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Misión imposible: Nación secreta. Ethan Hunt en terreno Bond

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La saga Misión Imposible carga tras cinco películas con una mala fama a mi juicio exagerada. Esto quizá se deba a que la franquicia  comenzó con un primer episodio dirigido con acierto por el maestro Brian de Palma al que sucedió una fantasmada extrema dirigida por el hiperbólico John Woo. El cine de espionaje dio pase a un copipasteo de escenas de acción a cual más ridícula. Los episodios 3 y 4 siguieron el camino de la acción de gran estudio, con más éxito que en Mi2 pero sin llegar a enamorar. Ha tenido que llegar el director Christopher McQuarrie (Jack Reacher) para poner a la saga en el lugar cinematográfico que le corresponde.

Misión Imposible: Nación secreta compite con el título de De Palma por ser la mejor película de la saga, y lo hace combinando lo mejor de las secuelas con la esencia de espias old school del primer episodio. Además el filme ofrece momentos que aseguran que la película perdurará, como la antológica secuencia de Turandot en Viena.

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Buena parte de la acción transcurre en las calles de Londres. Por un momento he pensado que ibamos a ver un crossover entre Ethan Hunt y James Bond. La verdad es que su presencia, aunque fuera en forma de sombra o de nota en la banda sonora, hubiera sido apoteósica, pero claro, supongo que una maniobra de ese calibre será economicamente inalcanzable.

Nación secreta no alcanza a mi juicio el nivel de la maravillosa Skyfall, pero podría ser el “Casino Royale” de la saga Misión imposible. La película consigue dar mucho más de lo que a priori ofrecía. Sus giros de guión logran mantener el interés y darle un gran contexto lógico a sus espectaculares escenas de acción.

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La película sirve además para reivindicar la figura de Tom Cruise, que a sus 53 años realiza un trabajo físico impresionante. Buen momento el que vive el actor, que tras Oblivion o Al filo de la mañana demuestra que aún puede darnos un trabajo de calidad cada año. Es imposible obviar el trabajo de la guapa y magnética Rebecca Ferguson, que consigue brillar por encima de Cruise en un puñado de escenas de acción, y eso es mucho decir.

Lo peor de la película es sin duda Simon Pegg, otrora actor inspirado en comedia, que ahora solo resulta cargante. No estaría de más que el “sindicato” buscara la manera de darle de baja.

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En definitiva, estamos ante una película que encantará a los fans de la saga y se meterá en el saco a otros tantos que no lo son o que habían perdido la fe. Una lección magistral de como a hacer un blockbuster y, desde ya, una de las mejores quintas partes de la historia del cine.

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Oblivion: El apocalipsis según Stendhal

Me acerco tarde al visionado de Oblivion, pero la experiencia sin duda ha merecido la pena. Mi primera reflexión me lleva al momento de su estreno. Tal vez el poster de la película, con Cruise escopeta futurista en mano, no fue la mejor forma de vender un filme más espiritual que frenético. Estamos ante una película Sci-Fi del subgénero “El hombre y (lo que queda de) la tierra”.

La alineación está clara. El director Joseph Kosinski juega con un nueve puro, y no, a pesar de lo que pueda parecer no es Tom Cruise. Se trata del director de fotografía chileno Claudio Miranda, que realiza una excelsa labor bien secundado por el departamento de FX. La película es visualmente deslumbrante. Cruise se limita a jugar de mediapunta, a hacer de enganche entre la película y el gran público. Miranda y Kosinski ya dieron muestras de su potencial en la también brillante Tron: Legacy.

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Pero no solo funciona a nivel visual, también lo hace a nivel sonoro. Si para poner la música a Tron, Kosinski fichó a Daft Punk, para Oblivion nadie mejor que M83. Los franceses ya han demostrando en cortes como Midnight city que son especialistas en crear atmósferas, y es esa idea la que desarrollan en la gran banda sonora que han soñado para la ocasión. Como punto álgido, el main theme de la película con la voz de Sussane Sundfør, de largo la mejor canción para cine de la última temporada, y puede que de los últimos años. Una pieza maestra que sintetiza a la perfección todo el universo físico y sentimental de la película.

El ya mencionado Cruise cumple en su función de estrella, si bien detecto un par de errores de casting en la película: Un Morgan Freeman prescindible y desaprovechado, y un Nicolaj Coster Waldau, que por físico y estética parece más bien parte de otra cinta.

El discurso de Oblivion no queda exento de crítica. Al igual que el reciente remake de Robocop. la película de Kosinski reflexiona sobre el uso de drones y tecnología no tripulada. Un futuro a merced de las máquinas con resultados similares a la era post-Skynet. La era de la robotización ya está aquí, y prueba de ello es que buena parte de vosotros está leyéndonos desde un smartphone. Oblivion es en conjunto una prueba de resistencia humana. Deberíamos aplicarnos el cuento.

