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Top Vacuno: Los diez mejores momentos de Juego de Tronos

Con el principio del fin a la vuelta de la esquina, repasamos los momentazos que nos ha dejado Juego de Tronos en este top vacuno de las primeras siete temporadas. ¿Estará la octava y última temporada a la altura? De entrada lo tiene complicado, pero nosotros queremos más. 

10. La última rosa se marchita

Episodio 7×03: La justicia de la reina

El final del 7×03 se guardaba una sorpresa final. La invasión de Roca Casterly fue más fácil de lo esperado ¿Donde están los demás Lannister se preguntaba preocupado Gusano Gris. Pues resulta que estaban tomando Altojardín. El capítulo dejó lo mejor para el final, el crudo cara a cara entre Jamie y Olenna en el que la superviviente de la casa Tyrell asumía su final. Y así fue. Una nueva muestra de humanidad de Jaime, que apostó por veneno libre de agonía, y la venganza final de Olenna, confesando el asesinato de Joffrey. Una partida de ajedrez. 

 

9. Juicio rápido a Petyr Baelish

Episodio 7×07 El dragón y el lobo

La serie nos empezaba a hacer creer que Sansa tenía a Arya en el punto de mira, y que Meñique iba a salirse con la suya, como casi siempre. Pero esta vez no fue así, y tras siete temporadas el gran manipulador recibía su castigo en Invernalia. Sansa Stark sin concesiones, preparada para reinar. Arya en la ejecución. Un buen combo guitarra y batería. 

8. El paseo de la vergüenza

Episodio 5×10: La misericordia de la madre

De verdad que no creíamos que esto pasaría, pero el tour de la vergüenza de Cersei por las calles de Desembarco del rey casi consiguió que empatizáramos con ella. La fe de los siete la condenó a la humillación en la vía pública, para el regocijo general la masa enfurecida. La serie mostrando las consecuencias del fanatismo religioso, y no era la primera vez. Algunas ya murieron quemadas por él. 

7. La boda púrpura

Episodio 4×02: El león y la rosa

El rey Joffrey pereció en público para desmentir el tópico de que “Siempre se van los mejores”. Muerte agónica por envenenamiento en la celebración de su boda con Margaery. Se ajusticiaba así a un joven que se lo había ganado a pulso. Ovación cerrada. Parece que en Juego de Tronos no hay bodas sin funeral. 

6. La ejecución de Ned Stark

Episodio 1×09: Baelor

El primer puñal que nos clavó la serie fue un aviso a navegantes. ¿Recordáis como dolió? No es que quisiéramos a Ned Stark, es que le adorábamos. Y de pronto, el protagonista tras nueve episodios ¡Es ejecutado en público! Y nosotros como gilipollas pensando que en el último momento alguien le salvaría. Arya desolada, y muchos cuestionando el futuro de la serie.  Lejos de pasar factura la ejecución está en este ranking. Un trágico acierto.

5. La muerte de Hodor

Episodio 6×05: El portón

Una pena que con el tiempo nos acordemos más de la polémica traducción (Hold the door / El portón) que de la pérdida de este carismático personaje más alla del muro en un tras un encontronazo con el ejército de los muertos. El juego presente-pasado con Brann de testigo nos impactó fuerte. Un trauma futuro que marcó el pasado. Cosas del cuervo de tres ojos. La serie nos metía una buena hostia, y además lo hacía inteligentemente.

4. Terrorismo en el Septo de Baelor

Episodio 6×10: Vientos de invierno

Cersei es como la banca, que de un modo u otro siempre gana. Que sí, que la han tocado varias veces, pero es quizá el personaje con mayor capacidad de supervivencia de la serie. Prueba de ello, su juicio junto al de Loras Tyrell, que nos dejó una de las mejores secuencias de la serie. Diez minutos intensos, apoteósicos a nivel banda sonora con un piano que suena como nunca hasta ahora en Juego de tronos. Terrorismo de bellísima ejecución para acabar con el gorrión supremo. Pero claro, Margaery y Mace Tyrrell también ardieron bajo el fuego valyrio. A la mierda el Septo de Baelor. Eso sí, cuando parecía que el plan de Cersei era un diez, Tommen se tira por la ventana en un precioso y silencioso plano fijo. Como decía Qyburn “Antes de adoptar lo nuevo lo viejo debe abandonarse”

3. El piquete de ojos

Episodio 4×08: La montaña y la víbora

La víbora roja contra la montaña, o o que es lo mismo, el gran combate de Juego de tronos. “Hoy no es el día de mi muerte” decía Oberyn a Tyrion mientras bebía una copa de vino antes del duelo. Pero claro, esto es juego de tronos. Juradme que no gritasteis “Mátalo ya joder” mientras Ser Gregor Clegane rozaba el KO en el suelo. Pues eso, las imprudencias se pagan. El mejor momento gore de la serie.

