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Cassette: A Documentary Mixtape: Un formato imperfecto, como nosotros

Ir con el Walkman a clase escuchando música. Seguramente sea una de las cosas que más puedo echar de menos, y seguramente sea la localidad natal de mi pasión por la música. Para el instituto ya llevaba Discman, uno de los peores inventos jamás popularizados. Recuerdo esa sensación de no saber donde meterlo, y al final acabar llevando el puto frisbee en la mano. Su tamaño era un problema, pero no el único. No era la Game gear, pero si un buen yonki de pilas. Según con que movimiento podía pararse, y supuso el fin del orden lógico de escucha, de la concepción original del artista. Aunque quizá el Autoreverse fuera el primero en disparar. Tampoco olvido a toda la gente a la que iba llevando a mi secta musical armado cassette en mano tras grabar de la radio. Ok, ¿Y por qué os estoy contando mi vida por enésima vez? Ni idea, la verdad. Ah sí, que he visto un documental titulado Cassette: A documentary Mixtape (2016), dirigido por Zack Taylor.

El documental contiene dos lineas argumentarles principales: Por un lado el viaje a Holanda para entrevistar a Lou Ottens, creador del Cassette, y por otro, el presente del formato, con apasionados fans que no solo han conseguido que sobreviva, también que sus ventas crezcan en los últimos tiempos.

Aunque con los años parece la japonesa Sony la responsable del Cassette (Por eso del Walkman), fue la holandesa Philips la que dio a luz este sistema. En la empresa tenían claro que había que sustituir el falible reproductor de bobinas por un medio portátil. El equipo de Ottens lo logró. “Esperábamos que fuera un éxito, pero no una revolución” afirma el nonagenario creador.

Entre las interesantes reflexiones del documental, me quedo sin duda la que equipara a la persona y la cinta, la que habla de la dimensión humana del Cassete. “En un lápiz USB no puedes decir que eso eres tú”.  Los testimonios del documental explican que al igual que el ser humano, el cassette también se iba desgastando con el tiempo. Además, se pone en valor que fuera un formato muy personalizable. En una cinta estaba todo. No solo la música seleccionada, también tu letra y parte de tu creatividad. El componente emocional está ahí.

Mención especial también para los intentos de conquista a los que ha dado lugar este sistema de reproducción. Las voces del documental se sinceran, y alguno comparte con cierta sorna ese pensamiento pasado: “Esperaba conquistarla con mi gusto musical impecable”. El cassette requería un gran esfuerzo. Calcular tiempos, meter una intro… Cuando se la regalabas a alguien le estabas regalando algo muy tuyo. En algunos casos, se trataba de una (poco) disimulada declaración de amor.

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El Cassete pasó al culto en 1994 a causa de la digitalización, del boom del CD, también obra de Lou Ottens y su equipo. El creador no se arrepiente del salto tecnológico que dejó atrás a su primer retoño. “Uno nunca debería dudar a la hora de explorar todas las posibilidades” reconoce. 

En el documental aparecen artistas como Damien Jurado, Henry Rollins, Mike Watt, Daniel Johnston o Thurston Moore. A decir verdad, Cassette: A Documentary Mixtape no es el docu definitivo, pero si una pieza de gran valor para los que, como yo, aman las cintas. En definitiva, mas que un documental se trata de una declaración de amor. 

“Vivimos en una época en la que las cosas quedan obsoletas más rápido que nunca. Siempre hay una versión más nueva y mejor. Mientras que no hace muchos años el valor de algo consistía en cuánto iba a aguantar en el tiempo” Cassette: A Documentary Mistape

Whiplash: La música con sangre entra

Tras ganar en Sundance (Mejor película y Premio del público) y conseguir Premio en la Seminci de Valladolid (Mejor director novel), Whiplash ha conseguido rascar cinco nominaciones al Oscar. Una recompensa (escasa) que ha hecho de altavoz a una película que sin duda merece atención.

La película nos cuenta la nada entrañable relación entre un batería de jazz con hambre de trascendencia y su colérico profesor.  Así es como Whiplash nos ofrece uno de los duelos interpretativos del año, el que enfrenta a Miles Teller y JK Simmons. Este último es el virtual ganador del Oscar al Mejor actor secundario, mientras el joven Teller ha sido ninguneado por la Academia. Sin duda la presencia de Simmons impone, pero el personaje de Teller requiere un esfuerzo interpretativo mayor, puesto que tiene más matices. y el intérprete responde perfectamente a sus exigencias. Dicho esto JK Simmons está perfecto, y será recordado, pero su personaje son 10 gestos y 10 gritos.

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El director Damien Chazelle nos plantea un interesante debate sobre si el genio nace o se hace. ¿Se necesita disciplina extrema para triunfar o realmente los genios ya vienen de serie? JK Simmons es el Aladdin que frota la lámpara, con riesgo alto de que la misma se acabe rompiendo. Es fácil pensar que personajes como el suyo están en peligro de extinción, pero os aseguro que aún quedan. Sin ir más lejos, hace unos años vi como un profesor le montaba un pollo tremendo a una niña porque las zapatillas de ballet que llevaba eran de otro color ¿Es necesaria la humillación en el proceso de aprendizaje? Cada espectador tendrá la posibilidad de sacar sus propias conclusiones, pero yo tengo mi punto de vista: Rotundamente no.

La película transcurre a un ritmo frenético, y consigue hacer reflexionar desde el entretenimiento. Por momentos Whiplash se convierte en un auténtico thriller musical, que se ve favorecido por un acertadísimo montaje. El punto laser que tiene en la frente Elijah Wood mientras ejecuta la pieza de Grand Piano es una masaje al lado de la presión que ejerce el profesor sobre el aprendiz de batería.

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Con todo esto, Whiplash esta lejos de ser una película redonda. Una de las cosas que la frena de cara a alcanzar cotas mayores es su estructura de cine deportivo/historia de superación. Si la analizamos, no deja de ser la típica película de novato que entra en el equipo de fútbol americano, donde se encuentra con un entrenador totalmente desquiciado que acaba por sacar lo mejor de él. La película surge de una idea sencilla, aunque consigue desarrollarla de forma brillante.

En definitiva, estamos ante una muy recomendable ópera prima que además es un gran entretenimiento en si misma. Merece la pena apuntarse a este conservatorio  y disfrutar en el cine de su desatado climax final.

Lo mejor: El recital de Miles Telles y JK Simmons. Uno de los mejores duelos interpretativos de los últimos años.

Lo peor: Su estructura de cine deportivo. Sota, caballo y rey.