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Spider-man: Homecoming. Un hombre araña de la onda Springsteen

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La figura del hombre araña en el cine se ha ido devaluando progresivamente. Tras una buena presentación en Spiderman y una gran resultado con Spiderman 2 todo se empezó a torcer en Spiderman 3, el ambicioso cierre de la trilogía de Sam Raimi. Una excesiva duración, un mal reparto de tiempos entre los villanos y alguna escena fallida cerraron la primera etapa del superhéroe. Marc Webb lideró el segundo intento, pero tras un correcto comienzo en The Amazing Spiderman, el proyecto se despeñó en su secuela. La única salida era incorporar al personaje al Universo Cinemático de Marvel, aún sabiendo que se trataba de una figura profundamente erosionada.

Quizá por eso, con buen criterio, los responsables del UCM pensaron en aire fresco. Por un lado renunciaron a incorporar a un rostro conocido para el papel, y por otro en rebajar la edad de Spiderman hasta los quince años. Y antes de darle película propia, el estudio decidió darle un cameo estelar en la exitosa Capitán América: Civil War. El buen resultado de esa aparición aumentó las expectativas de los fans ante la película individual del arácnido.

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El encargo de la dirección recayó en John Watts, un director sin experiencia en grandes proyectos responsable de Clown y Coche policial. Pero dirigir es más fácil cuando hay un buen guión detrás, y el de Spider-man Homecoming lo es. El libreto escrito a seis manos por John Francis Daley, Jonathan M. Goldstein, Christopher D. Ford, Chris McKenna, Erik Sommers y el propio Watts ha conseguido marcar el rumbo idóneo para la franquicia. Hay comedia, hay acción, pero este nuevo hombre araña esquiva clichés poniendo el foco en el desarrollo del personaje. Y también hay un gran giro de guión, algo que se da en contadas ocasiones en películas de este tipo.

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Quizá la audiencia se quedó algo fría cuando se confirmó a Vulture como el villano de la película, un enemigo menor, pero elegir al siempre carismático Micheal Keaton y colocarle como un supervillano de clase obrera frente al imperio Stark funciona de maravilla. Con algo de coherencia y un buen texto hasta el mayor sparring marvelita puede ser competente. También es acertada la elección de Tom Holland como hombre araña. Ni Maguaire ni Garfield dotaban al personaje de la frescura necesaria para interpretarlo. Ninguno de los dos actores había conseguido hacerlo suyo.

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Quizá con un poco menos de convencionalidad en el tercer cuarto y rindiendo menos pleitesía a la franquicia, estaríamos hablando de una de las grandes del cine de superhéroes. Aún así Spider-man: Homecoming se sitúa entre las mejores de Marvel, que no es poco precisamente. Las bases están sentadas. Y la mejor noticia de todas es que seguramente la gran película de Spiderman aún esté por llegar.

 

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The disaster artist: Ahora sí, comedia voluntaria

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Puede que no la hayas visto, pero si eres medianamente cinéfilo seguramente hayas tenido algún contacto con The Room (2003), la gran comedia involuntaria de lo que llevamos de siglo. La película escrita, dirigida y protagonizada por el excéntrico Tom Wiseau se ha convertido, con la ayuda de la era digital, en la denominada peor película de todos los tiempos. Un filón para memes y parodias de toda clase. Pero si de algo iba sobrado aquel acto de osadía cinematográfica era de carisma. James Franco ha sabido explotar esa vertiente en The disaster artist, la comedia, esta vez voluntaria, sobre el rodaje de The room.

Franco, en otro acto de osadía, dirige y protagoniza la cinta. No es la primera vez que el actor se marca un Juan Palomo, pero nunca lo hizo con tanto acierto. El reciente globo de oro al actor de comedia respalda su gran trabajo como alter ego de Wiseau. Una meritoria actuación por imitación de un freak único en su especie. Si bien tengo dudas sobre que The room sea lo peor que he visto (Reconozco que entretiene, que no es poco), me encuentro menos dubitativo al afirmar que la actuación de Wiseau sea de largo la peor que ha visto el séptimo arte. O si no la peor, de largo la más marciana. Franco ha sabido atrapar la esencia de un ser de otro planeta.