2. Casa Austera

Episodio 5×08: Casa austera

Esto es Dunkerque antes de Nolan, un abismo lejos de Helm. Capitulazo en el que los protagonistas se acercaron al invierno, y no al revés. En Casa Austera vivimos el primer enfrentamiento con las hordas del Rey de la noche. Una batalla épica que nos dejó con los ojos abiertos de par en par y en la que Jon encontró el camino para eliminar a los caminantes blancos: Acero valirio. Replegarse o morir. ¿Alguien ha conseguido sacarse de la cabeza al rey de la noche elevando los brazos? Por momentos parecía dirigir a la filarmónica de Viena, pero en realidad sumaba adeptos a su Santa Compaña. Magistral. 

1. La boda roja

Episodio 3×09: Las lluvias de Castamere

Posiblemente el final del episodio 3×09 de juego de tronos, más conocido la boda roja, sea el mejor momento de la historia de la ficción televisiva. Con la muerte de Ned estábamos ya prevenidos de que algo trágico podía suceder en cualquier momento, y aun así nos lo comimos con patatas. Si lo de Ned fue un puñal, aquí directamente nos tirotearon como a Sonny en El Padrino, pero que momentazo. La tragedia como una de las bellas artes. Aquí nos dejaron Robb Stark, Catelyn Stark, Talisa y el hijo que llevaba en su vientre. Revisionando el episodio, encoge el corazón ver como Catelyn se empieza a dar cuenta de todo con los primeros acordes de los músicos, que por cierto, entre ellos está Will Champion, batería de Coldplay.

¿Qué os parecido el ranking? ¿Cambiarías posiciones? ¿Falta o sobra algo? Déjanos tu opinión en la zona de comentarios.

Animales fantásticos y donde encontrarlos: Jugando a Pokemon Go en el Nueva York de los años veinte

 

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Sin ser Harrypotterófilo, recorrí la saga del mago con interés, aunque sin gran entusiasmo. Aún así reconozco que fue un placer tropezar en la piedra filosofal en plena adolescencia, al igual que cerrar el ciclo con la segunda entrega de Las reliquias de la muerte diez años después (pero en plena adolescencia igualmente). Por el camino películas buenas, e incluso alguna notable, como esa gran versión de El prisionero de Azkhaban que regaló Alfonso Cuarón.  Las de David Yates (Las cuatro últimas) mantuvieron un buen nivel, aunque quizá como cinéfilo me resultaba más interesante la idea del director invitado.  La saga ha disfrutado de una regularidad envidiable.

Sin gran entusiasmo, pero con mucha curiosidad he accedido a ver Animales fantásticos y donde encontrarlos, un nuevo comienzo para el universo Potter. El título responde al homónimo de uno de los libros de magia de lectura obligada en Hogwarts, y la acción se desarrolla en 1926, a modo de precuela, aunque la Rowling afirme que se trata de una historia diferente en el mismo universo de la saga.

No se si afirmar que se trata de la mejor película de la franquicia desde El cáliz de fuego, pero de lo que no tengo duda alguna es que es el mejor trabajo de dirección de David Yates para el universo Potter. Este reinicio le ha venido estupendamente para mostrar su propia personalidad y construir un puñado de buenas escenas. Todas bajo el regusto clásico que aporta el Nueva York de los años veinte.

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Una de las claves que el buen sabor de boca que deja la película son sus personajes. Newt Scaramander, magníficamente interpretado por Eddie Redmayne, encarna a la perfección a un bicho raro especialista en bichos raros. Lo mismo ocurre con Dan Fogler, que interpreta a Jacob Kowalski (El personaje más cómico) o Katherine Waterston, que interpreta a Tina Goldstein, oveja negra del MACUSA (Congreso Mágico de los Estados Unidos). El otro protagonista es la espectacular y muy cuidada dirección artística, complementada con unos adecuados efectos especiales.

