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It Stains the Sands Red: Choni v. Zombie

En apenas quince minutos It Stains the Sands Red consigue follarse de forma salvaje a las cinco películas de la saga Resident Evil. Molly, la gran protagonista de la función, carece del estilo y las artes marciales de Alice, pero va sobrada de algo más importante cuando hablamos de cine zombie, el instinto de supervivencia. ¿Qué un zombie quiere sangre y necesito despistarle? Pues nada, me saco un tampón del coño y ya tengo perrito. Y para satisfacción de los espectadores, no es su único truco.

¿De qué va? Una pareja huye por carretera de un apocalíptico Las Vegas. Tras una breve parada, el vehículo en el que viajan no consigue arrancar. Un zombie se acerca para aprovechar la ocasión.

It stains the sands red (Mancha las arenas rojas, o algo así) es una comedia, un western, una de terror y un drama familiar. Todo al módico precio de una entrada a 2,90€ para el turno de noche del FANT 23. Un buen aporte a un género zombie que, por suerte, siempre consigue encontrar la vuelta de tuerca adecuada.

Molly, interpretada magistralmente por Brittany Allen, está más cerca de Belén Esteban que de Milla Jovovich. Curioso que la última gran heroína del cine zombie lleve plataformas, pantalones de leopardo, un tampax y cocaína. Todo un kit de supervivencia. La actriz supera con nota el desafío de supervivencia zombie en el desierto. Habría que ver cuanto dura Jesús Calleja. Y no nos olvidamos de Juan Riedinger. El actor canadiense interpreta a ‘Polla pequeña’ (cariñosamente Smalls), y no es un indio compañero de ‘Pipa grande’, si no el zombie que persigue incansablemente a la protagonista. ¿La mejor interpretación de un no muerto en la historia del subgénero? Yo diría que sí (Si se os ocurre uno mejor dejar un comentario, please).

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A la película le da además tiempo para darle una buena patada en la boca al machismo, y por ende a los humanos menos evolucionados del género masculino. El filme acierta al comparar a los muertos vivientes con los típicos babosos de discoteca. Y recuerdo que solo hay una amenaza peor que los muertos: Los vivos.

El director Colin Minihan es parte junto a Stuart Ortiz de los autodenominados Vicious Brothers, responsables de Grave Encounters y su secuela. Habrá que seguir la pista a este joven canadiense nacido en 1986. Aún tiene mucho que aportar al cine de terror.

It stains the sands red tiene los elementos suficientes como para ganarse un hueco en la historia del género. Su estética (Heredera de Los renegados del diablo) y ese desierto de Las Vegas lo merecen, y hacen que perdonemos alguna escena de más en su parte final e incluso algún gazapo. Ya sabéis, lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas.

Pieles: La malformación está en la mirada

El FANT 23 ha empezado fuerte. El Teatro Campos Eliseos ha sido un año más el escenario elegido para la ceremonia inaugural, y como en ediciones anteriores Lander Otaola y Maria Goiricelaya se han metido al público en el bolsillo con un humor espontáneo, valiente y muy oportuno. En esta ocasión han estado bien secundados por las ‘maníacas’ que se mezclaban entre el público para recordarnos que esto va de terror, aunque si hay que pasar de horror a La La Land se pasa. Cuánta razón Otaola al nombrar todos los festivales de cine bilbaínos para rematar diciendo “El FANT, al que va gente”, y es que en el Campos no cabía ni un alfiler.

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Este año la organización ha acertado de pleno con Pieles, la mayúscula bizarrada española que ha abierto el certamen. La opera prima de Eduardo Casanova es un auténtico salto al vacío artístico en el que el director consigue caer milagrosamente de pie. Pocos director pueden presumir de tanta libertad en su primer trabajo, aunque esto quizá hay que agradecérselo a Álex De la Iglesia, productor de la película.

Pieles pertenece al subgénero de historias cruzadas. La película presenta a varios personajes al límite unidos por un físico diferente, algo similar a lo que Tod Browning nos enseñó en La parada de los monstruos.

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Uno de los mayores logros de Casanova es la rapidez con la que el espectador se familiariza con ‘lo diferente’ tras la sensación de estupor inicial. Y es que cuesta en un primer momento cuesta hacerse a personajes como el que interpreta Ana Polvorosa, una joven con ano por boca. Si por algo merece todos los elogios esta cinta es por su extraordinaria labor de maquillaje, bien acompañada por una dirección artística cuidada al detalle en el que predominan los tonos rosas (Veáse en look del elenco en la foto de portada).

