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Proyecto Lázaro: Un dramón sobre la resurrección

Tenía ciertas esperanzas depositadas en el regreso de Mateo Gil a la dirección tras las satisfactorias Nadie conoce a nadie (1999) y Blackthorn: Sin destino (2011). Aunque si por algo ha trascendido Gil es por haber escrito algunos de los guiones más importantes del cine español de los últimos años, para Amenabar en su mayor parte. Suyos son los de Tesis, Abre los ojos, Mar Adentro, El método o Ágora. Proyecto Lázaro en su regreso a la ciencia ficción, un terreno que no pisa desde que Eduardo Noriega despertará como el hombre elefante tras un accidente de coche. Aunque no hay un nexo argumental, la película se presenta como una secuela tardía de Abre los ojos, y pretende explicar la vida después de la criogenización.

A pesar de lo interesante de la cuestión, Proyecto Lázaro nunca termina de arrancar. La película centra demasiado el foco en el amor y el drama. El protagonista vive atormentado por la vida que dejó atrás con su pareja, y ese eje tractor del filme no contiene el interés suficiente para crear intriga. Se apuesta todo al conflicto interior dejando de lado lo más significativo: Las consecuencias para la humanidad de esa primera resurrección.

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No ayudan tampoco las interpretaciones. Los personajes de Gil parecen robots con apariencia humana. Les cuesta demasiado expresar, y al espectador mucho más empatizar. El uso y abuso de la voz en off termina consiguiente que veamos al protagonista (Marc Jarvis) como un tipo cansino. Naomi (Oona Chaplin), su novia del pasado, no consigue más de lo que hubiese conseguido un maniquí. Nada resulta real.

La estética acaba por rematarla. Más cercana a un publirreportaje de una clínica dental que al cine en si mismo. Si se llega a llamar el Método Dentix nos quedamos igual. Mateo Gil ha intentado hacer su Gattaca bebiendo de Abre los ojos, pero se le ha Gattascado seriamente. Una pena. Esperamos su pronta recuperación y un regreso a la senda de anteriores trabajos.

Alien Covenant: Apocalipsis antes del Génesis

Pocas películas han despertado en los últimos años tantas filias y fobias como Prometheus. A mi personalmente me encantó el regreso de Ridley Scott al universo del xenomorfo. Prometheus no solo mostraba ese miedo a lo desconocido tan de la saga Alien. Se atrevía con una vuelta de tuerca que ponía en contacto al ser humano con sus creadores.

Revisionando Prometheus esta semana me di cuenta de la verdadera cuestión que abarcaba la película: El inevitable choque entre el creador y su creación. Pusimos el foco en los seres humanos y los misteriosos arquitectos, pero descuidamos que David, el sintético que interpreta Michael Fassbender, era también una creación, en este caso humana. Precisamente en ese punto empieza Alien: Covenant, con una conversación en flashback entre Peter Weyland (Creador) y David (Creación).

Los que esperaban un falso remake del Alien original, al estilo de Jurassic World o El despertar de la fuerza, pueden estar tranquilos. Hay más elementos de Alien: El octavo pasajero que en su predecesora, pero podemos decir que Covenant tiene un 50% de Alien y otro 50% de la metafísica de Prometheus. Los primeros acordes de la banda sonora de Jed Kurzel evocan a la partitura que Jerry Goldsmith compuso en 1979. El espíritu inicial está de vuelta, pero a diferencia del clásico, hay algo más que ‘La mujer y el monstruo’.

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Estamos ante una película ciertamente irregular. Empieza bien, pero Scott se toma su tiempo en el nudo para subrayar algunas lineas. Sin desvelar nada, diré que sobra alguna clase de flauta que otra en la parte central. Quizá el mayor problema de Covenant es que Scott ha cedido ante los que pedían más criaturas que en Prometheus. Si por algo se ha caracterizado la saga es por esa sensación de no saber por donde te va a aparecer el xenomorfo. Si viene de arriba, de abajo, de dentro, de fuera… En ese sentido Scott peca de querer contentar a los fans, o al estudio, y mostrar demasiado al bicho. Aunque hay que reconocer que los highlights de la saga no fallan.

