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Hasta el último hombre: A la mierda la segunda enmienda

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“Bajo esta máscara hay algo más que carne y hueso, bajo esta máscara hay unos ideales, señor Creedy, y los ideales son a prueba de balas”. Reconoceréis esta cita. Es de la versión cinematográfica de V de Vendetta. Y es perfectamente aplicable a Desmond Doss, protagonista de Hasta el último hombre, un soldado que se agarró a sus principios para salvar la vida de sus compañeros.

Se ha prodigado poco Mel Gibson en esto de la dirección, pero cuando lo ha hecho ha sido para trascender. Braveheart marcó un antes y después en las escenas de batalla. Apocalypto mostró la naturaleza salvaje de los mayas. La pasión de Cristo se convirtió en un fenómeno que llevó a las salas a millones de espectadores no habituales. Es normal que ante una película de su sello las expectativas estén altas.

Es importante matizar que no estamos ante una cinta bélica al uso. Hasta el último hombre más que el episodio del acantilado de Hacksaw cuenta la historia de Desmond Doss, el primer objetor de conciencia condecorado por el ejército de Estados Unidos. Un tipo que sin tocar un arma se plantó en la puerta terrestre del infierno. Si habláramos de ‘jugar a los médicos’ Desmond Doss estaría en nivel Dios.

Se podría dividir la historia en tres partes: Romance, campo de entrenamiento y guerra. Las dos primeras se podrían enmarcar en el terreno del cine clásico americano. Ahí es donde Gibson se pone el disfraz de Clint Eastwood para narrar con mano firme y a la vieja usanza. Un tipo de cine casi extinto.

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Es en la guerra donde vemos la cara más reconocible del director, haciendo de la violencia una de las bellas artes. La coreografía bélica del australiano es digna de mención. A esto hay que añadirle que se ha prescindido de los efectos especiales apostando por la acción real. Como cuenta el propio director en el Making Off “Todo lo que se ve en pantalla está rodado de verdad”. Así que cuando vemos a una persona en llamas en la película hubo fuego real, no el ya habitual fuego por ordenador.

El problema de Hasta el último hombre es el mismo que padecieron Braveheart o Apocalypto. A Gibson le cuesta atravesar la capa de superficialidad que hay en sus películas. Hay amor, hay sufrimiento, hay guerra… Pero todo parece orquestado. Hay violencia, hay dolor, pero falta esa capa de realismo que nos acerque aún más a sus protagonistas. Falta crudeza.

Tampoco me ha convencido Andrew Garfield. He visto más a un ‘actor haciendo de’ que al verdadero Desmond Doss. He visto ‘al que hizo de Spiderman’, lo cual no dice mucho a su favor. Por suerte los secundarios, fantásticos Vince Vaughn, Sam Worthington y Hugo Weaving, consiguen lo que no logra el protagonista. También brilla con luz propio Teresa Palmer. Vale, su interpretación no es nada del otro mundo, pero como le dicen a Doss en un momento de la película… “¿Sabes qué juega en otra liga, verdad?”. Vamos, que la chica no está mal.

Tras esta valoración gratuita y superficial volvamos a la película. Aún con sus fallos, el material con el que cuenta Gibson es de primer nivel. Hay una historia que merecía ser contada, y que por si solo hace que la película funcione. Además aparecen temas como el bullying, porque Hasta el último hombre no es solo una película antibelicista, también es una gran cinta contra los prejuicios.

La historia real de Desmond Doss (Leer solo si ya has visto la película)

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Aunque parezca la última gran americanada la historia de Desmond Doss es completamente verídica. Sus compañeros de misión contabilizaron más de 100 salvamentos por parte del objetor de conciencia, pero Doss, del que todos los que le conocieron destacan su humildad, dijo que ‘solo’ habían sido unas 50, por lo que el ejercito americano dejó la cifra en 75.

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En el momento de su rescate tras la explosión de una granada, la película omite una de sus mayores heroicidades. (Quizá Gibson pensó que era demasiado ya). A pesar de la gravedad se tiró de la camilla y cedió su lugar a otro herido. Se mantuvo esperando cinco horas en el campo de batalla  a la siguiente camilla.

La guerra pasó factura a Doss, que sufrió tuberculosis, perdió un pulmón y se quedó sordo.

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Mel Gibson lindo y querido

Vacaciones en el infierno (Get the Gringo) de Adrian Grunberg, USA, 95 min.

He visto cosas que vosotros no creeriais… He visto a Mel Gibson apuntar con un arma a ritmo de Manu Chao. Esa es la conclusión a la que llego tras ver “Vacaciones en el infierno”, el narcocorrido del actor australiano.

Mientras los Pacino, De Niro o Hoffman se decantan por posar en la película, aparecer en los títulos de crédito e ingresar dinero en la cuenta corriente, el tio Mel sigue optando por disfrutar de la profesión. No solo protagoniza la película del debutante Adrian Grunberg, también produce y participa en la escritura del guión. Por si eso no es suficiente, también se atreve con el español, y es que digamos que es junto al inglés, el idioma cooficial del filme, por lo que se antoja obligatorio verlo en versión original. Aunque digamos que el castellano de Gibson… Aún necesita unos cuantos veranos en Salamanca al estilo Gwyneth Paltrow.

Centrémonos en la trama. A grandes rasgos se trata de un ladrón estadounidense que por circunstancias de la vida digamos, termina en una prisión de Ciudad Juarez. Se trata de un tipo de carcel que poco a nada tiene que ver con las prisiones made in USA a las que tan acostumbrados estamos. “El pueblito”, sobrenombre del penal, se acerca más a lo que sería un poblado chabolista que a una prisión al uso. Gibson intentará reconducir la situación en mitad de un vertedero controlado por las mafias.

Lo mejor de la película sucede en su primer tercio. El arranque, rodado de forma trepidante, es espectacular, y las primeras horas de Gibson en Mexico y en El Pueblito enganchan por completo. Aunque el guión flojea en su llegada al nudo, nos deja por el camino grandes momentos que no os voy a spoilear.

Mexico se convierte en un personaje más de la función. La ambientación aparece como uno de los puntos fuertes del filme. Se agradece el buen rendimiento de los secundarios, latinos o no. Como decía al principio del texto, la música aporta un toque especial. De Los fabulosos Cadillacs a Manu Chao, pasando por cumbia o Narcocorridos.

Adrian Grunberg realiza un buen trabajo, y se presenta como un director de ideas claras que sabe donde poner la cámara, aunque con un Gibson tan metido en la producción y en el guión, no sabemos hasta que punto vemos Grunberg y hasta que punto vemos Gibson. No hay que olvidar que quien fuera William Wallace gritando libertad, ha dirigido filmes de la talla de Braveheart o Apocalypto.

En definitiva, estamos ante una película, que aunque no es redonda, nos ayudará a pasar un buen rato. Llega a los cines españoles el 26 de octubre, fin de semana previo a Halloween, en el que tendrá que combatir con la esperada Argo, de Ben Affleck, y las terroríficas La cabaña del bosque, La casa muda y Silent Hill: Revelation.

Aquí podeis ver el trailer:

Calidad de la leche: Buena

No es el Borbón… Es el Bourbon

He encontrado esta curiosa imagen en la última película protagonizada por Mel Gibson, titulada Get the Gringo (Vacaciones en el infierno) y cuya acción se desarrolla en Ciudad Juarez (México). El cartel publicita una marca de Bourbon llamada SanSans, pero en Google no he encontrado nada al respecto. ¿Promo real o mensajito al Bourbon? Perdón al Borbón… No vaya a ser que me cierren el blog a los dos días de vida. Sobre Vacaciones en el infierno, cuyo estreno está previsto en España el día 26 de octubre, hablaremos más adelante.