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La verdad duele: Will Smith contra el domingo americano

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Tras un discreto paso por los cines, Concussion, titulada en España La verdad duele, recuperó repercusión gracias a un tweet de Gerard Piqué tras una derrota del Real Madrid que levantó ampollas entre los seguidores blancos.

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Mi desconocimiento de la historia real en la que se basa era total. De hecho tuve que revisar que había puesto la película correcta tras ver que el filme empezaba hablando de fútbol americano. Pero no era un error, Concussion no es cine deportivo, pero habla de una auténtica final, la que jugó la todopoderosa NFL contra el doctor Bennet Omalu. Este último asoció el alzheimer precoz y otros problemas cerebrales a los fuertes impactos que recibían los jugadores de fútbol americano durante su carrera. La liga, con apoyo del sistema, hizo todo lo posible por tirar abajo la teoría y desacreditar al doctor Omalu.

Estamos ante una película tremendamente irregular que por momentos hace honor a ese título tan de sobremesa con el que nos han deleitado los traductores. No se puede negar que funciona como entretenimiento de digestión fácil, pero tampoco que en ningún momento alcanza la trascendencia que el director Peter Ladesman quiere darle. La mayor cota que se alcanza es la corrección.

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Will Smith no está demasiado fino en su interpretación de Bennet Omalu. El actor es víctima de un guión que intenta meter con calzador otras historias menores como el romance del protagonista con Prema Mutiso, interpretada por Gugu Mbatha-Raw. Una historia de amor instantánea y sin fundamento que en momentos como el del baile en la discoteca provoca vergüenza ajena. Quizá lo más destacado del apartado interpretativo es la breve pero intensa interpretación de un David Morse dejadísimo para la ocasión. El actor de Massachusetts puede presumir a sus 62 años de interpretar a secundarios que siempre funcionan. Morse es uno de esos tan necesarios obreros de la construcción interpretativa, un peón en un terreno de egos.

La sensación final que se le queda a uno tras ver la película fue que la tremenda lucha de Omalu apenas ha servido para nada. Los que se queden con ganas de ver un gran título del subgénero “El hombre contra la megacorporación” pueden acercarse a la extraordinaria El dilema, sobre la lucha de un hombre contra la ‘mafia’ tabacalera. Eso sí es gran cine americano.

Joy: Por no decir JLaw

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Jennifer Lawrence me recuerda al Stephen Curry de esta temporada en la NBA. Puede parecer un símil delirante, pero la sensación que tengo al verles es similar. Van sobrados. Supongo que la única razón por la que JLaw no se hizo con la estatuilla fue simplemente tener ya una. Ella es la responsable de que esta Joy se eleve muy por encima de la película infumable que podía haber sido. En esta ocasión la interpretación está por encima del personaje.

Joy cuenta la historia real de Joy Mangano, una mujer que pasó de ama de casa plurihipotecada a reina de la Teletienda. Quizá no sea la historia más apasionante del planeta, pero la buena mano en la dirección David O. Russell convierte la película en una experiencia satisfactoria. Aunque el guión esté por debajo de los The fighter, El lado bueno de las cosas o La gran estafa americana, el acertado (e intencionado) tono Frank Capra aporta cierta magia a la película.

Poco puedo decir del resto del casting, habituales del director como Robert De Niro o Bradley Cooper, que se ven eclipsados por el cometa Lawrence. Como es habitual es las pelis de O. Russell, la dirección artística esta cuidadísima, y la selección de temas para la banda sonora vuelve a ser un acierto.

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Además Joy muestra una variante complicada del sueño americano. Intentar lograrlo siendo mujer trabajadora, madre soltera y ama de casa en el seno de una familia complicada. Si es algo complicado hoy más lo era a principios de los años noventa.

Dicho todo esto, no entiendo la mala acogida de crítica y un importante sector del público que tuvo la película. Quizá su sencillez juegue en contra, pero mi sensación es que David O. Russell es uno de esos directores a los que esperan con antorchas cada vez que estrena. Puede que no sea ese rey de Hollywood que convierte en oro cada proyecto que toca, pero lo que es innegable es su personalidad y estilo propio a la hora de narrar. Esta Joy merece una oportunidad.