Por suerte, Scott lo compensa con un gran prólogo, un intenso climax y un gran cierre. Al final la película pasa volando. Tenía muchas dudas con la elección de Katherine Waterston en el papel protagonista, la nueva ‘Ripley’, que toma el relevo de personajes femeninos fuertes que ya encarnaron en la saga Sigourney Weaver y Noomi Rapace. Pero la protagonista de Animales Fantásticos y Donde encontrarlos demuestra estar a la altura de las circunstancias. Aunque una vez más, el gran protagonista acaba siendo un Michael Fassbender que se come la pantalla.

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Intuímos que a Covenant no le vendrá mal un futuro revisonado, porque la película está plagada de referencias. La biblia, El paraíso perdido de Milton, Lord Byron, el mito de Prometeo, Frankenstein (Cuyo nombre original era Frankenstein o el moderno Prometeo), el soneto soneto Ozymandias de Percy Bysshe Shelley, Richard Wagner… Claves que esconden otras claves. Claves que conectan con algunos misterios sin resolver. Un ejemplo, ¿Sabías que Lord Byron murió desangrado a causa de las sanguijuelas que le pusieron alrededor del cuerpo para curar una fiebre? Nada es casual. Y esto ya es mucho más de lo que ofrece cualquier blockbuster. En ese sentido, Scott demuestra que sigue siendo un autor.

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Al acabar la película uno se queda con ganas de más, y eso siempre es una gran señal. Cruzamos los dedos para que la película funcione en la taquilla americana y podamos tener universo Alien para rato.

Assassin’s Creed: Videojuego en Sevilla, ninguna maravilla

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Es un poco triste tener que abrir un artículo con un tópico, pero Assassin’s Creed confirma de nuevo que el salto a la pantalla de los videojuegos suele ser un salto al vacío que casi siempre acaba en hostiazo. Y eso que daba la impresión de que esta vez la cosa podía funcionar. El director Justin Kurzel repetía con Michael Fassbender y Marion Cotillard, con los que acababa de trabajar en su reciente adaptación de Macbeth. Parecía que el estudio no quería renunciar a intentar hacer algo más que un producto, y tras ver la película, ese intento de dignificar la película es quizá lo que ha terminado de hundirla.

En Assasin’s Creed un condenado a muerte se libra de la ejecución a cambio de participar en un programa que pretende recuperar la manzana mordida de Eva, una reliquia que puede hacer que la violencia desaparezca de la sociedad. La acción se desarrolla a caballo entre el presente y la España de 1492.

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Tras unas intrigantes y prometedoras escenas iniciales todo se viene abajo rápidamente. Ese continuo juego presente-pasado provoca que nunca nos acabemos de trasladarnos a ninguna de las dos épocas. El vehículo que utiliza la película para hacer el viaje se denomina el ‘Animus’, una evolución tecnológica capaz de viajar a los recuerdos. Las escenas de Fassbender en el presente y de Aguilar, su antepasado español, son lo peor de la película. Justo cuando parecemos estar ante la inquisición volvemos adelante para ver como Fassbender sufre jugando a una especie de Wii extrema.

Kurzel se empeña en darle trascendencia a lo que en realidad es poco más que una película de hostias, y el interés cae en picado con el paso del metraje. Llega un momento en el que ya no sabes si estas viendo El código Da Vinci, La Isla, El Ministerio del tiempo o Aguila roja. Las interpretaciones no ayudan. Fassbender y Cotillard están peor que nunca. Uno se pregunta quién les convenció para meterse en este jardín, y todo indica que la respuesta tiene unos cuantos ceros.

Estamos ante una película que ni siquiera agradará a los ultras de la saga de la videoconsolas. Asassin’s Creed no es solo decepcionante, también es muy mala. De momento la única adaptación potable de un videojuego sigue siendo la de Silent Hill. ‘El caballero oscuro’ de este subgénero aún está por venir.

 

Logan: Slow food para la última cena mutante

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Reconozco la valentía de la pareja Hugh Jackman-James Mangold al intentar darle un final digno a uno de los grandes personajes del cine de superhéroes. Tras dos spin-offs insatisfactorios, Logan no solo pone fin al más célebre personaje de la Patrulla X, también despide a la primera generación cinematográfica de mutantes. La apuesta de Mangold era dejar de lado el fast-food cinema para hacer una pellicula más pausada, más íntima, con sabor a western crepuscular. Algo más que la habitual empanadilla de hostias. El director sacrifica acción poniendo corazón, y en parte funciona. La pena es que al resultado final le falta cabeza.

