Archivo de la categoría: Críticas

Blade Runner 2049: El milagro de la creación

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En ocasiones el público espera ansioso noticias de secuela. No es el caso que nos ocupa. Hay películas que son material sagrado, y Blade Runner es una de ellas. Por ello, los primeros rumores de secuela de la obra maestra de Ridley Scott no cayeron demasiado bien entre los fans. Más aún cuando el director británico confirmó que no se sentaría de nuevo en la silla, y que esta vez sería solo el productor ejecutivo. Pero un aspecto hizo recobrar las expectativas de cara al filme: La confirmación de Dennis Villeneuve (Incendies, Prisioneros, Sicario, La llegada…) como director.

Y la jugada ha salido razonablemente bien. Sin ser la obra maestra definitiva, Blade Runner 2049 es una digna sucesora de la original. No era fácil mantener la atmósfera de un título único, y Villeneuve lo consigue. Esto es posible gracias a la gran labor que se ha realizado en todos los apartados técnicos y artísticos. Todos los planos están cuidadísimos, y la banda sonora de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch es un Vangelis sin las pasajes de peli porno. Pero la técnica no sirve de nada sin una buena historia, y hay que reconocer que esta continuación la tiene. De hecho, la historia está por encima de sus lineas de guión.

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Si buscamos parientes cercanos, este Blade Runner está cerca muy cerca de Hijos de los hombres, la historia que Alfonso Cuarón estrenó en 2006 y que planteaba la idea de una sociedad estéril. En el plano artístico, el nuevo Los Angeles recuerda mucho al Japón futurista que vimos en la reciente adaptación de Ghost in the shell, aunque el ritmo de acción de la película de Rupert Sanders poco tiene que ver con la pausa de Villeneuve. Quién espere encontrarse un filme de entretenimiento SCI-FI puede quedarse en casa. También queda confirmado el interés de poner en contacto a creadores y creaciones dentro de la filmografía de Ridley Scott. Si la nueva senda de Alien (Con Prometheus y Covenant) habla de crear una nueva forma de vida biológica, Blade Runner habla de la vida artificial, tema que tampoco esquiva la saga espacial. Esta nueva entrega continúa sembrando la duda ¿Son Alien y Blade Runner partes de un mismo todo? Eldon Tyrell, Weyland, Wallace, David… Son ya demasiados personajes jugando a ser Dios.

Entre los actores, gran trabajo de Ryan Gosling, al que le va como un guante el Blade Runner inexpresivo que interpreta. Posiblemente estemos ante el actor con menos recursos gestuales de todo Hollywood, y lo que normalmente le lastra, en esta ocasión es lo que le hace bueno. También destaca la inquietante presencia de Jared Leto, con un interesante y misterioso personaje secundario.

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Pero no todo son virtudes en este regreso. El principal problema de esta nueva Blade Runner reside en su nudo, lugar donde la trama pasea sin avanzar. Con el telón bajado uno se da cuenta de que los 117 minutos de la primera entrega hubieran sido más que suficientes. Aunque la última hora es excepcional, 163 minutos son demasiados. El otro gran error no está en la película, si no en una decisión de marketing completamente desacertada. Rick Deckard, el mítico personaje interpretó Harrison Ford, aparece en el trailer, poster y en la gran mayoría de actos promocionales del filme, pero su personaje no aparece hasta el último cuarto del filme. ¿No se podía haber guardado ese elemento sorpresa? La experiencia hubiera elevado la película un peldaño mas. Lástima que al ver el cartel todos estemos en el cine pensado “¿Y éste cuando sale?”

En definitiva, estamos ante un regreso que ha merecido la pena. Y tengo la sensación de que Blade Runner 2049 puede ganar en posteriores visionados. Ahora solo queda la duda de si volveremos a visitar la tierra de los replicantes en años posteriores. Nada descartable visto lo visto. Si es así, volveremos a las salas.

