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12 años de esclavitud: 2 horas de latigazos

ks,ks, ks, ks, ks ks, ks durante 130 minutos. Si habeis leído esta linea ya sabeis casi todo sobre 12 años de esclavitud.

Voy a ser honesto antes de empezar a disparar. 12 años de esclavitud es una buena película, impecablemente filmada. Tras dos minutos de película lo se, gracias a esa cámara que se mueve en el maizal. Me gusta como la maneja el director Steve McQueen (Shame). Me encanta esa fotografía preciosista de contrastes, con todos esos claroscuros. Fotografía que se ha quedado fuera de la lucha por el Oscar, al igual que su banda sonora, para mí una de las mejores del último curso. El apartado interpretativo está defendido brillantemente por un entregado reparto. Aunque Chiwetel Ejiofor viva del recurso “Cara de estupor”. Todos aportan: El insoportable amo Paul Dano, el clemente Benedict Cumberbatch, la sufridora Lupita Nyong’o… Quizá al que veo más flojo es a Fassbender, nominado al Oscar por inercia. Su personaje no me transmite.

Tengo más dudas sobre “lo que se nos cuenta”. No me refiero a la credibilidad, puesto que se trata de una historia real. Me refiero a su interés. Empieza bien la película, pero pronto entra en una espiral de dolor de la que es dificil salir. Michael Bay la hubiera titulado “Dolor y dolor”. La dureza se convierte en su estado natural y el latigazo en la forma de expresión. Quizá esta fuera la realidad, pero a mi parecer 12 años de esclavitud es un poco pornográfica por momentos, un festival del dolor, una actuación de David Ghetta en el FIB.

Chiwetel Ejiofor, el actor de las mil caras... Va a ser que no.
Chiwetel Ejiofor, el actor de las mil caras… Va a ser que no.

Por el camino hay reminiscencias del cine de Malick. Los momentos musicales durante el trabajo están a la altura de los coros iniciales de La delgada línea roja. Una manera brillante de expresar el ansia de libertad. Cantos contenidos que en su forma son puro arte.

Por desgracia hay elementos de la película que no han perdido actualidad. El protagonista, hombre libre antes de ser esclavizado, se ve obligado a mentir y a hacer creer a sus amos que no sabe leer ni escribir para ganar su aceptación. ¿Os suena? Salvando las distancias y con la esclavitud abolida aún hoy nos vemos obligados a mentir, a rebajar nuestro curriculum para aspirar a un puesto de trabajo que nos permita sobrevivir. El látigo de este tiempo es invisible, pero duele igual.

TWELVE YEARS A SLAVE

Por momentos 12 años de esclavitud estremece, pero también se vuelve insignificante. El dolor por repetición. Tan seguro estoy de su calidad como de que no la volveré a ver. Un capítulo más en El cine como patada en los cojones.