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La llegada: Reivindicando las letras

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El concepto de ‘Primer contacto’ siempre ha seducido a la ficción, sobre todo si se trata de un encuentro entre la humanidad y los extraterrestres. Unas veces somos nosotros los que vamos en su busca, y en otras son ellos los que llegan con desconocidas intenciones. En La llegada, el bando terráqueo juega como local. Pero el ‘Primer contacto’ en su definición exacta habla de “un encuentro entre dos culturas que desconocían su existencia mutua”. Si acudimos a la historia encontraremos varios ‘primeros contactos’ documentados. El más célebre es el de la llegada de Cristobal Colón a América, y como sabéis esa primera página común se escribió con sangre. No es de extrañar que el lenguaje predilecto del cine para solucionar ese choque de culturas sea el bélico, con militares a tutiplén. La llegada realiza una inteligente relectura que coloca a una lingüista al frente de la humanidad. ¿El resultado? Una obra maestra.

Hoy por hoy, su director Denis Villeneuve ya es uno de los grandes del cine. Tras Incendies, Enemy, Prisioneros y Sicario vuelve a superarse con un clásico instantáneo. He leído que en La llegada su cine se acerca más que nunca a Kubrick, pero en este punto he de discrepar. Los referentes de Villenueve los encontramos en cineastas más cercanos. Por un lado vemos al Christopher Nolan de Origen e Interstellar y al Robert Zemeckis de Contact. Por otro, al Terrence Malick de El árbol de la vida. El único nexo con Kubrick es el de la imperecedera 2001: Una odisea en el espacio. Pero a diferencia de aquella, La llegada descubre su enigma, mientras que en la de Kubrick seguiremos sin hacer pie por muchos años que pasen. En eso Villeneuve se parece al cine de Nolan, en el que las cuestiones básicas son resueltas al final de metraje.

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El diseño de producción es elegante, y una vez más la partitura de Jóhann Jóhannsson (habitual en las películas de Villeneuve) ayuda a crear una atmósfera única. Los actores también rinden a gran altura. Amy Adams hace aún más grande la película. La actriz interpreta a una especialista en lenguaje con un complejo mundo interior. Su formidable actuación se ve bien secundada por Jeremy Renner y la siempre imponente presencia de Forest Whitaker.

Se agradece que la película evite en todo momento cualquier tentación por tomar el camino  fácil, ese sendero que abren las majors para que todo acabe en el género de acción, y por consiguiente en la enésima saga de consumo rápido. Ya deberían saber las grandes compañías de Hollywood que el espectador no es el mismo que en los 90. Desde el Batman de Nolan no basta con entretener, para que una película perdure en taquilla debe tener calidad. Es por esta razón por la que La llegada tendrá un buen paso por los cines, y una larga vida en formato doméstico.

Su mensaje plantea además un debate filosófico importante y una gran reflexión sobre el lenguaje. ¡Ya era hora! Porque hasta ahora en el cine parece que solo los científicos tenían la última palabra. A eso hay que sumarle la lacra que persigue a las carreras de letras en general, siempre denigradas por las más prestigiosas ciencias. Como estudiante de letras puras, de bachiller humanístico y posterior licenciatura en periodismo, esta película me representa.

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Sin duda estamos ante una de las películas del año. La que va a poner a Denis Villeneuve en el lugar que merece. Ahora solo falta ver cuanta cancha le dan los Oscars. Nominaciones ‘rasca’ seguro, pero ya sabemos lo recelosos que son en la Academia con la ciencia ficción. Eso sí, el lugar en la historia del género ya lo tiene.

 

 

En spoiler (STOP si no has visto la película aún)

El ingenioso final demuestra que La llegada del título poco tiene que ver con la invasión alienígena. Villeneuve cierra el círculo con el alumbramiento de la hija de los protagonistas, la auténtica llegada. Una versión más sencilla que aquel feto que nos mostraba 2001: Una odisea en el espacio.