 

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Animales nocturnos: La importancia del interlineado

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Si algo podemos decir de Animales nocturnos, segundo largometraje de Tom Ford (Un hombre soltero), es que estamos ante uno de los títulos más inquietantes de los últimos años. Una dirección elegante para un título singular sobre el entorno literario. Se nota que Ford ha hecho la película que quería.

Animales nocturnos cuenta la historia de Susan (Amy Adams), una galerista de arte que en plena crisis matrimonial recibe un libro escrito por su ex novio. La lectura removerá hechos que parecían enterrados.

La película recorre dos vías, por un lado está la realidad de Susan, y por otro el libro, que es dramatizado paralelamente a la lectura. Ford no evita los terrenos áridos, y en ocasiones la película duele. La historia de Tony Hastings, protagonista del relato, es un golpe seco, una mezcla entre Jeepers Creepers y No habrá paz para los malvados. Fuera del relato encontramos sentimientos más terrenales, pero no por ello menos dolorosos.

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Al margen del buen hacer de Michael Shannon, Jake Gyllenhaal y, sobre todo, Amy Adams, brilla sobre cualquier otro elemento la partitura de Abel Korzeniowski, compositor que después unos años en Estados Unidos tras dejar su Polonia natal, parece estar en su mejor momento. Casi al mismo nivel, luce la gran fotografía de Seamus McGarvey.

Estamos ante un título que no busca la unanimidad, y que seguramente deje a muchos en fuera de juego. No por su complejidad, porque Ford no es David Lynch, ni lo pretende; pero su juego de espejos puede no contentar a los que no estén dispuestos a ponerse el delantal para terminar la receta.

 

El final de Animales Nocturnos (EXPLICACIÓN EN SPOILER)

La película no oculta en ningún momento que se está cocinando una venganza. El fin del libro y el posterior mensaje de Edward confirman lo que ya se presentaba en detalles. El libro no va sobre la venganza. El libro es la venganza en si misma. Edward hace complice a Susan del dolor de Tony, sin que ella sepa de que ese es en realidad el dolor de Edward. La sensación final de Susan en la consumación de la misma. Supongo que esta será la lectura mayoritaria, aunque lo bueno de este título es que se presta a la multilectura. Sea como fuere, una escena en apariencia banal como la del cuadro revenge y el móvil que cae al suelo se convierte en un resumen imprescindible de lo que el director quiere trasladar.

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Por poner un pero, diré que no me ha entusiasmado que la película equipare a un feto con la vida de una niña ya adulta. Diría que la posición del filme con el aborto parece bastante conservadora, aunque el mecanismo de pérdida sea igualmente doloroso. Os invito a compartir vuestras visiones del fin.

El autor: Nightcrawler literario

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La Sección Oficial del Zinemaldia ha acogido a El autor, de Manuel Martín Cuenca, tras su paso por el Festival de Toronto. La película adapta El móvil, la primera novela del escritor Javier Cercas. En ella, un aprendiz de escritor que vive eclipsado por el éxito de su mujer decide tomar medidas drásticas para abrirse paso en el mundo de la literatura.

Varios alicientes de partida. El primero, un director que parece que en cualquier momento puede que va a dar el campanazo. Cuenca estuvo cerca con La flaqueza del Bolchevique y Canibal, películas que a pesar de su calidad, no terminaban de rematar. La segunda un intérprete que desde que se destapó en La isla mínima vive en estado de Gracia: Javier Gutiérrez. Motivos más que suficientes para sentarse en la butaca.

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Y empieza bien El autor. Su primera hora es de gran nivel, con algunas de las mejores secuencias del cine español reciente y un animal como Gutierrez comiéndose la pantalla, bien secundado por el siempre extraordinario Antonio De la Torre. Lástima que haya un pero. La película se mete en un laberinto en la segunda mitad del que no consigue salir, lo que desemboca en una ausencia de climax y un final que no resulta satisfactorio. Es una pena, porque tras los primeros minutos se puede llegar a pensar incluso que estamos en lo que podría ser un clásico del cine español. El filme funciona mejor cuando se desata del todo. De la Torre regala escenas que recuerdan a una versión literaria del J.K. Simmons de Whiplash, mientras Gutierrez se va convirtiendo con los minutos en el Jake Gyllenhaal de Nightcrawler.

