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Que Dios nos perdone: Madrid bajo el terror del Follaviejas

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La segunda película de Rodrigo Sorogoyen (Stockholm) alcanza de forma instantánea el Olimpo del Thriller español. Estamos ante uno de los mejores filmes de la caza del spanish serial killer. El tiempo la pondrá en su lugar, si no lo ha hecho ya.

La película nos traslada al Madrid 2011, un Madrid difunto de las Olimpiadas en el que el 15M y la visita de Benedicto Equis Uve Palito manchan de tinta los periódicos. En ese contexto, dos peculiares policías investigan la muerte violenta de varias ancianas.

Hay dos influencias claras en Que Dios nos perdone. Por un lado encontramos ecos del thriller Fincheriano, por otro encontramos un tono cercano al del thriller coreano. El éxito de Sorogoyen radica en beneficiarse de elementos conocidos para reinventar el thriller castizo. El resultado esta lejos del thriller de pura influencia americana de Daniel Monzón. La película es española, muy española, y madrileña más concretamente. La ciudad se presenta como un personaje más de la trama. Una gran recreación del sofocante julio madrileño, con tanto acierto como el desgarrador madrid estival del Barrio de León de Aranoa.

Y todo esto dando total protagonismo a los personajes, defendidos extraordinariamente por todo el reparto. Antonio De la Torre consigue en la película algo muy complicado: Que a pesar de ser Antonio De la Torre veamos a su personaje, el tartamudo Velarde. Un investigador de nivel, parco en palabras, y con un auténtico infierno interior. Brilla a la misma altura un desatado Roberto Álamo, convertido en un colérico policía que se sitúa en la frontera entre John Mclane y Jose Luis Torrente.

Que Dios nos perdone PELICULA

Quizá lo peor del filme sean sus últimos minutos. Si bien responden a una lógica, no están a la altura del potentísimo resto del metraje. Por suerte, predomina lo notable, como esa realización trepidante cámara en mano que incorpora realidad al resultado final.

Que Dios nos perdone confirma el gran momento del thriller español, gracias a las recientes El hombre de las mil caras o Tarde para la ira, que se suman a títulos aventajados como Tesis o La Isla mínima. Empezaba a ser hora de que el cine español dejara atrás el drama o la comedia.

 

Rogue one: Una historia de Star Wars. Cuando la fuerza no acompaña

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“Pium pium pium pium”. Así podríamos resumir Rogue one, la última excusa de Disney para seguir recaudando fondos para la causa galáctica. Que podamos abreviar una película con cuatro onomatopeyas no es algo precisamente bueno.

La película nos sitúa entre los episodios III y IV, una dura época en la que el imperio campa a sus anchas y los Jedi son solo un mito. La resistencia, en horas bajas, intentará dar un golpe maestro al enemigo: Robar los planos de su gran amenaza, la Estrella de la muerte. Lo se, pintaba genial. Lástima que un guión ridículo, un áspero tono y una dirección mediocre reduzcan todo a polvo estelar.

El gran problema de Rogue one es que todo sucede porque sí, porque me da la gana. Imagino a los responsables de la película en un despacho al grito de “Da igual que no tenga lógica, lo importante es llenar el hueco entre episodios”. Todo parece metido con un gran calzador galáctico. Las soluciones de la película son siempre ridículas (El momento interruptor o lo de Estrellita rozan la vergüenza ajena).

Si algo caracteriza a Star Wars es que los conflictos están tan bien marcados que se podrían representar en el escenario de un teatro sin necesidad de efectos especiales. Algunos pasajes de la saga parecen salidos de la pluma de William Shakespeare. Rogue one es la antítesis de esa esencia.