Tanta inversión armamentística para que salve el mundo una lingüista. El mensaje suena alto y claro: Inviertan más en educación y menos en defensa. Todos saldremos ganando.

 

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Expediente Warren: El caso Einfield. Un oscar para James Wan

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Urge un Oscar para James Wan y hay que hacer campaña desde ya. Su tour de force en Expediente Warren: El caso Einfield no merece menos. Es el momento de que los académicos levanten la mirada y tengan en cuenta al terror, un genero considerado menor e infravalorado por una estúpida razón: Un alto porcentaje de los críticos especializados se cagan por la pata abajo. Va siendo hora de que la cobardía pierda la batalla.

Tras los sucesos ocurridos en la casa de la familia Perron en Rhode Island, Ed y Lorraine Warren continúan con sus investigaciones, concretamente en el 112 de Ocean Avenue, en Amityville. Ese es el (falso) punto de partida de una película que enfrentará a la pareja de parapsicólogos a los fenómenos de Einfield, en Inglaterra.

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Estamos a mitad del curso cinematográfico de 2016, y tengo claro que no veremos en lo que queda año una dirección como la de Wan, quizá sí una película mejor, pero nada que supere a lo que hace el australiano aquí. Y eso que apenas hay nada nuevo en este caso Einfeld, pero todo eso da igual cuando Wan coge la cámara para filmar con la pasión de la primera vez. El director no tendría precio en una inmobiliaria, es el número uno enseñando casas. La intro de Amityville deja claro, por si había alguna duda, que estamos ante un genio del séptimo arte, y lo mejor es que todo lo que ocurre en el filme posteriormente está a la altura.

El caso Einfield podría encajar perfectamente en nuestro reciente artículo sobre secuelas que superan a la película original. Wan usa los mismos elementos que en la primera entrega, pero todo funciona aún mejor. El drama familiar de los Hodgson se acerca más al espectador, que recibe toda la información de manera más natural. Otra cosa que juega a favor del filme es el desplazamiento de la trama a tierras inglesas. El toque British le sienta como un guante, y la dirección artística vuelve a ser espectacular.

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Otra que merece mención es Vera Farmiga, que por segunda vez en la franquicia consigue captar todo el foco a nivel interpretativo. La poderosa mirada de Lorraine Warren ya es historia del cine de terror.

En definitiva, estamos ante una de las películas imprescindibles del género, un título que puede atraer igualmente a cinéfilos en general, porque en El caso Einfield hay horror, pero sobre todo buen cine.

El renacido: Cine de autor para tontos

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El renacido hubiera sido una buena película de acción y supervivencia de no ser por la obsesión de su director, Alejandro González Iñarritu, por intentar hacernos creer con cada decisión que es el mejor director de todos los tiempos. La fotografía de Emmanuel Lubezki, excelsa, no es suficiente para una película con un torpe montaje y un paupérrimo guión. La belleza paisajística nunca es suficiente. El renacido acaba siendo como uno de esos/as  tios/as  buenos/as que cuando habla la caga, y que encima se las dan de listos/as.

El filme cuenta una (nada realista) historia de supervivencia en tiempos de indios y vaqueros. Estamos ante una fantasmada de primera división que hace que la saga Bond a su lado parezca un documental. La escena del oso, aún siendo de lo mejor de la película, no ha podido evitar que buena parte de los espectadores rompiera a reír. Vamos, que está tardando en aparecer la teoría de que este es un realidad un episodio encubierto de la saga Los inmortales.

El renacido jamás hubiera existido sin Terence Malick, director al que Iñárritu pretende imitar con escaso éxito. Hay mucho de El nuevo Mundo o La Delgada Linea Roja en ella, pero el mexicano solo se queda en las imágenes. Eso en el mejor de los casos, en otros acaba recordando accidentalmente a películas más mundanas como Ace Ventura: Operación África o Zombis nazis.