Por el camino, la película lleva al extremo la búsqueda del “yo escritor” y su convivencia con el “yo persona”. Cada cierto tiempo leemos sobre las locuras que cometen algunos intérpretes para preparar algunos papeles, extravagancias que siempre son aplaudidas por prensa y público. ¿Pero que pasaría si los creadores hicieran lo mismo y decidieran implicarse de lleno con su historia? Seguramente algo parecido a lo que cuenta la película de Martín Cuenca. Al final, lo que se esconde detrás de su personaje protagónico es la historia de una obsesión.

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En definitiva, estamos ante filme irregular que funciona mejor por piezas que en conjunto. A pesar de que el sabor de boca que deja no es el muy bueno, al salir del cine sus momentazos hacen que la experiencia merezca la pena. Sin ser la mejor, estamos ante una de esas pelis españolas que hay que ver en 2017. Si el filme os ha dejado con ganas de más, nada mejor que revisionar En la Casa, una gran película sobre procesos creativos que ganó la Concha de Oro en 2012.

 

 

IT: El trauma infantil se disfraza de payaso

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Lo tenía verdaderamente jodido Andrés Muschietti. El nuevo proyecto de IT cobró relevancia gracias a las noticias que sentaban en la silla del director a Cary Joji Fukunaga, director de la primera temporada de True Detective. Una noticia ilusionante que dejó de serlo cuando se confirmó que el también autor de Beast of no nation y Jane Eyre abandonaba el proyecto tras desavenencias con el estudio. El marrón le quedada a Muschietti, autor argentino que debutó en el terror sin pena ni gloria con Mamá. Las expectativas bajaron, pero volvieron a subir tras los primeros screenings y las aterradoras imágenes promocionales. El hype comenzó a crecer, y parecía que la burbuja, una vez más, iba a explotar. Pero esta nueva IT ha flotado por encima de las expectativas. Contra todo pronóstico, estamos ante uno de los mejores trabajos de horror de los últimos años.

El gran acierto de la película es tomar la valiente decisión de apostar por los personajes, una opción que no es la mayoritaria dentro del género. Los niños protagonistas crean un vínculo casi inmediato con el espectador, lo que nos hace cómplices de su terror. Un mecanismo más elaborado que la habitual colección de sustos, que seguramente defraude a los que solo acudan al cine a paliar los problemas de estreñimiento, pero que a la vez conquistará a los que busquen algo más que entretenimiento.

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IT es una gemela oscura de títulos como Los Goonies, Cuenta conmigo o Super 8, aunque su pariente actual más cercano se llama Stranger Things. La nostalgia vuelve a dar buenos resultados. Estamos ante una nueva confirmación de que lo retro es tendencia en el presente audiovisual.

IT es uno de esos proyectos en los que si algo falla el resultado final puede ser completamente ridículo, pero el acabado técnico de la cinta logra colocarse fuera de la sombra de la serie B. Esto se consigue gracias a una elegante fotografía, una banda sonora de calidad y unos impolutos efectos especiales. El resto lo hace un acertado casting en el que destaca la magnética Sophia Lillis, la actriz que da vida a Beverly. Ojo, que quizá estemos ante el nacimiento de una estrella.

De Pennywise, el payaso protagonista al que da vida Bill Skarsgård, decir que en los primeros minutos me ha dado la impresión de que quedaba eclipsado por el recuerdo del excelso trabajo de Tim Curry en la TV movie noventera. Ese payaso, de apariencia más humana que en esta nueva versión, es sin duda uno de los rostros más célebres de la historia del género. Pero este Pennywise se hace ‘querer’ según avanza el metraje. Aunque hay que tener en cuenta que el clown no deja de ser un falso nueve dentro de lo que de verdad cuenta la película. Los niños protagonistas desarrollan diferentes fobias, pero cada una de ellas esconde un problema más grave que el natural temor infantil. El verdadero miedo del grupo de ‘Los perdedores’ está en la vida real.