La acción nos sitúa en un futuro incierto en el que los mutantes se encuentran en peligro de extinción. En ese contexto, un Lobezno alcohólico y desmejorado parece haber olvidado su pasado mutante. Alguien se cruzará en su camino para encomendarlo una último misión.

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La película se alimenta de algunos de los grandes títulos de los últimos años. La relación Logan-Laura recuerda a la que mantuvieron en los 90 Arnold Schwarzenagger y Edward Furlong en Terminator 2, y los enemigos del filme parecen lanzados por Skynet.  La búsqueda de la tierra prometida y algunas escenas en vehículo nos llevan a Mad Max: Furia en la carretera. También está presente el terror fronterizo de No es país para viejos. Y no nos olvidamos de las series. La película parece en ocasiones pariente de Stranger Things. Los paralelismos entre Once y Laura son evidentes, al igual que los de sus lugares de origen.

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Logan es además un gran espectáculo interpretativo. Jackman rinde a gran altura. Hugh Jackman es Lobezno, y Lobezno es Hugh Jackman. Por muchos Lobeznos que veamos en el futuro nunca habrá debate. No habrá uno mejor. Si los premios consideraran este género, Hugh Jackman sería una de los cinco candidatos finales al próximo Oscar. No se queda atrás Patrick Stewart, que encarna a un profesor Xavier entrado en la noventena y con importantes problemas de salud.

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A pesar de las virtudes, los problemas de Logan son evidentes. El principal sus 135 minutos de duración, que se hacen largos ante el vacío de acontecimientos en algunas partes. A eso hay que sumar un guión nunca está a la altura de la estética. Vemos el ocaso del héroe, pero en ocasiones falta un porqué. La película avanza con claros acelerones y frenazos. Nunca encuentra su ritmo. Por suerte, su antológico plano final y el Hurt de Johnny Cash en los créditos elevan un escalón la calidad de la película.

Estamos ante una película para devotos del personaje que gustará a muchos cinéfilos ajenos al género, pero que decepcionará a los que busquen la película definitiva de los X Men. Al menos en esta ocasión hay amputaciones sin censura Made in Lobezno. Decepcionante, pero Logan no es ni mucho menos una mala película.

 

 

Passengers: El despertar por la fuerza

Ni Jennifer Lawrence ha evitado esta vez la tragedia. Y eso que la primera mitad de Passengers se sigue con interés. 45 minutos en los que somos cómplices del naufragio VIP de Chris Pratt. No lo pasamos tan bien como con Matt Damon en Marte, pero merece la pena ser cómplices de los descubrimientos tecnológicos de Pratt. Y es precisamente en el momento en el que la película tiene que poner el turbo cuando comienza a encallarse definitivamente. De ahí al final, de mal en peor, víctima del virus de la comedia romántica, y uno aún más letal: Arrodillarse ante el gran público.

Lo mejor de Passengers en su interesante premisa: ¿Qué pasaría si despertaras de una hibernación espacial 90 años antes de lo previsto? ¿Qué pasaría si además fueras el único pasajero al que le sucede? Hay cierto ánimo de poner en jaque al espectador ante esta situación extrema. También de crear un debate sobre la hoja de ruta a seguir. Pero por desgracia la película se despierta del sueño autoral para recordarse a si misma que su naturaleza es la de un blockbuster navideño.

Nos apena lo de Mortem Tyldum, director que mostró una gran personalidad en Headhunters, su divertidísima ópera prima. Personalidad que ya perdió en The imitación game, su segunda película. Passengers confirma que el sistema Hollywood ha dilapidado otra prometedora carrera. Tampoco es que el libreto de John Spaihts, co-guionista de Prometheus, sea nada del otro jueves.

Ni el buenismo de Pratt y Lawrence consiguen mantener en pie la propuesta. ¿En que momento aceptaron una película tan simplona? Nada nuevo para el actor, que parece haberse abonado a todo proyecto con vista a conquistar la taquilla más que a leer a fondo los guiones. A día de hoy es el nuevo chico florero de Hollywood. Para eso JLo suele tener mejor visión, alternando esta clase de productos con otros que dan lustre a su filmografía.

