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El terror: Un manual de autoayuda

La mayoría de la población piensa que las películas de terror están hechas para pasar un mal rato, pero un Estudio de la prestigiosa universidad de Twister’s cow en Oklahoma ha concluido que el horror es en realidad un género de autoayuda y superación personal. Piénsalo un momento, al final hay una chica que (casi) siempre sobrevive. Aquí van unas cuantas pruebas de lo que en realidad querían contar estas películas antes llamadas de terror, y que pasarán a la historia como cine motivacional.

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(No, no he podido resistirme a meter una frase de Vetusta Morla 😂)

Molly’s game: El gran telar de Circe

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Entraba a ver Molly’s game con expectativas medias. Si una película de casi dos horas y media de duración lograba entretener ya iba a ser un triunfo. Salgo del cine con los niveles de entusiasmo muy arriba. Estamos ante la primera gran película de 2018. Un filme fascinante. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto en una sala.

Molly’s game adapta la vida de Molly Bloom, la ‘autoproclamada’ princesa del Poker. Una ex esquiadora que pasará a la historia por ser la anfitriona en las partidas de Poker entre algunas de las personas más poderosas del planeta.

La clave del éxito de la película es bien sencilla. Cuenta con dos de las grandes personalidades de lo que hoy conocemos como cine. Por un lado encontramos a Aaron Sorkin, guionista de Moneyball, La red social o las televisivas El ala oeste de la casa blanca y The Newsroom. En esta ocasión, también se encarga de la dirección. Por el otro Jessica Chastain, una intérprete en permanente estado de gracia, que, una vez más, devora la pantalla con una actuación hipnótica. Y si a un texto de primer nivel, le sumas el talento inagotable de una actriz y un montaje afortunado, las cosas solo pueden salir bien.

MOLLY'S GAME

 

En el cine de Sorkin los personajes hablan y hablan, y Molly’s game no es una excepción. No dista demasiado de una de una de Jackie Chan, hostias verbales en cada escena, un interminable combate dialéctico. Mi enemistad con el silencio injustificado en el cine hace que no me haya costado demasiado adherirme a su causa. Más si cabe cuando cada línea tiene interés. Y eso que por momentos la película se mete hasta el cuello en el complejo mundo de los términos de Poker, pero el mérito de Sorkin en ese pantano de cartas es ser capaz de que nos creamos especialistas en el tema. El guionista podría adaptar a todos los públicos hasta el listín telefónico.

Y no digo que la película sea perfecta, porque no lo es, ni el Sorkin director está al nivel del escritor, pero a veces el cine consigue traspasar el criterio. Cuando una película consigue conectar como lo ha conseguido Molly’s game, poco importa algún desliz artificioso. Joder, si hasta me ha emocionado. O igual tengo uno de esos días, yo que se.

También os digo que 141 minutos viendo a la Chastain nunca serán demasiados. Es algo que parece repetirse película a película. Hace unos meses ya lo comprobamos con El caso Sloane. Chastain tiene un don para hacernos fans de sus personajes a los diez minutos. Hoy por hoy, pocos intérpretes, masculinos o femeninos, poseen ese carisma. Quizá Cate Blanchett de vez en cuando. Y que en un Hollywood tan masculinizado nos encanta ver a una mujer dando un golpe en la mesa, y que cada vez más historias en femenino den el salto a la gran pantalla. La industria necesita un centenar de Chastains.

No quiero olvidarme de Kevin Costner, que interpreta a un personaje que me ha recordado al de Robin Williams en El indomable Will Hunting. El veterano actor exprime sus reducidos minutos en pantalla con dos apariciones antológicas.

MOLLY'S GAME

Además de la historia de Molly Bloom, Sorkin también tira de mitología, recurriendo en este caso a La odisea, en concreto al episodio de Circe y la llegada de los marinos a la isla de Eea, donde posteriormente serán convertidos en cerdos por la hechicera. El paralelismo de la historia de Bloom y este pasaje es evidente, y se menciona con fortuna en la película. Una mirada desacomplejada al clásico relato de Homero.

En definitiva, Molly’s game es una película que está teniendo un injusto discreto paso por salas. Por favor, aprovechad estos últimos días, porque la vida de Molly Bloom merece ser disfrutada en pantalla grande.