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A pesar de todas las virtudes, el título también cuenta con algunos problemas, como la redundancia de algunas escenas o el alargamiento excesivo del desenlace. No obstante, queda patente que en la sala de montaje se ha tenido que tirar de tijera. Por suerte, hablamos de exceso, pero no de aburrimiento. De hecho este IT deja con ganas de más. De esa segunda parte ya en proyecto que muestra a los protagonistas 27 años después del fatídico encuentro. Por si fuera pequeño el Hype, suena Jessica Chastain como Beverly adulta. Por favor, que así sea.

 

Proyecto Lázaro: Un dramón sobre la resurrección

Tenía ciertas esperanzas depositadas en el regreso de Mateo Gil a la dirección tras las satisfactorias Nadie conoce a nadie (1999) y Blackthorn: Sin destino (2011). Aunque si por algo ha trascendido Gil es por haber escrito algunos de los guiones más importantes del cine español de los últimos años, para Amenabar en su mayor parte. Suyos son los de Tesis, Abre los ojos, Mar Adentro, El método o Ágora. Proyecto Lázaro en su regreso a la ciencia ficción, un terreno que no pisa desde que Eduardo Noriega despertará como el hombre elefante tras un accidente de coche. Aunque no hay un nexo argumental, la película se presenta como una secuela tardía de Abre los ojos, y pretende explicar la vida después de la criogenización.

A pesar de lo interesante de la cuestión, Proyecto Lázaro nunca termina de arrancar. La película centra demasiado el foco en el amor y el drama. El protagonista vive atormentado por la vida que dejó atrás con su pareja, y ese eje tractor del filme no contiene el interés suficiente para crear intriga. Se apuesta todo al conflicto interior dejando de lado lo más significativo: Las consecuencias para la humanidad de esa primera resurrección.

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No ayudan tampoco las interpretaciones. Los personajes de Gil parecen robots con apariencia humana. Les cuesta demasiado expresar, y al espectador mucho más empatizar. El uso y abuso de la voz en off termina consiguiente que veamos al protagonista (Marc Jarvis) como un tipo cansino. Naomi (Oona Chaplin), su novia del pasado, no consigue más de lo que hubiese conseguido un maniquí. Nada resulta real.

La estética acaba por rematarla. Más cercana a un publirreportaje de una clínica dental que al cine en si mismo. Si se llega a llamar el Método Dentix nos quedamos igual. Mateo Gil ha intentado hacer su Gattaca bebiendo de Abre los ojos, pero se le ha Gattascado seriamente. Una pena. Esperamos su pronta recuperación y un regreso a la senda de anteriores trabajos.

Alien Covenant: Apocalipsis antes del Génesis

Pocas películas han despertado en los últimos años tantas filias y fobias como Prometheus. A mi personalmente me encantó el regreso de Ridley Scott al universo del xenomorfo. Prometheus no solo mostraba ese miedo a lo desconocido tan de la saga Alien. Se atrevía con una vuelta de tuerca que ponía en contacto al ser humano con sus creadores.

Revisionando Prometheus esta semana me di cuenta de la verdadera cuestión que abarcaba la película: El inevitable choque entre el creador y su creación. Pusimos el foco en los seres humanos y los misteriosos arquitectos, pero descuidamos que David, el sintético que interpreta Michael Fassbender, era también una creación, en este caso humana. Precisamente en ese punto empieza Alien: Covenant, con una conversación en flashback entre Peter Weyland (Creador) y David (Creación).

Los que esperaban un falso remake del Alien original, al estilo de Jurassic World o El despertar de la fuerza, pueden estar tranquilos. Hay más elementos de Alien: El octavo pasajero que en su predecesora, pero podemos decir que Covenant tiene un 50% de Alien y otro 50% de la metafísica de Prometheus. Los primeros acordes de la banda sonora de Jed Kurzel evocan a la partitura que Jerry Goldsmith compuso en 1979. El espíritu inicial está de vuelta, pero a diferencia del clásico, hay algo más que ‘La mujer y el monstruo’.