Las influencias de ‘Animales fantásticos’ son claras y diversas:

Cazafantasmas: El (divertido) caos que provoca la fuga de criaturas de Scaramander recuerda al que montaban los fantasmas de las películas de Ivan Reitman.

Pokemon: Los animales fantásticos de la película

X-Men: El conflicto entre magos y no-majs recuerda a la tensa situación política que viven los mutantes con el resto de la humanidad.

Star Wars: Al igual que en la saga Potter, la magia oscura recuerda al lado oscuro de la fuerza.

Por último, es de agradecer que a pesar de que vivimos en la era del spoiler la película entregue en su parte final alguna sorpresa inesperada. No era fácil levantar de nuevo el fenómeno Potter, y el riesgo a pegársela era grande, pero la película sale airosa del desafío. El resultado es que ya esperamos ansiosos la segunda entrega, en la que ya se rumorea el regreso de uno de los grandes personajes de la saga.

 

Un monstruo viene a verme: Solo el buen cine emociona

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Lo último de Bayona lo tenía todo para no gustarme:

  • Película con niño. Los niños en el cine me chirrían, a no ser que exploten la vena de hijoputismo, como en El pueblo de los malditos, ¿Quién puede matar a un niño? o Edén Lake.
  • Siempre critico la búsqueda de la lágrima en el cine. Esto es lo que escribí sobre por ejemplo The imitación game: “Puede que la partitura de Alexandre Desplat no esté mal, pero estamos ante una de esas músicas que intentan guiar todo sentimiento. Imagino a los montadores diciendo… “Mete ese pasaje aquí que el espectador tiene que llorar”. Curiosamente a mi me pasa al revés. Cuando se pretende emocionar con música de llorar me acuerdo de que estoy viendo una película, lo que me descentra totalmente”.
  • Los dramas me dan ‘patrás’. Casi tanto como las películas románticas.
  • El bombardeo de imágenes en la promoción ha sido continúo. A veces en el cine hay sensación de Deja Vu en cada escena con tanta promo. Ya pasó con Ocho apellidos vascos.
  • La acogida en el Zinemaldia fue bastante tibia entre la crítica especializada.
  • La mitificación que la prensa hace de Bayona, un director que solo cuenta con dos películas hasta la fecha: El orfanato y Lo imposible. La primera demostró que había talento. La segunda mostró una gran técnica y optimización de recursos, pero su drama no consiguió traspasarme.

A la mierda, Un monstruo viene a verme me ha encantado. Y sí, he llorado (Y no soy nada de llorar), tanto que la muerte de Mufasa al lado puede considerarse un sketch de Martes y trece. El monstruo ha conseguido derribar todos mis prejuicios con una receta que nunca falla: Buen cine. El resto lo hace J.A. Bayona con ideas claras y una dirección magistral.

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No os fiéis de los que hablan de la película como una copia mala de El laberinto del fauno. La película de Del Toro es digna de recordar, pero no olvidemos que Bayona lo que ha intentando es adaptar lo mejor posible el libro A monster calls de Patrick Ness, que además es guionista de la película. El mundo interior como vía de escape es un tema recurrente en la historia del cine, pero pocas veces ha alcanzado la perfección técnica y artística que muestra Un monstruo viene a verme.

En el apartado interpretativo sorprende lo bien que el joven Lewis MacDougall aguanta los primeros planos. A la Weaver le basta con su presencia para bordar el personaje de severa abuela. Aunque lo mejor de la función es sin duda el monstruo, que en la versión original cuenta con la poderosa voz de Liam Neeson. Debería haber una categoría especial en los premios para este tipo de criaturas. De ese modo este monstruo seguramente se haría con la estatuilla.

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Siempre critico el uso de la música para enfatizar la emoción, pero en esta ocasión se me hace difícil ante la bellísima partitura del getxotarra Fernando Velazquez, al que le bastan un par de teclas de piano para transmitir. Otra categoría que debería llevarse la nominación al Oscar. Y no la única. Película, dirección, dirección artística, efectos especiales y banda sonora merecen ser finalistas en la lucha por la estatuilla.

