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El hilo invisible: Lo que amas es necesitar

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Pues nada, que lo ha vuelto a hacer. Paul Thomas Anderson ha vuelto a demostrar por qué es uno de los mejores directores de cine de los últimos años. El autor de Pozos de Ambición, Boogie nights o The master ha recurrido al mundo de la moda para hablarnos de amor, más concretamente de un amor enfermizo.

El hilo invisible nos presenta a Reynolds Woodcock, un brillante diseñador que vive acomodado en una tortuosa disciplina. Una vida dedicada al trabajo en la que apenas hay sitio para nada más. Su rutina se ve alterada cuando conoce a Alma, una joven que no solo se convertirá en su amante, también en su modelo predilecta.

Todo es más fácil con Daniel Day Lewis. El actor británico vuelve a realizar una interpretación monumental, demostrando los motivos por lo que es considerado uno de los mejores en su oficio. Una actuación que deja un halo de tristeza, porque Day Lewis ha anunciado que esta será su última vez. No es la primera vez que lo deja. En 1999 también comunicó su retirada para convertirse en zapatero en Florencia, pero Scorsese le recuperó para el cine en Gangs of New York. Esperamos que alguien le vuelva a sacar de la jubilación, porque el cine no puede permitirse prescindir de uno de los actores más grandes de todos los tiempos. Le da la réplica Vicky Krieps, que aunque no está al nivel, no le negamos el mérito de mantener el tipo. La que si sorprende con un potentísimo personaje secundario es la nominada al Oscar Lesley Manville, que interpreta a Cyril, hermana de Reynolds. Sus minutos en pantalla son de oro.

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No estamos ante una película sencilla. Anderson se toma su tiempo en la construcción del entorno y, sobre todo, en la de los personajes. Que nadie espere un ritmo alto, porque el director cocina a fuego lento sus verdaderas intenciones. Y para que esto funcione nada mejor que cuidar el detalle. La fotografía, como en todos sus títulos, es impecable. Pero hay algo aún mejor: La cuidadísima banda sonora de corte clásico que ha compuesto el guitarrista de Radiohead Jonny Greenwood. Hay que ser muy bueno para llevar a cabo un trabajo de este nivel. Más aún cuando eres conocido por formar parte de una legendaria banda de pop alternativo.

El director no nos muestra sus cartas hasta el último cuarto de la película. Es en su tramo final cuando El hilo invisible se cita con la excelencia. PTA arriesga y gana en un final sin concesiones que desnuda en totalidad a sus protagonistas. Al abandonar la butaca mucho por asumir, y varias preguntas para el espectador ¿Es la historia que cuenta el hilo invisible un caso aislado o es la forma más común de amor? La teoría de Anderson parece inclinarse ante esto último. Una vez más el espectador contra las cuerdas, y la sensación haber visto una gran obra. Pero lo que hace aún más grande a El hilo invisible es que se presta a múltiples visiones, y cada espectador saldrá del cine con su película. Guste o no, estamos ante una experiencia única.

Reflexión en Spoiler (Déjalo aquí si no has visto la película)

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All you need is love es uno de los temas más populares de los beatles y, por ende, de toda la música británica. Anderson le da la vuelta al estribillo relacionando el amor con la dependencia emocional. Alma gana la partida cuando se da cuenta de que el hueco que debe llenar es de la madre de Reynolds. Esa dependencia emocional que se intuye con la pérdida. Todo lo que necesitas no es amor, lo que amas es necesitar a alguien. Lo mejor en las últimas escenas es que los dos protagonistas ya conocen sus roles, y aún así todo fluye. Un final en el que la pareja protagonista es feliz y como perdices, y aún así atroz.

Reynolds Woodcock: Kiss me, my girl, before I’m sick.

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Lincoln: Un Lincoñazo

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Me gusta el cine histórico. Me gusta el cine político. Me gusta Daniel Day Lewis. Lincoln tenía buenas cartas. Lástima que este episodio nacional de Spielberg se convierta en una lucha a muerte por mantener la vigilia. Y no lo digo yo, lo dice la Organización Mundial de la salud, que ha obligado a incluir en la edición doméstica este mensaje: “Advertencia: Esta película produce somnolencia”.

La película cuenta la lucha diplomática del Presidente para sacar adelante la decimotercera enmienda, que a la postre convertiría a los esclavos en hombres libres. Lincoln es cine de despachos, de trastienda política. En un escenario de guerra, el presidente americano tiró de corrupción (votos a cambio de un puesto de trabajo mejor) para sacar adelante la enmienda. Es uno de esos casos en los que el fin justifica los medios.

¿Donde está el error? Sin duda en los primeros minutos. Spielberg pretende meternos en el nudo sin una introducción que de pie al conjunto. El espectador comenzará desorientado, como si se hubiera perdido el primer día de una de esas miniseries de dos capítulos y pasara directamente a Lincoln: El desenlace. Esto convierte a su primera hora en una oda al bostezo. Es dificil no caer en las garras de Morfeo, por mucho que intentemos agarrarnos a la notable dirección artística o al vestuario, en el que por cierto hay más chisteras que en la boda de Fran Rivera.

Tommy Lee Jones en Lincoln

Lincoln tiene una gran media hora, entre los minutos 90 y 120, pero a esas alturas ya es demasiado tarde, además pasado ese tramo la película regresa al tedio. Es una pena que ese mediometraje político se ahogue víctima del naufragio general.

Spielberg intenta por todos los medios dar épica y brillo a su protagonista, pero no consigue que Lincoln empatice con el espectador. Sus largos parlamentos me han recordado a las ruedas de prensa de Marcelo Bielsa. Uso y abuso de la metáfora e inclusión de vivencias que convierten a la película en un anecdotario.

Daniel Day Lewis no consigue brillar. Prueba de ello es que más que a Lincoln vemos a  Day Lewis disfrazado. Que esa sensación no desaparezca convierte su interpretación en un fracaso. Sin duda ha sido el oscar más barato de los tres que tiene el actor. He leido que el presidente era bastante afeminado. Spielberg deja esa variable fuera del conjunto.

daniel day Lewis sentado en Lincoln

Por suerte entre los secundarios se encuentra Tommy Lee Jones, que defiende con brillo a un gran personaje. Lo mejor del conjunto. Sería injusto no destacar también a Sally Field, que realiza un interesante trabajo.

Esperemos que Spielberg pueda recuperar la grandeza perdida en los últimos años y ofrecernos algo más que oficio. De su última etapa me quedaría con la brillante narración de Munich. Ese es el mínimo que hay que exigirle a este director, uno de los grandes del cine.