En definitiva, una película que podría haber sido mejor, pero que está destinada a ser uno de esos títulos de ‘domingo por la tarde’.

Análisis en Spoiler

La película fracasa al optar por la superficialidad desperdiciando el jugo de su debate. Chris Pratt decide despertar a JLo 90 años de lo previsto, condenándola  de por vida a una prisión no elegida. A pesar de lo poco ético de semejante decisión, la película nos manda durante todo su metraje el mensaje de que Chris Pratt es el bueno, pintando en ocasiones a Lawrence como una puta desquiciada. Extraño, puesto que en el fondo el protagonista masculino representa a un auténtico psicópata. No utiliza la fuerza física para despertar a Lawrence, pero aún así se puede afirmar que la despierta por la fuerza. Además utiliza la mentira para que la bella durmiente caiga en la trampa. Lo dibujan como un príncipe, pero esta más cerca del monstruo de Amstetten

 

 

 

 

La llegada: Reivindicando las letras

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El concepto de ‘Primer contacto’ siempre ha seducido a la ficción, sobre todo si se trata de un encuentro entre la humanidad y los extraterrestres. Unas veces somos nosotros los que vamos en su busca, y en otras son ellos los que llegan con desconocidas intenciones. En La llegada, el bando terráqueo juega como local. Pero el ‘Primer contacto’ en su definición exacta habla de “un encuentro entre dos culturas que desconocían su existencia mutua”. Si acudimos a la historia encontraremos varios ‘primeros contactos’ documentados. El más célebre es el de la llegada de Cristobal Colón a América, y como sabéis esa primera página común se escribió con sangre. No es de extrañar que el lenguaje predilecto del cine para solucionar ese choque de culturas sea el bélico, con militares a tutiplén. La llegada realiza una inteligente relectura que coloca a una lingüista al frente de la humanidad. ¿El resultado? Una obra maestra.

Hoy por hoy, su director Denis Villeneuve ya es uno de los grandes del cine. Tras Incendies, Enemy, Prisioneros y Sicario vuelve a superarse con un clásico instantáneo. He leído que en La llegada su cine se acerca más que nunca a Kubrick, pero en este punto he de discrepar. Los referentes de Villenueve los encontramos en cineastas más cercanos. Por un lado vemos al Christopher Nolan de Origen e Interstellar y al Robert Zemeckis de Contact. Por otro, al Terrence Malick de El árbol de la vida. El único nexo con Kubrick es el de la imperecedera 2001: Una odisea en el espacio. Pero a diferencia de aquella, La llegada descubre su enigma, mientras que en la de Kubrick seguiremos sin hacer pie por muchos años que pasen. En eso Villeneuve se parece al cine de Nolan, en el que las cuestiones básicas son resueltas al final de metraje.

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El diseño de producción es elegante, y una vez más la partitura de Jóhann Jóhannsson (habitual en las películas de Villeneuve) ayuda a crear una atmósfera única. Los actores también rinden a gran altura. Amy Adams hace aún más grande la película. La actriz interpreta a una especialista en lenguaje con un complejo mundo interior. Su formidable actuación se ve bien secundada por Jeremy Renner y la siempre imponente presencia de Forest Whitaker.

Se agradece que la película evite en todo momento cualquier tentación por tomar el camino  fácil, ese sendero que abren las majors para que todo acabe en el género de acción, y por consiguiente en la enésima saga de consumo rápido. Ya deberían saber las grandes compañías de Hollywood que el espectador no es el mismo que en los 90. Desde el Batman de Nolan no basta con entretener, para que una película perdure en taquilla debe tener calidad. Es por esta razón por la que La llegada tendrá un buen paso por los cines, y una larga vida en formato doméstico.

Su mensaje plantea además un debate filosófico importante y una gran reflexión sobre el lenguaje. ¡Ya era hora! Porque hasta ahora en el cine parece que solo los científicos tenían la última palabra. A eso hay que sumarle la lacra que persigue a las carreras de letras en general, siempre denigradas por las más prestigiosas ciencias. Como estudiante de letras puras, de bachiller humanístico y posterior licenciatura en periodismo, esta película me representa.

