Archivo de la etiqueta: cine español

Proyecto Lázaro: Un dramón sobre la resurrección

Tenía ciertas esperanzas depositadas en el regreso de Mateo Gil a la dirección tras las satisfactorias Nadie conoce a nadie (1999) y Blackthorn: Sin destino (2011). Aunque si por algo ha trascendido Gil es por haber escrito algunos de los guiones más importantes del cine español de los últimos años, para Amenabar en su mayor parte. Suyos son los de Tesis, Abre los ojos, Mar Adentro, El método o Ágora. Proyecto Lázaro en su regreso a la ciencia ficción, un terreno que no pisa desde que Eduardo Noriega despertará como el hombre elefante tras un accidente de coche. Aunque no hay un nexo argumental, la película se presenta como una secuela tardía de Abre los ojos, y pretende explicar la vida después de la criogenización.

A pesar de lo interesante de la cuestión, Proyecto Lázaro nunca termina de arrancar. La película centra demasiado el foco en el amor y el drama. El protagonista vive atormentado por la vida que dejó atrás con su pareja, y ese eje tractor del filme no contiene el interés suficiente para crear intriga. Se apuesta todo al conflicto interior dejando de lado lo más significativo: Las consecuencias para la humanidad de esa primera resurrección.

proyecto-lazaro-abre-los-ojos

No ayudan tampoco las interpretaciones. Los personajes de Gil parecen robots con apariencia humana. Les cuesta demasiado expresar, y al espectador mucho más empatizar. El uso y abuso de la voz en off termina consiguiente que veamos al protagonista (Marc Jarvis) como un tipo cansino. Naomi (Oona Chaplin), su novia del pasado, no consigue más de lo que hubiese conseguido un maniquí. Nada resulta real.

La estética acaba por rematarla. Más cercana a un publirreportaje de una clínica dental que al cine en si mismo. Si se llega a llamar el Método Dentix nos quedamos igual. Mateo Gil ha intentado hacer su Gattaca bebiendo de Abre los ojos, pero se le ha Gattascado seriamente. Una pena. Esperamos su pronta recuperación y un regreso a la senda de anteriores trabajos.

Noctem: Araquiel’s Box Project

Noctem es la última aportación española al Found Footage tras La saga REC y La cueva. El FANT 23 recibió a su director Marcos Cabotá y a sus protagonistas, Adrian Lastra y Esteban Piñero ‘Basty’ para hacer el primer pase con público de la película dentro de la Sección Oficial del Festival. Lastra, conocido por Primos o la serie Velvet, explicó que la idea de la película surge de una experiencia paranormal vivida en su casa. A partir de ahí decidieron hacer una película/experimento sobre lo ocurrido.

¿De qué va? Adrian Lastra y Esteban Piñero ‘Basty’ han desaparecido en México. El actor Álex Gonzalez, amigo de Adrian, le pide a un amigo que rescate los videos de sus móviles para clarificar los hechos.

La película comienza bien gracias a la acertada decisión de que los actores no interpreten a personajes, si no que sean ellos mismos con sus nombres reales, recurso que ya hemos visto en otras obras como Juerga hasta el fin. Y no todos son actores. Esteban Piñero ‘Basty’, miembro del grupo musical D’Nash se estrena en el cine con este papel. Según cuenta Cabotá, el reparto tuvo la generosidad de abrir las puertas de su casa y mostrar su intimidad. En el filme aparecen también parejas y amigos de los protagonistas haciendo de si mismos. De este modo, el texto y las situaciones de la película son en parte pura improvisación. En ese entorno ‘natural’ destaca la interpretación de Álex González.

noctem-alexgonzalez

En lo argumental, Noctem encajaría como un guante como uno de los sucesos que recrea cuarto milenio. La amenaza se llama Araquiel, un muy digno representante de las fuerzas del mal. El problema principal reside en que la película se fija demasiado en otros found footage ya conocidos, especialmente El proyecto de la bruja de Blair y Paranormal Activity. Algunas ideas de puesta en escena están sacadas de la obra maestra de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez. Por esta razón diría que la película puede ser encajada mucho mejor por espectadores no iniciados en el género.