Los personajes son lo más plano que he visto en pantalla en tiempo, todos de brocha (muy) gorda, buenos muy buenos y malos muy malos. Cansino por parte de Iñárritu intentar convencernos en cada escena de lo malo que es el hombre blanco. Lo repite por activa y por pasiva. Además de sacarme de la película esa decisión casi me acaba sacando de quicio. Sangrante el pasaje del hermanamiento entre Glass y el indio. Por momentos la simpleza en el mensaje me ha recordado a Avatar.

El paupérrimo guión incluye algunos recursos directamente sacados del cine de sobremesa, como las ridículas apariciones de la mujer muerta. Da la impresión de que en cualquier momento el Patrick Swayze de Ghost va a sumarse a la función. Lástima que no sea así.

De las interpretaciones poco que decir. Leonardo DiCaprio desarrollando una actuación muy física para la que únicamente ha tenido que ensayar la cara de dolor. El papel de Tom Hardy es el de malo de manual, el que antaño interpretaban los rusos en Hollywood. Por encima de ellos Domhnall Gleeson, interpretando con madurez al Capitán Andrew Henry.

La banda sonora de Carsten Nicolai y Ryuichi Sakamoto es directamente una tomadura de pelo. No por la pobre partitura en si, si no por la chirriante decisión en sala de montaje de repetir los mismos sonido hasta la extenuación. ¡Qué alguien explique como ha sido esta BSO finalista en los Globos de Oro y en los BAFTA!

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Lo único bueno de este renacido son algunos momentos, como el potente inicio y la llegada de las primeras flechas  o el crudo desenlace en la nieve. Chispazos de una colección de escenas pegadas con cola de carpintero. El renacido podía haber sido una gran película de acción, como fue Apocalypto. Flaco favor le hace la megalomanía al cine de Iñárritu. Y aún así… Arrasará en la noche de los Oscar… Faltan huevos para votar a Mad Max: Fury Road, y Spotlight se mete con la iglesia. Veamos si los académicos nos sorprenden.

Lo mejor: La fotografía y la espectacular primera hora.

Lo peor: El guión y su intento continuo de demostrarnos que es algo más que una simple historia de supervivencia. 

Los odiosos ocho: La tomatina de Red Rock

Reconozco que no me gustó la idea de que Tarantino se quedara en el oeste durante un film más, quizá me puede el deseo de volver a ver a Tarantino en las calles de Reservoir dogs, Pulp Fiction o Jackie Brown, pero es imposible negarse a visitar el nuevo museo de los horrores de uno de los mejores directores vivos.

En esta ocasión Tarantino ha optado por comprimir en una casa toda la breve historia de los Estados Unidos de América, con vencedores y vencidos, con esclavos y esclavistas, una historia en la que ni siquiera la mayor víctima tiene las manos limpias. Quizá de absolver a alguien Tarantino absuelve al proletariado, al servicio, el único extracto social del que no se nos muestran pecados. No es casualidad que Samuel L. Jackson aparezca cargando tres cadáveres en la apertura de la trama, una metáfora de un país que sigue cargando con sus muertos.

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El casting alterna habituales del director con nuevas incorporaciones, aunque son 4 los actores que destacan por encima del resto: Samuel L. Jackson, Jennifer Jason Leigh, Kurt Russell y Walton Goggins, que brillan con facilidad gracias a grandes personajes. El resto de Odiosos no consiguen estar a la altura. El verdugo que encarna Tim Roth, por poner un ejemplo, es sucesor del cazajudíos o el dentista con los que brilló Christoph Waltz en anteriores títulos, pero el resultado se queda en una insulsa imitación.

A pesar de su innegable calidad, lo que impide que Los odiosos Ocho acceda al olimpo del cine es su irregularidad. Hay grandes aciertos, pero también decisiones erróneas y alguna explicación innecesaria que debió convertirse en elipsis. En una película de casi 3 horas tienen que estar muy bien calculadas las raciones, puesto que es una duración que excede el límite de atención del espectador medio. Su guión, y no me refiero a los diálogos si no a la sucesión de acontecimientos, peca de tramposo, y se saca de la manga algunas soluciones que no se ven venir.