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Pero no es oro todo lo que reluce. A pesar de su preciosismo Oblivion está lejos de ser una gran película. Su gran lastre se encuentra en la parte anterior al desenlace, donde por momentos se vuelve árida. Tras esa travesía por el desierto, Oblivion recupera pulso en el final. Lamentablemente esto no la salva de la idea de que la narración rinde muy por debajo de su tremenda estética. A pesar de esto, Oblivion es un muy interesante trabajo de ciencia ficción que hará las delicias de buena parte de los fans del genero. Si Kosinski logra equlibrar sus películas nos va a dar muchas alegrías.

 

Legend, el montaje del director: Muerte de un unicornio

Me resultaba imposible no sentir curiosidad por Legend, la película de fantasía que el señor Ridley Scott dirigió tras dos obras maestras incontestables del cine: Alien, el octavo pasajero y Blade Runner. Hoy ha sido el día en el que he decidido verla. Error fatal.
Los primeros minutos son misteriosos. Se nos presenta a un primo critter de Pinocho recibiendo un encargo del señor de la oscuridad: Cargarse a un par de unicornios. Tras esa introducción, Scott nos traslada a un mundo de fantasía plagado de flores, un paraíso, excepto para los que como yo sois alérgicos al polen. Y en ese contexto conocemos a los protagonistas, una princesa cursi (Mia Sara) y Tom Cruise, que a pesar de su juventud en esta película está más mayor que en Al filo del mañana. Se ve que duerme en una lata de conservas.
El resto es un auténtico tripi. Unicornios magreándose, chirriantes hadas, cantos que incitan al sueño, insoportables gnomos, noñería desatada, uso y abuso del slow motion, vergüenza ajena… Tuve que parar la película varias veces para ir al WC a vomitar un arco iris. A mi que no me muestren unicornios en el cine si no el para meterle el cuerno por el culo a alguien (véase The cabin in the Woods).

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Se ve que Scott intentó hacer la mejor película de fantasía familiar de todos los tiempos, pero olvidó apoyarse en un buen guión. Puso la fuerza en el preciosismo, y dejó de lado la coherencia. En ocasiones parece una película conceptual. Uno de sus problemas es la trama romántica. Siempre tiene que haber una fase previa que justifique el amor para poder empatizar. No existe en el caso del joven Jack y la princesa, por lo que todo queda extremadamente forzado. El diablo que encarna Tim Curry tiene una gran fuerza en pantalla, pero tarda 75 minutos de metraje en aparecer, cuando ya es demasiado tarde. Sin duda es el icono de la película, lástima que se quede más en un “lo que pudo ser”. Aun así el diseño de personaje es excelente, un símbolo heavy que más de uno tiene tatuado en el cuerpo.
La dirección artística bebe de la adulta Excalibur, que John Boorman dirigió en 1981. Como en ella, todos los elementos de la escena brillan (en sentido literal), pero el resultado está a años luz de la excelente película de Boorman. Tampoco ayuda la partitura de Jerry Goldsmith, que carece de la grandeza de otras bandas sonoras del género, como la de Willow, de la que hablaremos en próximos artículos.

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Me queda la duda de saber si hice bien en decantarme por el montaje del director, que cuenta con 25 minutos más que la original (115 frente a 90), que puedo intuir que son 25 minutos más de aburrimiento. El motivo de elegir el montaje de Scott fue haber visto su edición de El reino de los cielos, muy superior a la versión que se estrenó en salas comerciales. Me da a mí que este no es el caso, porque me cuesta creer que la versión europea puede ser peor. Nos queda saber que se le pasó por la cabeza al amigo Ridley para pasar de Alien y Blade runner a este bodrio que no salva ni un domingo tarde. Quizá al séptimo día simplemente descansó.

Al filo del mañana: Maneras de morir

Voy a empezar fuerte antes de apuñalar. Nunca antes una película ha estado tan cerca de un videojuego como en Al filo del mañana. Doug Liman ha conseguido un producto que casi parece jugable, Eso sí, Tom Cruise se dejó la Memory Card en casa, y cada vez que le quitan una vida tiene que empezar desde el principio, como cuando tu madre te desenchufaba la Master System para que fueras de una puta vez a comer.

La trama es un Atrapado en el tiempo en el contexto de Salvar al Soldado Ryan, con la diferencia de que esta vez el eje del mal es alienígena. Tom Cruise es un oficial de propaganda castigado a luchar en primera línea por negligencia. Irá al campo de batalla y morirá, pero la muerte será sólo el principio del día, como en la mítica película de Harold Ramis. Cruise intentará usar ese poder para inclinar la balanza bélica a su favor.