En la parte técnica hay algunos detalles que se podían haber pulido para hacer un resultado más realista, como las interferencias de los videos y la excesiva iluminación del flash del móvil en las escenas de oscuridad. Demasiado artificiales. Detalles como estos son los que me han impedido tener una experiencia terrorífica. Aunque he de decir que si que ha oído algún grito en la sala durante la proyección.

noctem-fant-cozumel-mexico

En definitiva, estamos ante una cinta sin pretensiones que consigue entretener, pero cuyo resultado es irregular. Algunas ideas funcionan y otras no. Aún así, siempre es bienvenido cualquier nuevo intento en géneros poco transitados por la cinematografía española. Ojalá Noctem funcione.

 

El ataúd de cristal: La limusina de Caronte

vacometro4

Es un orgullo afirmar que la mejor película de lo que llevamos de FANT es bilbaina. No acudía con demasiadas expectativas al pase, quizá porque los cortos de Haritz Zubillaga, aunque correctos, no me habían maravillado. Pero El ataúd de cristal conquista por la vía rápida.

¿De qué va? Una ‘Meryl Streep‘ del cine se dirige en limusina a recoger un premio a toda su carrera. Lo que parecía una convención más en la vida de una estrella se convertirá en una auténtica pesadilla.

La actriz tinerfeña Paola Bontempi, que ya trabajó con Zubillaga en She’s lost control, sale airosa de un desafío complicado. Bontempi aparece en la práctica totalidad del metraje, y lo que soporta durante sus 75 minutos no es precisamente un camino de rosas. Estamos ante una exigente interpretación a todos los niveles. Esto no es Paseando a Miss Daisy.

Pero si Bontempi es importante en la película más lo es la limusina que la transporta, el bien llamado Ataúd de Cristal. Un espacio hipnótico que emparenta Cube con 2001: Una odisea en el espacio. De Cube tiene ese uso del color. Si en la película de Natali cambiaba el color en cada cubo aquí tenemos lo mismo, pero con control remoto De 2001 la película se lleva el ojo de Hal 9000, esta vez manejado por algo más peligroso que la inteligencia artifiial: El ser humano.

Tanto el trabajo de dirección artística como la fotografía son impresionantes. Nada hace indicar que estemos ante una cinta de bajo de presupuesto. Hasta la violencia es elegante en el interior del vehículo. Mención especial merece la excelente banda sonora de la película, compuesta por Aránzazu Calleja. Música siempre presente para indicarnos en todo momento que la amenaza es real. Encaja como anillo al dedo con las imágenes de la película.

Por si esto fuera poco, Zubillaga ha creado además un personaje icónico que nos ha conquistado desde la presentación: El misterioso chofer de la limusina. Nos hemos quedado con ganas de saber más de él. Da para un spin off, o al menos para un cameo en la próxima película.

ataud-de-cristal-chofer

En definitiva, estamos ante un potente filme que aprovecha al máximo sus recursos y al que no se le ven las costuras. Esperamos que pueda tener el estreno digno en salas que realmente merece. Una gran opera prima.

“No he visto Saw” Haritz Zubillaga

fant-el-ataud-de-cristal

chofer-ataud-de-cristal

Tras la proyección, Haritz Zubillaga, el guionista Aitor Eneriz y Paola Bontempi respondieron a las preguntas de la audiencia. Uno de los espectadores hizo referencia al parecido entre El ataúd de cristal y el juego macabro de Saw, pero Zubillaga afirmó no haber visto la célebre película de James Wan. Eneriz habló de otros parecidos que le han sacado a la película, como el de un productor estadounidense que la relacionó acertadamente con el clásico ¿Qué fue de Baby Jane?. Asimismo desgranó como fue el rodaje de algunas escenas, como la espectacular secuencia final. El equipo estuvo ‘defendido’ en todo momento por el imponente chofer de la limusina.

