, un intenso climax y un gran cierre. Al final la película pasa volando. Tenía muchas dudas con la elección de Katherine Waterston en el papel protagonista, la nueva ‘Ripley’, que toma el relevo de personajes femeninos fuertes que ya encarnaron en la saga Sigourney Weaver y Noomi Rapace. Pero la protagonista de Animales Fantásticos y Donde encontrarlos demuestra estar a la altura de las circunstancias. Aunque una vez más, el gran protagonista acaba siendo un Michael Fassbender que se come la pantalla.

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Intuímos que a Covenant no le vendrá mal un futuro revisonado, porque la película está plagada de referencias. La biblia, El paraíso perdido de Milton, Lord Byron, el mito de Prometeo, Frankenstein (Cuyo nombre original era Frankenstein o el moderno Prometeo), el soneto soneto Ozymandias de Percy Bysshe Shelley, Richard Wagner… Claves que esconden otras claves. Claves que conectan con algunos misterios sin resolver. Un ejemplo, ¿Sabías que Lord Byron murió desangrado a causa de las sanguijuelas que le pusieron alrededor del cuerpo para curar una fiebre? Nada es casual. Y esto ya es mucho más de lo que ofrece cualquier blockbuster. En ese sentido, Scott demuestra que sigue siendo un autor.

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Al acabar la película uno se queda con ganas de más, y eso siempre es una gran señal. Cruzamos los dedos para que la película funcione en la taquilla americana y podamos tener universo Alien para rato.

Noctem: Araquiel’s Box Project

Noctem es la última aportación española al Found Footage tras La saga REC y La cueva. El FANT 23 recibió a su director Marcos Cabotá y a sus protagonistas, Adrian Lastra y Esteban Piñero ‘Basty’ para hacer el primer pase con público de la película dentro de la Sección Oficial del Festival. Lastra, conocido por Primos o la serie Velvet, explicó que la idea de la película surge de una experiencia paranormal vivida en su casa. A partir de ahí decidieron hacer una película/experimento sobre lo ocurrido.

¿De qué va? Adrian Lastra y Esteban Piñero ‘Basty’ han desaparecido en México. El actor Álex Gonzalez, amigo de Adrian, le pide a un amigo que rescate los videos de sus móviles para clarificar los hechos.

La película comienza bien gracias a la acertada decisión de que los actores no interpreten a personajes, si no que sean ellos mismos con sus nombres reales, recurso que ya hemos visto en otras obras como Juerga hasta el fin. Y no todos son actores. Esteban Piñero ‘Basty’, miembro del grupo musical D’Nash se estrena en el cine con este papel. Según cuenta Cabotá, el reparto tuvo la generosidad de abrir las puertas de su casa y mostrar su intimidad. En el filme aparecen también parejas y amigos de los protagonistas haciendo de si mismos. De este modo, el texto y las situaciones de la película son en parte pura improvisación. En ese entorno ‘natural’ destaca la interpretación de Álex González.

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En lo argumental, Noctem encajaría como un guante como uno de los sucesos que recrea cuarto milenio. La amenaza se llama Araquiel, un muy digno representante de las fuerzas del mal. El problema principal reside en que la película se fija demasiado en otros found footage ya conocidos, especialmente El proyecto de la bruja de Blair y Paranormal Activity. Algunas ideas de puesta en escena están sacadas de la obra maestra de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez. Por esta razón diría que la película puede ser encajada mucho mejor por espectadores no iniciados en el género.

En la parte técnica hay algunos detalles que se podían haber pulido para hacer un resultado más realista, como las interferencias de los videos y la excesiva iluminación del flash del móvil en las escenas de oscuridad. Demasiado artificiales. Detalles como estos son los que me han impedido tener una experiencia terrorífica. Aunque he de decir que si que ha oído algún grito en la sala durante la proyección.

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En definitiva, estamos ante una cinta sin pretensiones que consigue entretener, pero cuyo resultado es irregular. Algunas ideas funcionan y otras no. Aún así, siempre es bienvenido cualquier nuevo intento en géneros poco transitados por la cinematografía española. Ojalá Noctem funcione.

 

My father die: El salvaje Mississippi

Sean Brosnan, hijo de Pierce Brosnan, ha sido reconocido con el Premio FANTrobia de la 23ª edición del FANT. Se trata de un galardón dirigido a jóvenes promesas del Cine Fantástico y de Terror. Tras ver My father die, su primer largo como director, entendemos los motivos de esta decisión.

