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Lincoln: Un Lincoñazo

lincoln montado a caballo daniel day lewis

Me gusta el cine histórico. Me gusta el cine político. Me gusta Daniel Day Lewis. Lincoln tenía buenas cartas. Lástima que este episodio nacional de Spielberg se convierta en una lucha a muerte por mantener la vigilia. Y no lo digo yo, lo dice la Organización Mundial de la salud, que ha obligado a incluir en la edición doméstica este mensaje: “Advertencia: Esta película produce somnolencia”.

La película cuenta la lucha diplomática del Presidente para sacar adelante la decimotercera enmienda, que a la postre convertiría a los esclavos en hombres libres. Lincoln es cine de despachos, de trastienda política. En un escenario de guerra, el presidente americano tiró de corrupción (votos a cambio de un puesto de trabajo mejor) para sacar adelante la enmienda. Es uno de esos casos en los que el fin justifica los medios.

¿Donde está el error? Sin duda en los primeros minutos. Spielberg pretende meternos en el nudo sin una introducción que de pie al conjunto. El espectador comenzará desorientado, como si se hubiera perdido el primer día de una de esas miniseries de dos capítulos y pasara directamente a Lincoln: El desenlace. Esto convierte a su primera hora en una oda al bostezo. Es dificil no caer en las garras de Morfeo, por mucho que intentemos agarrarnos a la notable dirección artística o al vestuario, en el que por cierto hay más chisteras que en la boda de Fran Rivera.

Tommy Lee Jones en Lincoln

Lincoln tiene una gran media hora, entre los minutos 90 y 120, pero a esas alturas ya es demasiado tarde, además pasado ese tramo la película regresa al tedio. Es una pena que ese mediometraje político se ahogue víctima del naufragio general.

Spielberg intenta por todos los medios dar épica y brillo a su protagonista, pero no consigue que Lincoln empatice con el espectador. Sus largos parlamentos me han recordado a las ruedas de prensa de Marcelo Bielsa. Uso y abuso de la metáfora e inclusión de vivencias que convierten a la película en un anecdotario.

Daniel Day Lewis no consigue brillar. Prueba de ello es que más que a Lincoln vemos a  Day Lewis disfrazado. Que esa sensación no desaparezca convierte su interpretación en un fracaso. Sin duda ha sido el oscar más barato de los tres que tiene el actor. He leido que el presidente era bastante afeminado. Spielberg deja esa variable fuera del conjunto.

daniel day Lewis sentado en Lincoln

Por suerte entre los secundarios se encuentra Tommy Lee Jones, que defiende con brillo a un gran personaje. Lo mejor del conjunto. Sería injusto no destacar también a Sally Field, que realiza un interesante trabajo.

Esperemos que Spielberg pueda recuperar la grandeza perdida en los últimos años y ofrecernos algo más que oficio. De su última etapa me quedaría con la brillante narración de Munich. Ese es el mínimo que hay que exigirle a este director, uno de los grandes del cine.