Pieles: La malformación está en la mirada

El FANT 23 ha empezado fuerte. El Teatro Campos Eliseos ha sido un año más el escenario elegido para la ceremonia inaugural, y como en ediciones anteriores Lander Otaola y Maria Goiricelaya se han metido al público en el bolsillo con un humor espontáneo, valiente y muy oportuno. En esta ocasión han estado bien secundados por las ‘maníacas’ que se mezclaban entre el público para recordarnos que esto va de terror, aunque si hay que pasar de horror a La La Land se pasa. Cuánta razón Otaola al nombrar todos los festivales de cine bilbaínos para rematar diciendo “El FANT, al que va gente”, y es que en el Campos no cabía ni un alfiler.

IMG_5989

Este año la organización ha acertado de pleno con Pieles, la mayúscula bizarrada española que ha abierto el certamen. La opera prima de Eduardo Casanova es un auténtico salto al vacío artístico en el que el director consigue caer milagrosamente de pie. Pocos director pueden presumir de tanta libertad en su primer trabajo, aunque esto quizá hay que agradecérselo a Álex De la Iglesia, productor de la película.

Pieles pertenece al subgénero de historias cruzadas. La película presenta a varios personajes al límite unidos por un físico diferente, algo similar a lo que Tod Browning nos enseñó en La parada de los monstruos.

pieles-de-la-iglesia

Uno de los mayores logros de Casanova es la rapidez con la que el espectador se familiariza con ‘lo diferente’ tras la sensación de estupor inicial. Y es que cuesta en un primer momento cuesta hacerse a personajes como el que interpreta Ana Polvorosa, una joven con ano por boca. Si por algo merece todos los elogios esta cinta es por su extraordinaria labor de maquillaje, bien acompañada por una dirección artística cuidada al detalle en el que predominan los tonos rosas (Veáse en look del elenco en la foto de portada).

Las referencias de la película son claras. Las más evidentes un Almodovar desatado o un David Lynch menos oscuro de lo habitual. A Casanova bien podríamos emparentarle con Carlos Vermut, quizá porque ambos comparten sendos debuts suicidas y se decantan por las historias cruzadas. La sensación tras terminar Diamond Flash no era muy distinta de la que se queda al final de pieles.

Casanova también ha acertado con el reparto, del que hay que destacar su generosidad. Sorprende para bien el ‘Freddy Krueger’ que interpreta Jon Kortajarena, totalmente irreconocible hasta el final. Muy meritorio también el ya mencionado personaje de Ana Polvorosa. Lo más sencillo era caer en el más absoluto ridículo, pero lo excesivo del maquillaje contrasta con la serenidad de la actriz para afrontarlo. Itziar Castro es para mi uno de los descubrimientos de la cinta. Quizá el personaje de la casi siempre extraordinaria Candela Peña es el que mejor sintetiza el sentir del filme. Siente que no va con ella lo de ‘ser diferente’ y ve claramente que el problema lo tiene el espectador.

La peor noticia para Casanova es que estamos ante una de esas películas que despertará fobias directas por su contenido, incluso entre los que no lleguen a verla. La mejor, es que estamos ante una pieza de culto instantáneo.

*La película se estrena en cines el 9 de junio de 2017

El bar: La cara B de España

vacometro3

De la iglesia se ha convertido con el tiempo en un género en si mismo. Todas sus películas se presentan como comedias, pero casi ninguna lo es como tal. Todas parecen thrillers, pero casi ninguna lo es. Todas parecen de género fantástico, pero casi ninguna lo es. No es excepción El bar, que aún estando lejos de sus mejores obras, cumple los mínimos de un director que rara vez baja del seis.

La película cuenta la historia de un grupo de personas que coincide por azar en una taberna. Situación cotidiana de no ser por el disparo en la cabeza que recibe uno de los clientes al salir del local. A partir de ahí, los desconocidos comenzarán un encierro que les llevara al límite.

El bar tiene las virtudes y defectos de las últimas películas del director: Un comienzo espectacular y una ligera caída hacia el final. En esta ocasión se debe a que el guión que firma Jorge Guerricaechevarría junto al propio director no está a la altura de la brillante puesta en escena. Por suerte esto no afecta al entretenimiento. El bar dura en un suspiro, y la experiencia merece la pena. En parte gracias a ese bar que es visita ineludible en Madrid, el mítico Palentino de la Calle Pez, en Malasaña. Escenario ideal para que el apocalipsis resulte cotidiano.

el-bar-casas-blanca-suarez

Los actores habituales de la última etapa del director responden una vez más. En especial los polos más extremos de la función: ‘El mendigo’ encarnado por Jaime Ordoñez y ‘la pija’ que interpreta Blanca Suarez, quizá los dos personajes más jugosos y mejor defendidos.

De la Iglesia no desaprovecha la ocasión de mostrarnos a la España en B, una España que se ha desarrollado ‘bajo manta’ mientras celebraba el gol de Iniesta. Una España regida por trileros y una población jugadora que acepta la estafa en cada partido, todo esto patrocinado por el cuarto poder, incapaz de denunciar la trampa. Y lo peor es que los que pillan el juego se acaban matando entre ellos. Si no sabéis de lo que hablo preguntarle a Iglesias o Errejón, o preguntar por los idus de marzo del PSOE. El bar es una gran metáfora de nuestro tiempo.

 

 

En Spoiler (Deja de leer aquí si no lo has visto)

El cine español ha perdido una oportunidad de oro de entrar en el terreno de la ‘falsecuela’: Película que se presenta como un estreno independiente, pero que acaba encajando en otra saga sin marketing ni aviso previo), el trampantojo hecho cine. Digo esto porque la película de Álex encajaría como un guante como una historia enlazada al universo cinematográfico de REC.

Que Dios nos perdone: Madrid bajo el terror del Follaviejas

vacometro4

La segunda película de Rodrigo Sorogoyen (Stockholm) alcanza de forma instantánea el Olimpo del Thriller español. Estamos ante uno de los mejores filmes de la caza del spanish serial killer. El tiempo la pondrá en su lugar, si no lo ha hecho ya.

La película nos traslada al Madrid 2011, un Madrid difunto de las Olimpiadas en el que el 15M y la visita de Benedicto Equis Uve Palito manchan de tinta los periódicos. En ese contexto, dos peculiares policías investigan la muerte violenta de varias ancianas.

Hay dos influencias claras en Que Dios nos perdone. Por un lado encontramos ecos del thriller Fincheriano, por otro encontramos un tono cercano al del thriller coreano. El éxito de Sorogoyen radica en beneficiarse de elementos conocidos para reinventar el thriller castizo. El resultado esta lejos del thriller de pura influencia americana de Daniel Monzón. La película es española, muy española, y madrileña más concretamente. La ciudad se presenta como un personaje más de la trama. Una gran recreación del sofocante julio madrileño, con tanto acierto como el desgarrador madrid estival del Barrio de León de Aranoa.

Y todo esto dando total protagonismo a los personajes, defendidos extraordinariamente por todo el reparto. Antonio De la Torre consigue en la película algo muy complicado: Que a pesar de ser Antonio De la Torre veamos a su personaje, el tartamudo Velarde. Un investigador de nivel, parco en palabras, y con un auténtico infierno interior. Brilla a la misma altura un desatado Roberto Álamo, convertido en un colérico policía que se sitúa en la frontera entre John Mclane y Jose Luis Torrente.

Que Dios nos perdone PELICULA

Quizá lo peor del filme sean sus últimos minutos. Si bien responden a una lógica, no están a la altura del potentísimo resto del metraje. Por suerte, predomina lo notable, como esa realización trepidante cámara en mano que incorpora realidad al resultado final.

Que Dios nos perdone confirma el gran momento del thriller español, gracias a las recientes El hombre de las mil caras o Tarde para la ira, que se suman a títulos aventajados como Tesis o La Isla mínima. Empezaba a ser hora de que el cine español dejara atrás el drama o la comedia.

 

Almodovar se carga el acento gallego en Julieta

Hoy no vamos a hablar de la notable Julieta, una de las mejores películas del Almodovar reciente. Vamos a hablar de una inexplicable decisión del director en la película.

Además de Madrid, la película se desarrolla en un lugar indeterminado de Galicia. No solo lo sabemos porque se ha rodado en lugares como Redes, Ares o Mugardos. Los nombres de los personajes, Xoan o Antia, o la muy gallega decoración de la casa gallega de Xoan así lo confirman. Tras Madrid, es el lugar más frecuentado por la trama. Xoan es pescador, su hija Antia ha crecido allí hasta la adolescencia, y Marian, ama de llaves de la casa, parece no haber salido jamás de ese pueblo ficticio. Al igual que Ava, amiga de Xoan desde la infancia que también pertenece al lugar. Pues bien, ninguno de estos personajes habla gallego. Aquí podríamos entrar en un debate sobre lo que suma o resta la inclusión de subtítulos y otras lenguas. Puede pasar. Pero hay un elemento que convierte a este drama con elementos de thriller en una película de ciencia ficción: ¡Ninguno de estos personajes tiene acento gallego!

almodovar-acento-galicia-julieta

Quizá se la puedan ‘meter’ a alguien que no ha estado en la fascinante tierra de Cunqueiro y Castelao, pero a mi no me la cuelan. He pasado la mayor parte de mis veranos en Galicia por razón de sangre, y hablar de gallegos de zonas rurales sin acento es más increíble que el monstruo del Lago Ness en una clase de biología. Y no se queda solo ahí. La película tampoco pone acento cuando la acción se traslada a Andalucia.

La pregunta es ¿Por qué? Y solo Almodovar tiene la respuesta. Pero de entrada me parece una falta de respeto a la riqueza que aporta esa seña de identidad, esa carta de presentación que indica nuestro origen y que cuesta tanto disimular.

Hay que mantener los acentos del cine, aunque siempre haya algún gilipollas que viendo la muy sevillana ‘El mundo es nuestro’ grite a la pantalla… ¡Qué aprendan castellano! Va siendo hora de que los espectadores conozcan la realidad peninsular. Bravo por el euskera de Igelak o el catalán de La propera pell. Bravo por los creadores que hacen que el cine español no sea uno grande y libre, y en perfecto castellano.

Ahora os toca opinar a vosotros.

Un monstruo viene a verme: Solo el buen cine emociona

vacometro4

Lo último de Bayona lo tenía todo para no gustarme:

  • Película con niño. Los niños en el cine me chirrían, a no ser que exploten la vena de hijoputismo, como en El pueblo de los malditos, ¿Quién puede matar a un niño? o Edén Lake.
  • Siempre critico la búsqueda de la lágrima en el cine. Esto es lo que escribí sobre por ejemplo The imitación game: “Puede que la partitura de Alexandre Desplat no esté mal, pero estamos ante una de esas músicas que intentan guiar todo sentimiento. Imagino a los montadores diciendo… “Mete ese pasaje aquí que el espectador tiene que llorar”. Curiosamente a mi me pasa al revés. Cuando se pretende emocionar con música de llorar me acuerdo de que estoy viendo una película, lo que me descentra totalmente”.
  • Los dramas me dan ‘patrás’. Casi tanto como las películas románticas.
  • El bombardeo de imágenes en la promoción ha sido continúo. A veces en el cine hay sensación de Deja Vu en cada escena con tanta promo. Ya pasó con Ocho apellidos vascos.
  • La acogida en el Zinemaldia fue bastante tibia entre la crítica especializada.
  • La mitificación que la prensa hace de Bayona, un director que solo cuenta con dos películas hasta la fecha: El orfanato y Lo imposible. La primera demostró que había talento. La segunda mostró una gran técnica y optimización de recursos, pero su drama no consiguió traspasarme.

A la mierda, Un monstruo viene a verme me ha encantado. Y sí, he llorado (Y no soy nada de llorar), tanto que la muerte de Mufasa al lado puede considerarse un sketch de Martes y trece. El monstruo ha conseguido derribar todos mis prejuicios con una receta que nunca falla: Buen cine. El resto lo hace J.A. Bayona con ideas claras y una dirección magistral.

un-montruo-viene-a-verme-weaver

No os fiéis de los que hablan de la película como una copia mala de El laberinto del fauno. La película de Del Toro es digna de recordar, pero no olvidemos que Bayona lo que ha intentando es adaptar lo mejor posible el libro A monster calls de Patrick Ness, que además es guionista de la película. El mundo interior como vía de escape es un tema recurrente en la historia del cine, pero pocas veces ha alcanzado la perfección técnica y artística que muestra Un monstruo viene a verme.

En el apartado interpretativo sorprende lo bien que el joven Lewis MacDougall aguanta los primeros planos. A la Weaver le basta con su presencia para bordar el personaje de severa abuela. Aunque lo mejor de la función es sin duda el monstruo, que en la versión original cuenta con la poderosa voz de Liam Neeson. Debería haber una categoría especial en los premios para este tipo de criaturas. De ese modo este monstruo seguramente se haría con la estatuilla.

un-monstruo-viene-a-verme-arbol-tejo-criatura

Siempre critico el uso de la música para enfatizar la emoción, pero en esta ocasión se me hace difícil ante la bellísima partitura del getxotarra Fernando Velazquez, al que le bastan un par de teclas de piano para transmitir. Otra categoría que debería llevarse la nominación al Oscar. Y no la única. Película, dirección, dirección artística, efectos especiales y banda sonora merecen ser finalistas en la lucha por la estatuilla.

No solo hay pasión por la historia que se cuenta, hay pasión por el cine, por el arte en general. Ese proyector tan de Cinema Paradiso, las imágenes de King Kong, ese tejo que parece estar sacado del bosque de La princesa Mononoke, el preciosista uso de la animación… Lo de Bayona es amor por el cine. Además la película hace creer en el cine como terapia. Para muchos, casi para todos, es un reencuentro con el dolor. Es difícil no relacionar las situaciones del joven protagonista con nuestra propia vida. Pero a pesar de las lágrimas, este monstruo tiene un elemento cicatrizante: Se llama esperanza. Si desficcionamos un poco (No, no se si existe la palabra desficcionar) veremos a las personas que de modo imperativo nos ayudaron a salir de las arenas movedizas. El mensaje es tan antiguo como el mundo: Siempre hay que levantarse.

El hombre de las mil caras: Luis Roldán, contigo empezó todo

vacometro4

El escándalo Roldán es uno de mis primeros recuerdos informativos relacionados con la lacra de la corrupción. Su nombre se repetía en el telediario, pero mi juventud me impedía saber que había detrás de ese señor calvo. Aún así tenía claro que no era el que salía en el envase del limpiasuelos. Igualmente sabía que Vera y Barrionuevo no eran una pareja de cómicos, o que Mario Conde más bien debió apellidarse Esconde (El dinero).

La sociedad dormía plácidamente pensando que casos como éste no eran más que excepciones de un sistema en el que de vez en cuando se colaba algún personaje de la picaresca española. Pocos sabían que en silencio se construían los cimientos de una organización criminal que se hacía fuerte aprovechando los mecanismos del poder político. Solo hay que echar un vistazo a la prensa para comprobar que esa organización ha perdurado hasta nuestros días. Lo peor de todo es que España la sigue legitimándolo en las urnas, como si fuera una representación de nuestra propia naturaleza.