No solo hay pasión por la historia que se cuenta, hay pasión por el cine, por el arte en general. Ese proyector tan de Cinema Paradiso, las imágenes de King Kong, ese tejo que parece estar sacado del bosque de La princesa Mononoke, el preciosista uso de la animación… Lo de Bayona es amor por el cine. Además la película hace creer en el cine como terapia. Para muchos, casi para todos, es un reencuentro con el dolor. Es difícil no relacionar las situaciones del joven protagonista con nuestra propia vida. Pero a pesar de las lágrimas, este monstruo tiene un elemento cicatrizante: Se llama esperanza. Si desficcionamos un poco (No, no se si existe la palabra desficcionar) veremos a las personas que de modo imperativo nos ayudaron a salir de las arenas movedizas. El mensaje es tan antiguo como el mundo: Siempre hay que levantarse.

Warcraft: El Origen. Algunos orcos buenos

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Es increíble la de mensajes contradictorios que en ocasiones puede mandar un mismo largometraje. Voy a compartir con vosotros pensamientos internos durante los 120 minutos que dura Warcraft, completamente basado en hechos reales y en orden cronológico:

  • “Pinta bien”
  • “¿Qué coño es esto?”
  • “No entiendo nada”
  • “Me he perdido con tanto nombre. ¿Algún personaje que no tenga nombre de medicamento”
  • “Los efectos no están mal”
  • “¿Una orco que está buena? Es contradictorio”
  • “Vergüenza ajena”
  • “Los efectos flojean”
  • “Duncan Jones es mentira. ¿De verdad este tipo dirigió Moon?”
  • “Las escenas de acción aburren”
  • “Igual la dejo aquí”
  • “Espérate que remonta”
  • “Pues igual no está tan mal”
  • “Parece que Duncan Jones ha hecho lo que quería hacer”
  • “Juego de tronos”
  • “Me gusta lo directo de las batallas”
  • “Duncan Jones es un genio”
  • “Quiero secuela”

Una puta montaña rusa amigos. Y no, no siempre me pasa esto. Warcraft es un auténtico cocktail molotov que mete en la licuadora El señor de los anillos, Stargate, Avatar, Star Wars y Juego de tronos, y que a pesar de todo al final acaba encontrando un lenguaje propio. De el Señor de los anillos tiene las razas y el escenario, de Stargate el portal hacia otros mundos, de Avatar el componente humanista y los efectos especiales, de Star Wars el alto precio de las artes oscuras y de Juego de Tronos las intrigas palaciegas y la mano larga con las muertes.

He de decir que nunca he jugado al célebre World of Warcraft, videojuego que adapta el filme. Quizá por eso en algunos momentos no he hecho pie y he añorado la simpleza de la cameroniana cinta de extraterrestres azules. Lo bueno es que todo ese entramado se va desenredando a medida que transcurre la trama para desembocar en un final lógico (y épico).

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Si me llegan a decir que Warcraft adapta una novela escrita hace cien años me lo hubiera creído. A pesar de basarse en algo tan reciente como un videojuego, Duncan Jones (Moon, Código fuente) apuesta por el lenguaje clásico. Por momentos la película parece una inmensa tragedia griega, con toques de Shakespeare y Tolkien.

Ahora la productora se enfrenta al dilema de entregar o no una segunda parte de un filme que ha fracasado estrepitosamente en Estados Unidos y ha sido un taquillazo en china. Incluso se habla de una secuela de capital chino. Parece que a Jones no le importaría ponerse de nuevo al mando. Por mi encantado.

Spring: Mi novia es un zombi-mutante-hombre lobo-calamar gigante

Spring, de Justin Benson y Aaron Moorhead, ha traído el amor al FANT. La película cuenta la historia de Evan, un joven que viaja a Italia huyendo de Estados Unidos. Allí conocerá a Louise, pivón donde los haya, que hará que el chico decida quedarse trabajando por la comarca para intentar conquistarla. Hasta aquí todo bien. Todo muy Bajo el sol de la Toscana en versión masculina. Pero el tema es que Louie esconde un inconfesable secreto: Es en realidad una mutante, zombie, hombre lobo, calamar gigante y quien sabe cuantas cosas más.

La verdad es que Spring es una película muy bien escrita. Su estilo recuerda muchísimo a la trilogía “Antes de…” de Linklater. Benson y Moorhead podrían haberse limitado a hacer una historia de amor, y les habría salido bien visto lo visto, pero decidieron añadir el elemento fantástico a la relación. Al principio la verdad es que el factor monstruo no terminaba de convencerme, pero con el paso de los minutos me ha parecido una decisión correcta. Es más fácil si durante el metraje se incluye un guiño a Un hombre lobo americano en Londres.