Los actores consiguen lo que pocos podían pensar: Que un droide del imperio reprogramado les barra en carisma. Hasta un personaje del nivel de Darth Vader parece fuera de lugar. Con la protagonista (Jyn Erso) han querido repetir la jugada de ‘Rey’, pero no les ha salido. Show Guerrera, Cassian Andor, Chirrut Îmwe o Baze Malbus (Ríete tú de Jar Jar Binks) son mera comparsa. Eliminadles en un remontaje mental y veréis que ninguno era necesario. Lo que si consigue dar el pego son las resurrecciones digitales de algunos personajes, que encajan extrañamente, pero encajan.

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Uno de los gran temores era que Disney redujera la película a un “Canta con nosotros”, pero por suerte o desgracia Rogue one no es una película para niños. Una nueva esperanza enamoró a toda una generación, pero no ocurrirá lo mismo con esta ensaimada de disparos que queda lejos de resultar simpática. Agradecemos que Gareth Edwards haya pasado de no meter ni un solo gag en su infumable versión de Godzilla a los tres de Rogue one. De rescatar algo podríamos rescatar el climax final, un desenlace que hace que nos preguntemos si los 100 minutos anteriores eran estrictamente necesarios. Hasta ahora pensábamos que la saga solo nos presentaba un planeta si era fundamental en la trama. En Rogue One visitamos quince sin justificación aparente. En conclusión, con un mediometraje de conexión hubiéramos tenido más que suficiente.

Al menos la película mantiene el sello político de la saga, tan presente en los episodios I, II, III. Resulta curioso además que la muy conservadora Disney haya permitido estrenar una película que resulta una gran reivindicación del terrorismo. Una película que no ve con malos ojos derribar las torres del imperio (¿Os suena de algo?).

Desde hace unos meses se corre el rumor de que el primer montaje de la película era el bueno, pero Disney se reveló. Tras ver varias películas de Gareth Edwards mi postura es que quizá lo que intentó Disney es evitar un desastre mayúsculo y que todo quedara en desastre relativo. Siempre habrá quien defienda este simplón capítulo por devoción a una saga que en este momento vive de las rentas. Yo me niego a pensar que todo se ha reducido a una entrega de Los mercenarios sin carisma. Los más exigentes esperamos que el episodio VIII pueda devolver el equilibrio a la fuerza. Para ver tiros me vale Fast & Furious.

 

Escuadrón suicida: DC viene de DeCepción

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Tras la decepción general que supuso Batman v. Superman: El amanecer de la justicia, Escuadrón suicida, con otro tono y otro director (David Ayer) lo tenía todo para levantar a DC. Los trailers prometían humor, acción y una embriagadora dirección artística. Prometía… porque tras salir del cine Escuadrón suicida solo acentúa los problemas argumentarles de una franquicia que parece más preocupada por aparentar que por ser.

No empieza mal la película, dejándose de pajas y relleno para deleitarnos con unos 20 minutos iniciales que se basan en un ágil reclutamiento. Las presentaciones no hacen más que aumentar el tamaño de una burbuja que pronto acabará explotando. Y es que la película no se sostiene. En Batman V. Superman los enemigos no lo eran tanto, y en Escuadrón suicido los malos están muy lejos de serlo.

El impuesto Smith

El Deadshot de Will Smith es quizá el villano menos interesante de la función, y curiosamente el personaje con más protagonismo y minutos en pantalla. Ese es el precio que ha pagado DC por contar en un actor que prácticamente cuenta sus películas por papeles protagonistas en las mismas. Lo peor es esa forzadísima carga dramática que le viene añadida. En ocasiones parece un repaso por la carrera del actor, con momentos de acción a lo Soy leyenda y pasajes paternofiliales del tipo En busca de la felicidad. ¡Que gran error!

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La que si sale victoriosa en el casting es sin duda Margot Robbie, dando vida a una Harley Quinn para la posteridad. Un auténtico espectáculo en cada una de sus apariciones. Ni siquiera el mismísimo Joker consigue darle la réplica. Y es que en todo en lo que destaca Quinn flaquea el nuevo payaso, el peor que ha dado el cine hasta el momento. Un personaje plano, ñoño e interpretado sin alma por un acomodado Jared Leto. Su interpretación hace más grande a Nicholson, y sobre todo al irrepetible Guasón de Heath Ledger.