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Sin duda estamos ante una de las películas del año. La que va a poner a Denis Villeneuve en el lugar que merece. Ahora solo falta ver cuanta cancha le dan los Oscars. Nominaciones ‘rasca’ seguro, pero ya sabemos lo recelosos que son en la Academia con la ciencia ficción. Eso sí, el lugar en la historia del género ya lo tiene.

 

 

En spoiler (STOP si no has visto la película aún)

El ingenioso final demuestra que La llegada del título poco tiene que ver con la invasión alienígena. Villeneuve cierra el círculo con el alumbramiento de la hija de los protagonistas, la auténtica llegada. Una versión más sencilla que aquel feto que nos mostraba 2001: Una odisea en el espacio.

Tanta inversión armamentística para que salve el mundo una lingüista. El mensaje suena alto y claro: Inviertan más en educación y menos en defensa. Todos saldremos ganando.

 

Black Mirror. Tercera temporada. Rozando el presente

Netflix ha acertado de pleno incorporando Black Mirror a su sello en su tercera temporada. Tras una primera temporada de tres episodios y una segunda de otros tres más especial navideño, parecía que ofrecer seis capítulos esta temporada incrementaba el riesgo de cagarla. Va a ser que no, estamos ante la mejor y más entretenida temporada de la serie. Imprescindible.

3×01 Caída en picado vacometro4

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Brillantísimo inicio de temporada que plantea un mundo regido por una app prima-hermana de Instagram que puntúa a todo el mundo. La popularidad del instituto hecha aplicación de móvil, un filmaffinity humano. Posiblemente sea el episodio más entretenido de toda la serie. Engancha desde el minuto uno sin necesidad de giros. Por si fuera poco, Bryce Dallas Howard está de diez. Gran trabajo en la dirección de Joe Wright, director de Orgullo y prejuicio o Expiación.

3×02 Playtesting  vacometro3

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Era cuestión de tiempo que la temática de los videojuegos protagonizara un episodio de Black Mirror. También que se apostara por el terror. Playtesting se abona al ya visto dilema de ‘Juego o realidad’ mezclándolo con elementos de películas como Cabin in the woods o ExistenZ. Entretenido, aunque deja poco poso. El arriesgado giro final mejora el resultado. Dirige Dan Trachtenberg, responsable de la recomendable Calle Cloverfield 10.

3×03 Cállate y baila vacometro4

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La serie saca su lado más crudo y malrollero en este episodio con el ciber-chantaje como tema estrella. Un niño se verá amenazado por unos hackers que asaltan la intimidad del usuario para jugar a titiriteros bajo la amenaza de airear sonrojantes actos privados. Deja muy mal cuerpo, y lo peor, el futuro que muestra está demasiado cerca. Mañana, si no es hoy. Un mundo dominado por los trolls 2.0. Lo redondea el Exit music (for a film), temazo del Ok computer de Radiohead. “Wake… from your sleep. The drying of your tears… Today.. we escape… we escape. Dirige James Watkins, responsable de la imprescindible Edén Lake y la hammeriana La mujer de negro.

3×04 San Junipero vacamarketmaszul

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Y llegó la madre de todos los capítulos de Black Mirror (Con permiso de Tu historia completa, el 1×03). Curiosamente el menos oscuro, el menos atroz, quizá el menos Black mirror. Su primera mitad trascurre sin rastro de Sci-fi, con brillantes referencias de nivel al cine, la música y los videojuegos. A mi me ponen Girlfriend in a coma de Los Smiths, Scream y el Bubble Bobble en el mismo capítulo y es imposible no conquistarme. Excepcionales la dirección artística y vestuario. Una historia de amor como nunca habíamos visto, ni seguramente veremos, en Black Mirror.

Charlie Brooker, creador de la serie,  ha subido a Spotify el insondable setlist del episodio: https://open.spotify.com/user/charliebrooker/playlist/1enamd7IoA2KtAoMxeiINW

 

3×05 La ciencia de matar vacometro3

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Y llegaron los zombies. Primer episodio a lo The Walking dead de la serie. También el primero que muestra la guerra. Gran entretenimiento, en la linea de la temporada, aunque se agarra demasiado a una (interesante) única idea. Como Playtesting, un escalón por debajo del resto, dentro del buen nivel. Participa Michael Kelly, el Doug Stamper de House of cards.