Todo este inicio es un oceano de referencias. Junto a las ya mencionadas encontramos Aliens, Starship Troopers o incluso Sucker Punch. El juego temporal funciona, y la película no tarda en conectar con el público. Lo consigue mediante golpes de humor acertados, que aligeran lo que podía haber sido un espeso rompecabezas.

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La trama pronto irá dejando ruido y furia en busca de un desenlace, que le llevará por carreteras más intimistas. Y la verdad es que todo funciona mecanicamente hasta llegar al episodio final. Aquí es cuando se derrumba buena parte de su arquitectura. El director Doug Liman toma la vía Hollywoodiense para colarnos kilos de acción banal bajo los canones imperantes en la industria. El Warhammer se transforma en Disney. Una auténtica pena que rebaja la erección y hace que la sensación a la salida del cine no sea la que imperaba media hora antes.

En el cast encontramos a Tom Cruise haciendo de Tom Cruise, por enésima vez. Imposible de separar persona y personajes. El día que lo consiga el mundo, tal y como lo conocemos, habrá terminado. Cruise es la protagonista y Emily Blunt se apropia del rol masculino. Incomprensible en este sentido la relación entre ambos. Digamos que no pegan demasiado. Entre los secundarios destaco a Bill Paxton, que encarna a un sargento cabrón con bigote.

El love me again de John Newman pone final a una cinta que estuvo cerca de ser una gran película, pero que se lleva el mérito de ser una buena pieza de entretenimiento. En conclusión, entretiene que no es poco.

Jack Reacher: El hermano cabrón de Tom Cruise

El género del cine de acción no pasa por su mejor momento. Desde que entraran en auge las películas de superhéroes, las escenas trepidantes están muy ligadas a superpoderes y superarmas. Mientras tanto, hemos vivido el declive de sagas como Jungla de Cristal, quizá la más grande serie de películas de acción a pie de calle. Solo The Fast & the furious parece abstraerse de este clima, ganando adeptos con cada entrega.

A su vez estamos en la época de bournezación del género policiaco. Y es que hasta James Bond se ha convertido en Jason Bourne. En este extraño contexto llegó a las salas Jack Reacher, un thriller de acción que adapta la novela de Lee Child.

Jack Reacher es un antiguo policía militar que ayudará a una abogada a resolver el caso del asesinato de cinco personas a manos de su cliente. El acusado, tras recibir una paliza durante un interrogatorio, pronuncia el nombre de Reacher. Así es como Reacher se verá envuelto en una espiral de violencia que intentará resolver en favor de la justicia.

jack reacher no necesita armas

El encargado de dar vida a Reacher no es otro que Tom Cruise, actor de sonrisa eterna que parece vivir en una juventud infinita. Cruise no acaba de irse del estrellato ni de regresar a él. Ni arrasa entre la crítica ni defrauda. Ni arrasa en taquilla ni fracasa. Con películas como Misión imposible: Protocolo fantasma, Oblivion o este Reacher, se ha convertido en el señor de los seises de Filmaffinity.

En un nuevo intento de borrar esa figura de hijo predilecto de América, Tom Cruise encarna a un cabronazo, un cabronazo fuerte, astuto e inteligente. Un tipo que no necesita armas para reventar cabezas y no necesita apuntar las cosas para recordarlas. Un juez Dredd sin armadura, que como el héroe de comic es a la vez juez y jurado.

La película, que dirige Christopher McQuarrie, empieza fuerte, con un gran cuarto de hora. Aunque por el camino se convencionaliza. Cruise coge la batuta desde su primera aparición y no la suelta hasta el final. Su chispa mantiene viva la acción y la atención del espectador, que decae un poco por las altas expectativas de los primeros minutos y la simpleza argumental.

Tom Cruise y Rosemund Pike en Jack reacher

Estamos ante un filme sólido y bien rodado. Lo que podría ser una buena cerveza. No deja de ser cerveza, pero es una birra que se consume a gusto. Evidentemente Jack Reacher no inventa la pólvora, pero se puede decir que estamos ante un buen producto. A esto también ayuda la aportación de la abogada, encarnada de Rosamund Pike. Junto a Cruise forma una extraña pareja que no pega ni con cola, pero que a pesar de eso consigue química y una gran tensión sexual no resuelta. También ayuda la aportación de Werner Herzog o Robert Duvall en la zona secundaria.

Seguramente los productores vieron este Reacher como una posible saga que no sabemos si llegará a hacerse realidad. Sin fracasar estrepitosamente, la película no ha brillado en taquilla, lo que mantendrá la incertidumbre hasta el final. A pesar de que Jack Reacher cumple objetivos, su personaje da para una gran película. Quizá sea el momento de llamar a un director que pueda completar la misión. En ausencia de Tony Scott, que en paz descanse, Ridley sería un gran candidato.