 

La historia real de Molly Bloom

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La realidad supera a la ficción, capítulo 10.564. Explorando la historia real de Molly Bloom encontramos algunos de los nombres que la película ha decidido omitir. Entre los asiduos a sus partidas aparecen los nombres de Tobey Maguire y Leonardo DiCaprio. Este último era utilizado de señuelo para que el ex spiderman atrayese a más jugadores. Quizá esto signifique Maguire sea ese señor X que interpreta con acierto Michael Cera. Según afirma Bloom,  el actor la obligó a que “gruñera como una foca ansiosa de recibir un pescado” durante una partida. Se ve que llevaba mal eso de sentarse en una mesa controlada por una mujer con los galones de Bloom.

The disaster artist: Ahora sí, comedia voluntaria

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Puede que no la hayas visto, pero si eres medianamente cinéfilo seguramente hayas tenido algún contacto con The Room (2003), la gran comedia involuntaria de lo que llevamos de siglo. La película escrita, dirigida y protagonizada por el excéntrico Tom Wiseau se ha convertido, con la ayuda de la era digital, en la denominada peor película de todos los tiempos. Un filón para memes y parodias de toda clase. Pero si de algo iba sobrado aquel acto de osadía cinematográfica era de carisma. James Franco ha sabido explotar esa vertiente en The disaster artist, la comedia, esta vez voluntaria, sobre el rodaje de The room.

Franco, en otro acto de osadía, dirige y protagoniza la cinta. No es la primera vez que el actor se marca un Juan Palomo, pero nunca lo hizo con tanto acierto. El reciente globo de oro al actor de comedia respalda su gran trabajo como alter ego de Wiseau. Una meritoria actuación por imitación de un freak único en su especie. Si bien tengo dudas sobre que The room sea lo peor que he visto (Reconozco que entretiene, que no es poco), me encuentro menos dubitativo al afirmar que la actuación de Wiseau sea de largo la peor que ha visto el séptimo arte. O si no la peor, de largo la más marciana. Franco ha sabido atrapar la esencia de un ser de otro planeta.

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Además, The disaster artist es una obra de profundo amor al cine. No son pocos lo que intentaron sacar una película adelante para darse cuenta después de que nunca debieron dejar la comodidad de la butaca. Pero todo proceso creativo es un reto, una experiencia, y hasta en un fiasco de la talla de The room hay algo encantador. Estamos ante una gran comedia. No coincido con los que han visto en la película de Franco una obra maestra, porque sencillamente no lo es, pero está muy por encima de lo que se hace en el género actualmente.

Recomiendo acercarse a The disaster artist en versión original, para disfrutar de James Franco en toda su esencia. También recomiendo repescar en Youtube The room antes de acercarse al cine. Si algo tiene esta película, es una historia digna de conocerse.

 

 

Las 18 películas más esperadas de 2018

2018 empieza fuerte gracias al estreno de las películas que intentarán protagonizar la próxima noche de los Oscars. También es un año de retornos y de episodios cumbre en algunas sagas. Aquí van las 18 que más expectativas vacunas nos generan.

Molly’s game, de Aaron Sorkin (5 de enero)

Aaron Sorkin, el guionista más respetado de Hollywood (El ala oeste de la casa blanca, La red social, Moneyball, The Newsroom…) dirige a Jessica Chastain en Molly’s game. La película, basada en hechos reales, cuenta la peculiar historia de Molly Bloom, una esquiadora de talla mundial que se hizo de oro gracias al Poker. Guión adaptado y actriz ya son finalistas a los Globos de oro.

Tres anuncios en las afueras, de Martin McDonagh  (12 de enero)

El premio del público en el Zinemaldia y Toronto, y el premio al mejor Guión en el festival de Venecia avalan a esta comedia negra que ha conquistado a todo el que ha tenido la oportunidad de verla. Su carrera podría llegar hasta los Oscars. Ojo, que la mejor Frances McDormand está de vuelta.

Los archivos del pentágono, de Steven Spielberg (19 de enero)

Asistimos al Big Three del año. Meryl Streep y Tom Hanks dirigidos por Steven Spielberg en un thriller basado en hechos reales ¿Qué puede salir mal? La película cuenta los entresijos de la filtración por parte de varios medios estadounidenses de los documentos clasificados del pentágono. Historia del periodismo.