Las referencias de la película son claras. Las más evidentes un Almodovar desatado o un David Lynch menos oscuro de lo habitual. A Casanova bien podríamos emparentarle con Carlos Vermut, quizá porque ambos comparten sendos debuts suicidas y se decantan por las historias cruzadas. La sensación tras terminar Diamond Flash no era muy distinta de la que se queda al final de pieles.

Casanova también ha acertado con el reparto, del que hay que destacar su generosidad. Sorprende para bien el ‘Freddy Krueger’ que interpreta Jon Kortajarena, totalmente irreconocible hasta el final. Muy meritorio también el ya mencionado personaje de Ana Polvorosa. Lo más sencillo era caer en el más absoluto ridículo, pero lo excesivo del maquillaje contrasta con la serenidad de la actriz para afrontarlo. Itziar Castro es para mi uno de los descubrimientos de la cinta. Quizá el personaje de la casi siempre extraordinaria Candela Peña es el que mejor sintetiza el sentir del filme. Siente que no va con ella lo de ‘ser diferente’ y ve claramente que el problema lo tiene el espectador.

La peor noticia para Casanova es que estamos ante una de esas películas que despertará fobias directas por su contenido, incluso entre los que no lleguen a verla. La mejor, es que estamos ante una pieza de culto instantáneo.

*La película se estrena en cines el 9 de junio de 2017

El bar: La cara B de España

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De la iglesia se ha convertido con el tiempo en un género en si mismo. Todas sus películas se presentan como comedias, pero casi ninguna lo es como tal. Todas parecen thrillers, pero casi ninguna lo es. Todas parecen de género fantástico, pero casi ninguna lo es. No es excepción El bar, que aún estando lejos de sus mejores obras, cumple los mínimos de un director que rara vez baja del seis.

La película cuenta la historia de un grupo de personas que coincide por azar en una taberna. Situación cotidiana de no ser por el disparo en la cabeza que recibe uno de los clientes al salir del local. A partir de ahí, los desconocidos comenzarán un encierro que les llevara al límite.

El bar tiene las virtudes y defectos de las últimas películas del director: Un comienzo espectacular y una ligera caída hacia el final. En esta ocasión se debe a que el guión que firma Jorge Guerricaechevarría junto al propio director no está a la altura de la brillante puesta en escena. Por suerte esto no afecta al entretenimiento. El bar dura en un suspiro, y la experiencia merece la pena. En parte gracias a ese bar que es visita ineludible en Madrid, el mítico Palentino de la Calle Pez, en Malasaña. Escenario ideal para que el apocalipsis resulte cotidiano.

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Los actores habituales de la última etapa del director responden una vez más. En especial los polos más extremos de la función: ‘El mendigo’ encarnado por Jaime Ordoñez y ‘la pija’ que interpreta Blanca Suarez, quizá los dos personajes más jugosos y mejor defendidos.

De la Iglesia no desaprovecha la ocasión de mostrarnos a la España en B, una España que se ha desarrollado ‘bajo manta’ mientras celebraba el gol de Iniesta. Una España regida por trileros y una población jugadora que acepta la estafa en cada partido, todo esto patrocinado por el cuarto poder, incapaz de denunciar la trampa. Y lo peor es que los que pillan el juego se acaban matando entre ellos. Si no sabéis de lo que hablo preguntarle a Iglesias o Errejón, o preguntar por los idus de marzo del PSOE. El bar es una gran metáfora de nuestro tiempo.

 

 

En Spoiler (Deja de leer aquí si no lo has visto)

El cine español ha perdido una oportunidad de oro de entrar en el terreno de la ‘falsecuela’: Película que se presenta como un estreno independiente, pero que acaba encajando en otra saga sin marketing ni aviso previo), el trampantojo hecho cine. Digo esto porque la película de Álex encajaría como un guante como una historia enlazada al universo cinematográfico de REC.