¿De qué va? La película cuenta la historia de Asher, un joven sordomudo traumatizado por la muerte de su hermano a manos de su padre. Cuando el parricida abandona prisión, Asher decide que ha llegado el momento de la venganza.

Brosnan deja claro desde la introducción que vamos a ver una cinta potente y sin compasión. Los primeros minutos nos muestran la brutal muerte del hermano, con voz en off y un gran uso del blanco y negro. Una gran intro que nos sirve para adentrarnos en la América profunda y salvaje que Brosnan quiere mostrarnos. Una América a orillas del Mississippi en el que no hay lugar para la piedad.

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La violencia es una constante durante todo el metraje. A Brosnan le ha salido una ópera prima muy tarantiniana, aunque con bastante menos verborrea. En el reparto destaca Gary Stretch, que encarna al despiado padre de familia. El personaje es una nueva visión del Schwarzenegger de la primera entrega de Terminator.

La cruedad del filme está aderezada en todo momento por un acertado uso del humor negro. La excelente fotografía y una acertadísima selección musical consiguen que la película brille formalmente.

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No sabemos a ciencia cierta si este My father die tiene doble lectura, pero la película resulta una manera brillante de quitarse esa etiqueta de “hijo de…” que en ocasiones lastra algunas carreras. Aunque el bueno de Pierce figura en los créditos como uno de los productores del filme.

La película ha sido una de las sorpresas de este FANT. Un gran debut en el mundo del largo para Brosnan. Estamos seguros de que tras este debut indie, los grandes estudios llamarán a su puerta.

 

 

The evil within: Resplandor de serie Z

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Estábamos en un corrillo hablando sobre el buen nivel del FANT tras la proyección de My father die. Ahora entiendo que ese inocente acto era en realidad una invocación a algo que peor que Satán: The evil within. La película, que comparte nombre con un exitoso videojuego survival horror, es lo peor de lo que llevamos de festival.

¿De qué va? Todo cambia en la vida de Dennis, joven discapacitado mental, cuando su hermano decide llevar a su habitación un espejo. Ese elemento será la entrada a un mundo de pesadillas con consecuencias fatales en la vida real.

The evil within falla en casi todo. Actores de telefilme, un guión descuidado y unos efectos especiales que chirriarían en los 70. Este pretendido homenaje al terror ochentero y a los episodios de Twighlight zone no funciona ni como producto de videoclub. Si hablamos de calidades su lugar de venta sería más bien una gasolinera. Da pena ver a un icono del horror como Michael Berryman (Las colinas tienen ojos, Los renegados del diablo) prestándose a hacer de fantoche para la función. Tampoco funcionan sus guiños, que los hay. El homenaje a la araña de La cosa es como la versión de Nirvana que hizo Ramoncín.

Andrew Getty, director y guionista, no acierta con el tono. La película no asusta, pero tampoco se decanta por la comedia. La mayoría de asesinatos no se nos muestran, por lo que tampoco saciará a amantes del gore. Y como revival acaba siendo víctima de lo que parodia. Uno se pregunta… ¿A qué público va dirigida esta película?

Si la película es mala, peor aún es su mensaje. El joven discapactitado que protagoniza el relato es apedreado en la plaza pública, metafóricamente. 90 minutos de sorna a una enfermedad mental, de insultos innecesarios. Mongolo, retrasado y otros que os sonarán. Estaba convencido que el personaje iba a tener la oportunidad de desquitarse de todos los insultos, que estábamos en realidad ante una crítica a todo esto, pero de eso nada. La visión que se da de este problema mental es sencillamente mezquina.

Si podemos salvar algo de la película salvamos a Dina Meyer, que se conserva tal y como la vimos en Starship Troopers. Y la salvamos porque da pie a decir “Mira, la pelirroja de Starship Troopers está viva”, no porque lo haga bien. Este debut del director y guionista Andrew Getty en el cine no tiene pinta de ser recordado, al menos para bien. En la habitación 237 de El resplandor se proyectaba esta película.

It Stains the Sands Red: Choni v. Zombie

En apenas quince minutos It Stains the Sands Red consigue follarse de forma salvaje a las cinco películas de la saga Resident Evil. Molly, la gran protagonista de la función, carece del estilo y las artes marciales de Alice, pero va sobrada de algo más importante cuando hablamos de cine zombie, el instinto de supervivencia. ¿Qué un zombie quiere sangre y necesito despistarle? Pues nada, me saco un tampón del coño y ya tengo perrito. Y para satisfacción de los espectadores, no es su único truco.

¿De qué va? Una pareja huye por carretera de un apocalíptico Las Vegas. Tras una breve parada, el vehículo en el que viajan no consigue arrancar. Un zombie se acerca para aprovechar la ocasión.