El hilo invisible, de Paul Thomas Anderson (2 de febrero)

Tras los enormes resultados de Pozos de ambición, Paul Thomas Anderson recupera a Daniel Day Lewis para su causa. Razón suficiente para ver en el cine lo que nos depara sobre este drama sobre el mundo de la moda ambientado en la Inglaterra de los años 50.

La forma del agua, de Guillermo del Toro (16 de febrero)

Del Toro tuvo que desmentir que estuviéramos ante una precuela encubierta de Hellboy, a pesar del parecido entre la criatura protagonista de La forma del agua y el palito de pescado de la adaptación del comic. Lejos de eso, estamos ante una historia romántica en todo su sentido que también puede llegar bien situada a los Oscar. Para muchos, uno de los mejores trabajos del director.

Aniquilación, de Alex Garland (23 de febrero)

Vuelve el director de Ex Máquina, y lo hace en clave Sci fi y con Natalie Portman a la cabeza. En su haber, uno de los trailers más descolocantes del año. Ojalá estemos ante la confirmación de Garland como uno de los grandes del género.

Todo el dinero del mundo, de Ridley Scott (23 de febrero)

Otro de los grandes, Ridley Scott, opta también por adaptar un suceso real,  para el que cuenta con Michelle Williams, Mark Wahlberg y Christopher Plummer, que ha sustituido a Kevin Spacey a última hora tras las acusaciones de abusos a este último. En la mesa una gran historia alrededor del secuestro del nieto del magnate  John Paul Getty Sr.

Lady Bird, de Greta Gerwig (23 de febrero)

El fenómeno indie de la temporada llegará en febrero, a dos semanas de su presumible paso por los Oscars. La película de Greta Gerwig esta bien posicionada en la carrera por la estatuilla. El adelanto del estreno de la película, que estaba programado para abril, no es casual.

Tomb raider, de Roar Uthaug (18 de marzo)

La Lara Croft de Jolie no conveció a nadie. Ni tenía la esencia del videojuego ni la del personaje, y se limitaba a ser una Indiana Jones destalentada. Este Reboot intentará poner al personaje en el lugar que se merece. Alicia Vikander toma el mando.

Ready player one, de Steven Spielberg (28 de marzo)

Hay Spielberg para rato. La adaptación de este libro promete batir todos los récords de referencias a la cultura pop por minuto. Para muestra este trailer.

Los nuevos mutantes, de Josh Boone (13 de abril)

Los nuevos mutantes es uno de los últimos coletazos del Marvel de FOX. Veremos si estos mutantes convencen. La división oscura de los X Men promete tanta acción como terror.

7 días en Entebbe, de Jose Padilha (20 de abril)

El director de Tropa de élite y la serie Narcos recrea un espinoso episodio clave del conflicto Israel-Palestina. Al frente del reparto, Daniel Brühl y Rosamund Pike.

La partícula de Dios, de Julius Onah (20 de abril)

Estamos ante el secreto mejor guardado de 2018, y eso siempre genera curiosidad. Sabemos que será la tercera entrega de la saga Cloverfield tras Cloverfield (Monstruoso) y Calle Cloverfield 10. Y ni siquiera a ciencia cierta. Su predecesora ya nos llegó de sorpresa hace un par de años, pero si los rumores se confirman, estamos ante un episodio que puede cerrar una de las grandes trilogías Sci-fi de los 2000.

Vengadores: Infinity War (27 de abril)

El más difícil todavía. Tras Civil War, el número de personajes en filme se amplía aún más. Hasta los guardianes de la galaxia están invitados a la película en la que veremos a Thanos tomar el control.

El mundo es suyo, de Alfonso Sánchez (22 de junio)

Si te gustaron el culebra y el cabesa en El mundo es nuestro, prepárate para seguir las aventuras de los señoritos andaluces más célebres, el Rafi y el Fali. Warner anda detrás de todo.

The Predator, de Shane Black (3 de agosto)

El director de Kiss Kiss Bang Bang, Iroman 3 y Dos buenos tipos se atreve a actualizar un mito necesitado de una gran película. Desde que Schwarzenegger hiciera frente al monstruo, solo hemos visto intentos fallidos. Confiamos en que esta vez sea la buena. Cruzamos los dedos.

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El reino, de Rodrigo Sorogoyen (28 de septiembre)

El director de Qué Dios nos perdone, el último gran título del Thriller español, regresa con un tema capital y muy poco explorado en el cine made in Spain: La corrupción.

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Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald, de David Yates (16 de noviembre)

La primera película nos dejó con ganas de ver como continúan las aventuras de Newt Scaramander. En esta ocasión la acción se desplaza a París y Londres, y está confirmada la presencia de Dumbledore, al que se encargará de dar vida Jude Law.

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Las mejores películas de 2017

2017 ha dado una buena cosecha, con más de una película convertida en fenómeno por méritos propios, y un buen puñado de películas originales que demuestran que el séptimo arte aún se puede nutrir de buenas ideas. No todo van a ser sagas. El ranking del año también confirma el buen estado del cine de terror, que hoy en día compite de igual a igual con los géneros (erróneamente considerados) mayores.

15. MÚLTIPLE (SPLIT)

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Sin ser la película más brillante de Shyamalan, su final para Shymalanistas ya compensa todo el visionado. Tras casi dos décadas en el lodo, parece que el director levanta cabeza.

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14. BLADE RUNNER 2049

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Cómo hacer una secuela de Blade Runner y no morir en el intento. Villeneuve demostrando que es posible. Ojo, que el paso del tiempo puede jugar a su favor.

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13. EL AUTOR

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Estamos ante una cinta que contiene algunas de las mejores escenas del cine español de los últimos años. No es perfecta, pero esta adaptación de Javier Cercas deja poso. Javier Gutierrez sigue en estado de gracia.

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12. SILENCIO

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El cine sigue disfrutando de la madurez de Scorsese. Tras El lobo de Wall Street, retoma el tema religioso que ya inició con La última tentación de Cristo y Kundun. La película es una auténtica delicia en lo formal, un proyecto personal en el que Scorsese ha puesto todo su empeño y maestría. Un Japón que no se había visto hasta ahora. Una cuestión de fe.

 

 

11. HANDIA

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Un milagro del cine vasco, y posiblemente la mejor película realizada en el estado español a nivel técnico. Impresionante trabajo de dirección artística,  fotografía y efectos especiales. Un gigante con pies de hierro.

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10. FELÍZ DÍA DE TU MUERTE

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Fast Food de primera división para el cruce perfecto entre Scream y Atrapado en el tiempo. La película más entretenida del último año. Engancha que da gusto.

 

 

9. EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO

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Lanthimos tira de sus raíces griegas para mirarnos la moral y presentarnos su gran tragedia. Un relato duro que no da concesiones al espectador. Formalmente, una película sobresaliente.

8. CRUDO

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La vendieron como la última película escándalo, pero estamos ante una cinta que no es tan gore como cine autoral. La directora Julia Ducournau puso el canibalismo como excusa para explicar los cambios de una adolescente al pisar la universidad. Una película brillante.

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7. MANCHESTER FRENTE AL MAR

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Una gran película sobre la culpa, sobre lo complicado de irse, de volver. La muerte en vida del mejor Casey Affleck. Un drama consistente y arrebatador.

6. IT

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Parecía casi imposible acertar con un remake de IT, pero Andy Muschietti la ha metido por la escuadra, demostrando que todo es posible si trabajas los personajes. Esperamos con ansias la segunda parte de esta notable adaptación de Stephen King.

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5. Z: LA CIUDAD PERDIDA

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James Gray rescata el extinto cine de aventuras y lo convierte en cine con mayúsculas. Desde el clasicismo, nos muestra el relato de una auténtica obsesión. Una gran película.

4. LA CURA DEL BIENESTAR

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Gore Verbinski, responsable de Piratas del Caribe, haciendo una película de terror gótico y dos horas y media de duración, léase, haciendo lo que le ha salido de la chorra. Tiene pasajes sobresalientes y su fotografía es de lo mejor de los últimos años. Merece la pena el viaje.

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3. THE SQUARE

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Merecidísima Palma de Oro en Cannes para un Ruben Östlund que empieza a no tener techo. Piezas salvajes unidas con destreza y una finísima ironía. Un nuevo golpe de realidad al estado de bienestar.

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2. DÉJAME SALIR

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Un nuevo clásico del terror que esconde mucho más de lo que aparenta. Una película que mira de frente a la cuestión racial, de manera tanto o más efectiva que el cine sobre el esclavismo. Visionado obligatorio.

1. LA LA LAND (LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS)

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Tras la notable Whiplash, el director Damien Chazelle se supera a sí mismo con un musical para la historia del cine. De la intro al desenlace, una película redonda que bebe de las mejores fuentes para crear su propia personalidad.

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Star Wars Episodio VIII: Los últimos Jedi. El equilibrio es imposible

Tras el buen arranque de la nueva trilogía con El despertar de la fuerza, Rian Johnson tenía un buen marrón. Su predecesora cumplió las expectativas, pero hubo unanimidad al señalar su único problema: Se parecía demasiado al Episodio IV. El director de Brick y Looper tenía la obligación de dotar de personalidad a la nueva entrega sin salirse del universo de la saga, y podemos confirmar que lo ha conseguido. Los últimos Jedi aporta nuevos aires a la saga, e incrementa el espectáculo gracias a un puñado de buenas escenas. Pero en el universo Star Wars todo tiene un lado tenebroso, y esta película no es una excepción. Hay momentos cumbre, pero también hay una buena dosis de vergüenza ajena*.

Partimos de la base argumental de siempre. La alianza rebelde resistiendo al terror del imperio. Mientras, Rey intenta convencer a Luke Skywalker de que se una a los buenos. La película va claramente de menos a más. Tanto es así que la primera mitad no logra siquiera alcanzar el aprobado. Hay paja,  más concretamente miles de fardos de paja. Por suerte, toda la potencia que le falta al arranque, la encontramos en el climax, donde la puesta en escena es clave en los momentos álgidos.

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Pero si hay algo rematadamente malo en este episodio es el guión, y en este caso no me refiero a las líneas de texto. Estamos ante un libreto que toma decisiones peregrinas para llevar la acción por donde quiere. Parece que Disney ha vuelto a usar el gran calzador galáctico para que todo encaje, artilugio que ya se utilizó en Rogue One la pasada temporada. ¿Qué significa esto? Que hay cosas que suceden porque sí, porque me viene bien, porque me sale del Naboo. Se nota demasiado la ausencia de Lawrence Kasdan en este apartado. Un hombre que ha subido poner a la franquicia los pies en el suelo.

Lo que tampoco acaba de convencer es la cuestión política y filosófica que plantea la película, que ofrece un mensaje de trazo grueso y menos transgresor que el de sus antecesoras, especialmente si la comparamos con los episodios I, II, III, en los que la burocracia era protagonista. Se incide en el tercer mundo galáctico, en un universo de ricos y pobres, en el origen humilde de Rey, pero en esta ocasión de una manera exclusivamente superficial.

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Quizá por todo esto, Los últimos Jedi funciona mejor si dejas el cerebro en casa y renuncias a cualquier capacidad de análisis. Y es que en realidad el sabor que deja la película es bueno, pero todo empeora al intentar encajar algunas piezas. En definitiva, estamos ante la que es posiblemente la película más irregular de toda la saga galáctica. 

 

 

 

 

ANÁLISIS EN SPOILER (DEJA DE LEER SI NO HAS VISTO AÚN LA PELÍCULA)

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*Momentos de vergüenza ajena:

La muerte de Snoke y Phasma (2×1)

Si bien estéticamente, su ejecución es uno de los mejores momentos de la película, la eliminación de este personaje no deja de ser una auténtica estafa. Visto y no visto. Se nos presenta al tipo más poderoso de la saga para ser ejecutado como un masilla en los Power Rangers. ¿Qué tipo de broma es esta? Y lo peor es que con otro personaje a priori interesante como Phasma, sucede exactamente lo mismo.

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Sobran los comentarios. Lo normal es que a la princesa Leia le explote la puta cabeza en el espacio exterior. Pues no, justo cuando se va a desintegrar… Superman returns y aquí no ha pasado (casi nada) nada. Medio cine en modo facepalm.

El no suicidio de Finn

En esta entrega el personaje de Finn cae en picado, hasta convertirse en un puto mono de feria. Parece que querían utilizar un personaje negro por eso de la inclusión, y han acabado cometiendo el error de siempre. En convertir a Finn en el negro de la película, un (supuesto) personaje negro que aporta entre poco y nada. Pues bien, cuando parece que Finn iba a tener un final potable suicidándose por el bien común… Va su rollete oriental y se suicida para salvarle a él, muriendo con beso previo. El vergüenzómetro hecha humo.

Además de estos ‘momentazos’ hay varias cosas más que chirrían. El personaje de Poe Dameron, supuesto Han Solo de la nueva trilogía, es el personaje más plano de toda la saga. Sí, me ha hecho añorar a Jar Jar Binks. Un personaje guiado por sus testículos.

Tampoco nos han contada nada del romance entre Leia y Amilyn Holdo, que se marcan un Frodo-Sam en versión Star Wars. Parece claro que hubo tema. Veremos si el episodio VIII es capaz de cicatrizar todas estas heridas.

Mindhunter. Temporada 1. En la mente del monstruo

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Mindhunter no es solo una de las mejores series de Netflix. También es una pieza que faltaba en su catálogo. Un thriller adulto que deja la pistola en el opening para hablarnos de comportamiento. La serie se centra en un nuevo departamento del FBI que allá por los setenta se convierte en pionero en estudiar el comportamiento de un psicópata, en adentrarse en la mente del monstruo. Se trata de una adaptación del libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit, escrito por Mark Olshaker y John E. Douglas, por lo que está inspirada en hechos reales.

Hay que decir que no estamos ante la típica serie que engancha desde el primer consumo. Mindhunter en ese caso es una droga blanda, un The Wire. Por eso se recomienda cierto grado de paciencia. Mediado el segundo episodio todo se eleva por encima del notable.

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Detrás de esta serie se encuentra uno de los más grandes directores de la historia del thriller: David Fincher. Además de actuar como productor, Fincher dirige los dos primeros episodios y los dos últimos. Otro de los nombres destacados tras la cámara es el de Asif Kapadia, autor de los documentales Senna o Amy (La chica detrás del nombre), que dirige los episodios 1×03 y 1×04.

Buscando similitudes en el cine, encontramos cierto parecido con Zodiac, en mi opinión uno de los mejores thrillers jamás realizado. La serie no solo nos muestra el camino recto de la investigación. Al igual que la película de Fincher también nos muestra los callejones sin salida.

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En el apartado interpretativo brilla los secundarios, especialmente Cameron Britton, que encarna magistralmente al asesino Edmund Kemper. La aparición de Hannah Gross (Novia de Holden) y Anna Torv (Wendy) también mejoran el resultado final. Quizá el que menos convence es Holden, el obsesivo personaje principal que interpreta Jonathan Groff, pero por suerte este primo de Albert Rivera va ganando enteros en casa episodio. Holt McCallany (Bill Tench), segundo de abordo, se gana a los espectadores desde la primera aparición.

Estamos sin duda ante de las imprescindibles de 2017. Una apuesta de Netflix que deja de lado su habitual consumo fácil y digestión rápida. Un producto maduro para los que valoran que una serie les tome por gilpolllas.

Si quieres leer más acerca del grado de realismo de Mindhunter, te recomiendo este artículo de Cribeo (La Vanguardia) que analiza las coincidencias de esta primera temporada

El 1X10 de Mindhunter. La ley de la gravedad (Leer solo si has visto la primera temporada completa)

El final de Mindhunter deja al descubierto que la serie acaba de empezar. Por un lado asistimos al derrumbe de Holden tras su encuentro con Kemper. Su caída en los pasillos del hospital no solo es física. Holden llevaba toda la serie jugando con dinamita, y en alguno momento iba a estallar. La experimentación del miedo es la asimilación del terror de las víctimas de sus (casi) amigos psicópatas. Por otro lado, la serie nos muestra al misterioso hombre de Kansas quemando una serie de dibujos. Se trata de un personajes al que hemos visto en todos los comienzos previos al opening, pero al que aún no tenemos calado. Todo nos lleva a pensar que estamos ante el psicópata en el que se centrará la segunda temporada.

Perfectos desconocidos: Las Cartas boca arriba

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Diga lo que diga la crítica especializada Perfectos desconocidos es ya un éxito rotundo, y no lo digo porque haya visto los datos de taquilla, que la verdad es que no los conozco. Lo digo porque en el pase de la película al que acudí los espectadores no solo se partieron el pecho de principio a fin, también aplaudieron al final de la proyección. Y no hay mayor éxito en el cine que hacer cómplice al público.

Como ya habréis leído o escuchado por ahí, Perfectos desconocidos es un ‘remake’ de la italiana Perfecto Sconocciti, pero Álex De la Iglesia va a tener la suerte de que es una película que no he visto, por lo que puedo analizar esta obra con total virginidad. La premisa es brutal. Un grupo de amigos, parejas en su mayoría, se prepara para la típica cena de reunión. Durante el banquete, uno de los comensales planteará un juego para mutilar la rutina: Dejan los móviles en el centro de la mesa y leer en voz alta todo mensaje que llegue a partir de entonces. 

El caos no tarda en reinar, y las situaciones cómicas se suceden. Un humor que se apoya en los estereotipos sociales de sus personajes: El cuñado, la pija, el ligón… Todos tremendamente identificables. Eso no solo provoca cercanía, también que los gags resulten más efectivos. A todos nos hace más gracia una anécdota que involucra a un conocido, y es que a pesar del título los comensales nos resultan muy pero que muy conocidos.

Hay quién pensará que la película versa sobre la incidencia tecnológica, vamos, quien le echará la culpa al puto móvil. Pero Perfectos desconocidos no va de objetos, va de personas. Concretamente de lo hipócritas que podemos llegar a ser. El filme demuestra que hablamos de un mal colectivo, seguramente un mal al que hemos sentado en el trono entre todos. 

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Actrices y actores (Belen Rueda, Eduardo Noriega, Pepón Nieto, Dafne Fernández, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Juana Acosta y Beatríz Olivales) rinden a un nivel altísimo, ayudados por grandes personajes. Lo que es casi tan bueno como las interpretaciones es que no se coman entre ellos. Nadie brilla por encima, y ese mérito es exclusivo de Álex De la Iglesia. En el terreno de la comicidad, quizá el más destacado sea el ‘cuñado’ al que da vida Ernesto Alterio. Inexplicablemente, los Premios Goya 2018 han dejado fuera a todo el casting, algo que me cuesta entender, puesto que todos encajarían como finalistas por la estatuilla.

Esta comedia consigue al final resultados similares a los de otros títulos como la francesa ¡Dios Mio, pero que te hemos hecho! Añadiendo más debate y más inteligencia al conjunto. Vamos, que De la Iglesia consigue estar al nivel de los franceses, los grandes dominadores de la comedia comercial en los últimos años. Parece poco, pero esto es mucho decir.

Al final de la proyección una duda ¿Qué pasaría si realmente fuéramos todos de cara? Seguramente la tercera guerra mundial. En este mundo tan imperfecto quizá, desgraciadamente, el show deba continuar para que reine la paz. Un mensaje desesperanzador, pero muchas risas por el camino. Antes de navidad os recomiendo sentaros a la mesa de Perfectos desconocidos. Unas risas antes de que venga lo serio: Las cenas navideñas.

 

The Square: Un palazo en la cara a tus prejuicios

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Era cuestión de tiempo. Tras Involuntary, Play y Fuerza mayor, el momento en el que Ruben Östlund se sacara la chorra iba a llegar más temprano que tarde. El director sueco se alzó con la palma de oro del Festival de Cannes gracias a The Square, un trabajo que recopila lo mejor de su cine. Un golpe maestro al sistema de bienestar.

La película sigue los pasos de Christian, un afamado “barón Thyssen” del arte contemporáneo que prepara una misteriosa exposición titulada ‘The Square’. En pleno proceso, Christian sufrirá un robo en la calle que marcará el devenir de la misma. La sátira es el vehículo principal en una película que obliga al espectador a reflexionar en todo momento sobre lo que se muestra en pantalla. Aunque la etiqueta de la comedia sea la más adecuada, The Square está lejos de ser una comedia al uso.

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Inicialmente, la película pone en cuestión el arte contemporáneo con una interesante pregunta. ¿Sería una pieza de arte cualquier cosa que coloquemos en un museo de arte contemporáneo? Como ejemplo se pone el bolso de una periodista. Plantea la duda, pero The Square aparca este tema para dar paso a otro, el más recurrente de la filmografía de Östlund: La desidealización del estado de bienestar. El director ya demostró en Play ser un auténtico especialista en enfrentar a las clases pudientes con las necesidades de la población en riesgo de exclusión social. Pero más que de arte o diferencias sociales The Square es una película que habla de los prejuicios, la gasolina que llena el depósito de la diferencia entre clases. Östlund mete el dedo en la herida con un descaro que hasta el momento no habíamos visto en su cine.

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El actor danés Claes Bang realiza una de las interpretaciones del año dando vida a Christian, un personaje público a punto de ser engullido por la realidad real. Los secundarios responden muy bien, especialmente Elizabeth Moss y un brutal Terry Notary, que realiza una breve interpretación de la bestia humana que ya es historia del cine. Su escena, bien podría ser una revisión de la célebre escena de los monos simios de Stanley Kubrick. Un paso en la escala evolutiva, pero no sabemos si hacia adelante.

The Square se desarrolla durante unos exigentes 142 minutos en los que no hay tregua para el espectador. Estamos ante una película a la altura de su Palma de Oro, el galardón más importante que se puede entregar en el mundo del cine. Posiblemente la mejor palma desde La vida de Adele en 2013. No estamos ante una película para todos los públicos, pero los valientes que se acerquen a ella podrán ver cual es la dirección correcta en la que avanza el séptimo arte.

 

 

Cassette: A Documentary Mixtape: Un formato imperfecto, como nosotros

Ir con el Walkman a clase escuchando música. Seguramente sea una de las cosas que más puedo echar de menos, y seguramente sea la localidad natal de mi pasión por la música. Para el instituto ya llevaba Discman, uno de los peores inventos jamás popularizados. Recuerdo esa sensación de no saber donde meterlo, y al final acabar llevando el puto frisbee en la mano. Su tamaño era un problema, pero no el único. No era la Game gear, pero si un buen yonki de pilas. Según con que movimiento podía pararse, y supuso el fin del orden lógico de escucha, de la concepción original del artista. Aunque quizá el Autoreverse fuera el primero en disparar. Tampoco olvido a toda la gente a la que iba llevando a mi secta musical armado cassette en mano tras grabar de la radio. Ok, ¿Y por qué os estoy contando mi vida por enésima vez? Ni idea, la verdad. Ah sí, que he visto un documental titulado Cassette: A documentary Mixtape (2016), dirigido por Zack Taylor.

El documental contiene dos lineas argumentarles principales: Por un lado el viaje a Holanda para entrevistar a Lou Ottens, creador del Cassette, y por otro, el presente del formato, con apasionados fans que no solo han conseguido que sobreviva, también que sus ventas crezcan en los últimos tiempos.

Aunque con los años parece la japonesa Sony la responsable del Cassette (Por eso del Walkman), fue la holandesa Philips la que dio a luz este sistema. En la empresa tenían claro que había que sustituir el falible reproductor de bobinas por un medio portátil. El equipo de Ottens lo logró. “Esperábamos que fuera un éxito, pero no una revolución” afirma el nonagenario creador.

Entre las interesantes reflexiones del documental, me quedo sin duda la que equipara a la persona y la cinta, la que habla de la dimensión humana del Cassete. “En un lápiz USB no puedes decir que eso eres tú”.  Los testimonios del documental explican que al igual que el ser humano, el cassette también se iba desgastando con el tiempo. Además, se pone en valor que fuera un formato muy personalizable. En una cinta estaba todo. No solo la música seleccionada, también tu letra y parte de tu creatividad. El componente emocional está ahí.

Mención especial también para los intentos de conquista a los que ha dado lugar este sistema de reproducción. Las voces del documental se sinceran, y alguno comparte con cierta sorna ese pensamiento pasado: “Esperaba conquistarla con mi gusto musical impecable”. El cassette requería un gran esfuerzo. Calcular tiempos, meter una intro… Cuando se la regalabas a alguien le estabas regalando algo muy tuyo. En algunos casos, se trataba de una (poco) disimulada declaración de amor.

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El Cassete pasó al culto en 1994 a causa de la digitalización, del boom del CD, también obra de Lou Ottens y su equipo. El creador no se arrepiente del salto tecnológico que dejó atrás a su primer retoño. “Uno nunca debería dudar a la hora de explorar todas las posibilidades” reconoce. 

En el documental aparecen artistas como Damien Jurado, Henry Rollins, Mike Watt, Daniel Johnston o Thurston Moore. A decir verdad, Cassette: A Documentary Mixtape no es el docu definitivo, pero si una pieza de gran valor para los que, como yo, aman las cintas. En definitiva, mas que un documental se trata de una declaración de amor. 

“Vivimos en una época en la que las cosas quedan obsoletas más rápido que nunca. Siempre hay una versión más nueva y mejor. Mientras que no hace muchos años el valor de algo consistía en cuánto iba a aguantar en el tiempo” Cassette: A Documentary Mistape