Viola Davis, que realiza el papel equivalente a Nick Furia en Los Vengadores, también convence interpretando a una auténtica perra de Satán. Mención aparte merece el mierda-personaje que le han puesto a la pobre Clara Delevingne. Un personaje mitad mujer florero-mitad embrujada que no interesa lo más mínimo. Mención especial a la infrahistoria de su origen a lo Indiana Jones. Todas sus intervenciones provocan vergüenza ajena, y no por su culpa.

Si por algo se salva de la quema total la película es por su tremenda banda sonora, un auténtico espectáculo. The animals, Queen, Rolling Stones, Eminem, Twenty One Pilots… Sin duda la película pisa sobre seguro jugando con clásicos de ayer y de hoy en lo que por momentos parece un gran videoclip. La pena es que todo quede vacío de contenido. Todo el mensaje político que respiraba el interior de Batman V. Superman es enterrado y sustituido por moralina barata de primero de Walt Disney.

Tras este nuevo paso en falso de la franquicia, las expectativas ante la película de La liga de la justicia serán mínimas. Quizá en ese momento Snyder consigue levantarse. La clave del éxito está muy clara: Un buen guión.

13 horas: Los soldados secretos de Bengasi. La historia según Michael Bay

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No quiero convertir este artículo en una carta abierta a Michael Bay, pero solo diré… “Ay Michael Bay, que grande eres”. Le tacharán de megalómano, de superficial, de sacacuartos, pero estamos ante un director único, un autor en lo suyo. Su cine casi siempre es igual. Acción desmesurada, frases grandilocuentes e imágenes ultrasaturadas. Un estilo reconocible, pero muy efectivo.

En 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi se pasa al territorio Kathryn Bigelow, con una recreación de un episodio de supervivencia USA en zona de conflicto. La ex de Cameron es hoy en día el máximo exponente del neobélico en oriente medio. La incursión de Bay sacrifica introspección para centrarse en la acción y en la puesta de escena, y en ese territorio Bay casi siempre destaca. Estamos de alguna manera ante una nueva Black hawk derribado, que sustituye la efectividad de Ridley Scott por el sentido del espectáculo de la marca Bay.

Las acusaciones a la película serán las de siempre: Americanada, patriotismo… Pero lo cierto es que no he visto en 13 horas ese madeinusismo que cierto sector de la crítica quiere vender. Cierto es que Bay no se centra en el horror de la guerra, pero en ningún caso pinta de héroes a los protagonistas, unos soldados que, seguramente como les ocurre a muchos de ellos en la vida real, se han olvidado de sentir y padecer. Ni siquiera aparece el arrepentimiento. Más que del horror bélico vemos la deshumanización interior. Los protagonistas disparan como si estuvieran jugando al Call of Duty.

Interesante también que la acción se desarrolla en 2012, bajo las reglas del nuevo marco internacional y en la época post-invasionista de Estados Unidos, con un Obama menos beligerante que sus predecesores en el cargo. Parece que los soldados USA han dejado en Texas el sombrero de Cowboy y ya no disparan primero, cosa que nunca ocurría en el cine de los 90 y 00, donde una débil amenaza era una llamada a la acción.

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Otro acierto del filme es la apuesta por un reparto sin grandes nombres, liderado por unos efectivos James Badge Dale y John Krasinski. En definitiva, otro buen trabajo para un Bay que mejora cada vez que se aleja de Transformers, aunque no alcanza el nivel que mostró en la divertida Dolor y dinero. Aún nos queda mucho que ver del director angelino.

Bengasi, la verdadera historia

A la película solo le podemos achacar la falta de rigor, puesto que olvida contar que el ataque al consulado estadounidense comenzó como una protesta ante la película antimusulmana La inocencia de los musulmanes. Se trataba de un filme americano que podía verse a través de internet y que causo gran polémica en el norte de África y el suroeste asiático por la imagen caricaturizada que ofrecía de Mahoma. Días más tarde Al Qaeda reivindicó el ataque, un asalto que pudo usar la manifestación como tapadera para ocultar un atentado que coincidía con el aniversario del 11S. Tras los sucesos que muestra la película, decenas de libios se manifestaron para desmarcarse de los grupos radicales del país.