It stains the sands red (Mancha las arenas rojas, o algo así) es una comedia, un western, una de terror y un drama familiar. Todo al módico precio de una entrada a 2,90€ para el turno de noche del FANT 23. Un buen aporte a un género zombie que, por suerte, siempre consigue encontrar la vuelta de tuerca adecuada.

Molly, interpretada magistralmente por Brittany Allen, está más cerca de Belén Esteban que de Milla Jovovich. Curioso que la última gran heroína del cine zombie lleve plataformas, pantalones de leopardo, un tampax y cocaína. Todo un kit de supervivencia. La actriz supera con nota el desafío de supervivencia zombie en el desierto. Habría que ver cuanto dura Jesús Calleja. Y no nos olvidamos de Juan Riedinger. El actor canadiense interpreta a ‘Polla pequeña’ (cariñosamente Smalls), y no es un indio compañero de ‘Pipa grande’, si no el zombie que persigue incansablemente a la protagonista. ¿La mejor interpretación de un no muerto en la historia del subgénero? Yo diría que sí (Si se os ocurre uno mejor dejar un comentario, please).

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A la película le da además tiempo para darle una buena patada en la boca al machismo, y por ende a los humanos menos evolucionados del género masculino. El filme acierta al comparar a los muertos vivientes con los típicos babosos de discoteca. Y recuerdo que solo hay una amenaza peor que los muertos: Los vivos.

El director Colin Minihan es parte junto a Stuart Ortiz de los autodenominados Vicious Brothers, responsables de Grave Encounters y su secuela. Habrá que seguir la pista a este joven canadiense nacido en 1986. Aún tiene mucho que aportar al cine de terror.

It stains the sands red tiene los elementos suficientes como para ganarse un hueco en la historia del género. Su estética (Heredera de Los renegados del diablo) y ese desierto de Las Vegas lo merecen, y hacen que perdonemos alguna escena de más en su parte final e incluso algún gazapo. Ya sabéis, lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas.

El ataúd de cristal: La limusina de Caronte

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Es un orgullo afirmar que la mejor película de lo que llevamos de FANT es bilbaina. No acudía con demasiadas expectativas al pase, quizá porque los cortos de Haritz Zubillaga, aunque correctos, no me habían maravillado. Pero El ataúd de cristal conquista por la vía rápida.

¿De qué va? Una ‘Meryl Streep‘ del cine se dirige en limusina a recoger un premio a toda su carrera. Lo que parecía una convención más en la vida de una estrella se convertirá en una auténtica pesadilla.

La actriz tinerfeña Paola Bontempi, que ya trabajó con Zubillaga en She’s lost control, sale airosa de un desafío complicado. Bontempi aparece en la práctica totalidad del metraje, y lo que soporta durante sus 75 minutos no es precisamente un camino de rosas. Estamos ante una exigente interpretación a todos los niveles. Esto no es Paseando a Miss Daisy.

Pero si Bontempi es importante en la película más lo es la limusina que la transporta, el bien llamado Ataúd de Cristal. Un espacio hipnótico que emparenta Cube con 2001: Una odisea en el espacio. De Cube tiene ese uso del color. Si en la película de Natali cambiaba el color en cada cubo aquí tenemos lo mismo, pero con control remoto De 2001 la película se lleva el ojo de Hal 9000, esta vez manejado por algo más peligroso que la inteligencia artifiial: El ser humano.

Tanto el trabajo de dirección artística como la fotografía son impresionantes. Nada hace indicar que estemos ante una cinta de bajo de presupuesto. Hasta la violencia es elegante en el interior del vehículo. Mención especial merece la excelente banda sonora de la película, compuesta por Aránzazu Calleja. Música siempre presente para indicarnos en todo momento que la amenaza es real. Encaja como anillo al dedo con las imágenes de la película.

Por si esto fuera poco, Zubillaga ha creado además un personaje icónico que nos ha conquistado desde la presentación: El misterioso chofer de la limusina. Nos hemos quedado con ganas de saber más de él. Da para un spin off, o al menos para un cameo en la próxima película.

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En definitiva, estamos ante un potente filme que aprovecha al máximo sus recursos y al que no se le ven las costuras. Esperamos que pueda tener el estreno digno en salas que realmente merece. Una gran opera prima.

