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The Cloverfield Paradox: Para dox, lax dox primerax

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Parece que la saga Cloverfield está dispuesta a tocar todos los palos. Tras el debut en clave Kaiju mockumentary de Monstruoso, llegó Calle Cloverfield 10, una agobiante historia postapocalíptica de espacios cerrados. Ahora llega por sorpresa a Netflix The Cloverfield Paradox, un título que abandona la tierra para instalarse en el terrpr sci-fi espacial.

El punto de partida de Paradox recuerda al de Interstellar, con un planeta al borde de perder todos los recursos y una expedición que tiene como misión alargar la esperanza de nuestra especie. Un comienzo esperanzador y una premisa interesante. Los primeros minutos se desarrollan de manera irregular. La película no encuentro el ritmo, pero destellos de guión como el “Not in Kentucky Anymore” o la terrorífica aparición de la chica entre cables mantienen viva la esperanza. Incluso los momentos de puro Alien, aunque mil veces vistos, mantienen la tensión. Así es como llega el primer WTF mayúsculo de la película, con un brazo que recuerda a la ‘cosa’ de La familia Adams. Por un momento Sam Raimi se apodera de la cinta. Pero con ese brazo en fuera de juego se acabó lo que se daba. El pasaje del terror se va cerrando, y el guión, que pretende ser una ecuación difícil de resolver, se convierte en una resta con llevadas.

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Tampoco ayudan las esperpénticas interpretaciones. Daniel Brühl está peor que nunca, con una cara continua de… ¿Quién me ha engañado para participar en esto? Así es como poco a poco Paradox se va quedando demasiado lejos de sus antecesoras. Quién mucho abarca poco aprieta dicen, y en este caso es literal. Es en este punto es cuando vas entendiendo la decisión de Paramount de ‘regalarle’ a Netflix esta película, que en principio debió verse en las salas de cine. A este Paradox le pasa lo mismo que a aquellas secuelas que tuvo Cube, Hypercube y Cube zero, que intentaban resolver cutremente los enigmas de la original. Intentaremos quedarnos con los buenos momentos, todos mencionados en este reseña. Por lo demás, una gran pena para una de las sagas más misteriosas del cine de los últimos años.

 

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Mindhunter. Temporada 1. En la mente del monstruo

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Mindhunter no es solo una de las mejores series de Netflix. También es una pieza que faltaba en su catálogo. Un thriller adulto que deja la pistola en el opening para hablarnos de comportamiento. La serie se centra en un nuevo departamento del FBI que allá por los setenta se convierte en pionero en estudiar el comportamiento de un psicópata, en adentrarse en la mente del monstruo. Se trata de una adaptación del libro Mind Hunter: Inside FBI’s Elite Serial Crime Unit, escrito por Mark Olshaker y John E. Douglas, por lo que está inspirada en hechos reales.

Hay que decir que no estamos ante la típica serie que engancha desde el primer consumo. Mindhunter en ese caso es una droga blanda, un The Wire. Por eso se recomienda cierto grado de paciencia. Mediado el segundo episodio todo se eleva por encima del notable.

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Detrás de esta serie se encuentra uno de los más grandes directores de la historia del thriller: David Fincher. Además de actuar como productor, Fincher dirige los dos primeros episodios y los dos últimos. Otro de los nombres destacados tras la cámara es el de Asif Kapadia, autor de los documentales Senna o Amy (La chica detrás del nombre), que dirige los episodios 1×03 y 1×04.

Buscando similitudes en el cine, encontramos cierto parecido con Zodiac, en mi opinión uno de los mejores thrillers jamás realizado. La serie no solo nos muestra el camino recto de la investigación. Al igual que la película de Fincher también nos muestra los callejones sin salida.

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En el apartado interpretativo brilla los secundarios, especialmente Cameron Britton, que encarna magistralmente al asesino Edmund Kemper. La aparición de Hannah Gross (Novia de Holden) y Anna Torv (Wendy) también mejoran el resultado final. Quizá el que menos convence es Holden, el obsesivo personaje principal que interpreta Jonathan Groff, pero por suerte este primo de Albert Rivera va ganando enteros en casa episodio. Holt McCallany (Bill Tench), segundo de abordo, se gana a los espectadores desde la primera aparición.

