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El amanecer del planeta de los simios: Guerra mundial César

El origen del planeta de los simios parecía un producto directo a ostiarse, la enésima precuela tardía frustrada, pero contra pronóstico sus simios hicieron buenos números en taquilla y tanto crítica como público la valoraron positivamente. La secuela no iba a tardar en llegar. Al igual que blockbusters de los últimos tiempos como El hombre de acero o Godzilla, las primeras críticas americanas fueron totalmente entusiastas. En estas líneas intentaré resolver si la fama era merecida o nos encontramos ante el enésimo camelo.

El argumento nos sitúa años después de los hechos acontecidos en la primera entrega. Los simios liderados por Cesar van creando su propia civilización, mientras los humanos supervivientes de la gripe simia viven en un escenario postapocalíptico. La búsqueda de recursos y de energía de los segundos provocará un choque entre ambos bandos.

El prólogo es interesante. Nos muestra el día a día de los simios, con sus avances en la caza o en la educación. La novedad es que los monos van subtítulos en esta entrega, lo cual hace que, salvando las distancias, esta presentación me recuerde a la de Apocalypto. El conflicto con la raza humana no tarda en llegar. Ese tenso juego entre especies es la gran virtud de la película. Las chispas son evidentes, entre humanos y simios, entre simios y simios, entre humanos y humanos… Como la vida misma.

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El juego de poder simio pronto nos hará reflexionar, pues su conflicto no nos es en absoluto ajeno. Veremos traiciones, y la política del miedo como vehículo, algo que siempre le ha funcionado de maravilla a los grandes hijos de puta de la historia. No estamos ante una obra patrocinada por el PACMA que nos venda animalismo, los simios son un fiel reflejo de lo que somos.

A nivel técnico destaca el espectacular y estruendoso tratamiento sonoro que con toda seguridad optará al oscar. También funcionan sus FX. Hay que ver cuanto hemos avanzado desde los putos monos de Jumanji. Incluso comprobamos grandes mejoras en comparación con su antecesora.

La pata que cojea para que la película no sea redonda es la parte final, que parece obedecer más a las necesidades de la franquicia y al posible negocio que a inquietudes artísticas. No en vano ya perdonaron la vida a James Franco (ausente en esta entrega) en el Origen a pocas semanas de su estreno.

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El director Matt Reeves, que sustituye a Rupert Wyatt, completa un buen trabajo y nos deja interesantes detalles, como esa secuencia en plano fijo de mono en tanque, que tanto me ha recordado a la escena inicial de helicóptero en Terminator Salvation. Me sobra parte de la acción, sobre todo las peleas entre simios, que caminan en el borde entre lo serio y ridículo. La película gana cuando se le da cerebro. La diplomacia vence sobre la acción.

El trabajo de recreación de Serkis es brillante, si bien discrepo con todas esas voces que parecen querer entregarle el oscar. Su César responde a expectativas y vuelve a convencer, pero la película se apoya en una base mucho más amplia.

En definitiva, estamos ante una de las películas del verano, pero no tengo claro aún si estará entre lo mejor del año. El hype está en parte justificado, y las dos horas de evasión con extra de reflexión están aseguradas, pero no, El Amanecer del Planeta de los simios no es el padrino, ni falta que hace.

Una de juicios

Dredd, de Pete Travis, 2012, Gran Bretaña, 95 min.

El Juez Dredd regresa en 2012 para aniquilar de nuestras memorias la versión stalloniana de 1995. No es fácil, e intuyo una floja taquilla en España como consecuencia del efecto Deja vu y el desconocimiento de una realidad, el superjuez de Mega City tiene su origen en el comic británico 2000 AD. No estamos ante un remake, estamos ante una nueva adaptación.

La dirección corre a cargo del mancuniano Pete Travis (Omagh, En el punto de mira, Endgame), que opta por ahorrarnos la presentación de personaje, tan típica en las adaptaciones de comic, y colocar a sus protagonistas en el ojo del huracán. El arranque es espectacular, con un motorizado Dredd que recuerda a Akira, para dar paso a lo que se convertirá en una Buddy Movie mixta de la división Jedi/Joven Padawan. No hay que olvidar un detalle importante, estamos ante un drama judicial, el mejor de la última década. Los juicios rápidos se suceden cambiando la habitual sala de audiencias por un bloque a caballo entre la también british “Attack the block” y “The raid”.

La película vence en el terreno artístico gracias a la ambientación y al muy cuidado vestuario del juez. La estética Ciberpunk domina en un mundo cercano a Blade Runner o al Detroit de Robocop. Con esta última guarda varias similitudes, sus protagonistas comparten carisma y putoamismo. La banda sonora gustará a aquellos que recuerdan con una sonrisa partituras como las de Mortal Kombat o Blade. Hay un DJ en la sala, y por suerte no es Paquirrín. A estos ingredientes hay que sumarle el aroma procedente de Serie B. El uso de la huperviolencia gana enteros gracias al uso del slow motion de la escuela Wachowski/Snyder.

Al frente del reparto, Karl Urban con casco y tarjeta SIM incrustada que responde con eficacia. Se agradece que parte del peso recaiga en Olivia Tirlby y que no se haya optado por un protagonista absoluto, en la antagonía encontramos a Lena Headey, tronista y Connor en serie a la que ya vimos en 300.

Estamos ante una buena muestra de género, un ejemplo de ritmo, que reinicia nuestra idea del Juez Dredd y que esperamos sea el comienzo de una gran saga. Se echaba de menos una figura emergente en territorio devastador. El veredicto para Pete Travis es inocente, aunque su película no lo sea en absoluto. Eso si, podemos condenarle a realizar por lo menos una secuela, veamos hasta donde puede llegar. Ahora solo falta ver que opina el jurado.

Calidad de la leche: Buena