Como veis, no son pocas las reflexiones que dejará El hombre de las mil caras, el filme que aporta elementos de ficción a la fuga que articuló Roldán con ayuda del espía Francisco Paesa. Pero hablemos de cine, que eso va este blog (cuando no me voy por la ramas).

Una frase en mi mente al terminar el metraje: “Alberto Rodriguez ya es uno de los grandes del cine español”. Y es que a pesar del gran nivel que muestran los actores, en especial Eduard Fernandez, en este filme el director es la estrella. Recuerdo leer le noticia de que Rodriguez había optado por este proyecto y pensar en su osadía y en la tremenda hostia que podía pegarse ante la dificultad del material. Hoy solo reitero lo de valiente, porque Rodriguez lo ha vuelto a hacer. Hay thriller, hay cine negro, hay cine de espías… pero sobre todo hay buen cine.

el-hombre-de-las-mil-caras-roldanguardia-civil

El guión, del propio Rodriguez y Rafael Cobos, es otro de los puntos fuertes. Era demasiado fácil caer en el amarillismo o en la crítica implícita, pero la película evita pararse a juzgar o revolcarse en el lodo del escándalo. También funcionan a la perfección la (de nuevo) excelsa fotografía de Álex Catalán y la magnífica banda sonora de Julio De la Rosa. Si eres bebedor ocasional de Jaggermeister has de saber que la película incluye además la escena más lúcida sobre los efectos del licor alemán en el corto plazo.

Durante el visionado me han venido a la cabeza dos títulos cercanos a este hombre de las mil caras: La compleja El topo, de Tomas Alfredson, y Munich de Steven Spielberg, uno de los mejores títulos de su filmografía reciente.

Da gusto ver que el cine español se atreve con la historia reciente. La Gürtel, Marbella, la Operación Puerto… Hay material de sobra en este sistema putrefacto. Y Alberto Rodriguez demuestra una vez más que también hay talento. Por lo pronto, se intuyen no pocas nominaciones a los Goya.

Tarde para la ira: Venganza en plato templado

vacometro3

El actor Raúl Arévalo ha dado el salto a la dirección con Tarde para la ira, una historia de venganza ambientada en la otra España, la que se encuentra alejada del centro de la ciudad, la España agreste y salvaje.

La película ofrece una cruda historia de venganza que poco tiene que ver con  el efectismo de Park Chan Wook (Old Boy, Simpathy for Lady Vengeance) o Quentin Tarantino (Kill Bill I y II). Para asegurarse el éxito, Arévalo ha contado con Antonio De la Torre, todo un seguro de vida. En esta ocasión da vida a un personaje parco en palabras y con muchas líneas interiores, su enésima contención.

La película gana en sus cuartos más sucios y oscuros, en los bajos fondos, y sube un escalón cuando aparece la violencia. También funcionan sus salidas de tono, con esos mafiosos de barrio sacados del cine quinqui o esas vecinas de pueblo tan de Espejo público. El uso de la cámara resulta todo un acierto, desde el potente plano secuencia inicial al seguimiento de personajes tan del cine de Darren Aronofsky.

Entre los puntos negativos encuentro el empecinamiento de Arévalo por parecer un autor. El alargue de algunos planos parece impostado. Contrasta con la naturalidad y crudeza de la mayoría de metraje. Ese intento de trascender resta autenticidad a un filme que no necesitaba aire. Quizá por ello sus 92 minutos no pasan todo la rápido que debería.

A pesar de todo esto, el debut de Arévalo (No me refiero al de los chistes casposos) es prometedor. Con este largo se asegura una segunda película en la que podamos ver si además de buenas referencias al Peckinpah de Perros de paja hay talento. De momento no pinta mal.