La habitación: El terror y sus consecuencias

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Antes de nada he de aclarar que no he leído el libro en el que se basa La habitación, por lo que nos podemos ahorrar el pobre y cansino debate de “Es mejor el libro que la peli”, “Es mejor el árbol que el libro”, “El mejor la semilla que el árbol”… Las referencias que tengo con este filme es el haber vivido en la época en la que se conocieron dos espeluznantes episodios de secuestro: El protagonizado por Natascha Kampusch y el antagonizado por el Monstruo de Amstettem. Dos sórdidas historias parientes muy cercanas de lo que vemos en La habitación. Y creo que tras estas pinceladas no es necesario aportar más pistas sobre el argumento.

La película es fácilmente divisible es dos partes. La primera alterna momentos luminosos con auténtico terror, mientras que la segunda explora una vertiente de los personajes mucho más psicológica. Sin duda el mejor pasaje del filme se encuentra entre sus dos episodios, unos minutos que llevan al espectador al límite. A partir de ahí la película baja revoluciones, y aunque el interés desciende algún peldaño no termina de desaparecer.

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Brie Larson se ha alzado con merecimiento con el Oscar a la mejor actriz gracias a su papel de madre coraje, pero no es ella la cabeza de cartel interpretativa de la película. Jacob Tremblay realiza una de las mejores interpretaciones infantiles de toda la historia del cine. El joven de 9 años pasará a la historia como el actor que la Academia no se atrevió a nominar para no joderle la noche a Leonardo DiCaprio. De ser finalista tendría un Oscar entre sus juguetes.

La habitación es una buena película, con la única tara de que su nivel medio es bastante inferior al de sus momentos álgidos. Aún así es uno de los filmes subrayados en fosforito de la temporada. Lenny Abrahamson, director de la marciana Frank, demuestra que es capaz de aparcar la locura de su anterior filme para narrar sin estridencias, pero con gran solidez. Hay que verla sí  o sí.

Lo mejor: Su primera mitad

Lo peor: No lograr mantener la intensidad de su primera mitad.

 

 

 

 

 

 

Spotlight: Cómo ganar el Pulitzer

Spotlight contaba ya de antemano con una carta ganadora: Un material muy jugoso para ser llevado al cine. Igualmente apetecible la idea de que esa película se convirtiera en un thriller al uso que enfrentara a valientes periodistas con un grupo de malvados curas pederastas. Lo normal es que así hubiera sucedido y que Spotlight se hubiese convertido en carne de sobremesa. Por suerte alguien decidió inteligentemente no centrarse en los sucesos, si no en la investigación del equipo del Boston Globe que recibió el premio Pulitzer. ¿El resultado? Una obra maestra.

Estamos ante una película de despachos, oficinas, sótanos, bibliotecas, taxis, puertas que se abren, puestas que se cierran. Spotlight dignifica una profesión que se ha visto denigrada por culpa de dos grandes lacras: La ideología y la inmediatez. La primera tira abajo temas en las redacciones a ritmo de fichas del quién es quién. La segunda ha sido la tumba del periodismo de investigación, aquel que no entiende de tiempos y que premia el llegar primero en sacrificio del rigor. Spotlight viaja a la esencia del periodismo como servicio a la sociedad. De alguna manera  estamos una revisión de Star Wars que hace que dos grandes poderes crucen sus sables laser: La prensa y la iglesia. Todo esto arbitrado por los poderes políticos y económicos.

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El director Thomas McCarthy dirige de forma magistral demostrando que hay un autor tras el relato, pero quedándose en segundo plano en beneficio del mismo. Su trabajo, rico en detalles, es  impecable. La banda sonora de Howard Shore, una de las más acertadas del año, también aporta nivel al conjunto. Una partitura con personalidad, algo en peligro de extinción a día de hoy.

El trabajo interpretativo también es extraordinario. En el reparto coral encontramos a grandes actores rindiendo al nivel que se puede esperar de ellos. Fantásticos Rachel McAdams o Liev Schrieber, aunque por encima de ellos brilla un enorme Michael Keaton y a un muy oscarizable Mark Ruffalo, el mejor de la función.