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Estamos ante una película ciertamente irregular. Empieza bien, pero Scott se toma su tiempo en el nudo para subrayar algunas lineas. Sin desvelar nada, diré que sobra alguna clase de flauta que otra en la parte central. Quizá el mayor problema de Covenant es que Scott ha cedido ante los que pedían más criaturas que en Prometheus. Si por algo se ha caracterizado la saga es por esa sensación de no saber por donde te va a aparecer el xenomorfo. Si viene de arriba, de abajo, de dentro, de fuera… En ese sentido Scott peca de querer contentar a los fans, o al estudio, y mostrar demasiado al bicho. Aunque hay que reconocer que los highlights de la saga no fallan.

Por suerte, Scott lo compensa con un gran prólogo, un intenso climax y un gran cierre. Al final la película pasa volando. Tenía muchas dudas con la elección de Katherine Waterston en el papel protagonista, la nueva ‘Ripley’, que toma el relevo de personajes femeninos fuertes que ya encarnaron en la saga Sigourney Weaver y Noomi Rapace. Pero la protagonista de Animales Fantásticos y Donde encontrarlos demuestra estar a la altura de las circunstancias. Aunque una vez más, el gran protagonista acaba siendo un Michael Fassbender que se come la pantalla.

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Intuímos que a Covenant no le vendrá mal un futuro revisonado, porque la película está plagada de referencias. La biblia, El paraíso perdido de Milton, Lord Byron, el mito de Prometeo, Frankenstein (Cuyo nombre original era Frankenstein o el moderno Prometeo), el soneto soneto Ozymandias de Percy Bysshe Shelley, Richard Wagner… Claves que esconden otras claves. Claves que conectan con algunos misterios sin resolver. Un ejemplo, ¿Sabías que Lord Byron murió desangrado a causa de las sanguijuelas que le pusieron alrededor del cuerpo para curar una fiebre? Nada es casual. Y esto ya es mucho más de lo que ofrece cualquier blockbuster. En ese sentido, Scott demuestra que sigue siendo un autor.

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Al acabar la película uno se queda con ganas de más, y eso siempre es una gran señal. Cruzamos los dedos para que la película funcione en la taquilla americana y podamos tener universo Alien para rato.

Noctem: Araquiel’s Box Project

Noctem es la última aportación española al Found Footage tras La saga REC y La cueva. El FANT 23 recibió a su director Marcos Cabotá y a sus protagonistas, Adrian Lastra y Esteban Piñero ‘Basty’ para hacer el primer pase con público de la película dentro de la Sección Oficial del Festival. Lastra, conocido por Primos o la serie Velvet, explicó que la idea de la película surge de una experiencia paranormal vivida en su casa. A partir de ahí decidieron hacer una película/experimento sobre lo ocurrido.

¿De qué va? Adrian Lastra y Esteban Piñero ‘Basty’ han desaparecido en México. El actor Álex Gonzalez, amigo de Adrian, le pide a un amigo que rescate los videos de sus móviles para clarificar los hechos.

La película comienza bien gracias a la acertada decisión de que los actores no interpreten a personajes, si no que sean ellos mismos con sus nombres reales, recurso que ya hemos visto en otras obras como Juerga hasta el fin. Y no todos son actores. Esteban Piñero ‘Basty’, miembro del grupo musical D’Nash se estrena en el cine con este papel. Según cuenta Cabotá, el reparto tuvo la generosidad de abrir las puertas de su casa y mostrar su intimidad. En el filme aparecen también parejas y amigos de los protagonistas haciendo de si mismos. De este modo, el texto y las situaciones de la película son en parte pura improvisación. En ese entorno ‘natural’ destaca la interpretación de Álex González.