3×06 Odio nacional vacometro4

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Para cerrar la temporada 89 minutos de Thriller. Si Caída en picado daba protagonismo a Instagram, Odio nacional se lo la a otra de las redes más populares: Twitter.  Como tema principal el control gubernamental, y cierto homenaje al subgénero de terror por plaga, debidamente modernizado. Gran química entre la pareja de investigadoras Kelly Macdonald y Faye Marsay. Termina con Fall into me de Alev Lenz, un temazo. Belleza dentro del caos. Un buen colofón.

Warcraft: El Origen. Algunos orcos buenos

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Es increíble la de mensajes contradictorios que en ocasiones puede mandar un mismo largometraje. Voy a compartir con vosotros pensamientos internos durante los 120 minutos que dura Warcraft, completamente basado en hechos reales y en orden cronológico:

  • “Pinta bien”
  • “¿Qué coño es esto?”
  • “No entiendo nada”
  • “Me he perdido con tanto nombre. ¿Algún personaje que no tenga nombre de medicamento”
  • “Los efectos no están mal”
  • “¿Una orco que está buena? Es contradictorio”
  • “Vergüenza ajena”
  • “Los efectos flojean”
  • “Duncan Jones es mentira. ¿De verdad este tipo dirigió Moon?”
  • “Las escenas de acción aburren”
  • “Igual la dejo aquí”
  • “Espérate que remonta”
  • “Pues igual no está tan mal”
  • “Parece que Duncan Jones ha hecho lo que quería hacer”
  • “Juego de tronos”
  • “Me gusta lo directo de las batallas”
  • “Duncan Jones es un genio”
  • “Quiero secuela”

Una puta montaña rusa amigos. Y no, no siempre me pasa esto. Warcraft es un auténtico cocktail molotov que mete en la licuadora El señor de los anillos, Stargate, Avatar, Star Wars y Juego de tronos, y que a pesar de todo al final acaba encontrando un lenguaje propio. De el Señor de los anillos tiene las razas y el escenario, de Stargate el portal hacia otros mundos, de Avatar el componente humanista y los efectos especiales, de Star Wars el alto precio de las artes oscuras y de Juego de Tronos las intrigas palaciegas y la mano larga con las muertes.

He de decir que nunca he jugado al célebre World of Warcraft, videojuego que adapta el filme. Quizá por eso en algunos momentos no he hecho pie y he añorado la simpleza de la cameroniana cinta de extraterrestres azules. Lo bueno es que todo ese entramado se va desenredando a medida que transcurre la trama para desembocar en un final lógico (y épico).

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Si me llegan a decir que Warcraft adapta una novela escrita hace cien años me lo hubiera creído. A pesar de basarse en algo tan reciente como un videojuego, Duncan Jones (Moon, Código fuente) apuesta por el lenguaje clásico. Por momentos la película parece una inmensa tragedia griega, con toques de Shakespeare y Tolkien.

Ahora la productora se enfrenta al dilema de entregar o no una segunda parte de un filme que ha fracasado estrepitosamente en Estados Unidos y ha sido un taquillazo en china. Incluso se habla de una secuela de capital chino. Parece que a Jones no le importaría ponerse de nuevo al mando. Por mi encantado.

Cazafantasmas (2016): Nuevo equipo, misma esencia

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Entro a la sala de cine a ver Cazafantasmas con cierto miedo a este reboot del clásico de los 80 por dos motivos: La decepcionante taquilla del filme y la estúpida guerra de sexos que se ha montado en torno al nuevo equipo protagonista. Se ha escrito tanta mierda que la película ha quedado en segundo plano, sepultada entre las toneladas de estiércol del debate. Pero esto es La vaca de Twister y estamos aquí hablar de cine. Tampoco vamos a caer en el habitual error de comparar cada elemento de esta cinta con su original. Para eso ya tenemos una sección que se llama Cine contra Cine. Cazafantasmas cumple con nota sus dos principales objetivos: Entretener y divertir, entendiendo por divertir el provocar unas risas entre los presentes.

La clave de la victoria es justo lo que muchos han puesto en duda: El cuarteto protagonista. Cuatro actrices inspiradas y con una química que deja con ganas de más. Mención especial para Kate McKinnon, en pantalla un maquinón (Como ya he dicho al pronunciar su apellido). Con más gesto que texto se convierte en la auténtica jefa de la función. Kristen Wiig y Melissa McCarthy, más habituales en pantalla, también funcionan. Quizá el personaje menos afortunado es el de Leslie Jones, con un rol más tosco y menos lúcido que el de sus compañeras. Aún así, a nivel colectivo merecen un notable.