De lo que no se puede acusar a Tarantino es de quedarse corto a la hora de mostrar violencia. La parte final se convierte en una auténtica tomatina con la que el director se desmarca del western para llevarnos a su habitual universo hemoglobínico. Posiblemente el desenlace de Los odiosos ocho sea lo más gore de Tarantino hasta la fecha.

Si hay algo que me parece que no está a la altura de su cine es la banda sonora, a mi juicio injustamente nominada al Oscar e inexplicablemente ganadora del Globo de Oro. ¿Tanto pesa el nombre de Morricone? Y ojo, con esto no quiero decir que la partitura sea mala, si no que es escasa, prácticamente nula. El 80% de la película es sonido de viento. Lo mejor del repertorio lo marcan Jennifer Jason Leigh a la guitarra y Demian Bichir ejecutando Noche de paz al piano.

Siempre da gusto volver a Tarantino y disfrutar de habilidad dialéctica, pero me gustaría verle de nuevo en las calles, en un tiempo presente, ahorrándose homenajes para dar rienda suelta a sus creaciones más personales. Quién sabe si lo mejor de su cine está aún por llegar. Aún así Los odiosos ochos es una muy buena película, a mi juicio superior a Django desencadenado. Quizá sea más difícil de digerir, pero su sabor es más auténtico.

Lo mejor: Todos sus excesos.

Lo peor: Un argumento con alguna que otra trampa. 

 

 

 

 

 

Ex machina: Misterios de la creación

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Siempre se dice que en el cine “cualquier tiempo pasado fue mejor”, que ya no se hacen películas como antes… Y si bien es cierto que algunas filmografías se están estancando (solo hay que ver la cosecha del cine español en lo que va de curso) es una declaración con la que no estoy nada de acuerdo. Prueba de ello es lo que está sucediendo con la ciencia ficción en concreto. A estas alturas de año ya podemos afirmar que dos de las mejores cintas del curso pertenecen a este género: Mad Max: Fury road y la película que nos ocupa: Ex machina.

¿De que va?

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Un genio programador multimillonario selecciona a un trabajador de su empresa para poner a prueba su última creación: Un androide con apariencia femenina. El joven elegido llevará a cabo una serie de entrevistas con la máquina para ver si de verdad posee inteligencia artificial.

Si hay un adjetivo perfecto para definir Ex machina ese es “elegante”. Estamos ante una película muy cuidada y con mucho gusto en la puesta en escena. Cuesta creer que este sea el debut del director Alex Garland en el mundo del largometraje. Con poco, un futurista complejo alejado de todo y apenas cuatro personajes ha logrado hacer un peliculón.

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El trio protagonista es todo un acierto. Entre ellos brillla especialmente Oscar Isaac, que encarna a un genio multimillonario opaco, misterioso y de humor cambiante al que cuesta adivinar movimientos. También destaca Alicia Vikander con una interpretación contenida por la frialdad de la máquina, pero con la capacidad de sentir que le aporta la inteligencia artificial. El tercero en discordia en Domhnall Gleeson, que representa la inocencia no exenta de inteligencia.

La película versa sobre los peligros del progreso. Coge temas de la imperecedera Terminator e Inteligencia Artificial, aderezados con un aire indie que la acerca a Her y su discurso. Se habla de Google sin nombrarle expresamente, y de los futuros riesgos que podría plantear esa barra libre a la información (casi) ilimitada.

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Además nos deja escenas para el recuerdo, como el (impagable) baile de Oscar Isaac y Sonoya Mizuno al ritmo del Get down Saturday Night de Oliver Cheatham. Un sublime What The Fuck.

En definitiva, Ex machina es una película entretenida con mucha materia gris que en todo momento evita el error de ir por el camino fácil. Un título que ya es historia del subgénero Inteligencia Artificial. Habrá que seguir con atención la carrera de Alex Garland. Es dificil empezar mejor.

La última cuestión… ¿Tendrán los Oscars las agallas suficientes como para nominarla? Suponemos que no, pero la película, por calidad, debería estar en la carrera por las estatuillas.