“No he visto Saw” Haritz Zubillaga

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Tras la proyección, Haritz Zubillaga, el guionista Aitor Eneriz y Paola Bontempi respondieron a las preguntas de la audiencia. Uno de los espectadores hizo referencia al parecido entre El ataúd de cristal y el juego macabro de Saw, pero Zubillaga afirmó no haber visto la célebre película de James Wan. Eneriz habló de otros parecidos que le han sacado a la película, como el de un productor estadounidense que la relacionó acertadamente con el clásico ¿Qué fue de Baby Jane?. Asimismo desgranó como fue el rodaje de algunas escenas, como la espectacular secuencia final. El equipo estuvo ‘defendido’ en todo momento por el imponente chofer de la limusina.

Pieles: La malformación está en la mirada

El FANT 23 ha empezado fuerte. El Teatro Campos Eliseos ha sido un año más el escenario elegido para la ceremonia inaugural, y como en ediciones anteriores Lander Otaola y Maria Goiricelaya se han metido al público en el bolsillo con un humor espontáneo, valiente y muy oportuno. En esta ocasión han estado bien secundados por las ‘maníacas’ que se mezclaban entre el público para recordarnos que esto va de terror, aunque si hay que pasar de horror a La La Land se pasa. Cuánta razón Otaola al nombrar todos los festivales de cine bilbaínos para rematar diciendo “El FANT, al que va gente”, y es que en el Campos no cabía ni un alfiler.

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Este año la organización ha acertado de pleno con Pieles, la mayúscula bizarrada española que ha abierto el certamen. La opera prima de Eduardo Casanova es un auténtico salto al vacío artístico en el que el director consigue caer milagrosamente de pie. Pocos director pueden presumir de tanta libertad en su primer trabajo, aunque esto quizá hay que agradecérselo a Álex De la Iglesia, productor de la película.

Pieles pertenece al subgénero de historias cruzadas. La película presenta a varios personajes al límite unidos por un físico diferente, algo similar a lo que Tod Browning nos enseñó en La parada de los monstruos.

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Uno de los mayores logros de Casanova es la rapidez con la que el espectador se familiariza con ‘lo diferente’ tras la sensación de estupor inicial. Y es que cuesta en un primer momento cuesta hacerse a personajes como el que interpreta Ana Polvorosa, una joven con ano por boca. Si por algo merece todos los elogios esta cinta es por su extraordinaria labor de maquillaje, bien acompañada por una dirección artística cuidada al detalle en el que predominan los tonos rosas (Veáse en look del elenco en la foto de portada).

Las referencias de la película son claras. Las más evidentes un Almodovar desatado o un David Lynch menos oscuro de lo habitual. A Casanova bien podríamos emparentarle con Carlos Vermut, quizá porque ambos comparten sendos debuts suicidas y se decantan por las historias cruzadas. La sensación tras terminar Diamond Flash no era muy distinta de la que se queda al final de pieles.

Casanova también ha acertado con el reparto, del que hay que destacar su generosidad. Sorprende para bien el ‘Freddy Krueger’ que interpreta Jon Kortajarena, totalmente irreconocible hasta el final. Muy meritorio también el ya mencionado personaje de Ana Polvorosa. Lo más sencillo era caer en el más absoluto ridículo, pero lo excesivo del maquillaje contrasta con la serenidad de la actriz para afrontarlo. Itziar Castro es para mi uno de los descubrimientos de la cinta. Quizá el personaje de la casi siempre extraordinaria Candela Peña es el que mejor sintetiza el sentir del filme. Siente que no va con ella lo de ‘ser diferente’ y ve claramente que el problema lo tiene el espectador.

La peor noticia para Casanova es que estamos ante una de esas películas que despertará fobias directas por su contenido, incluso entre los que no lleguen a verla. La mejor, es que estamos ante una pieza de culto instantáneo.

*La película se estrena en cines el 9 de junio de 2017

Assassin’s Creed: Videojuego en Sevilla, ninguna maravilla

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Es un poco triste tener que abrir un artículo con un tópico, pero Assassin’s Creed confirma de nuevo que el salto a la pantalla de los videojuegos suele ser un salto al vacío que casi siempre acaba en hostiazo. Y eso que daba la impresión de que esta vez la cosa podía funcionar. El director Justin Kurzel repetía con Michael Fassbender y Marion Cotillard, con los que acababa de trabajar en su reciente adaptación de Macbeth. Parecía que el estudio no quería renunciar a intentar hacer algo más que un producto, y tras ver la película, ese intento de dignificar la película es quizá lo que ha terminado de hundirla.

En Assasin’s Creed un condenado a muerte se libra de la ejecución a cambio de participar en un programa que pretende recuperar la manzana mordida de Eva, una reliquia que puede hacer que la violencia desaparezca de la sociedad. La acción se desarrolla a caballo entre el presente y la España de 1492.