 

 

Spectre: El Jes Extender de James Bond

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Para los no iniciados, el Jes Extender es un mítico alargador de pene que anunciaba la teletienda. Es lo primero que me viene a la cabeza tras ver el último Bond, una película de 80 minutos extendida hasta los 148 por un Sam Mendes con licencia para alargar. Hasta me ha parecido ver hobbits. Hacía tiempo que no iba a mear en mitad de una película.

El último Bond empieza bien, con buenas secuencias durante el día de los muertos en el DF mexicano y con uno títulos de crédito de Top Ten sellados por la música de un inspirado Sam Smith, y no me atrevería a decir que estamos ante una mala película, pero ya he hablado en el primer párrafo de su principal pecado, pero no es el único. Se podría hablar de Spectre como una colección de actores desaprovechados, desde Christoph Waltz a Lea Seydoux pasando por una muy fugaz Monica Bellucci. La brillante idea del malo de malos que encarna el actor alemán es víctima de una película cuyo guión no termina de funcionar.

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Quizá lo más interesante de este willyfoggiano episodio es el uso del metalenguaje bondiano, con un choque de placas tectónicas en el que impactan el bourneizado Bond de los últimos capítulos y el Bond en sentido más clásico. El de Martini con Vodka intenta hacerse camino en lugares en los que no está bien visto beber alcohol. La esencia del cine de espionaje a la antigua usanza se abre paso en un mundo de drones y amenaza ciberterrorista.

Quizá lo que acaba de reventar la cinta es que su predecesora sea Skyfall, indiscutiblemente la mejor película de toda la saga. Y no solo eso, la franquicia Misión imposible también le come terreno. Lo mejor sería un MI6 que cruce a Hunt con el agente británico. Con un “No hay huevos” igual se anima algún productor.

Misión imposible: Nación secreta. Ethan Hunt en terreno Bond

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La saga Misión Imposible carga tras cinco películas con una mala fama a mi juicio exagerada. Esto quizá se deba a que la franquicia  comenzó con un primer episodio dirigido con acierto por el maestro Brian de Palma al que sucedió una fantasmada extrema dirigida por el hiperbólico John Woo. El cine de espionaje dio pase a un copipasteo de escenas de acción a cual más ridícula. Los episodios 3 y 4 siguieron el camino de la acción de gran estudio, con más éxito que en Mi2 pero sin llegar a enamorar. Ha tenido que llegar el director Christopher McQuarrie (Jack Reacher) para poner a la saga en el lugar cinematográfico que le corresponde.

Misión Imposible: Nación secreta compite con el título de De Palma por ser la mejor película de la saga, y lo hace combinando lo mejor de las secuelas con la esencia de espias old school del primer episodio. Además el filme ofrece momentos que aseguran que la película perdurará, como la antológica secuencia de Turandot en Viena.

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Buena parte de la acción transcurre en las calles de Londres. Por un momento he pensado que ibamos a ver un crossover entre Ethan Hunt y James Bond. La verdad es que su presencia, aunque fuera en forma de sombra o de nota en la banda sonora, hubiera sido apoteósica, pero claro, supongo que una maniobra de ese calibre será economicamente inalcanzable.

Nación secreta no alcanza a mi juicio el nivel de la maravillosa Skyfall, pero podría ser el “Casino Royale” de la saga Misión imposible. La película consigue dar mucho más de lo que a priori ofrecía. Sus giros de guión logran mantener el interés y darle un gran contexto lógico a sus espectaculares escenas de acción.

