Archivo de la categoría: Críticas

Matar a Dios: El fin de la divina providencia

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La proyección de Matar a Dios coincidió con mi estancia en el Festival de Sitges, y por temas de programación fue uno de mis descartes. La Sección Oficial del FANT 24 me ha dado la oportunidad de rescatarla, y ahora puedo decir que no verla antes fue un tremendo error. Matar a Dios es una de las más prometedoras óperas primas que ha dado el cine español en los últimos tiempos.

La película introduce a Dios, personificado en un enano barbudo y gruñón, en la decadente cena de nochevieja de una familia que no atraviesa su mejor momento. La deidad pondrá en sus manos una difícil decisión: Elegir a los dos únicos humanos supervivientes de su cólera. Matar a Dios es una comedia absurda, que tiene más que ver con el humor de José Luis Cuerda o Álex De la Iglesia que con la filosofía de Nietzsche.

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A pesar del bajo presupuesto, el look de la cinta es excepcional, sacando el máximo partido posible a la casa en la que se desarrolla la acción. La fotografía de Miquel Prohens es excelente. Aunque los máximos culpables del gran resultado final de la película son los actores: Itziar Castro, Eduardo Antuña, Boris Ruiz, David Pareja y Emilio Gavira están extraordinarios. Si el FANT 24 entregara un premio interpretación debería ser para todo el reparto de la película. No se queda atrás la excelente banda sonora, una partitura de película grande.

Sin duda estamos ante una de las sorpresas del cine español. Una propuesta peculiar que se mete al espectador en el bolsillo con buenos golpes de humor, sin dejar de lado la reflexión. Y también está bien ver de vez en cuando un casting de actores que no está ahí por su cara bonita. Con el talento a cualquier parte.

 

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Bad Match: Tinder sorpresa

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La americana Bad Match, de David Chirchirillo, llevó la temática de las apps de búsqueda de pareja a la Sección oficial del FANT 24. Los títulos de apertura de la película ya indican que estamos ante una producción hecha para la estantería del videoclub.

¿De qué va? Bad Match sigue los pasos de Harris, un triunfador en el campo de las relaciones esporádicas gracias a una aplicación de ligoteo. Su vida cambiará al conocer a Riley en una de esas citas, una joven que no asumirá ser el rollete nocturno.

Sus giros se ven venir de lejos, y su realización está bastante descuidada, pero a pesar de sus defectos la película entretiene de principio a fin. Su frescura la eleva por encima de la sobremesa de Antena 3, aunque en honor a la verdad argumentalmente no esté muy lejos de esos títulos. Por suerte, el texto y la temática consiguen conectar fácilmente con el espectador.

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La película sirve además para reflexionar sobre los nuevos problemas que acarrea nuestra second life online y el choque que puede provocar con la vida 1.0. En especial, habla de un problema que cada vez sufre o ha sufrido un mayor porcentaje de población: El ciberacoso. La educación en el uso de las redes que se imparta a la próxima generación se antoja clave para evitarlo.

Bad Match no pasará a la historia del FANT, pero estos títulos también son necesarios en el festival. El entretenimiento parece a veces enemigo de la cinefilia, pero sigue siendo la principal conexión entre la industria y el público.

 

 

Los extraños: Cacería nocturna. Secuela de la vieja escuela

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Cada año llegan a la cartelera un buen puñado de títulos que intentan pervertir las archiconocidas normas de terror. Los extraños: Cacería nocturna hace exactamente lo contrario. Estamos ante una secuela Old School que sigue a rajatabla las leyes sagradas del género.

En 2008 Bryan Bertino construyó una sólida de película de invasión casera. En Los extraños un grupo de enmascarados invadía una vivienda con el único propósito de horrorizar. La película conseguía su propósito huyendo de los giros de guión. Los antagonistas sembraban el caos, y las víctimas recibían. Con sencillez, Bertino consiguió una buena muestra género. Su secuela, menos directa, se aferra a los principios básicos. De nuevo malhechores enmascarados, de esos que no les hace falta correr para adelantar a sus víctimas. Hijos de puta que matan por diversión y a los que cuesta matar varias vidas.

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Quizá el mejor resumen de la película es un breve diálogo en la que una de las víctimas pregunta a una de las agresoras “¿Por qué nos hacéis esto” y ella responde “Why not?”. Y es que el terror más absoluto no tiene explicaciones. Un malo con motivos es menos malo, pero la maldad absoluta está en hacerlo con fines lúdicos.

El que busca encuentra, y la película cuenta con una amplia colección de sinsentidos. Pero si miramos a las secuelas de Viernes 13 o La noche de Halloween todo pasa principalmente porque sí. Inocentes y villanos, por lo que hay que recomendar al espectador no entrar en ese juego de… ¿Por qué vuelve a la casa cuando tiene todas las de perder? ¿Por qué se separan si así se vuelven vulnerables? En el slasher los protagonistas siempre toman la peor decisión posible. Y es que si se salvan nada tendría ni puta gracia. La boca del lobo siempre tiene sold out.

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Con todo esto lo que quiero decir es que esta secuela mola. Quién intente buscar gran cine aquí no lo encontrará, pero si encontrará un digno entretenimiento, siempre y cuando decida entrar en el juego macabro. Estamos ante una secuela a la vieja usanza que se inspira en hechos reales para añadir  drama a esta pesadilla familiar. La matanza de texas en un parque de bungalows con guiño final incluido. Para el recuerdo, la sublime escena de la piscina al ritmo de Total Eclipse of Heart, de Bonnie Tyler.

Vengadores: Infinity War. El equilibrio es posible

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Llevábamos una década esperando. Una década en la que Marvel nos había dado motivos para creer. Es normal que el hype estuviera por las nubes, pero ya se puede confirmar. El hype es real. Infinity War eleva el listón de la franquicia hasta más allá del infinito.

Hace unos años nos hubiéramos reído pensando en la catástrofe que podía suponer llenar el corral de gallos superheróicos. Pero desde Marvel han hecho suya la máxima circense del “más difícil todavía”. En Los vengadores nos demostró que era posible construir ese corral, y en Capitán América: Civil War que era posible incluso enfrentar a todos los gallos. Tampoco vamos a llevarnos a engaño, si no te gustan las pelis de Marvel esta no va a gustarte por arte de magia. Pero si te gustaron las anteriores, con esta la vas a disfrutar como nunca.

Infinity War tiene además a un villano de máximo nivel. Ni Loki ni Ultrón eran rivales dignos para Los Vengadores. De alguna manera era como enfrentar al Dream Team con la selección de basket de Gibraltar. Duelos demasiado desnivelados. Pero Thanos (Josh Brolin) ha conseguido llevar la lógica a la balanza. Al fin un antagonista que impone respeto. Un líder que no solo tiene la cualidad de ser escuchado, también la de crear silencios. Posiblemente estemos ante el mejor ‘malo’ del género tras el Joker de El caballero Oscuro.

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Podríamos decir que el equilibrio es el gran logro de los hermanos Russo. Hay drama, pero también hay humor; Hay acción, pero también hay pausa. Ese equilibrio también está presente en los protagonismos y en los lugares. Un resultado espectacular ante un reto mayúsculo. Estamos ante una película de Marvel (prácticamente) redonda.  El guión cuenta con algunas de las mejores líneas de la franquicia. Desde el espectacular retorno de los personajes al impresionante desenlace, el mejor que ha vivido el Universo Cinemático Marvel. A nivel técnico se ha recuperado el nivel perdido en Pantera Negra, mientras que la banda sonora supera con creces al resto de entregas.

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Tras la presentación de varias gemas del infinito, como el teseracto, el éter y el ojo de Agarrotto, todo converge en este filme, un gran final comparable al encontrar todas las bolas de dragón o conseguir todos los Pokemon de Pokemon go. Infinity War es tan buena, que lo más difícil va a ser darle continuidad, porque hay que recordar que esta es la primera de las dos entregas de Vengadores que Marvel tiene previstas para cerrar su fase 3. Antes de su estreno en 2019 llegarán Ant Man y La Avispa y, sobretodo, Capitana Marvel, que tras los acontecimientos de esta entrega se antoja como una pieza clave.

 

Manhunt: Unabomber. La aguja en el pajar

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Tras la exitosa Mindhunter, Netflix vuelve a tirar de psicología del crimen en Manhunt: Unabomber, serie sobre la caza de uno de los asesinos más esquivos de la historia negra americana. Unabomber utilizaba un método que puso muy difíciles las cosas al FBI: El paquete bomba. De ahí que causara una extraña sensación de terror en la sociedad americana entre los años 1978 y 1995. Una amenaza fantasma. Su búsqueda fue una de las más complicadas de la historia de la investigación policial estadounidense.

La serie baja al detalle del caso acercándonos una la realidad de una investigación invisible. Como sucedió con Mindhunter, no estamos ante una ficción que recurra a los fuegos artificiales. La pistola queda en el cinturón, porque el mejor arma contra esta clase de delincuentes viene de serie, y está en la cabeza. El ritmo es pausado, pero lleno de contenido.

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Manhunt: Unabomber no pretende apuntar a los buenos y a los malos de la ficción. Tan solo expone el hecho, y deja al espectador final posicionarse. El trabajo de la ficción americana suele ser admirable admirable en este sentido. Es algo que en la ficción española parece estar aún muy lejano. Por ejemplo, estrenar una serie sobre ETA en España sin demonizar a los terroristas hoy en día, sería ser troceada por la alargada hoja del cuchillo censor.

Estamos ante una temporada de siete episodios en la que destacan los episodios centrales (1×04 y 1×05), si bien el 1×06, el más singular, es el que redondea la serie aportando una mirada de 180º al caso. Pero por suerte el interés es creciente y apenas hay bajones.

La serie ha sacado del ostracismo a Sam Worthington. un actor al que nos intentaron vender como una estrella desde Avatar, como un héroe de acción, y que nunca ha llegado a serlo. Su carrera. De hecho, exceptuando la obra de Cameron, sus películas como protagonista han sido un auténtico fracaso. En Unabomber vemos al Worthington más competente hasta la fecha. Aunque la gloria interpretativa de esta serie recae en Paul Bettany, que hace maravillas con un personaje extremadamente complejo.

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Quizá no sea el producto más popular del catálogo de Netflix, pero Manhunt: Unabomber es sin duda uno de sus productos imprescindibles.

 

Spider-man: Homecoming. Un hombre araña de la onda Springsteen

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La figura del hombre araña en el cine se ha ido devaluando progresivamente. Tras una buena presentación en Spiderman y una gran resultado con Spiderman 2 todo se empezó a torcer en Spiderman 3, el ambicioso cierre de la trilogía de Sam Raimi. Una excesiva duración, un mal reparto de tiempos entre los villanos y alguna escena fallida cerraron la primera etapa del superhéroe. Marc Webb lideró el segundo intento, pero tras un correcto comienzo en The Amazing Spiderman, el proyecto se despeñó en su secuela. La única salida era incorporar al personaje al Universo Cinemático de Marvel, aún sabiendo que se trataba de una figura profundamente erosionada.

Quizá por eso, con buen criterio, los responsables del UCM pensaron en aire fresco. Por un lado renunciaron a incorporar a un rostro conocido para el papel, y por otro en rebajar la edad de Spiderman hasta los quince años. Y antes de darle película propia, el estudio decidió darle un cameo estelar en la exitosa Capitán América: Civil War. El buen resultado de esa aparición aumentó las expectativas de los fans ante la película individual del arácnido.

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El encargo de la dirección recayó en John Watts, un director sin experiencia en grandes proyectos responsable de Clown y Coche policial. Pero dirigir es más fácil cuando hay un buen guión detrás, y el de Spider-man Homecoming lo es. El libreto escrito a seis manos por John Francis Daley, Jonathan M. Goldstein, Christopher D. Ford, Chris McKenna, Erik Sommers y el propio Watts ha conseguido marcar el rumbo idóneo para la franquicia. Hay comedia, hay acción, pero este nuevo hombre araña esquiva clichés poniendo el foco en el desarrollo del personaje. Y también hay un gran giro de guión, algo que se da en contadas ocasiones en películas de este tipo.

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Quizá la audiencia se quedó algo fría cuando se confirmó a Vulture como el villano de la película, un enemigo menor, pero elegir al siempre carismático Micheal Keaton y colocarle como un supervillano de clase obrera frente al imperio Stark funciona de maravilla. Con algo de coherencia y un buen texto hasta el mayor sparring marvelita puede ser competente. También es acertada la elección de Tom Holland como hombre araña. Ni Maguaire ni Garfield dotaban al personaje de la frescura necesaria para interpretarlo. Ninguno de los dos actores había conseguido hacerlo suyo.

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Quizá con un poco menos de convencionalidad en el tercer cuarto y rindiendo menos pleitesía a la franquicia, estaríamos hablando de una de las grandes del cine de superhéroes. Aún así Spider-man: Homecoming se sitúa entre las mejores de Marvel, que no es poco precisamente. Las bases están sentadas. Y la mejor noticia de todas es que seguramente la gran película de Spiderman aún esté por llegar.

 

Aniquilación: Redención o muerte en el resplandor

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Tras la excelente Ex Machina, Alex Garland sigue empeñado en mostrar al público que la ciencia-ficción es uno de los grandes géneros. En esta ocasión, adapta Aniquilación, novela de Jeff VanderMeer. Un material muy jugoso de partida que no defrauda en absoluto en su salto a la gran pantalla.

La película está disponible en el catálogo de Netflix España. La plataforma de VOD compró a Paramount los derechos internacionales del filme, lo cual nos hizo temernos un tropiezo, puesto que ya ocurrió lo mismo con la reciente The Cloverfield Paradox, cinta muy inferior a sus predecesoras. Podemos confirmar que no ha sido una venta por cuestión de calidad. Lo malo de todo esto es que Aniquilación merece verse en pantalla grande, y a los que nos gusta el cine nos ha tocado jodernos.

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La película nos hace cómplices del drama de Lena (Natalie Portman), una bióloga que asiste al regreso del marido que (casi) daba por muerto. Pero el esposo (Oscar Isaac) no parece ser el mismo que antes de partir. Pronto descubrirá que ese cambio y el frágil estado actual en el que se encuentras provienen de ‘El resplandor’, una zona en cuarentena con muchas idas y una única vuelta.

Estamos ante un título ambicioso, y ya desde el primer minuto Garland evidencia su deseo de hacer ciencia ficción con mayúsculas. En la introducción, Aniquilación no está muy lejos de La llegada. Se nota un trabajo calculado para crear el clima de misterio adecuado. Garland construye en el espectador la necesidad de adentrarse en el complejo enigma que plantea la película. En todo momento queremos saber más, como si estuviéramos asistiendo a un capitulo especial de Lost (Perdidos). Y paralelamente a la trama, se desarrolla el viaje interior de los personajes. Además de lo que vemos en pantalla, la película invita continuamente a la reflexión, y esta sensación va in crescendo.

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Es de agradecer que, a diferencia de los títulos de aventura habituales, el comando de exploración protagonista es íntegramente femenino. Hemos visto heroínas de acción, pero ahora mismo no me viene otro título a la cabeza cuyo quinteto titular esté formado íntegramente por mujeres. Otra prueba más de que otro cine es posible. Al frente del reparto una estrella consolidada como Natalie Portman, que cumple como atípica heroína de acción.

A pesar de todas estas virtudes, Aniquilación se encuentra lejos de la perfección. Ex Machina era una película más redonda en casi todos los aspectos. La excelencia de los efectos de aquella película colisiona aquí con el abuso de la CGI, que si bien funciona a las mil maravillas para dotar de vida al decorado, chirría a la hora de mostrar sus criaturas. Aquí el problema está como casi siempre en no tomar una base real y apostarlo todo a la carta digital, casi siempre más económica.

Y Cuanto más se acerca el final, más aumenta la sensación de que estamos ante una trama jodidamente difícil de cerrar. Pero Garland arriesga, sin ningún temor a jugar con fuego y caer en lo ridículo. Ya hizo Kubrick en 2001: Una odisea en el espacio, ya lo hizo Zemeckis en Contact, ya lo hizo Nolan en Interstellar… Directores que consideraron que era mejor pasarse por exceso. A los futuros espectadores solo queda recomendarles que se agarren fuerte al sofá, porque vienen curvas. Los que ya la habéis visto, sabéis a que me refiero. En definitiva, estamos ante una película grande por momentos, y que nunca deja indiferente. Sin duda uno de los títulos imprescindibles de 2017.

Reflexión sobre el final en Spoiler

Aniquilación tiene sin duda un final de esos que no deja indiferente, un salto con doble mortal adelante que no escasea en tirabuzones. Garland le pasa la posesión al espectador, y a partir de aquí llega la hora de la paja mental. En mi opinión, la película forma a un equipo en dirección a la redención, a la expiación de los pecados. Ninguna de las componentes del escuadrón protagonista tiraría la primera piedra. Misioneras vocacionales sin absolutamente nada más que perder. La película habla de la autodestrucción para más tarde hacer un llamamiento a la esperanza, a la infinita capacidad de regeneración del ser humano en situaciones límite. De esta manera entendemos que Natalie Portman no muere, si no que resucita, y hace lo propio con su marido. Ambos vuelven del resplandor, ambos sobreviven, pero el precio pagado es la aniquilación al ego anterior.

Gorrión rojo: La insondable guerra fría

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De vez en cuando sienta bien ver una gran producción de verdad. Y eso es lo que parece Gorrión rojo. En esta película no hay decorados de cartón piedra. Estamos ante un thriller de espías serio que no pierde el tiempo en tiroteos y efectos digitales.

La película cuenta la historia de una bailarina rusa cuya vida cambiará radicalmente tras una lesión. Su tío, con alto rango en el servicio secreto ruso, la llevará a las cloacas de la interminable guerra fría.

He de reconocer que no tenía demasiada fe en Francis Lawrence, mucho menos después del doble capítulo final de Los juegos del hambre, que echó por tierra el trabajo de Gary Ross en la primera entrega y su propia labor en En llamas. Gorrión rojo es la película más limpia y elegante del director.

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Pero todo es más fácil cuando Jennifer Lawrence está en tu equipo. No solo estamos ante una de las mejores actrices de su generación. JLaw es una líder, una estrella que justifica su protagonismo en cada toma. Ella y Jessica Chastain llevan el magnetismo a otro nivel. En esta ocasión su trabajo combina a la perfección fragilidad y falta de escrúpulos.

Quizá la gran virtud de Gorrión rojo es su decidida apuesta por el ritmo pausado, en detrimento de la acción habitual. Esto en los peores casos suele traducirse en un soberano aburrimiento, pero a la película no le pesan sus 140 minutos. También se agradece que sea bruta y explícita cuando tiene que serlo. Si hay que enseñar una polla se enseña. Si hay que poner en primer plano la violencia física y verbal se pone. Todo un acierto desmarcarse del thriller blando de estudio al que la industria de Hollywood nos tiene acostumbrados.

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El mayor pero de la película es su guión, que aunque cuenta con más de un buen pasaje,  no está a la altura de la impecable realización. Se echa en falta algo más de riesgo en el libreto, porque en realidad no se han tomado senderos alejados de las pautas habituales del cine de espías. A pesar de esto, Gorrión rojo funciona en casi todos los aspectos. Una película de obligado visionado para los buscadores de topos.

Incidencias: Sala llena. A destacar la variedad de público al que es tratar de engatusar JLaw. Del veterano público de espías a los jóvenes fans de una de las estrellas más brillantes del panorama cinematográfico actual.

 

Ícaro: La gran mentira colectiva

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El documental La mentira de Lance Armstrong (2013), sobre la vida y milagros del ciclista tejano, era hasta ahora el gran documental sobre las trampas en el deporte, más conocidas como dopaje. En 2017 llegó su secuela involuntaria, en la que la trama de dopaje sobrepasa un individuo y un deporte para involucrar a toda una nación. Ícaro, de Brian Fogel, se hizo en la 90ª edición de los premios de la Academia con el Oscar al mejor documental.

Lo que empezó para el cineasta Brian Fogel como un Super Size Me cambiando McDonalds por sustancias dopantes, se acabó convirtiendo en todo un ‘puente de los espías’ con el deporte ruso como actor principal. Fogel contactó con el ruso Grigory Rodchenkov en su intento de probar en primera persona el efecto de los anabolizantes en el ciclismo amateur, un auténtico Maestro Miyagi en esto de las drogas deportivas. Pero cuando la sombra de la sospecha se instaló sobre Grigory, el doctor ruso decidió tirar de la manta, destapando una profunda trama criminal con implicación del Kremlin y el KGB. Algo parecido a lo que sucedió con el ya mencionado La mentira de Lance Armstrong, que comenzó como un documental sobre el retorno del ciclista y acabó convirtiéndose en un análisis detallado de su historial tramposo.

Brian Fogel ha hecho un trabajo audaz, que a pesar de sus ecos de gran thriller in the real life, le debe todo a su personaje principal. El señor Rodchenkov se nos presenta como un auténtico trilero, y su carisma es tal que nos hace obviar su gran culpa en el proceso. Estamos ante un personaje que conquista, un ser sin escrúpulos pero completamente entrañable.

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Y es que a pesar de la mentira, Ícaro es ante todo un documental sobre la verdad, concretamente sobre la importancia de contarla. Fogel concluyó con esta reflexión al recoger el Oscar, además de dedicar el premio a Grigory Rodchenkov, que tras la emisión de este trabajo se encuentra en serio peligro.

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Podríamos decir que Ícaro es la cara B de Red Army, el documental sobre el equipo soviético de hockey que nos encandiló hace dos temporadas. El largo de Brian Fogel es desde ya una de las obras imprescindibles del catálogo de Netflix. Un título complejo, pero apasionante.

Black Panther: Wakanda de la vaca

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Marvel también la caga. Nos las prometíamos felices con Black Panther, el héroe afroamericano por excelencia pedía a gritos un salto a la gran pantalla. Más en tiempos donde salir en un viñeta te da pasaporte automático a la sala de cine. El universo cinematográfico del imperio Disney sumaba películas de más o menos entidad, pero siempre efectivas. Lástima que esta pantera negra, se haya saltado las normas del estudio para abrazar con fuerza la Serie B. Black Panther es una superproducción de segunda, y lo peor es que parece que nunca pretendió serlo.

El problema de la película reside sobre todo en la ejecución. Los efectos especiales parecen en ocasiones salidos de la app de un teléfono móvil, mientras que los decorados son sencillamente sonrojantes. Todo sucede en un falso exterior, que en escenas como la de la pelea en la cascada canta demasiado. El copy paste de personajes digitales le gana la batalla a los figurantes, y la pantalla verde tumba a los escenarios naturales. Lo mismo ocurre con los rinocerontes digitales. Pasa como con los monos de Jumanji ¿Acaso no hay rinocerontes en la naturaleza?. Alguno tras la película se preguntaba si se habían extinguido.

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La dirección de Ryan Coogler (Creed: La leyenda de Rocky y Fruitvale Station) es profundamente impersonal. Casi se sitúa en la antítesis de lo que James Gunn ha logrado con ‘sus’ Guardianes de la galaxia. El otro problema grave son todos los palos que se quieren tocar. Vamos de El rey león, a Tron: Legacy, y desde allí a El señor de los anillos. Todo sin orden ni concierto. A eso hay que sumarle una trama más previsible que el resultado de España en Eurovision.

Pero hasta de los desastres más monumentales se saca algo bueno. Lo hace con timidez, pero Black Panther indaga en los problemas de África, y el vibranio va en claro paralelismo con la explotación de Coltán. Tampoco se omiten los problemas históricos de la población negra en el pasado, presente y futuro de los Estados Unidos. La crítica no se esconde, aunque en conjunto carezca de la profundidad que una película ajena a romper taquillas le hubiera otorgado.

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En el casting la gran sorpresa es Letitia Wright y su carismático personaje: Shuri, una experta tecnológica que acaba con el estereotipo masculino que impuso Alfred en Batman. Ella sí tiene hueco en el universo Marvel. La noticia negativa es la aberrante interpretación de Daniel Kaluuya (W’Kabi) que acaba con el buen sabor de boca que nos dejó en Déjame salir, papel por el que está nominado al Oscar. Poco que decir de T’Challa, Chadwick Boseman. La mejor noticia es que ni el ni su personaje sufren desgaste de cara a futuros filmes marvelianos.

Este error de la casa de las ideas, casi en el descuento de Infinity War, rebaja levemente las expectativas ante la película más prometedora de la franquicia. Pero Marvel ya demostró en Civil War que es capaz de triunfar en una misión suicida: La de acumular decenas de personajes carismáticos en un mismo metraje y que el aforo no se resienta. Confiamos que los hermanos Russo resuelvan la ecuación como hasta ahora. Thanos is coming.