Estamos sin duda ante de las imprescindibles de 2017. Una apuesta de Netflix que deja de lado su habitual consumo fácil y digestión rápida. Un producto maduro para los que valoran que una serie les tome por gilpolllas.

Si quieres leer más acerca del grado de realismo de Mindhunter, te recomiendo este artículo de Cribeo (La Vanguardia) que analiza las coincidencias de esta primera temporada

El 1X10 de Mindhunter. La ley de la gravedad (Leer solo si has visto la primera temporada completa)

El final de Mindhunter deja al descubierto que la serie acaba de empezar. Por un lado asistimos al derrumbe de Holden tras su encuentro con Kemper. Su caída en los pasillos del hospital no solo es física. Holden llevaba toda la serie jugando con dinamita, y en alguno momento iba a estallar. La experimentación del miedo es la asimilación del terror de las víctimas de sus (casi) amigos psicópatas. Por otro lado, la serie nos muestra al misterioso hombre de Kansas quemando una serie de dibujos. Se trata de un personajes al que hemos visto en todos los comienzos previos al opening, pero al que aún no tenemos calado. Todo nos lleva a pensar que estamos ante el psicópata en el que se centrará la segunda temporada.

American Crime Story: The people v. O.J. Simpson. La cuestión racial

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Curioso que en 2016, 21 años después del juicio contra el célebre jugador de fútbol americano y actor  O.J. Simpson, se hayan emitido los dos mejores trabajos audiovisuales al respecto: La serie documental OJ: Made in America y la serie de ficción American Crime Story: The people v. O.J. Simpson. Nos centraremos en el producto de ficción del canal estadounidense FX, que ha sido estrenado en España por Netflix, una vez más sacando a flote lo mejor de la programación televisiva americana.

Al frente de la serie encontramos a Ryan Murphy, uno de los grandes nombres del sector gracias a Nip/Tuck, Glee, American Horror Story y Scream Queens. En esta ocasión se aleja del terror y la comedia para dramatizar el juicio más mediático de la historia de los Estados Unidos.

Si no sabes nada de los que sucedió en ese 1994 estas en la posición óptima para ver la serie. No era mi caso exactamente. Recuerdo ver en el telediario las imágenes de O.J. huyendo en una furgoneta blanca, imágenes que por alguna extraña razón tengo grabadas en la memoria. Pero hasta ahí. Mi temprana edad me impedía entender la complejidad de un juicio. Supongo que por eso mi cerebro decidió que era más sencillo quedarse con la imagen de un coche escapando a toda velocidad.

O.J fue acusado de doble asesinato por la muerte de su mujer, Nicole Brown, y Ronald Goldman. A pesar de que estaba muy lejos de ser portavoz de la comunidad negra, la estrategia de la defensa convirtió el juicio en una cuestión racial. La televisión le dio al proceso una cobertura inaudita, y todos los implicados en el juicio se convirtieron de la noche a la mañana en protagonistas de la programación televisiva.

Murphy ha sabido dramatizar esos meses convulsos desde la misma noche del suceso con un guión inteligente que nunca se estanca en las arenas movedizas del lenguaje judicial. Prima el entretenimiento, un entretenimiento nunca exento de calidad. El guión consigue que siempre queramos más, haciendo que los diez episodios pasen un suspiro. Todo funciona como un reloj, desde la elegante dirección a la acertada puesta en escena.

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Y a pesar del buen material de partida, son las interpretaciones son la gran baza de esta serie. El nombre de Simpson resuena en el título, pero no es el acusado el personaje principal. La fiscal Marcia Clark, brillantemente interpretada por Sarah Paulson, es la auténtica protagonista. Sin duda es la de Paulson la mejor interpretación femenina de 2016 en el terreno series. El resto del reparto también rinde a gran nivel. La tarea de reciclaje de Murphy con John Travolta, David Schwimmer y Cuba Wooding Jr, intérpretes en clara decadencia, es digna de mención. Travolta también figura como productor ejecutivo de la serie.