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La película sirve además para reivindicar la figura de Tom Cruise, que a sus 53 años realiza un trabajo físico impresionante. Buen momento el que vive el actor, que tras Oblivion o Al filo de la mañana demuestra que aún puede darnos un trabajo de calidad cada año. Es imposible obviar el trabajo de la guapa y magnética Rebecca Ferguson, que consigue brillar por encima de Cruise en un puñado de escenas de acción, y eso es mucho decir.

Lo peor de la película es sin duda Simon Pegg, otrora actor inspirado en comedia, que ahora solo resulta cargante. No estaría de más que el “sindicato” buscara la manera de darle de baja.

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En definitiva, estamos ante una película que encantará a los fans de la saga y se meterá en el saco a otros tantos que no lo son o que habían perdido la fe. Una lección magistral de como a hacer un blockbuster y, desde ya, una de las mejores quintas partes de la historia del cine.

Ant-man: Paul Rudd se divierte en El hormiguero

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Ant-man es una de esas películas en las que si no das con la tecla adecuada  te puede salir una película totalmente ridícula. Hablamos del Hombre Hormiga, un superhéroe que no tiene el peso de Iron Man o El Capitán América. Pero Marvel ha vuelto a dar en el clavo y le ha dado al personaje justo la película que necesita.

Ant-Man cuenta la historia de Scott, célebre Robin Hood del robo que tras dejar la penitenciaria de San Quintín busca empezar una nueva vida dejando atrás la amistad con lo ajeno. La reinserción no será un camino de rosas, por lo que se verá tentado de nuevo por el delito. En un nuevo atraco conocerá al Doctor Hank Pym, el hombre que le convertirá en un superhéroe con la capacidad de hacerse diminuto.

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Todo esto puede parecer esperpéntico, pero Peyton Reed en la dirección y Edgard Wright, Joe Cornish, Adam McKay y Paul Rudd en tareas de guión han hecho que todo fluya. La clave ha sido deshacerse completamente de la capa de seriedad que en infinidad de ocasiones mandan al traste estos proyectos y apostar por una película desenfadada y sin complejos de principio a fin. Que suena música latina junto a los créditos iniciales de Marvel es un aviso de lo que viene.

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El carismático casting funciona a la perfección siguiendo la premisa. Paul Rudd es el Ant-Man perfecto. Tiene todo lo que echamos en falta en personajes como Spiderman. Evangeline Lilly conquista cada una de las escenas en las que aparece. La mítica Kate de Perdidos pide a gritos un papel de heroína protagonista. Michael Douglas funciona con una presencia imponente que también se presta al juego cómico. La sorpresa es la aportación de Michael Peña, como pez en el agua como personaje torpe cuya intervención es una sucesión de gags.

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La película rinde pleitesía al clásico El increible hombre menguante, que Jack Arnold dirigió en 1957. Imposible no tenerla en mente durante el metraje. En ella Scott Carey  veía como tras un incidente nuclear su tamaño empezaba a disminuir progresivamente hasta llegar a lo infinitesimal. El drama de Douglas por la pérdida de su esposa recuerda al sufrimiento de Carey por los micromundos. Ant man no llega al nivel de la obra maestra de Arnold, pero si está por encima del clásico familiar Cariño, he encogido a los niños o la infumable Los Borrowers.

De esta forma, Marvel acaba con buena nota la fase II de su universo, que ya espera a la guerra civil del Capitán América. El logro de Ant-Man es similar al que consiguió Guardianes de la galaxia el pasado verano: Aportar buenas dosis de humor e imaginación a la franquicia. No tengais miedo a lo ridículo que pueda sonar ir a ver una película de “El hombre hormiga” y dejaros llevar por este señor de los insectos. La película es más grande de lo que aparenta.

*No olvideis permanecer en el cine hasta el final de los créditos. Vereis un aviso de lo que viene.

Terminator Génesis: La culpa de todo la tiene John Connor

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Regresa la franquicia de la humanidad contra las máquinas, y lo hace con una nueva Sarah Connor (Emilia Clarke), con un nuevo John Connor (Jason Clarke), con un nuevo Kyle Reese (Jay Courtney) y con el T-800 de siempre: Arnold Schwarzenegger. Los sucesos son idénticos a los de la primera entrega, pero en esta ocasión una nueva linea temporal mandará al carajo ese pasado que ya vimos en 1984.

En Terminator Génesis el malo de la película no ha sido el T-800, el T-1000 o una Terminatrix. Ha sido el trailer. Estamos ante el caso más flagrante de la historia de los trailers destripadores, que más que vender la película lo que ha hecho es comprimir buena parte de sus highlights. Si no habeis recurrido al material promocional para abrir boca os llevareis una sorpresa tras otra. Si lo habeis visto, lo siento, os han jodido media película.

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Aún así he disfrutado de la nueva entrega, sobre todo gracias al guión, pero la ejecución de Alan Taylor (Thor: El mundo oscuro) deja bastante que desear. Estamos ante una labor de dirección que carece de cualquier atisbo de personalidad. Cameron, Mostow y McG dejaron su huella en la saga. Taylor no lo ha conseguido.

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Lo mejor sin duda de la cinta es Arnold Schwarzenegger, que esta vez es apodado “El abuelo” por Sarah Connor. Teniendo esto en cuenta la película bien podía haberse titulado “El abuelo que saltó por el helicóptero y se largó”. Arnie no ha perdido ni un ápice de su carisma. El guión le ha otorgado las mejores frases de la función, y también los mejores gestos, como esa sonrisa que parece decir “Dientes, que es lo que les jode” en homenaje a la Pantoja.

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A su lado también brilla Emilia Clarke, la archiconocida Madre de dragones de Juego de Tronos. No es Linda Hamilton, pero es una gran solución para sustituirla. La elección de Kyle Reese no me parece tan acertada. El Michael Biehn de la primera entrega tenía menos discurso, y mucha más alma. Este Reese que interpreta Jay Courtney solo es un torso con abdonimales. El que me ha convencido es J.K. Simmons en su breve papel de “iluminado”. Nos deja con ganas de más.

Lo que menos me ha gustado de este revival es su falta de crudeza. La violencia es demasiado blanca y está muy cocinada. No recuerdo haber visto una sola gota de sangre, y los personajes hablan y hablan antes de apretar el gatillo (Salvo el T-800). Lejos queda la primera entrega, en la que no había ningún tipo de miramiento. Supongo que todo esto se debe a las restricciones de la calificación de edad. Estados Unidos la ha estrenado como PG-13 (Sugiere la compañía de un adulto para los menores de 13 años). Se intuye el miedo a ser calificada R y perder buena parte del potencial público adolescente. Demasiado light para una saga como Terminator.

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La película aprovecha su planteamiento para hacer una radiografía de la dependencia tecnológica en nuestra sociedad. Solo hay que coger el metro para darse cuenta de que Skynet ha ganado. Somos esclavos de la pantalla, por lo que esos campos de concentración de las máquinas del futuro no quedan tan lejanos, lo que pasa que en esta ocasión entraremos en ellos voluntariamente. Al Sistema operativo Génesis del que habla la película solo le falta “la manzanita”. Cuidado al comprar el iPhone 7. Aunque el verdadero juicio final llegará cuando se haga un wikileaks de vuestros whatsapp.

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A pesar de que Terminator Génesis puede que sea la peor Terminator hasta la fecha (Las otras me gustan mucho, incluso 3 y Salvation como podeis leer aquí) ha conseguido dejarme con ganas de más. Tengo ya un par de ideas para llevar a buen puerto la saga para el futuro, y la mejor de ellas incluye a J.K. Simmons encarnando a un Terminator. No me digais que no sería increible ver un T-Whiplash dispuesto a todo. Aunque su debut en taquilla ha sido un poco flojo, espero que remonte y podamos saber más sobre Skynet, el futuro, el pasado, el juicio final… Terminator lo merece.