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Pocos peros se le pueden poner a esta cinta indie. Entre ellos demasiada reiteración en el tema sobrenatural en la parte final y una escena que particularmente me ha parecido que está muy por debajo del resto del metraje, la del intento de violación por parte de otro guiri, muy descuidada y a la que parece que le faltan muchas tomas.

El duo de actores protagonistas, Loy Taylor Pucci y  Nadia Hilker, consigue generar química. Aunque la interpretación que mas me ha gustado es la de Francesco Carnelutti, que encarna a Angelo, un autóctono que enseña a Evan a defenderse en el campo.

En definitiva, estamos ante una película que puede convertirse con el tiempo en una cinta de culto. Un híbrido que puede convencer a los fans del cine indie y a los del fantástico, y enamorar a los incondicionales de ambos géneros. A mi, por lo pronto, me ha gustado.

Lo mejor: Buen guión

Lo peor: Buen guión, pero demasiado verborreico en la parte final

Legend, el montaje del director: Muerte de un unicornio

Me resultaba imposible no sentir curiosidad por Legend, la película de fantasía que el señor Ridley Scott dirigió tras dos obras maestras incontestables del cine: Alien, el octavo pasajero y Blade Runner. Hoy ha sido el día en el que he decidido verla. Error fatal.
Los primeros minutos son misteriosos. Se nos presenta a un primo critter de Pinocho recibiendo un encargo del señor de la oscuridad: Cargarse a un par de unicornios. Tras esa introducción, Scott nos traslada a un mundo de fantasía plagado de flores, un paraíso, excepto para los que como yo sois alérgicos al polen. Y en ese contexto conocemos a los protagonistas, una princesa cursi (Mia Sara) y Tom Cruise, que a pesar de su juventud en esta película está más mayor que en Al filo del mañana. Se ve que duerme en una lata de conservas.
El resto es un auténtico tripi. Unicornios magreándose, chirriantes hadas, cantos que incitan al sueño, insoportables gnomos, noñería desatada, uso y abuso del slow motion, vergüenza ajena… Tuve que parar la película varias veces para ir al WC a vomitar un arco iris. A mi que no me muestren unicornios en el cine si no el para meterle el cuerno por el culo a alguien (véase The cabin in the Woods).

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Se ve que Scott intentó hacer la mejor película de fantasía familiar de todos los tiempos, pero olvidó apoyarse en un buen guión. Puso la fuerza en el preciosismo, y dejó de lado la coherencia. En ocasiones parece una película conceptual. Uno de sus problemas es la trama romántica. Siempre tiene que haber una fase previa que justifique el amor para poder empatizar. No existe en el caso del joven Jack y la princesa, por lo que todo queda extremadamente forzado. El diablo que encarna Tim Curry tiene una gran fuerza en pantalla, pero tarda 75 minutos de metraje en aparecer, cuando ya es demasiado tarde. Sin duda es el icono de la película, lástima que se quede más en un “lo que pudo ser”. Aun así el diseño de personaje es excelente, un símbolo heavy que más de uno tiene tatuado en el cuerpo.
La dirección artística bebe de la adulta Excalibur, que John Boorman dirigió en 1981. Como en ella, todos los elementos de la escena brillan (en sentido literal), pero el resultado está a años luz de la excelente película de Boorman. Tampoco ayuda la partitura de Jerry Goldsmith, que carece de la grandeza de otras bandas sonoras del género, como la de Willow, de la que hablaremos en próximos artículos.

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Me queda la duda de saber si hice bien en decantarme por el montaje del director, que cuenta con 25 minutos más que la original (115 frente a 90), que puedo intuir que son 25 minutos más de aburrimiento. El motivo de elegir el montaje de Scott fue haber visto su edición de El reino de los cielos, muy superior a la versión que se estrenó en salas comerciales. Me da a mí que este no es el caso, porque me cuesta creer que la versión europea puede ser peor. Nos queda saber que se le pasó por la cabeza al amigo Ridley para pasar de Alien y Blade runner a este bodrio que no salva ni un domingo tarde. Quizá al séptimo día simplemente descansó.