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La segunda temporada de la franquicia American Crime Story, ya en producción, se centrará en el desastre del huracán Katrina, a priori un tema con menos pegada que el caso Simpson. Mientras que la tercera, recién confirmada, se centrará en el asesinato de Gianni Versacce. Un gran reto después de esta gran primera temporada.

 

Black Mirror. Tercera temporada. Rozando el presente

Netflix ha acertado de pleno incorporando Black Mirror a su sello en su tercera temporada. Tras una primera temporada de tres episodios y una segunda de otros tres más especial navideño, parecía que ofrecer seis capítulos esta temporada incrementaba el riesgo de cagarla. Va a ser que no, estamos ante la mejor y más entretenida temporada de la serie. Imprescindible.

3×01 Caída en picado vacometro4

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Brillantísimo inicio de temporada que plantea un mundo regido por una app prima-hermana de Instagram que puntúa a todo el mundo. La popularidad del instituto hecha aplicación de móvil, un filmaffinity humano. Posiblemente sea el episodio más entretenido de toda la serie. Engancha desde el minuto uno sin necesidad de giros. Por si fuera poco, Bryce Dallas Howard está de diez. Gran trabajo en la dirección de Joe Wright, director de Orgullo y prejuicio o Expiación.

3×02 Playtesting  vacometro3

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Era cuestión de tiempo que la temática de los videojuegos protagonizara un episodio de Black Mirror. También que se apostara por el terror. Playtesting se abona al ya visto dilema de ‘Juego o realidad’ mezclándolo con elementos de películas como Cabin in the woods o ExistenZ. Entretenido, aunque deja poco poso. El arriesgado giro final mejora el resultado. Dirige Dan Trachtenberg, responsable de la recomendable Calle Cloverfield 10.

3×03 Cállate y baila vacometro4

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La serie saca su lado más crudo y malrollero en este episodio con el ciber-chantaje como tema estrella. Un niño se verá amenazado por unos hackers que asaltan la intimidad del usuario para jugar a titiriteros bajo la amenaza de airear sonrojantes actos privados. Deja muy mal cuerpo, y lo peor, el futuro que muestra está demasiado cerca. Mañana, si no es hoy. Un mundo dominado por los trolls 2.0. Lo redondea el Exit music (for a film), temazo del Ok computer de Radiohead. “Wake… from your sleep. The drying of your tears… Today.. we escape… we escape. Dirige James Watkins, responsable de la imprescindible Edén Lake y la hammeriana La mujer de negro.

3×04 San Junipero vacamarketmaszul

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Y llegó la madre de todos los capítulos de Black Mirror (Con permiso de Tu historia completa, el 1×03). Curiosamente el menos oscuro, el menos atroz, quizá el menos Black mirror. Su primera mitad trascurre sin rastro de Sci-fi, con brillantes referencias de nivel al cine, la música y los videojuegos. A mi me ponen Girlfriend in a coma de Los Smiths, Scream y el Bubble Bobble en el mismo capítulo y es imposible no conquistarme. Excepcionales la dirección artística y vestuario. Una historia de amor como nunca habíamos visto, ni seguramente veremos, en Black Mirror.

Charlie Brooker, creador de la serie,  ha subido a Spotify el insondable setlist del episodio: https://open.spotify.com/user/charliebrooker/playlist/1enamd7IoA2KtAoMxeiINW

 

3×05 La ciencia de matar vacometro3

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Y llegaron los zombies. Primer episodio a lo The Walking dead de la serie. También el primero que muestra la guerra. Gran entretenimiento, en la linea de la temporada, aunque se agarra demasiado a una (interesante) única idea. Como Playtesting, un escalón por debajo del resto, dentro del buen nivel. Participa Michael Kelly, el Doug Stamper de House of cards.

3×06 Odio nacional vacometro4

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Para cerrar la temporada 89 minutos de Thriller. Si Caída en picado daba protagonismo a Instagram, Odio nacional se lo la a otra de las redes más populares: Twitter.  Como tema principal el control gubernamental, y cierto homenaje al subgénero de terror por plaga, debidamente modernizado. Gran química entre la pareja de investigadoras Kelly Macdonald y Faye Marsay. Termina con Fall into me de Alev Lenz, un temazo. Belleza dentro del caos. Un buen colofón.