Terminator 3 y Terminator: Salvation. Las hijas bastardas

Ante la insistencia de muchos en apartar de la saga Terminator a la tercera y cuarta entrega, me veo en la obligación de desenterrarlas y colocarlas en el lugar que merecen. No voy a decir que estén al nivel de los dos primeros episodios, pero ambas son dignas integrantes de una de las mejores franquicias que ha dado al cine. Hubo vida después de James Cameron (de la Isla).

Terminator 3: La rebelión de las máquinas. De Terminator a Terminatrix

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La narración nos lleva a 2003 para mostrarnos las horas previas al juicio final, el momento en el que Skynet toma conciencia de si misma. En ese preciso momento una Terminatrix, modelo T-X, será enviada al pasado para acabar los líderes de la resistencia futura. Un modelo 101 de la serie T-850, de apariencia idéntica al T-800 de las dos anteriores entregas, volverá al pasado para intentar protegerlos.

Si el mayor cambio en Terminator 2 era darle el papel protagónico al antagónico primer Terminator, en esta ocasión era la feminización del Terminator. Kristana Lokken era la encargada de ponerle rostro y romper con el monopolio masculino de la apariencia tecnológica. La actriz mezcla a la perfección tres adjetivos: fria, bella y letal. Con su expresión corporal y su neutralidad facial consigue una interpretación de nivel.

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©2002 T3 Productions, Inc. PHOTOGRAPHS TO BE USED SOLELY FOR ADVERTISING, PROMOTION, PUBLICITY OR REVIEWS OF THIS SPECIFIC MOTION PICTURE AND TO REMAIN THE PROPERTY OF THE STUDIO. NOT FOR SALE OR REDISTRIBUTION

Completando el elenco, el propio Arnie, en su último  papel pre-Gobernator, mi ya adorada por esos tiempos Claire Danes pre-Homeland y Nick Stahl, un John Connor deprimido y capaz de meterse una caja de de las que se usan para castrar animales al que podríamos rebautizar como Yonki Onnor.

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La primera hora de la peícula es antológica. Puede que adolezca de la esencia y el factor sorpresa de las dos primeras entregas, pero el director Jonathan Mostow demuestra un gran amor al material de origen. La tensión de las dos primeras entregas se sustituyen por un tono desenfadado plagado de humor. Terminator 3 tiene mucho de autoparodia, como la entrada de Arnie en un local de boys para volver su look  original, ese que pasaba de estar en cueros a vestirse de cuero. Su outfit se ve completado con unas gafas que no tienen desperdicio.

Pero Mostow no se ha olvidado de uno de los puntos fuertes de la saga: Las persecuciones. Y es que la saga Terminator tiene muchísimos elementos sacados de los cartoons entre Correcaminos y Coyote. La escena del T-X manejando una grua de grandes dimensiones mientras acaba con todo a su paso es sencillamente brutal. Absolutamente nada que envidiar a la tan de moda Mad Max: Fury road. Quizá George Miller sacó de ella un par de ideas. Una megadestrucción de las que me ponen.

Los FX dan un paso atrás respecto a Terminator 2. Ya no consiguen dejarnos boquiabiertos como antaño. Aunque la dirección artística se ha esmerado en otros aspectos, como el diseño del T-X, tanto por fuera como en su exoesqueleto, o la sorpresa que supone ver en acción al primer modelo de la era de las máquinas: El T-1, que recuerda más a la saga Robocop que a la propia Terminator. Esas máquinas se construyeron, no son solo CGI, y eso se nota en las escenas de acción. El trabajo de Stan Winston es impecable, una vez más.

Otro de los pecados de esta cuarta entrega en su pre-final, con el T-800 tomando decisiones muy humanas. El momento reinicio a través del trance que tiene Schwarzenegger es francamente ridículo. Por suerte, el sosegado desenlace arregla el estropicio y hace que terminemos la película con un buen sabor de boca.

Tras el revisionado soy incapaz de entender como este filme, más que digno, fue tan denostado. Mostow ya ha demostrado en U-571 o Breakdown ser un director efectivo, y lo confirma llevando a buen puerto el legado de Cameron. Merece la pena volver a ver esta versión autoparódica del mito.