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Tras unas intrigantes y prometedoras escenas iniciales todo se viene abajo rápidamente. Ese continuo juego presente-pasado provoca que nunca nos acabemos de trasladarnos a ninguna de las dos épocas. El vehículo que utiliza la película para hacer el viaje se denomina el ‘Animus’, una evolución tecnológica capaz de viajar a los recuerdos. Las escenas de Fassbender en el presente y de Aguilar, su antepasado español, son lo peor de la película. Justo cuando parecemos estar ante la inquisición volvemos adelante para ver como Fassbender sufre jugando a una especie de Wii extrema.

Kurzel se empeña en darle trascendencia a lo que en realidad es poco más que una película de hostias, y el interés cae en picado con el paso del metraje. Llega un momento en el que ya no sabes si estas viendo El código Da Vinci, La Isla, El Ministerio del tiempo o Aguila roja. Las interpretaciones no ayudan. Fassbender y Cotillard están peor que nunca. Uno se pregunta quién les convenció para meterse en este jardín, y todo indica que la respuesta tiene unos cuantos ceros.

Estamos ante una película que ni siquiera agradará a los ultras de la saga de la videoconsolas. Asassin’s Creed no es solo decepcionante, también es muy mala. De momento la única adaptación potable de un videojuego sigue siendo la de Silent Hill. ‘El caballero oscuro’ de este subgénero aún está por venir.

 

La cura del bienestar: El encanto de la imperfección

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Gore Verbinski se acaba de ganar todo mi respeto. Hasta ahora se podía hablar de un director cuya carrera se ha caracterizado por un eficiente trabajo al servicio de las majors. De la primera trilogía de Piratas del Caribe al remake de The Ring, pasando por Un ratoncito duro de roer, El hombre del tiempo, Rango o The Mexican. Un cineasta que ha pasado de ser un mero peón de la industria a dirigir un filme de terror gótico de dos horas cuarenta, sin estrellas y con suculentas idas de olla. Quizá La Cura del bienestar de la que habla el filme es la que ha tomado Verbinski, dejando encargos de lado y haciendo de una vez por todas lo que le ha salido del nabo.  Y bien saben los lectores que en esta página somos enemigos de los que piden moderación desde el sofá contándonos que ‘El cementerio está lleno de valientes’. Tal vez desconocen que la hora nos llega a todos, y de palmar, palmar con estilo.

El comienzo de La cura del bienestar es de esos a lo Apocalypse now: Un hombre con la misión de encontrar a otro hombre. Un tiburón de Wall Street es enviado por los mandamases de la empresa a buscar a un compañero que se niega a volver a Manhattan tras su estancia en un balneario suizo. Todo se complicará al comprobar que el enclave alpino no es tan idílico como aparenta.

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Las referencias son evidentes. Imposible no mencionar al Scorsese de Shutter island. Por parecer se parece hasta Dane DeHaan, protagonista de la película, a Leonardo Dicaprio. Aunque en todo momento se ve más un homenaje que un plagio. También hay guiños a El resplandor, como ese plano aéreo de la carretera camino al balneario que recuerda tanto al del inicio de la película de Kubrick, o a La Escalera de Jacob. El resto es una Hammer de serie A.

La película que va sobrada visualmente. La fotografía y la dirección artística son de Oscar. Por el precio de la entrada nos llevamos una treintena de planos perfectos. Por momentos La cura del bienestar nos traslada a ese balneario. La hipnosis de Verbinski funciona y el viaje merece la pena. A pesar de que estamos ante un título que también cuenta con algunos problemas evidentes. El más notable su reiteración de ideas. También padece de uno muy habitual en los títulos de suspense: La sobrexplicación en el último acto. Pero en ningún momento esto provoca el derrumbe, mérito añadido tras sus casi 160 minutos. Quizá esa irregularidad, esos pasos bruscos de la solemnidad al What the fuck son los que consiguen que la película acabe conquistando.

Y además La cura del bienestar nos muestra el lado oscuro de los avances de la ciencia. Esa búsqueda del progreso se ha cobrado muchas vidas en el pasado y se las sigue cobrando hoy en día. Es el fantasma que se esconde tras nuestra rutina, eso que algunos llaman bienestar. Desde ya reivindicamos este título, que está dejando las salas tras su primera semana de proyección con bastante más pena que gloria. Con el tiempo quizá se hable de esta película como un título de culto. Merece la pena apuntarse a la cura.

Trailer: