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Pieles: La malformación está en la mirada

El FANT 23 ha empezado fuerte. El Teatro Campos Eliseos ha sido un año más el escenario elegido para la ceremonia inaugural, y como en ediciones anteriores Lander Otaola y Maria Goiricelaya se han metido al público en el bolsillo con un humor espontáneo, valiente y muy oportuno. En esta ocasión han estado bien secundados por las ‘maníacas’ que se mezclaban entre el público para recordarnos que esto va de terror, aunque si hay que pasar de horror a La La Land se pasa. Cuánta razón Otaola al nombrar todos los festivales de cine bilbaínos para rematar diciendo “El FANT, al que va gente”, y es que en el Campos no cabía ni un alfiler.

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Este año la organización ha acertado de pleno con Pieles, la mayúscula bizarrada española que ha abierto el certamen. La opera prima de Eduardo Casanova es un auténtico salto al vacío artístico en el que el director consigue caer milagrosamente de pie. Pocos director pueden presumir de tanta libertad en su primer trabajo, aunque esto quizá hay que agradecérselo a Álex De la Iglesia, productor de la película.

Pieles pertenece al subgénero de historias cruzadas. La película presenta a varios personajes al límite unidos por un físico diferente, algo similar a lo que Tod Browning nos enseñó en La parada de los monstruos.

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Uno de los mayores logros de Casanova es la rapidez con la que el espectador se familiariza con ‘lo diferente’ tras la sensación de estupor inicial. Y es que cuesta en un primer momento cuesta hacerse a personajes como el que interpreta Ana Polvorosa, una joven con ano por boca. Si por algo merece todos los elogios esta cinta es por su extraordinaria labor de maquillaje, bien acompañada por una dirección artística cuidada al detalle en el que predominan los tonos rosas (Veáse en look del elenco en la foto de portada).

Las referencias de la película son claras. Las más evidentes un Almodovar desatado o un David Lynch menos oscuro de lo habitual. A Casanova bien podríamos emparentarle con Carlos Vermut, quizá porque ambos comparten sendos debuts suicidas y se decantan por las historias cruzadas. La sensación tras terminar Diamond Flash no era muy distinta de la que se queda al final de pieles.

Casanova también ha acertado con el reparto, del que hay que destacar su generosidad. Sorprende para bien el ‘Freddy Krueger’ que interpreta Jon Kortajarena, totalmente irreconocible hasta el final. Muy meritorio también el ya mencionado personaje de Ana Polvorosa. Lo más sencillo era caer en el más absoluto ridículo, pero lo excesivo del maquillaje contrasta con la serenidad de la actriz para afrontarlo. Itziar Castro es para mi uno de los descubrimientos de la cinta. Quizá el personaje de la casi siempre extraordinaria Candela Peña es el que mejor sintetiza el sentir del filme. Siente que no va con ella lo de ‘ser diferente’ y ve claramente que el problema lo tiene el espectador.

La peor noticia para Casanova es que estamos ante una de esas películas que despertará fobias directas por su contenido, incluso entre los que no lleguen a verla. La mejor, es que estamos ante una pieza de culto instantáneo.

*La película se estrena en cines el 9 de junio de 2017

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Inauguración del FANT 21: The House on pine street

El FANT 21 comenzó en el Teatro Campos con una gala que tuvo de todo. La primera en pisar el escenario fue la actriz María Goiricelaya, que puso la nota buscando su papel. Un tipo cachas nos trajo a Lander Otaola, que, como presentador de la gala del pasado año reclamó su lugar en el escenario. Y hasta aquí duró el humor, porque pronto el FANT se convirtió en la emotiva despedida de dos grandes del cine vasco, y sobre todo, dos grandes bilbainos: Álex Angulo y Aitor Mazo. El primero falleció el pasado mes de julio, el segundo nos ha dejado el pasado miércoles . Dos perdidas irreparables, pero que nos dejan un gran legado audiovisual. Otaola recordó visiblemente emocionado a ambas figuras, en especial la de Aitor Mazo, al que el considera su maestro, la persona que apostó por él para que se dedicara a esto de la interpretación. Tampoco se olvidó de Javier Ibarretxe, cineasta olvidado por la Academia en los últimos Goya, pero que su ciudad, Bilbao, nunca olvidará.

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Tras la ceremonia llegó el turno de The house on pine street, que contó con la presencia de parte del equipo de la película. Se trata de una cinta de terror Low-cost, se hizo con 18.000 euros, que deja en bragas a la mayoría de cintas de terror de los grandes estudios. Lo primero que sorprende es que a pesar de su bajísimo presupuesto la película cuenta con una gran realización. Es cine independiente, pero su look no es cutre ni casero.

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Estamos ante el archiconocido subgénero de Casa encantada. The House on Pine Street cuenta la historia de una pareja que espera un niño. Por motivos económicos decide mudarse de Chicago a Kansas para poder criarlo, situación propiciada gracias a la ayuda de Meredith, madre de Jennifer, la embarazada protagonista.

Si bien la película no ofrece novedades, el mayor de sus aciertos reside en decantarse por el lado psicológico del horror. No estamos ante la típica variante de sustos y monstruos. Como explicaron los hermanos Keeling, directores de la película, no querían una película que resultara efímera en el recuerdo del espectador. Otra de las decisiones que juega en favor del filme es no darle todo mascadito al espectador, práctica habitual en el fast food horror de multisala americano.

Sorprende también la calidad de sus escasos FX. Todo lo paranormal que se muestra en pantalla tiene un look completamente real. Eso son para mi uno buenos efectos, los que no nos muestran la trampa. Hoy en día los FX “efectivos” están en peligro de extinción.

Las referencias son las habituales. No falta la vecina malrrollista que ofrece comida casera, tan La semilla del diablo. Si a eso le sumas el embarazo, la película de Polanski podría ser la principal fuente de esta cinta. Otras referencias son The Haunting (la antigua, por supuesto) y Al final de la escalera, de Peter Medak, posiblemente la mejor película del subgénero.

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En el apartado interpretativo brilla especialmente la protagonista Emily Goss. Desarrolla a la perfección un personaje complejo, pero de esos que da la oportunidad de lucirse. Igualmente destacan dos secundarios con una fuerza pocas veces vista: Jim Korinke interpreta a Walter, el (no) “parapsicólogo” de la función, una suerte de Doctor Loomis sin doctorado en lo extraño. Cathy Barnett es la madre, un personaje sobre el que planean nubes negras desde su primera aparición.

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En definitiva, The House on Pine Street es una buena película que ha ofrecido una muy digna apertura de festival. Ojalá este terror indie pueda llegar al circuito comercial en buenas condiciones. Los Keeling seguirán por la senda del terror en su próximo filme, por lo que estaré encantado de seguirles la pista.

Lo mejor: Excelente fotografía y gran realización. Los Keeling saben donde poner la cámara.

Lo peor: Pasa por lugares demasiado transitados.