Making a murderer (T1): La oveja negra de Wisconsin

Qué el éxito de Netflix no es casual lo demuestran productos como Making a murderer, serie documental que recrea el caso del pueblo de Manitowoc (Wisconsin) contra Stephen Avery, un vecino poco integrado en la comunidad. Diez episodios que nos harán replantearnos el funcionamiento de la justicia gracias a una minuciosa recopilación de información montada con tintes de thriller. En ausencia de adaptaciones de John Grisham lo mejor que podemos hacer es recurrir a la cruda realidad.

A partir de aquí va la primera recomendación. ¡No busques información sobre el caso real! No necesitas saber nada. De este modo obtendrás los asientos de primera fila de esta montaña rusa de acontecimientos. Tras el interesante piloto llegué a pensar que el caso ya estaba contado, y resulta que solo acababa de empezar. Con el paso de los capítulos lo interesante se torna en apasionante. Hacía tiempo que no me enganchaba tanto a una serie.

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Quizá no estemos ante un producto para todos los públicos. Aquí no hay gente guapa ni personajes carismáticos. Tampoco encontramos bellos paisajes. Estamos en la América profunda y la protagonista es la investigación. Desconocemos como se ha llevado a cabo la labor de recopilación de información, pero el trabajo de las realizadoras Laura Ricciardi y Moira Demos es sencillamente deslumbrante. No falta un audio, una declaración, un testimonio, una llamada clave. Da la impresión de que todo está ahí.

Además la serie ha conseguido traspasar las barreras del consumidor de documentales hasta el gran público. El éxito de sus diez episodios ha dejado una fuerte resaca en la sociedad americana. El caso de Making a murderer deja en ropa interior a un sistema judicial que presume de no tener parangón en el planeta. Una vez más, la (supuesta) primera potencia mundial queda muy tocada.

Solo me queda recomendaros la que ya es una de las mejores series de los últimos años. Que no os eche para atrás la etiqueta de documental, Making a murderer es una serie de primera división. Y adictiva como pocas. Una de juicios, a mi juicio, imprescindible. Para muestra su intro:

La invitación: Una fiesta de mierda

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Netflix nos ha dado la oportunidad de repescar The invitation, ganadora en el Festival de Sitges 2015 que hace unos meses tuvo un estreno limitado en las salas españolas. Un thriller cuyo punto de partida es la clásica reunión de amigos que deciden hacer frente al todopoderoso “Ya te llamaré y quedamos”. Pero no queridos lectores, no esperéis en The invitaron un fiestón al estilo Project X o Malditos Vecinos. Lo que debía ser una tranquila velada de reencuentro pronto se convertirá en una auténtica fiesta de mierda.

El guión por momentos está cogido con alfileres. Es difícil justificar que tras los reproches y momentos rarunos todavía haya quien no coja la puerta y se de a la fuga. Y así me he pasado medio metraje, diciendo que yo al de 5 minutos ya me hubiera pirado. Falta solidez narrativa y, en más de un pasaje, se echa en falta un mínimo de credibilidad. La dirección de Karyn Kusama (Aeon Flux, Jennifer’s Body) tampoco es ninguna maravilla.

A pesar de todo esto, The invitation guarda una sorpresa para los que lleguen al fin de fiesta, una escena final sublime, un WTF que deja con ganas de más. Lástima que llegar hasta ella no sea precisamente un camino de rosas. En definitiva, estamos ante un thriller casero que no pasará a la historia de las vencedoras en Sitges. Eso sí, si lo que quieres únicamente es pasar el rato, la película funciona como un buen entretenimiento.

Círculo: Cube solo hay una

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Explorando en el catálogo de Netflix he encontrado Círculo, película con una sinopsis que hace que pique la curiosidad. “Varias personas que no se conocen son detenidas para ser ejecutadas. Les espera una complicada tarea: elegir quién del grupo merece librarse de la muerte”. Si además del planteamiento macabro añadimos una figura geométrica, la comparación con Cube, la obra maestra de Vincenzo Natali, es inevitable.

Círculo elige también un escenario limitado. En esta ocasión es una especie de plató de televisión en formato circular sustituyendo al Sobera de turno por un extraño núcleo circular. A su alrededor 50 personas que no saben que hacen ahí, pero que deberán intentar descubrir de que va el rollo antes de que vayan cayendo uno por uno. Y esto es todo lo que tienes que saber sobre el argumento.

Ahora vamos con lo bueno. Círculo es una película jodidamente entretenida que se puede ver dejando el cerebro en modo ahorro. Aunque inquieta no estamos ante una comedura de tarro extrema ni ante una compleja trama. La película arranca ágilmente sin necesidad de la habitual chapa introductoria, y avanza veloz hacia el desenlace. El escenario, en rojo y negro, tiene mucho encanto. Un macabro tablero de Twister.

¿Lo malo? Que Cube ya está inventada, y que por su calidad podría jugar en la liga de sus secuelas. Aunque se atreve con temas puntillosos de debate (religión, racismo, familia…) se queda siempre en la superficie. Aún así cualquier fallo del filme es perdonable a excepción de su final, y no me refiero a la parte argumental, si no a su ejecución. Entiendo que estamos ante una película Low Cost, ¿pero no había alguna manera de que no cantara tanto? En Google Play hay apps que añaden mejores FX a tus videos de los que se ven en la película. Definiría ese tiempo de descuento como “dejadez”, y esa falta de ambición final es la que lleva a la película al suspenso. Aún así estamos ante un digno título del género lúdico-mortal que hará el domingo más entretenido.

 

 

 

 

Beasts of no nation: El Kurtz africano

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Netflix nos ha dado la oportunidad de rescatar Beasts of no nation, una película que la plataforma ha incluido directamente en su catálogo online español obviando su paso por cines. Ya en Estados Unidos la película vivió un estreno simultáneo en cines y online, lo que a mi juicio es una práctica que perjudica sobre todo a los cines, y me hace pensar que el filme merecía un estreno de mayor entidad. Antes de eso la película había cosechado buenas críticas en la sección oficial del Festival de Venecia.

Beast of no nation es uno de los grandes títulos de 2015, una película que une a dos nombres emergentes del cine actual: Cary Joji Fukunaga, director de la primera temporada de True detective, e Idris Elba, el actor que saltó a la fama interpretando a Stringer Bell en la imprescindible The Wire.

La mejor forma de definir la película sería decir que estamos ante una mezcla entre Ciudad de Dios y Apocalipse Now que cambia Sudamérica y Asia por un lugar indeterminado del África subsahariana. Hay niños obligados a ser salvajes y un general que ha creado en la selva su propio imperio. Aunque queda un escalón por debajo de los dos clásicos, Beasts of no nation obtiene un resultado muy meritorio.

El visionado del filme no es fácil para el espectador, puesto que por momentos el título te hace sentir un machetazo en la cara. Al igual que Ciudad de Dios contiene escenas duras, que con niños de por medio pueden ser dolorosas. Quizá es porque sabemos que el problema de los niños soldado es una atroz realidad en zonas de conflicto. Pasado ese primer contacto con el horror la película es más fácil de digerir.

La interpretación de Idris Elba interpretando a la versión africana del Coronel Kurtz es de esas que no hay que perderse. Se hace incomprensible la no nominación al Oscar de Elba como mejor actor de reparto. Su personaje merece un hueco en la historia del cine. Uno de los monstruos mejor conseguidos de los últimos años.  Abraham Attah, el niño protagonista, también consigue una interpretación de mucho nivel. Sin Oscars de consolación no habría sido raro ver a dos niños nominados en la última ceremonia, Jacob Tremblay (La habitación) y el propio Attah.

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Fukunaga, director de largos como Jane Eyre o Sin nombre consigue su mejor película, demostrando que es un consumado creador de ambientes hostiles, como ya dejó claro en la ya mencionada True detective. Intuyo que a pesar de que la película es a día de hoy casi una completa desconocida, el tiempo jugará a su favor. American History X o Ciudad de Dios también pasaron desapercibidas en su estreno, pero hoy son clásicos básicos. ¿Ocurrirá algo similar con Beasts of no nation? Desde luego hay potencial para que así sea.