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En lo argumental, Noctem encajaría como un guante como uno de los sucesos que recrea cuarto milenio. La amenaza se llama Araquiel, un muy digno representante de las fuerzas del mal. El problema principal reside en que la película se fija demasiado en otros found footage ya conocidos, especialmente El proyecto de la bruja de Blair y Paranormal Activity. Algunas ideas de puesta en escena están sacadas de la obra maestra de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez. Por esta razón diría que la película puede ser encajada mucho mejor por espectadores no iniciados en el género.

En la parte técnica hay algunos detalles que se podían haber pulido para hacer un resultado más realista, como las interferencias de los videos y la excesiva iluminación del flash del móvil en las escenas de oscuridad. Demasiado artificiales. Detalles como estos son los que me han impedido tener una experiencia terrorífica. Aunque he de decir que si que ha oído algún grito en la sala durante la proyección.

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En definitiva, estamos ante una cinta sin pretensiones que consigue entretener, pero cuyo resultado es irregular. Algunas ideas funcionan y otras no. Aún así, siempre es bienvenido cualquier nuevo intento en géneros poco transitados por la cinematografía española. Ojalá Noctem funcione.

 

My father die: El salvaje Mississippi

Sean Brosnan, hijo de Pierce Brosnan, ha sido reconocido con el Premio FANTrobia de la 23ª edición del FANT. Se trata de un galardón dirigido a jóvenes promesas del Cine Fantástico y de Terror. Tras ver My father die, su primer largo como director, entendemos los motivos de esta decisión.

¿De qué va? La película cuenta la historia de Asher, un joven sordomudo traumatizado por la muerte de su hermano a manos de su padre. Cuando el parricida abandona prisión, Asher decide que ha llegado el momento de la venganza.

Brosnan deja claro desde la introducción que vamos a ver una cinta potente y sin compasión. Los primeros minutos nos muestran la brutal muerte del hermano, con voz en off y un gran uso del blanco y negro. Una gran intro que nos sirve para adentrarnos en la América profunda y salvaje que Brosnan quiere mostrarnos. Una América a orillas del Mississippi en el que no hay lugar para la piedad.

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La violencia es una constante durante todo el metraje. A Brosnan le ha salido una ópera prima muy tarantiniana, aunque con bastante menos verborrea. En el reparto destaca Gary Stretch, que encarna al despiado padre de familia. El personaje es una nueva visión del Schwarzenegger de la primera entrega de Terminator.

La cruedad del filme está aderezada en todo momento por un acertado uso del humor negro. La excelente fotografía y una acertadísima selección musical consiguen que la película brille formalmente.

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No sabemos a ciencia cierta si este My father die tiene doble lectura, pero la película resulta una manera brillante de quitarse esa etiqueta de “hijo de…” que en ocasiones lastra algunas carreras. Aunque el bueno de Pierce figura en los créditos como uno de los productores del filme.

La película ha sido una de las sorpresas de este FANT. Un gran debut en el mundo del largo para Brosnan. Estamos seguros de que tras este debut indie, los grandes estudios llamarán a su puerta.

 

 

The evil within: Resplandor de serie Z

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Estábamos en un corrillo hablando sobre el buen nivel del FANT tras la proyección de My father die. Ahora entiendo que ese inocente acto era en realidad una invocación a algo que peor que Satán: The evil within. La película, que comparte nombre con un exitoso videojuego survival horror, es lo peor de lo que llevamos de festival.

¿De qué va? Todo cambia en la vida de Dennis, joven discapacitado mental, cuando su hermano decide llevar a su habitación un espejo. Ese elemento será la entrada a un mundo de pesadillas con consecuencias fatales en la vida real.

The evil within falla en casi todo. Actores de telefilme, un guión descuidado y unos efectos especiales que chirriarían en los 70. Este pretendido homenaje al terror ochentero y a los episodios de Twighlight zone no funciona ni como producto de videoclub. Si hablamos de calidades su lugar de venta sería más bien una gasolinera. Da pena ver a un icono del horror como Michael Berryman (Las colinas tienen ojos, Los renegados del diablo) prestándose a hacer de fantoche para la función. Tampoco funcionan sus guiños, que los hay. El homenaje a la araña de La cosa es como la versión de Nirvana que hizo Ramoncín.