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Otro de los aciertos es lo adecuado del plan renove de trajes, vehículo o logo. Una divertida y efectiva actualización del mito. La búsqueda y aparición de easter eggs también juega a favor de obra. Merecen igualmente comentario los notables FX ¡Al fin efectos digitales bien utilizados!

Aunque suene retorcido, es fácil emparentar Cazafantasmas con El despertar de la fuerza. Ambos títulos se han agarrado al material de origen para no cagarla, y ambos han salido victoriosos en esa misión. La esencia queda intacta, aunque el esqueleto argumental sea prácticamente el mismo.

Quizá el mayor ‘pero’ lo pondría en la insistencia del personaje de Chris Hemsworth, que ni siquiera abandona el filme en los créditos. En una ración pequeña agrada, pero su porción del pastel acaba siendo demasiado grande y repetitiva.

La franquicia Cazafantasmas merecía ser desempolvada. Estamos ante una meritoria resurrección que deja con ganas de más. Esperemos que los bajos números obtenidos no echen para atrás el plan de realizar varias películas. El Nueva York espectral de la saga aún tiene recorrido.

Election: La noche de las bestias. Halloween para adultos

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James DeMonaco (Desconocemos su relación con el Principado) empezó la saga de la purga con un tremendo bodrio que partía de una genial idea. Una noche al año los americanos podían salir a matar sin que ello fuera considerado delito. En este trasfondo, nos encontramos la típica película de invasión casera, casera sin gas, o sea, de las malas. Vista la rentabilidad de la cinta, el estudio preparo otra secuela low cost con DeMonaco (si pones una I después de la N podrías invocar a Satanás) de nuevo al mando. Esta vez el director nos mostró la purga de verdad, nos enseñó lo que pasaba en la calle. El resultado fue tremendamente satisfactorio. Cine antisistema desde el sistema, y el origen de su propia iconografía, caretas blancas en tiempos oscuros.

Y en esa línea comenzaba Election, la tercera entrega de esta exitosa saga. Con aún más contenido político, y con el desarrollo de las líneas estéticas que dejó Anarchy. La primera hora de la película consigue enganchar gracias a todos los WTF, con la noche de la purga convertida en toda una festividad. Entre tanto, una candidata a la presidencia americana intentando sobrevivir, con ayuda del guardaespaldas Frank Grillo, en un auténtico infierno de asfalto.

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Las influencias son claras. La principal es 1997: Rescate en Nueva York, con Grillo en el papel de Snake Plissken, intentando salvar a la clase política. La segunda es The Warriors, con una ciudad tomada por las bandas, bandas ataviadas con ropajes que nos acercan a la tercera gran referencia: Mad Max: Fury Road. El carnaval veneciano en la dirección artística es la versión low cost de lo que nos ofreció el pasado año la dirección de Frank Miller.

Y todo iba bien… Hasta que las ideas se agotaron y la película se convirtió en una ensalada de disparos y hostias. Como bien apuntó mi amigo Julen “El final es una película de Jean Claude Van Damme” (Con todos respetos a JCVD). Es como si de pronto la construcción sólida levantada en la primera hora de película se hubiera venido abajo. Quizá el problema resida en el propósito de contentar al verdadero público de la cinta, cinéfagos amantes de la acción de videoclub, pero tras ofrecer un sólido discurso político Demonaco deja tirados a los que buscábamos algo más.

En el apartado interpretativo, Grillo demuestra auténticos signos de fatiga en su segunda participación en la saga. Su personaje debió limitarse a Anarchy. Elizabeth Mitchel tampoco atina con su pobre versión rubia de Pablo Iglesias, a la que podríamos rebautizar como la coletas.

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En definitiva, un gatillazo cuando más estábamos disfrutando. Eso sí, si hay cuarta purga volveremos a caer. Eso no lo dudeis ni un minuto. Nos la volverán a meter con el trailer, y picaremos de nuevo. Si es que antes no se impone esta ‘curiosa’ celebración. Desde luego que Trump tiene potencial para ser uno de los padres fundadores.