La fiesta de las salchichas: Hora y media sin comedia

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La comedia es un género complicado. Lo que le hace gracia a una persona a otra le puede provocar rechazo. A pesar de ser un idioma universal, es complicado universalizarla. Me encantaría deciros que me he partido la caja con La fiesta de las salchichas, pero va a ser que no. Me considero una persona bastante risueña, pero ni siquiera he hecho amago de sonreír durante sus noventa minutos. Y eso que la película tiene alguna virtud reseñable, pero desde luego que no es la de hacer reír.

No soy uno de los fieles de la secta Pixar, pero la empresa del flexo hubiera explotado a la perfección ese océano de ideas que pueden salir de un supermercado. ¿El problema de Sausage Party? Se limita a monotematizar su humor, que solo se puede describir como soez. El caca culo pedo pis de toda la vida enfocado hacia el sexo. Lo de la salchicha y el panecillo podría haber funcionado sin un gag cada tres minutos de metraje (no exagero). Lo que más me sorprende es que la película no se titule: “¿Fiesta? La que te va a dar esta?”

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En el lado positivo de la balanza encontramos su visión de la religión, de la fe, y de como se articula en la sociedad. Sin duda se sustenta como antídoto ante nuestros miedos. El “mas allá del supermercado” es para los alimentos un Valhalla, hasta que descubren lo que hay realmente tras la linea de cajas. Discurso adulto, pero la lástima es que parece estar contado para un público entre los 13 y 16 años. Así se consigue una película que no funciona ni en adultos ni en niños. Cuesta ver que ha visto en ella la crítica especializada. ¿Será la falta de sexo en ese mundillo? ¿De verdad les vale con un panecillo con tacones? 

Para terminar de joderla, esa parte de Metacine a lo La Lego película (También copian el concepto de Todo es Fabuloso) para mayor gloria de Seth Rogen. Completamente innecesaria, pero es lo que tiene el afán por figurar. En fin, que nos han vuelto a vender la moto.

Lo mejor: La goma de mascar Hawking

Lo peor: Ni puta gracia

 

La noche del virgen: Pagafantas hardcore

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La noche del virgen empieza con una parodia de las campanadas de La 1 en la que Ignatius Farray, ‘capado’ para la ocasión, encarna a Ramón García. Paralelamente, en un disco-pub comienza la siempre decadente celebración de la nochevieja. Es ahí donde conocemos a Nico, un ‘loser in da dancefloor’ interpretado magistralmente por Javier Bódalo. Sus ganas de estrenarse en el golf casero le llevarán a una sucursal terrestre del infierno.

La opera prima de Roberto San Sebastián comienza como una efectiva comedia, como una prima guarrilla del Pagafantas de Borja Cobeaga. Chico busca chica desesperadamente, y se topa con madura misteriosa dispuesta a todo. Las carcajadas de la sala confirman que la fórmula funciona (Mención especial a los momentos del whatsapp de Nico). La pena es que cuando la película baja al barro y saca su vena más escatológica todo se frena en seco.

El problema es el que es. Uno del que ya os hemos hablado en alguna ocasión: El efecto Jes Extender, que debe su nombre al célebre alargador de pene de la teletienda. Esta técnica intenta mostrar tanto las virtudes de la película que éstas acaban volviéndose en su contra.  Lo que es divertido en segundos se hace pesado cuando supera el minuto. Como ejemplo la escena de la sokatira umbilical, alargada hasta la extenuación.

Esto genera a su vez que a la película le cueste respirar en espacio cerrado. Tan solo la ventana parece quitarle opresión al conjunto con divertidas escenas que parecen sacadas de la pensión de El día de la bestia. Los directores Juanfer Andrés y Esteban Roel solucionaron bastante mejor la papeleta de interiores en la también opresiva ‘Musarañas’.

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A pesar de este problema originado por el montaje, La noche del virgen tiene su punto. En sus mejores golpes la película de Roberto San Sebastián tiene algo del Peter jackson primerizo, mezclado con el primer De la Iglesia. No parece casual que ese neonato final parezca primo del peque de Braindead. También son dignos de mención los curiosos FX, más si cabe tratándose de una cinta Low Cost.

En el apartado interpretativo destaca la pareja protagonista (Javier Bódalo y Miriam Martín), que logra una extraña química. Bódalo aguanta estoicamente las secuencias más salvajes de la película. En cambio, es difícil encontrar explicación a la inclusión de un personaje como el de Araña, interpretado por Victor Amilibia. Un personaje machacante que solo parece estorbar, y cuya caracterización de ‘heavy de palo’ resulta poco creíble.

Lo mejor: El momento musical “Rata de dos patas”. MUY TOP.

Lo peor: Su empecinamiento por alargarlo todo.

Reacciones del público

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El siempre interactivo público de la Semana de Terror de Donostia se entregó de manera entusiasta en la parte inicial y rajó de lo lindo en la segunda mitad. Quizá le pasó factura a La noche del virgen esa presentación tan rojiblanca y provocadora ante el nada futbolero público del festival. Esto provocó que hacia el final se sucedieran los comentarios sobre el origen bilbaino de la película. Las partes más gore fueron recibidas con aplausos.

*Los respondables de la película tuvieron el detalle de repartir condones y caretas del prota a la entrada de la sesión. La pena es que no aprovecharan la ocasión para sacar un fotón con cientos de Bódalos en las butacas del Principal. 

Teaser de la película:

Cazafantasmas (2016): Nuevo equipo, misma esencia

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Entro a la sala de cine a ver Cazafantasmas con cierto miedo a este reboot del clásico de los 80 por dos motivos: La decepcionante taquilla del filme y la estúpida guerra de sexos que se ha montado en torno al nuevo equipo protagonista. Se ha escrito tanta mierda que la película ha quedado en segundo plano, sepultada entre las toneladas de estiércol del debate. Pero esto es La vaca de Twister y estamos aquí hablar de cine. Tampoco vamos a caer en el habitual error de comparar cada elemento de esta cinta con su original. Para eso ya tenemos una sección que se llama Cine contra Cine. Cazafantasmas cumple con nota sus dos principales objetivos: Entretener y divertir, entendiendo por divertir el provocar unas risas entre los presentes.

La clave de la victoria es justo lo que muchos han puesto en duda: El cuarteto protagonista. Cuatro actrices inspiradas y con una química que deja con ganas de más. Mención especial para Kate McKinnon, en pantalla un maquinón (Como ya he dicho al pronunciar su apellido). Con más gesto que texto se convierte en la auténtica jefa de la función. Kristen Wiig y Melissa McCarthy, más habituales en pantalla, también funcionan. Quizá el personaje menos afortunado es el de Leslie Jones, con un rol más tosco y menos lúcido que el de sus compañeras. Aún así, a nivel colectivo merecen un notable.

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Otro de los aciertos es lo adecuado del plan renove de trajes, vehículo o logo. Una divertida y efectiva actualización del mito. La búsqueda y aparición de easter eggs también juega a favor de obra. Merecen igualmente comentario los notables FX ¡Al fin efectos digitales bien utilizados!

Aunque suene retorcido, es fácil emparentar Cazafantasmas con El despertar de la fuerza. Ambos títulos se han agarrado al material de origen para no cagarla, y ambos han salido victoriosos en esa misión. La esencia queda intacta, aunque el esqueleto argumental sea prácticamente el mismo.

Quizá el mayor ‘pero’ lo pondría en la insistencia del personaje de Chris Hemsworth, que ni siquiera abandona el filme en los créditos. En una ración pequeña agrada, pero su porción del pastel acaba siendo demasiado grande y repetitiva.

La franquicia Cazafantasmas merecía ser desempolvada. Estamos ante una meritoria resurrección que deja con ganas de más. Esperemos que los bajos números obtenidos no echen para atrás el plan de realizar varias películas. El Nueva York espectral de la saga aún tiene recorrido.

Escuadrón suicida: DC viene de DeCepción

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Tras la decepción general que supuso Batman v. Superman: El amanecer de la justicia, Escuadrón suicida, con otro tono y otro director (David Ayer) lo tenía todo para levantar a DC. Los trailers prometían humor, acción y una embriagadora dirección artística. Prometía… porque tras salir del cine Escuadrón suicida solo acentúa los problemas argumentarles de una franquicia que parece más preocupada por aparentar que por ser.

No empieza mal la película, dejándose de pajas y relleno para deleitarnos con unos 20 minutos iniciales que se basan en un ágil reclutamiento. Las presentaciones no hacen más que aumentar el tamaño de una burbuja que pronto acabará explotando. Y es que la película no se sostiene. En Batman V. Superman los enemigos no lo eran tanto, y en Escuadrón suicido los malos están muy lejos de serlo.

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El Deadshot de Will Smith es quizá el villano menos interesante de la función, y curiosamente el personaje con más protagonismo y minutos en pantalla. Ese es el precio que ha pagado DC por contar en un actor que prácticamente cuenta sus películas por papeles protagonistas en las mismas. Lo peor es esa forzadísima carga dramática que le viene añadida. En ocasiones parece un repaso por la carrera del actor, con momentos de acción a lo Soy leyenda y pasajes paternofiliales del tipo En busca de la felicidad. ¡Que gran error!

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La que si sale victoriosa en el casting es sin duda Margot Robbie, dando vida a una Harley Quinn para la posteridad. Un auténtico espectáculo en cada una de sus apariciones. Ni siquiera el mismísimo Joker consigue darle la réplica. Y es que en todo en lo que destaca Quinn flaquea el nuevo payaso, el peor que ha dado el cine hasta el momento. Un personaje plano, ñoño e interpretado sin alma por un acomodado Jared Leto. Su interpretación hace más grande a Nicholson, y sobre todo al irrepetible Guasón de Heath Ledger.

Viola Davis, que realiza el papel equivalente a Nick Furia en Los Vengadores, también convence interpretando a una auténtica perra de Satán. Mención aparte merece el mierda-personaje que le han puesto a la pobre Clara Delevingne. Un personaje mitad mujer florero-mitad embrujada que no interesa lo más mínimo. Mención especial a la infrahistoria de su origen a lo Indiana Jones. Todas sus intervenciones provocan vergüenza ajena, y no por su culpa.

Si por algo se salva de la quema total la película es por su tremenda banda sonora, un auténtico espectáculo. The animals, Queen, Rolling Stones, Eminem, Twenty One Pilots… Sin duda la película pisa sobre seguro jugando con clásicos de ayer y de hoy en lo que por momentos parece un gran videoclip. La pena es que todo quede vacío de contenido. Todo el mensaje político que respiraba el interior de Batman V. Superman es enterrado y sustituido por moralina barata de primero de Walt Disney.

Tras este nuevo paso en falso de la franquicia, las expectativas ante la película de La liga de la justicia serán mínimas. Quizá en ese momento Snyder consigue levantarse. La clave del éxito está muy clara: Un buen guión.

Joy: Por no decir JLaw

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Jennifer Lawrence me recuerda al Stephen Curry de esta temporada en la NBA. Puede parecer un símil delirante, pero la sensación que tengo al verles es similar. Van sobrados. Supongo que la única razón por la que JLaw no se hizo con la estatuilla fue simplemente tener ya una. Ella es la responsable de que esta Joy se eleve muy por encima de la película infumable que podía haber sido. En esta ocasión la interpretación está por encima del personaje.

Joy cuenta la historia real de Joy Mangano, una mujer que pasó de ama de casa plurihipotecada a reina de la Teletienda. Quizá no sea la historia más apasionante del planeta, pero la buena mano en la dirección David O. Russell convierte la película en una experiencia satisfactoria. Aunque el guión esté por debajo de los The fighter, El lado bueno de las cosas o La gran estafa americana, el acertado (e intencionado) tono Frank Capra aporta cierta magia a la película.

Poco puedo decir del resto del casting, habituales del director como Robert De Niro o Bradley Cooper, que se ven eclipsados por el cometa Lawrence. Como es habitual es las pelis de O. Russell, la dirección artística esta cuidadísima, y la selección de temas para la banda sonora vuelve a ser un acierto.

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Además Joy muestra una variante complicada del sueño americano. Intentar lograrlo siendo mujer trabajadora, madre soltera y ama de casa en el seno de una familia complicada. Si es algo complicado hoy más lo era a principios de los años noventa.

Dicho todo esto, no entiendo la mala acogida de crítica y un importante sector del público que tuvo la película. Quizá su sencillez juegue en contra, pero mi sensación es que David O. Russell es uno de esos directores a los que esperan con antorchas cada vez que estrena. Puede que no sea ese rey de Hollywood que convierte en oro cada proyecto que toca, pero lo que es innegable es su personalidad y estilo propio a la hora de narrar. Esta Joy merece una oportunidad.

Bloodsucking Bastards: Vampiros contra la baja productividad laboral

El PreFANT 2016 se cerró con la proyección de la norteamericana Bloodsucking Bastards, título que prometía entretenimiento y sangre a partes iguales. Las expectativas no eran muy altas, y aún así decepcionó. Y eso que los primeros minutos nos pusieron los dientes largos (nunca mejor dicho) pensando en la que se podía liar en la decadente oficina que muestra el filme, pero el gore tarda demasiado en llegar. Exactamente una hora, y eso es demasiado para un título que no alcanza hora y media.  El resto son chistes y gags que no funcionan. Bloodsucking Bastards se empeña demasiado en ser graciosa en cada momento, y la verdad es que apenas lo consigue.

Por momentos el filme parece estar realizado sin pasión, sobre todo en su nudo. En ocasiones más que una película parece el episodio piloto de una sitcom vampírica que nunca encontró financiación. No ayuda la pobre realización, con tintes amateurs, ni el poco inspirado montaje, que suele ser clave en este tipo de cine.

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Los actores se ganan la absolución, porque poco o nada se puede hacer con los personajes que les toca defender. En el casting destacamos el encanto de Emma Fitzpatrick. Se puede decir que hacen lo que pueden. Ni siquiera funciona el mensaje, que mostrando el día a día de una triste oficina y jugando con el tema vampírico podía haber dado mucho juego. En definitiva, estamos ante una película que más parece un video hecho en una tarde por cuatro amigos. Gore simplón, una lástima.

 

Ant-man: Paul Rudd se divierte en El hormiguero

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Ant-man es una de esas películas en las que si no das con la tecla adecuada  te puede salir una película totalmente ridícula. Hablamos del Hombre Hormiga, un superhéroe que no tiene el peso de Iron Man o El Capitán América. Pero Marvel ha vuelto a dar en el clavo y le ha dado al personaje justo la película que necesita.

Ant-Man cuenta la historia de Scott, célebre Robin Hood del robo que tras dejar la penitenciaria de San Quintín busca empezar una nueva vida dejando atrás la amistad con lo ajeno. La reinserción no será un camino de rosas, por lo que se verá tentado de nuevo por el delito. En un nuevo atraco conocerá al Doctor Hank Pym, el hombre que le convertirá en un superhéroe con la capacidad de hacerse diminuto.

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Todo esto puede parecer esperpéntico, pero Peyton Reed en la dirección y Edgard Wright, Joe Cornish, Adam McKay y Paul Rudd en tareas de guión han hecho que todo fluya. La clave ha sido deshacerse completamente de la capa de seriedad que en infinidad de ocasiones mandan al traste estos proyectos y apostar por una película desenfadada y sin complejos de principio a fin. Que suena música latina junto a los créditos iniciales de Marvel es un aviso de lo que viene.

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El carismático casting funciona a la perfección siguiendo la premisa. Paul Rudd es el Ant-Man perfecto. Tiene todo lo que echamos en falta en personajes como Spiderman. Evangeline Lilly conquista cada una de las escenas en las que aparece. La mítica Kate de Perdidos pide a gritos un papel de heroína protagonista. Michael Douglas funciona con una presencia imponente que también se presta al juego cómico. La sorpresa es la aportación de Michael Peña, como pez en el agua como personaje torpe cuya intervención es una sucesión de gags.

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La película rinde pleitesía al clásico El increible hombre menguante, que Jack Arnold dirigió en 1957. Imposible no tenerla en mente durante el metraje. En ella Scott Carey  veía como tras un incidente nuclear su tamaño empezaba a disminuir progresivamente hasta llegar a lo infinitesimal. El drama de Douglas por la pérdida de su esposa recuerda al sufrimiento de Carey por los micromundos. Ant man no llega al nivel de la obra maestra de Arnold, pero si está por encima del clásico familiar Cariño, he encogido a los niños o la infumable Los Borrowers.

De esta forma, Marvel acaba con buena nota la fase II de su universo, que ya espera a la guerra civil del Capitán América. El logro de Ant-Man es similar al que consiguió Guardianes de la galaxia el pasado verano: Aportar buenas dosis de humor e imaginación a la franquicia. No tengais miedo a lo ridículo que pueda sonar ir a ver una película de “El hombre hormiga” y dejaros llevar por este señor de los insectos. La película es más grande de lo que aparenta.

*No olvideis permanecer en el cine hasta el final de los créditos. Vereis un aviso de lo que viene.