Terminator: Salvation. El valle de la muerte de Skynet

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No hay tres sin cuatro, y para la cuarta entrega se tomó la arriesgada decisión de contar con MCG para las labores de dirección, un director que ya habia dejado claro en las dos entregas de Los Angeles de Charle, que en su cine el estilo está por encima de la narración. A eso había que sumarle la “ausencia” de Schwarzenegger, aún inmiscuido en tareas políticas. Era normal sentir miedo.

Por primera vez se nos muestra el futuro, la era de la guerra contra las máquinas. Los primeros minutos confirman lo que podíamos esperar de MCG, la película tiene un look fascinante. Se nos presenta a Marcus Wright, un reo condenado a muerto en el pasado que aparece misteriosamente en ese tiempo futuro. Tras sobrevivir a un ataque de las máquinas se encontrará con un adolescente Kyle Reese y con su hijo, un ya adulto John Connor convertido en lider de la resistencia humana en la guerra contra las máquinas.

TS-VFX-00122 A T-800 Terminator in a scene from Warner Bros. Pictures’ action/sci-fi feature “Terminator Salvation,” a Warner Bros. Pictures release. The film stars Christian Bale and Sam Worthington. PHOTOGRAPHS TO BE USED SOLELY FOR ADVERTISING, PROMOTION, PUBLICITY OR REVIEWS OF THIS SPECIFIC MOTION PICTURE AND TO REMAIN THE PROPERTY OF THE STUDIO. NOT FOR SALE OR REDISTRIBUTION. ALL RIGHTS RESERVED.

 

El tono informal de Terminator 3 desaparece y es sustituido por uno mucho más serio. MCG intenta dar nuevos aires a la franquicia creando un retrofuturo que tiene mucho de Mad Max.

A pesar de estar en el futuro, se nos cuentan hechos anteriores a la primera entrega de Terminator. El T-800 está aún en la cadena de montaje, y predominan Terminators más rudimentarios, como el T-600, una versión más grande y más torpe, o los gigantescos Harvester, encargados de recolectar humanos para el campo de concentración de Skynet.

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Las escenas de acción están al nivel de lo que se puede esperar de un episodio de esta saga. Las explosiones no son digitales, y eso se nota. Tanto la escena inicial del helicóptero como el ataque del Harvester y la posterior persecución de mototerminators son de altura, si bien echo en falta la sensación letal que tenían las máquinas en los capítulos anteriores. En esta ocasión no parecen tan duras de matar.

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TS-FP-00155r (L-r) CHRISTIAN BALE stars as John Connor and SAM WORTHINGTON stars as Marcus Wright in Warner Bros. PicturesÕ action/sci-fi feature ÒTerminator Salvation,Ó a Warner Bros. Pictures release. PHOTOGRAPHS TO BE USED SOLELY FOR ADVERTISING, PROMOTION, PUBLICITY OR REVIEWS OF THIS SPECIFIC MOTION PICTURE AND TO REMAIN THE PROPERTY OF THE STUDIO. NOT FOR SALE OR REDISTRIBUTION. ALL RIGHTS RESERVED.

Quizá es la parte dramática es el punto debil del filme. Cuesta empatizar con los personajes, unos personajes demasiado estereotipados. Incluso John Connor, interpretado por Christian Bale, parece una máquina. Me parece un error el papel florero otorgado a la Kate Connor que interpreta esta vez Bryce Dallas Howard y que tan bien había funcionado en la tercera entrega.

A pesar de estos defectos estamos ante una entrega satisfactoria. Una gran creación de universo que no ha ido a más porque la taquilla no fue la esperada, pero que merece la pena recuperar. Una pena que Terminator: Génesis haya decidido prescindir de estos capítulos, que sin ser Cameron aportaron más mitología a una saga imprescindible. Somos tan de la resistencia como de Skynet. Larga vida a la saga Terminator.