Andrew Getty, director y guionista, no acierta con el tono. La película no asusta, pero tampoco se decanta por la comedia. La mayoría de asesinatos no se nos muestran, por lo que tampoco saciará a amantes del gore. Y como revival acaba siendo víctima de lo que parodia. Uno se pregunta… ¿A qué público va dirigida esta película?

Si la película es mala, peor aún es su mensaje. El joven discapactitado que protagoniza el relato es apedreado en la plaza pública, metafóricamente. 90 minutos de sorna a una enfermedad mental, de insultos innecesarios. Mongolo, retrasado y otros que os sonarán. Estaba convencido que el personaje iba a tener la oportunidad de desquitarse de todos los insultos, que estábamos en realidad ante una crítica a todo esto, pero de eso nada. La visión que se da de este problema mental es sencillamente mezquina.

Si podemos salvar algo de la película salvamos a Dina Meyer, que se conserva tal y como la vimos en Starship Troopers. Y la salvamos porque da pie a decir “Mira, la pelirroja de Starship Troopers está viva”, no porque lo haga bien. Este debut del director y guionista Andrew Getty en el cine no tiene pinta de ser recordado, al menos para bien. En la habitación 237 de El resplandor se proyectaba esta película.

It Stains the Sands Red: Choni v. Zombie

En apenas quince minutos It Stains the Sands Red consigue follarse de forma salvaje a las cinco películas de la saga Resident Evil. Molly, la gran protagonista de la función, carece del estilo y las artes marciales de Alice, pero va sobrada de algo más importante cuando hablamos de cine zombie, el instinto de supervivencia. ¿Qué un zombie quiere sangre y necesito despistarle? Pues nada, me saco un tampón del coño y ya tengo perrito. Y para satisfacción de los espectadores, no es su único truco.

¿De qué va? Una pareja huye por carretera de un apocalíptico Las Vegas. Tras una breve parada, el vehículo en el que viajan no consigue arrancar. Un zombie se acerca para aprovechar la ocasión.

It stains the sands red (Mancha las arenas rojas, o algo así) es una comedia, un western, una de terror y un drama familiar. Todo al módico precio de una entrada a 2,90€ para el turno de noche del FANT 23. Un buen aporte a un género zombie que, por suerte, siempre consigue encontrar la vuelta de tuerca adecuada.

Molly, interpretada magistralmente por Brittany Allen, está más cerca de Belén Esteban que de Milla Jovovich. Curioso que la última gran heroína del cine zombie lleve plataformas, pantalones de leopardo, un tampax y cocaína. Todo un kit de supervivencia. La actriz supera con nota el desafío de supervivencia zombie en el desierto. Habría que ver cuanto dura Jesús Calleja. Y no nos olvidamos de Juan Riedinger. El actor canadiense interpreta a ‘Polla pequeña’ (cariñosamente Smalls), y no es un indio compañero de ‘Pipa grande’, si no el zombie que persigue incansablemente a la protagonista. ¿La mejor interpretación de un no muerto en la historia del subgénero? Yo diría que sí (Si se os ocurre uno mejor dejar un comentario, please).

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A la película le da además tiempo para darle una buena patada en la boca al machismo, y por ende a los humanos menos evolucionados del género masculino. El filme acierta al comparar a los muertos vivientes con los típicos babosos de discoteca. Y recuerdo que solo hay una amenaza peor que los muertos: Los vivos.

El director Colin Minihan es parte junto a Stuart Ortiz de los autodenominados Vicious Brothers, responsables de Grave Encounters y su secuela. Habrá que seguir la pista a este joven canadiense nacido en 1986. Aún tiene mucho que aportar al cine de terror.

It stains the sands red tiene los elementos suficientes como para ganarse un hueco en la historia del género. Su estética (Heredera de Los renegados del diablo) y ese desierto de Las Vegas lo merecen, y hacen que perdonemos alguna escena de más en su parte final e incluso algún gazapo. Ya sabéis, lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas.