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Ciudadano X: El telefilme que triunfó en Sitges

El festival de Sitges de 1995 encumbró a Citizen X (Ciudadano X), una TV movie sobre la apasionante caza de Andrei Chikatilo, el carnicero de Rostov, asesino en serie que acabó con la vida de 52 personas, en gran parte niños. Está producida por la HBO, en unos tiempos en los que ni intuíamos por estos lares que el canal se iba convertir en el gran referente en cuanto a calidad de las series para televisión.

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La etiqueta de telefilme no le pesa en absoluto a esta producción, que además del ya mencionado premio principal de Sitges, consiguió 7 nominaciones a los Emmy y 2 a los Globos de Oro. Ciudadano X crea su propio tono, alejado de la moda de los Psycokillers de los 90 que surgió a raíz de El silencio de los corderos. Chris Gerolmo. guionista de Arde Mississippi, escribe para la ocasión un buen guión (basado en el libro The killer department, de Robert Cullen) que él mismo dirige con solidez.

El contexto es uno de los protagonistas. La película muestra la rigidez de maniobra del regimen sovietico. No es casual que pasaran doce años hasta la captura de Chikatilo. El poder comunista nunca quiso reconocer que podían cometerse este tipo de crímenes en su territorio. Las ayudas al detective principal del caso fueron practicamente nulas hasta el tramo final de investigación, a pesar de la gravedad del asunto. También se trata la persecución de homosexuales bajo el regimen, para los que crean que esta práctica era exclusiva de la Alemania nazi.

La banda sonora de Randy Edelman tiene muchos kilates. Viste con un elegante traje la tensa calma de la película y complementa a la perfección su áspero paisaje.

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El filme nos regala dos interpretaciones extraordinarias, que se apoyan en dos enormes personajes. Stephen Rea está excelso dando vida al teniente al cargo de la investigación, al igual que Donald Sutherland, que interpreta a su mando superior. Juntos elevan la cinta muy por encima de sus posibilidades. No nos olvidamos del siempre excelente Max Von Sydow, que aparece para hacer de “exorcista en la vida real”. Los que ya la hayais visto lo entendereis.

Estamos ante una película a reivindicar. Un retrato atroz de uno de los asesinos más sanguinarios que ha dejado la historia, Nunca es tarde para hablar de una película de la que no se ha hablado lo suficiente.

Para terminar rescato dos frases de las muchas brillantes que deja el guión:

“La fuerza de la burocracia se mide por la capacidad de no conceder todos los medios a los que los solicitan”

“Cuando pasas mucho tiempo con un león la idea de rugir empieza a parecerte cada vez más razonable”

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Colega, ¿Dónde está mi Cronenberg?

Cronenberg siempre es bienvenido. No en vano es uno de mis directores favoritos. Aunque dejara atrás parte de su escatología rookie y de sus perversiones fetichistas, campo en el que mejor se mueve, ha tenido un buen reciclaje a un cine más convencional con Una historia de violencia o Promesas del Este. En Cosmópolis esperábamos encontrar La crisis según Cronenberg, con ayuda de la literatura de Don DeLillo.

Comienza la película. Aparece Pattinson, más conocido por interpretar a un personaje con ausencia total de carisma en la saga Crepúsculo. Pasan los minutos, la gente entra en su limusina, habla, sale de su limusina… y así sucesivamente. Lo primero que se me pasa por la cabeza es exclamar “Joder Cronenberg, que demonios estás haciendo”, así en plan hooligan, como quien grita a la tele cuando está viendo un partido. Lo peor es que poco a poco me voy poniendo en modo Tano Pasman. Las frases son tan ridículas que empiezo a anotar algunas. Abro un documento con un el título “Frases estúpidas de Cosmópolis” y empiezo a anotar algunas:

“La vida es demasiado contemporánea”

Vamos no me jodas. Me imagino a un gafapasta mutado con emo soltando esa frase mientras ve el amanecer después de una noche de LSD tras la que ha acabado tirándose a un caniche callejero.

“El talento es más erótico cuando se desperdicia”

Pues que quereis que os diga, el talento desperdiciado no es algo que me excite especialmente…

Las sueltan una tras otra sin ningún criterio, sin ningún contexto, como si fuera un festival de chorradas insignificantes, como si la trama principal fuera vendernos humo. Lo peor es que aún no pierdo la esperanza, aunque esta morirá cumplido el minuto 50. Para esas alturas, Cosmópolis confirma a Robert Pattinson como uno de los peores actores vivos. Cuando pones todo el peso de una película sobre las espaldas de un actor y este no responde, la película se suele venir abajo. Pattinson no puede con la responsabilidad y deambula como un zombie por el metraje.

Va siendo hora de rescatar algo: Kevin Durand, que aparecía en varios capítulos de Perdidos, cumple con creces en su papel de segurata. Lo mismo ocurre con el Sarah Gadon, actriz que repite con Cronenberg tras Un método peligroso y que da brillo a su desconcertante papel. Juliette Binoche hace el mejor cameo a nivel interpretativo de todos los que hay en la película, y además demuestra que se conserva espectacularmente bien.

Los mejores minutos de la película los dan los “indigninados”, las revueltas ciudadanas que azotan el universo caótico de decadencia económica que creo DeLillo. Lástima que no sea suficiente, y que esa ambientación no pueda luchar contra los monólogos vacios sobre cosas que importan una mierda que componen el metraje. Cronenberg pretendía tirar una tarta en la cara del poder económico, y se la acaba lanzando a si mismo. El resultado, como la foto principal de este Post, un Pattinson desfigurado…

Ya se me olvidaba responder a la pregunta de mi titular… Cronenberg está llevando a Pattinson en un limusina con destino al aburrimiento. Si quereis ver lo mismo pero mejor, os recomiendo Un día de furia, y si quereis ver buenas conversaciones dentro de automóviles quedaros con Noche en la tierra de Jarmusch.

Calidad de la leche: Leches las que le daba a Cronenberg