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La única duda que me invade es si Spotlight está al nivel de Todos los hombres del presidente o Zodiac, para mi los dos películas más grandes sobre investigación periodística. Al salir del cine he respondido con un rotundo sí. Una película necesaria e imprescindible para recuperar la fe en el periodismo, y quien sabe si para devolver al lado luminoso a periodistas que se han sumido en el reverso tenebroso.

Everest: Cosas que no hacer en un ochomil

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Viendo el cartel de Everest hay que reconocerle un mérito al director islandés Baltasar Kormákur: Convenver a una constelación de actores de primer nivel (Jake Gyllenhaal, Jason Clarke, Josh Brolin  , Keira Knightley, Emily Watson…) para aparecer en su película. Una recomendación para los que estén pensando en ir a verla:  Ahorrarse el trabajo de documentación previa es el mayor acierto .Conocer los sucesos que cuenta la película previamente puede convertir su visionado en un auténtico docudrama, en el peor de los sentidos.

La cinta, basada en hechos reales, narra el dramático intento de cima de dos expediciones comerciales en el Everest. Los hechos tuvieron lugar en el año 1996, cuando la montaña más alta de la tierra ya recibía en su campamento base a excursionistas premium.

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Al filme hay que agradecerle el mostrarnos muy de cerca uno de esos lugares que el mortal medio nunca verá. La parte que nos muestra la ascensión es lo mejor de Everest, y la técnica funciona. Ojalá el subgénero se ponga de moda y podamos ver grandes películas de alpinismo en los próximos tiempos. Un tipo de cine que ha dado pocas alegrías y en el que los grandes maestros son los alemanes (Cara norte o Nanga Parbat). Sin duda un ochomil merece algo más que películas tipo Límite vertical.

Por desgracia es ese apartado técnico lo único salvable. El guión naufraga en una historia que de por si tampoco tiene demasiada chicha. Mi ignorancia me hizo pensar que lo que iba a ver era un rescate épico a más de 8.000 metros, pero no es el caso. Otro de los grandes errores es ese intento de realizar un filme coral con un gran número de personajes. Lo que se ha conseguido de esa manera es anular el desarrollo de los mismos. Eso provoca que lo que debería llegarnos al corazón se convierta en una situación de cartón piedra con reminiscencias al cine de “después de comer”.

Josh Brolin in Everest

Mal empezábamos cuando la publicidad de la película hablaba del Everest como la montaña más peligrosa del mundo, lo cual es rotundamente falso. Annapurna, con una tasa de mortalidad que supera el 40% o el K2, una de las más complicadas, son más peligrosas. Bien es cierto que Everest cuenta con el mayor número de cadáveres, pero esto se debe a que sus ascensiones e intentos de cumbre son infinitamente superiores. De hecho, muchos himalayistas se han quejado de esa etiqueta “serial killer” que la película pone a la montaña. El testimonio de la montañera Araceli Segarra, que vivió los hechos en primera persona y que ha sido borrada de la cinta es revelador.

No hay que subestimar a la película como guía de cosas que nunca se deben hacer a más de 8.000 metros, porque los alpinistas se embarcan en una auténtica sucesión de errores, y ya sabemos lo que puede pasar cuando te fumas un cigarro cerca del surtidor de la gasolinera.

Regresión: El legado del hombre del saco

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Soy muy de Amenabar, uno de los cineastas que me hizo cinéfilo en plena adolescencia gracias a dos películas: Tesis y Abre los ojos. Más tarde disfruté con Los Otros, pero menos de lo que he disfrutado revisionándola, quizá porque en esos días El sexto sentido me pilló demasiado cercana en el tiempo. Desde esos tres primeros filmes el director no me ha vuelto a emocionar. Tras ver el trailer de Regresión recuperé la esperanza de volver a encontrar al genio de aquellos días, esperanzas que se han desvanecido a la salida del cine. Reconozco que me entusiasma la idea y el sentido de su última película. ¿La pena? La ejecución.

La acción se desarrolla en un pueblo de Minessota. Un policía intenta resolver un caso de abusos a una menor ayudado por un psicólogo, que aplica terapias de regresión en los interrogatorios. Tirando del hilo los investigadores se encontrarán con una trama de tintes satanistas.

Argumento totalmente de mi gusto. El problema es que a Amenabar se le cala el coche y tarda más de una hora en arrancarlo. Hasta entonces todo es demasiado gris y acartonado, interpretaciones incluidas. Ni Hawke ni Watson ni Thewlis aparecen en su mejor versión. En buena parte por culpa del guión. La relación Hawke-Watson es increible, y no en el sentido “GUAUUU”, si no en el de “No se la cree ni Cristo”. Y esto no es lo peor del guión de Amenabar, que parece en sus primeros minutos el relleno de un disco. Una auténtica cara B de su filmografía.

Por suerte a la salida del cine el sabor de boca no es tan malo. La película gana cuando Amenabar explica (y re-explica) lo que de verdad nos quería contar, de largo lo más interesante del filme. En este caso no es lo bueno el Qué ni el Cómo, si no el Por qué. Lo explico más adelante, en el apartado *Spoiler.

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Esperamos que el director nacido en Chile no se obsesione en exceso con esta película fallida y pueda afrontar un nuevo proyecto sin la sombra de la derrota. Esto que parece simple se antoja básico para volver a realizar una obra trascendente.

*Spoiler (Si no has visto la película mejor pasa de este párrafo)

Se nos habla del origen de nuestros miedos. De como todo lo que tenemos al alcance puede sugestionarnos. Del cine a los libros, pasando por cuarto milenio o las historias de terror de los campamentos. Si nadie nos hubiera contado la historia de la chica de la curva jamás nos parecería verla en ese trayecto nocturno. Si no nos hablaran de muertos vivientes no nos daría mal rollo un cementerio. Y lo hace poniendo el caso real de las regresiones.

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Amenabar hace un guiño de cinefilia al desvelar el misterio, concretamente a El exorcista y El resplandor. Esa cara blanca tan de los flashes de la película de Friedkin y esa sangre bajo la puerta tan “ascensores del hotel Overlook”. Lástima que estos destellos solo sean eso.

 

 

 

Uno Tras otro (In order of disappearance): Ciudadano ejemplar en Estado de Malestar

El thriller noruego Kraftidioten, de Hans Peter Molland, llegaba al FANT con la etiqueta de aspirante a la victoria en la Sección Oficial, y viendo la acogida tras la proyección, esa condición no le pesó en absoluto.

La película nos cuenta la historia de Nils Dickman (Stellan Skarsgard), propietario de una empresa de quitanieves y ciudadano del año, que tras el asesinato de su hijo iniciará una venganza que llevará hasta sus últimas consecuencias.

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Además del thriller, aparecen elementos del drama y del cine de gangsters, a los que se le añade siempre una fina capa de humor negro, presente durante todo el metraje. Su tono y su sentido del ritmo recuerdan sobre todo al cine de los hermanos Coen.

Un elemento curioso es que tras cada muerte en la película (que no son pocas) se nos presenta una esquela del fallecido. Salvando las distancias, me ha recordado a la primera película de Austin Powers, en la que cada vez que moría uno de esos esbirros anónimos que caen a decenas en el cine de Bond, veíamos como alguien llamaba a la casa familiar para informar de la muerte. Os refresco la memoria:

El filme se toma la licencia de reirse de los tópicos del estado de bienestar. No hay partido político que no se mire en el espejo nórdico, esa supuesta democracia avanzada que quizá se ha idealizado demasiado. Los personajes se cuestionan si ese sistema perfecto es un consuelo dentro de las temperaturas gélidas y escasas horas de luz que tienen. Incluso se aplica la que llamaremos la teoría del plátano. Se relaciona calor y ausencia del estado de bienestar, y se nombran ejemplos de ello como Portugal, España, Grecia, Italia, Sudamérica y África. “Si tienes calor no nocesitas estado de bienestar, porque con calor y un platano eres feliz” dice uno de los personajes.

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Kraftidioten, cuyo título inglés es In order of disappearance, es una película entretenida no exenta de calidad. Iría en un perfecto programa doble con otra película noruega que me apasiona: Headhunters (teneis que verla si no lo habeis hecho), aunque esta última me parece superior.

Lo mejor: Su humor negro, presente en todo momento.

Lo peor: Influencias evidentes que no la hacen del todo original.

Siempre Alice: Dramón no apto para hipocondríacos

¿Quieres animarte con el visionado de una película? Huye de Siempre Alice. Y no, no se trata de de que estemos ante una obra magna del cine infumable, el asunto es que estamos ante un dramón de Champions League. Eso sí, si eres de los que disfrutan con el sufrimiento ajeno, esta es tu película.

Siempre Alice es uno de esos casos en que la película tiene más valor para un tema en cuestión que para el cine. La película es un gran documento de cara a explicar el Alzheimer, como afecta a las personas que lo sufren y a su entorno. En este caso hablamos además de un tipo de alzheimer realmente trágico, el Alzheimer prematuro. Había dos maneras de abordar la enfermedad. Contarnos una historia en la que uno de los personajes lo sufra, como telón de fondo, o pasarlo a primera página y centrar la película en la propia enfermedad. Siempre Alice elige la opción B para contarnos el severo drama de su protagonista.

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Pese a no ser nada del otro mundo, Siempre Alice quedará en los libros de historia gracias a Julianne Moore, que ha obtenido gracias a esta película su primera estatuilla como actriz principal. Está estupenda, ¿pero acaso es eso una novedad? Hablamos de una de las mejores actrices vivas. Este Oscar es más honorífico que otra cosa. Más sorprendente es comprobar que también funciona Kristen Stewart, que evoluciona favorablemente tras la saga Crepúsculo.

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Los directores Richard Glatzer y Wash Westmoreland realizan un trabajo impersonal de dirección invisible, y le pasan toda la responsabilidad a la Moore. O lo que es lo mismo, han preferido ir a lo seguro.

En definitiva, estamos ante un dramazo para incondicionales de la Moore o estudiosos de las enfermadades. No quiero terminar esta entrada sin mandar un saludo a todos los olvidadizos que tras ver esta película creerán que sufren alzheimer y a hipocondríacos en general. ¡¡Tranquilidad!! Lo que es casi seguro es que olvidareis rápido esta película.

El francotirador: La Matanza del de Texas

Clint Eastwood regresa para contarnos la historia del francotirador tejano Chris Kyle, definido como “El tirador más letal de Estados Unidos” por la unidad de marketing del pentágono, apodado ‘La leyenda’ entre los SEALS y ‘El Satán de Ramadi’ en el bando iraquí.

Antes de nada una advertencia. Estamos ante una de las obras menores de Eastwood. El director finiquitó en Gran Torino su época de obras magnas, y a partir de ahí ni Invictus, ni J. Edgar, ni Más allá de la vida, ni Jersey Boys han alcanzado el nivel. ¿Qué nos queda? El estilo Eastwood, la forma de narrar del último gran director de cine americano.

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El francotirador es ante todo una película sobre el horror de la guerra. The horror, la palabra protagonista de los delirios de Marlon Brando en Apocalypse Now. También es una notable película post-11S. Alistarse fue para muchos un ejercicio de patriotismo, pero no se nos escapa que fue otra de las consecuencias del miedo que se inyectó en la población. Tampoco que la vida de Chris Kyle tocaba fondo antes de alistarse, y los SEALS fueron para el un reborn, una salida, una segunda oportunidad. ¿El patriotismo? Por lo que vemos para Kyle solo fue una excusa.

No pasa desapercibido el toque tan “El resplandor” que tiene la película, porque El Francotirador es entre otras cosas una Horror movie. ¿Acaso no es recurrente en el género ese “No ha venido solo, ha traído algo con él”? Chris Kyle sacó a Irak un billete de ida, porque nunca volvió a ser el mismo.

Mención especial para Bradley Cooper, que realiza su mejor interpretación hasta la fecha. Es tan buena que consigue nos olvidemos de Cooper en dos horas. Su físico encaja a la perfección en este personaje complejo, afectado gravemente por un horror que es incapaz de exteriorizar. No era fácil, pero Cooper sale victorioso. Secunda bien Sienna Miller, que encarna a su  sufridora esposa.

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Me ha sorprendido mucho la infinidad de críticas que hablan de propaganda o panfleto. Una de las virtudes de la película es que Eastwood se limita a mostrar los hechos. La mirada crítica debe ponerla el espectador, pero no creo que cargarse niños  (entre otras lindezas) sea un gesto heroico, ni que el director haya querido pintarlo así, puesto que no obvia en ningún momento el tremendo lado oscuro del protagonista. No olvidemos que Chris Kyle mató a unas 255 personas, 160 según el pentágono, por lo que estaríamos hablando de un asesino en serie, casi un genocida ¿Qué hay banderas USA por todos lados? Por supuesto, ¿Pero por qué obviarlas? Estaban allí, en los hechos. Raro sería ver la bandera de Suecia.

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Sin ser brillante, El francotirador es un buen retrato de personaje. Le pasa factura a la película el que hayamos sido testigos ya de filmes similares, como En tierra hostíl, pero Eastwood consigue poner su sello para que esta aportación no pase desapercibida. Aún así, lejos quedan los tiempos redondos de un director del que aún queremos ver más, pues es el último director de cine clásico norteamericano vivo. ¡Larga vida a Clint Eastwood!

Incidencias: La banda sonora de Morricone tuvo un ingrediente especial desde la sala de cine: Sonoros ronquidos de algunos espectadores.

Birdman (O la inesperada virtud de la ignorancia): Alas sobre Broadway

Birdman comenzó en Cannes una meteórica carrera de premios y reconocimientos que la han llevado hasta la noche de los Oscar, donde parte en primera linea de la parrilla con 9 nominaciones. Quizá por eso nos temíamos otra película del gusto de los académicos, pero al salir del cine respiramos tranquilos. Birdman es otra cosa. De hecho, hacía mucho tiempo que no veía tantos espectadores con cara de poker al terminar una proyección.

Y es que Iñarritu se ha quitado el freno de mano para ofrecernos una película arriesgada, y creo que completamente controvertida. Birdman es fácil de amar, fácil de odiar, pero su esfuerzo por aportar algo diferente es innegable. Quizá le pase factura ahora esa moda crítica de poner a parir y vilipendiar todo lo que oficialmente mola. Ya le pasó (inexplicablemente) a una película que al contrario que esta es cero controvertida, una joya llamada Boyhood.

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Birdman cuenta la historia de un actor célebre por encarnar a un superhéroe que pretende reconducir su carrera ganándose el respeto del público de Broadway con una obra que además dirige.

Su forma es llamativa, un falso plano secuencia no cronológico que hace uso de la elipsis, Nada que no hayamos visto a estas alturas. Quizá lo más llamativo sea el uso del espacio. Si algo consigue el tandem Iñarritu-Lubezki es llevarnos a la primera linea de Broadway.

Al frente del reparto encontramos a Michael Keaton, que hace una parodia de si mismo (No olvidemos que fue murciélago antes que pájaro). Si bien consigue una buena interpretación, pierde en su duelo con un afilado Edward Norton o una inspirada Emma Stone. Ambos acaban con él en cada escena compartida.

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Birdman tiene tantas aristas que os recomendaría huir de toda crítica que incluya verdades absolutas o minimice su mensaje a “Crítica del Blockbuster” o “Crítica de la industria“. Solo hay que ver como el personaje de Emma Stone se cepilla salvajemente al público de “Arte y ensayo”, quizá en un intento de equipararlo al (inexplicablemente) poco respetado gran público, sobre todo por parte de esa (supuesta) élite intelectual cinematográfica. También leereis que estamos ante una crítica a la crítica, cuando la película más bien critica el como se las toman algunos en la profesión, tanto los que viven de las buenas  (Como es el caso de Norton) como los que se azotan con las malas.

Dicho todo esto veo dos cosas que le puedo achacar al filme. La primera es subjetiva, y es que no me ha llegado, no ha conseguido tocarme la fibra. La segunda es más general, y se trata de la ausencia de una premisa potente que hace muchos se tiren del barco del interés. Birdman hipnotiza, pero no te pega a la butaca y te somete a un “¿Qué pasará?”. Esa banda sonora whiplashiana tampoco consigue marcar bien los tiempos, y a veces apunta directamente a la cabeza. Para mi sobraba.

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En definitiva, estamos ante una peculiar película de esas “que hay que ver”, aunque sea para discrepar, que de ganar en la noche de los Oscar sería una “rara avis” (nunca mejor dicho).  Para mi gusto, una buena película que queda en intento de ser algo más. Aún así me he quedado con ganas de verla otra vez, lo cual ya se puede considerar positivo.

Un consejo, si no la habeis visto aún huid de trailers que os den pistas de su argumento. No hay nada como llegar virgen al cine.