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Además, The disaster artist es una obra de profundo amor al cine. No son pocos lo que intentaron sacar una película adelante para darse cuenta después de que nunca debieron dejar la comodidad de la butaca. Pero todo proceso creativo es un reto, una experiencia, y hasta en un fiasco de la talla de The room hay algo encantador. Estamos ante una gran comedia. No coincido con los que han visto en la película de Franco una obra maestra, porque sencillamente no lo es, pero está muy por encima de lo que se hace en el género actualmente.

Recomiendo acercarse a The disaster artist en versión original, para disfrutar de James Franco en toda su esencia. También recomiendo repescar en Youtube The room antes de acercarse al cine. Si algo tiene esta película, es una historia digna de conocerse.

 

 

Perfectos desconocidos: Las Cartas boca arriba

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Diga lo que diga la crítica especializada Perfectos desconocidos es ya un éxito rotundo, y no lo digo porque haya visto los datos de taquilla, que la verdad es que no los conozco. Lo digo porque en el pase de la película al que acudí los espectadores no solo se partieron el pecho de principio a fin, también aplaudieron al final de la proyección. Y no hay mayor éxito en el cine que hacer cómplice al público.

Como ya habréis leído o escuchado por ahí, Perfectos desconocidos es un ‘remake’ de la italiana Perfecto Sconocciti, pero Álex De la Iglesia va a tener la suerte de que es una película que no he visto, por lo que puedo analizar esta obra con total virginidad. La premisa es brutal. Un grupo de amigos, parejas en su mayoría, se prepara para la típica cena de reunión. Durante el banquete, uno de los comensales planteará un juego para mutilar la rutina: Dejan los móviles en el centro de la mesa y leer en voz alta todo mensaje que llegue a partir de entonces. 

El caos no tarda en reinar, y las situaciones cómicas se suceden. Un humor que se apoya en los estereotipos sociales de sus personajes: El cuñado, la pija, el ligón… Todos tremendamente identificables. Eso no solo provoca cercanía, también que los gags resulten más efectivos. A todos nos hace más gracia una anécdota que involucra a un conocido, y es que a pesar del título los comensales nos resultan muy pero que muy conocidos.

Hay quién pensará que la película versa sobre la incidencia tecnológica, vamos, quien le echará la culpa al puto móvil. Pero Perfectos desconocidos no va de objetos, va de personas. Concretamente de lo hipócritas que podemos llegar a ser. El filme demuestra que hablamos de un mal colectivo, seguramente un mal al que hemos sentado en el trono entre todos. 

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Actrices y actores (Belen Rueda, Eduardo Noriega, Pepón Nieto, Dafne Fernández, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Juana Acosta y Beatríz Olivales) rinden a un nivel altísimo, ayudados por grandes personajes. Lo que es casi tan bueno como las interpretaciones es que no se coman entre ellos. Nadie brilla por encima, y ese mérito es exclusivo de Álex De la Iglesia. En el terreno de la comicidad, quizá el más destacado sea el ‘cuñado’ al que da vida Ernesto Alterio. Inexplicablemente, los Premios Goya 2018 han dejado fuera a todo el casting, algo que me cuesta entender, puesto que todos encajarían como finalistas por la estatuilla.

Esta comedia consigue al final resultados similares a los de otros títulos como la francesa ¡Dios Mio, pero que te hemos hecho! Añadiendo más debate y más inteligencia al conjunto. Vamos, que De la Iglesia consigue estar al nivel de los franceses, los grandes dominadores de la comedia comercial en los últimos años. Parece poco, pero esto es mucho decir.

Al final de la proyección una duda ¿Qué pasaría si realmente fuéramos todos de cara? Seguramente la tercera guerra mundial. En este mundo tan imperfecto quizá, desgraciadamente, el show deba continuar para que reine la paz. Un mensaje desesperanzador, pero muchas risas por el camino. Antes de navidad os recomiendo sentaros a la mesa de Perfectos desconocidos. Unas risas antes de que venga lo serio: Las cenas navideñas.

 

The Square: Un palazo en la cara a tus prejuicios

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Era cuestión de tiempo. Tras Involuntary, Play y Fuerza mayor, el momento en el que Ruben Östlund se sacara la chorra iba a llegar más temprano que tarde. El director sueco se alzó con la palma de oro del Festival de Cannes gracias a The Square, un trabajo que recopila lo mejor de su cine. Un golpe maestro al sistema de bienestar.

La película sigue los pasos de Christian, un afamado “barón Thyssen” del arte contemporáneo que prepara una misteriosa exposición titulada ‘The Square’. En pleno proceso, Christian sufrirá un robo en la calle que marcará el devenir de la misma. La sátira es el vehículo principal en una película que obliga al espectador a reflexionar en todo momento sobre lo que se muestra en pantalla. Aunque la etiqueta de la comedia sea la más adecuada, The Square está lejos de ser una comedia al uso.

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Inicialmente, la película pone en cuestión el arte contemporáneo con una interesante pregunta. ¿Sería una pieza de arte cualquier cosa que coloquemos en un museo de arte contemporáneo? Como ejemplo se pone el bolso de una periodista. Plantea la duda, pero The Square aparca este tema para dar paso a otro, el más recurrente de la filmografía de Östlund: La desidealización del estado de bienestar. El director ya demostró en Play ser un auténtico especialista en enfrentar a las clases pudientes con las necesidades de la población en riesgo de exclusión social. Pero más que de arte o diferencias sociales The Square es una película que habla de los prejuicios, la gasolina que llena el depósito de la diferencia entre clases. Östlund mete el dedo en la herida con un descaro que hasta el momento no habíamos visto en su cine.

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El actor danés Claes Bang realiza una de las interpretaciones del año dando vida a Christian, un personaje público a punto de ser engullido por la realidad real. Los secundarios responden muy bien, especialmente Elizabeth Moss y un brutal Terry Notary, que realiza una breve interpretación de la bestia humana que ya es historia del cine. Su escena, bien podría ser una revisión de la célebre escena de los monos simios de Stanley Kubrick. Un paso en la escala evolutiva, pero no sabemos si hacia adelante.

The Square se desarrolla durante unos exigentes 142 minutos en los que no hay tregua para el espectador. Estamos ante una película a la altura de su Palma de Oro, el galardón más importante que se puede entregar en el mundo del cine. Posiblemente la mejor palma desde La vida de Adele en 2013. No estamos ante una película para todos los públicos, pero los valientes que se acerquen a ella podrán ver cual es la dirección correcta en la que avanza el séptimo arte.

 

 

Selfie: Los hijos tontos de la España corrupta

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Selfie, de Victor García León, ha sido uno de los éxitos del cine indie español de 2017. Catalogada como la Borat española, este falso documental, sigue las andanzas de Bosco, un pepero mimado que ve como se le acaba el chollo cuando su padre entra en prisión por corrupción. A partir de ahí, el joven se aprovechará de la solidaridad de un grupo de izquierdas para poder seguir chupando del bote. Selfie fue la ganadora del Premio de la Crítica en el Festival de Málaga, el que consiguió también la Mención Especial del Jurado.

La película bebe de la realidad, concretamente de las dos mayores vergüenzas del país: La corrupción y su legitimación mayoritaria en las urnas. A partir de ahí, García León realiza un brillante retrato de personaje. Santiago Alverú, el protagonista que interpreta a Bosco, es uno de los mayores aciertos de casting del cine español en los últimos años. Consigue dar toda la tirria que pretende, y más. Su trabajo es de Goya. 

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Estamos ante una de esas películas low cost que no lo parecen, porque tampoco necesitaban un euro más para hacerse. Selfie es ágil, entretiene durante su hora y media, y además invita a la reflexión. ¿A quién no gustará? Pues seguramente a todos los que se vean reflejados en su protagonista.

Si hablamos de géneros es una comedia de principio a fin, pero en su decidida apuesta por la naturalidad prescinde del humor de golpes. La sensación es que quizá podía haber sido una mejor comedia, pero de esta manera creo que consigue ser una mejor película. Ayudan las escenas que surgen de la improvisación grabadas en lugares como los mítines del PP o Podemos (Ojo al cameo de Esperanza Aguirre). Sin ser una película redonda, Selfie es una de los títulos más interesantes del año. Una propuesta al margen del cine convencional que merece la pena conocer. Y además su banda sonora incluye este temazo de Luis Brea:

El autor: Nightcrawler literario

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La Sección Oficial del Zinemaldia ha acogido a El autor, de Manuel Martín Cuenca, tras su paso por el Festival de Toronto. La película adapta El móvil, la primera novela del escritor Javier Cercas. En ella, un aprendiz de escritor que vive eclipsado por el éxito de su mujer decide tomar medidas drásticas para abrirse paso en el mundo de la literatura.

Varios alicientes de partida. El primero, un director que parece que en cualquier momento puede que va a dar el campanazo. Cuenca estuvo cerca con La flaqueza del Bolchevique y Canibal, películas que a pesar de su calidad, no terminaban de rematar. La segunda un intérprete que desde que se destapó en La isla mínima vive en estado de Gracia: Javier Gutiérrez. Motivos más que suficientes para sentarse en la butaca.

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Y empieza bien El autor. Su primera hora es de gran nivel, con algunas de las mejores secuencias del cine español reciente y un animal como Gutierrez comiéndose la pantalla, bien secundado por el siempre extraordinario Antonio De la Torre. Lástima que haya un pero. La película se mete en un laberinto en la segunda mitad del que no consigue salir, lo que desemboca en una ausencia de climax y un final que no resulta satisfactorio. Es una pena, porque tras los primeros minutos se puede llegar a pensar incluso que estamos en lo que podría ser un clásico del cine español. El filme funciona mejor cuando se desata del todo. De la Torre regala escenas que recuerdan a una versión literaria del J.K. Simmons de Whiplash, mientras Gutierrez se va convirtiendo con los minutos en el Jake Gyllenhaal de Nightcrawler.

Por el camino, la película lleva al extremo la búsqueda del “yo escritor” y su convivencia con el “yo persona”. Cada cierto tiempo leemos sobre las locuras que cometen algunos intérpretes para preparar algunos papeles, extravagancias que siempre son aplaudidas por prensa y público. ¿Pero que pasaría si los creadores hicieran lo mismo y decidieran implicarse de lleno con su historia? Seguramente algo parecido a lo que cuenta la película de Martín Cuenca. Al final, lo que se esconde detrás de su personaje protagónico es la historia de una obsesión.

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En definitiva, estamos ante filme irregular que funciona mejor por piezas que en conjunto. A pesar de que el sabor de boca que deja no es el muy bueno, al salir del cine sus momentazos hacen que la experiencia merezca la pena. Sin ser la mejor, estamos ante una de esas pelis españolas que hay que ver en 2017. Si el filme os ha dejado con ganas de más, nada mejor que revisionar En la Casa, una gran película sobre procesos creativos que ganó la Concha de Oro en 2012.

 

 

It Stains the Sands Red: Choni v. Zombie

En apenas quince minutos It Stains the Sands Red consigue follarse de forma salvaje a las cinco películas de la saga Resident Evil. Molly, la gran protagonista de la función, carece del estilo y las artes marciales de Alice, pero va sobrada de algo más importante cuando hablamos de cine zombie, el instinto de supervivencia. ¿Qué un zombie quiere sangre y necesito despistarle? Pues nada, me saco un tampón del coño y ya tengo perrito. Y para satisfacción de los espectadores, no es su único truco.

¿De qué va? Una pareja huye por carretera de un apocalíptico Las Vegas. Tras una breve parada, el vehículo en el que viajan no consigue arrancar. Un zombie se acerca para aprovechar la ocasión.

It stains the sands red (Mancha las arenas rojas, o algo así) es una comedia, un western, una de terror y un drama familiar. Todo al módico precio de una entrada a 2,90€ para el turno de noche del FANT 23. Un buen aporte a un género zombie que, por suerte, siempre consigue encontrar la vuelta de tuerca adecuada.

Molly, interpretada magistralmente por Brittany Allen, está más cerca de Belén Esteban que de Milla Jovovich. Curioso que la última gran heroína del cine zombie lleve plataformas, pantalones de leopardo, un tampax y cocaína. Todo un kit de supervivencia. La actriz supera con nota el desafío de supervivencia zombie en el desierto. Habría que ver cuanto dura Jesús Calleja. Y no nos olvidamos de Juan Riedinger. El actor canadiense interpreta a ‘Polla pequeña’ (cariñosamente Smalls), y no es un indio compañero de ‘Pipa grande’, si no el zombie que persigue incansablemente a la protagonista. ¿La mejor interpretación de un no muerto en la historia del subgénero? Yo diría que sí (Si se os ocurre uno mejor dejar un comentario, please).

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A la película le da además tiempo para darle una buena patada en la boca al machismo, y por ende a los humanos menos evolucionados del género masculino. El filme acierta al comparar a los muertos vivientes con los típicos babosos de discoteca. Y recuerdo que solo hay una amenaza peor que los muertos: Los vivos.

El director Colin Minihan es parte junto a Stuart Ortiz de los autodenominados Vicious Brothers, responsables de Grave Encounters y su secuela. Habrá que seguir la pista a este joven canadiense nacido en 1986. Aún tiene mucho que aportar al cine de terror.

It stains the sands red tiene los elementos suficientes como para ganarse un hueco en la historia del género. Su estética (Heredera de Los renegados del diablo) y ese desierto de Las Vegas lo merecen, y hacen que perdonemos alguna escena de más en su parte final e incluso algún gazapo. Ya sabéis, lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas.

Pieles: La malformación está en la mirada

El FANT 23 ha empezado fuerte. El Teatro Campos Eliseos ha sido un año más el escenario elegido para la ceremonia inaugural, y como en ediciones anteriores Lander Otaola y Maria Goiricelaya se han metido al público en el bolsillo con un humor espontáneo, valiente y muy oportuno. En esta ocasión han estado bien secundados por las ‘maníacas’ que se mezclaban entre el público para recordarnos que esto va de terror, aunque si hay que pasar de horror a La La Land se pasa. Cuánta razón Otaola al nombrar todos los festivales de cine bilbaínos para rematar diciendo “El FANT, al que va gente”, y es que en el Campos no cabía ni un alfiler.

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Este año la organización ha acertado de pleno con Pieles, la mayúscula bizarrada española que ha abierto el certamen. La opera prima de Eduardo Casanova es un auténtico salto al vacío artístico en el que el director consigue caer milagrosamente de pie. Pocos director pueden presumir de tanta libertad en su primer trabajo, aunque esto quizá hay que agradecérselo a Álex De la Iglesia, productor de la película.

Pieles pertenece al subgénero de historias cruzadas. La película presenta a varios personajes al límite unidos por un físico diferente, algo similar a lo que Tod Browning nos enseñó en La parada de los monstruos.

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Uno de los mayores logros de Casanova es la rapidez con la que el espectador se familiariza con ‘lo diferente’ tras la sensación de estupor inicial. Y es que cuesta en un primer momento cuesta hacerse a personajes como el que interpreta Ana Polvorosa, una joven con ano por boca. Si por algo merece todos los elogios esta cinta es por su extraordinaria labor de maquillaje, bien acompañada por una dirección artística cuidada al detalle en el que predominan los tonos rosas (Veáse en look del elenco en la foto de portada).

Las referencias de la película son claras. Las más evidentes un Almodovar desatado o un David Lynch menos oscuro de lo habitual. A Casanova bien podríamos emparentarle con Carlos Vermut, quizá porque ambos comparten sendos debuts suicidas y se decantan por las historias cruzadas. La sensación tras terminar Diamond Flash no era muy distinta de la que se queda al final de pieles.

Casanova también ha acertado con el reparto, del que hay que destacar su generosidad. Sorprende para bien el ‘Freddy Krueger’ que interpreta Jon Kortajarena, totalmente irreconocible hasta el final. Muy meritorio también el ya mencionado personaje de Ana Polvorosa. Lo más sencillo era caer en el más absoluto ridículo, pero lo excesivo del maquillaje contrasta con la serenidad de la actriz para afrontarlo. Itziar Castro es para mi uno de los descubrimientos de la cinta. Quizá el personaje de la casi siempre extraordinaria Candela Peña es el que mejor sintetiza el sentir del filme. Siente que no va con ella lo de ‘ser diferente’ y ve claramente que el problema lo tiene el espectador.

La peor noticia para Casanova es que estamos ante una de esas películas que despertará fobias directas por su contenido, incluso entre los que no lleguen a verla. La mejor, es que estamos ante una pieza de culto instantáneo.

*La película se estrena en cines el 9 de junio de 2017

El bar: La cara B de España

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De la iglesia se ha convertido con el tiempo en un género en si mismo. Todas sus películas se presentan como comedias, pero casi ninguna lo es como tal. Todas parecen thrillers, pero casi ninguna lo es. Todas parecen de género fantástico, pero casi ninguna lo es. No es excepción El bar, que aún estando lejos de sus mejores obras, cumple los mínimos de un director que rara vez baja del seis.

La película cuenta la historia de un grupo de personas que coincide por azar en una taberna. Situación cotidiana de no ser por el disparo en la cabeza que recibe uno de los clientes al salir del local. A partir de ahí, los desconocidos comenzarán un encierro que les llevara al límite.

El bar tiene las virtudes y defectos de las últimas películas del director: Un comienzo espectacular y una ligera caída hacia el final. En esta ocasión se debe a que el guión que firma Jorge Guerricaechevarría junto al propio director no está a la altura de la brillante puesta en escena. Por suerte esto no afecta al entretenimiento. El bar dura en un suspiro, y la experiencia merece la pena. En parte gracias a ese bar que es visita ineludible en Madrid, el mítico Palentino de la Calle Pez, en Malasaña. Escenario ideal para que el apocalipsis resulte cotidiano.

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Los actores habituales de la última etapa del director responden una vez más. En especial los polos más extremos de la función: ‘El mendigo’ encarnado por Jaime Ordoñez y ‘la pija’ que interpreta Blanca Suarez, quizá los dos personajes más jugosos y mejor defendidos.

De la Iglesia no desaprovecha la ocasión de mostrarnos a la España en B, una España que se ha desarrollado ‘bajo manta’ mientras celebraba el gol de Iniesta. Una España regida por trileros y una población jugadora que acepta la estafa en cada partido, todo esto patrocinado por el cuarto poder, incapaz de denunciar la trampa. Y lo peor es que los que pillan el juego se acaban matando entre ellos. Si no sabéis de lo que hablo preguntarle a Iglesias o Errejón, o preguntar por los idus de marzo del PSOE. El bar es una gran metáfora de nuestro tiempo.

 

 

En Spoiler (Deja de leer aquí si no lo has visto)

El cine español ha perdido una oportunidad de oro de entrar en el terreno de la ‘falsecuela’: Película que se presenta como un estreno independiente, pero que acaba encajando en otra saga sin marketing ni aviso previo), el trampantojo hecho cine. Digo esto porque la película de Álex encajaría como un guante como una historia enlazada al universo cinematográfico de REC.

La fiesta de las salchichas: Hora y media sin comedia

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La comedia es un género complicado. Lo que le hace gracia a una persona a otra le puede provocar rechazo. A pesar de ser un idioma universal, es complicado universalizarla. Me encantaría deciros que me he partido la caja con La fiesta de las salchichas, pero va a ser que no. Me considero una persona bastante risueña, pero ni siquiera he hecho amago de sonreír durante sus noventa minutos. Y eso que la película tiene alguna virtud reseñable, pero desde luego que no es la de hacer reír.

No soy uno de los fieles de la secta Pixar, pero la empresa del flexo hubiera explotado a la perfección ese océano de ideas que pueden salir de un supermercado. ¿El problema de Sausage Party? Se limita a monotematizar su humor, que solo se puede describir como soez. El caca culo pedo pis de toda la vida enfocado hacia el sexo. Lo de la salchicha y el panecillo podría haber funcionado sin un gag cada tres minutos de metraje (no exagero). Lo que más me sorprende es que la película no se titule: “¿Fiesta? La que te va a dar esta?”

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En el lado positivo de la balanza encontramos su visión de la religión, de la fe, y de como se articula en la sociedad. Sin duda se sustenta como antídoto ante nuestros miedos. El “mas allá del supermercado” es para los alimentos un Valhalla, hasta que descubren lo que hay realmente tras la linea de cajas. Discurso adulto, pero la lástima es que parece estar contado para un público entre los 13 y 16 años. Así se consigue una película que no funciona ni en adultos ni en niños. Cuesta ver que ha visto en ella la crítica especializada. ¿Será la falta de sexo en ese mundillo? ¿De verdad les vale con un panecillo con tacones? 

Para terminar de joderla, esa parte de Metacine a lo La Lego película (También copian el concepto de Todo es Fabuloso) para mayor gloria de Seth Rogen. Completamente innecesaria, pero es lo que tiene el afán por figurar. En fin, que nos han vuelto a vender la moto.

Lo mejor: La goma de mascar Hawking

Lo peor: Ni puta gracia